Archivo y Biblioteca

 

 

Pedro de Valencia

 

 

Segundo Discurso de Pedro de Valencia acerca de los brujos y de sus maleficios

 

 

 

 

   La reproducción de un retrato de Pedro de Valencia, auténtico, al parecer, y conocido de muy pocos, nos brinda ocasión de publicar con su segundo discurso acerca de los brujos. Inserté el primero en la Revista de Extremadura (1), y creo inútil encarecer el valor científico que es de admirar en la obra de Valencia, justamente alabada por el Sr. Menéndez y Pelayo en sus Heterodoxos españoles (2). Menos importante el segundo discurso, aunque hecho en presencia de la famosa Relación del auto de fe celebrado en Logroño el año 1610, se reduce á un ligero examen de los fantásticos delitos confesados por los brujos, á quienes supone Valencia embusteros ó alucinados.

   El retrato de Valencia fue donado por la Sra. Condesa de Valencia de Don Juan al Museo Arqueológico Nacional, y ahora se publica por primera vez á instancia del ilustrado catedrático del Instituto de Badajoz D. Francisco Franco y Lozano. En el semblante duro y anguloso del pensador zafrense se refleja claramente aquella lógica inflexible que domina en sus escritos y la serenidad de espíritu con que resolvió algunas cuestiones sociales, que hoy mismo preocupan tanto ó más que en pleno siglo XVI.

 

M. S. y S.

 

 

SUMA DE LAS RELACIONES DE LOGROÑO, CERCA DE BRUJOS, HECHA TAMBIEN POR EL MISMO PEDRO DE VALENCIA (3)

 

   Prestóme un caballero las relaciones del auto último de la fe que se celebró en Logroño, pidiendo se las volviese presto; leilas de prisa con horror y asco en el entendimiento y en la voluntad; ansi se me pegó poco dellas en la memoria.

 

(1) Julio y Agosto de 1900.

(2) Tomo II, págs. 668 y 669.

(3) Ms. de la Bibl. Nac.; copia hecha en el siglo XIX. Perteneció á D. Luis Usoz del Río. Signatura núm. 7.579.

 

Esto fue causa de que un discurso que para su examen escribí y ofrecí al Ilmo. Cardenal Arçobispo de Toledo, mi Señor, fuese menos cumplido. Agora me las comunicaron para mas despacio, y yo, venciendo quanto pude el disgusto y en con que miro aquellas torpeças y obscenidades abominables, reduje a suma toda la relacion en el particular de los brujos, añadiendo a la margen algunas notas o dudas con que se suplirá parte de las faltas de aquel discurso en el intento del examen censura de aquellos cuentos, y no hay cosa que tanto lo desacredite como las monstruosidades increibles y incompatibles que contienen; que al entendimiento que no le disonaren, no hay para que nadie se canse en persuadirlo.

   Dicen que los brujos antiguos inducen á otros y que habiendo los persuadido y ellos prometido de serio, y de que llegados á edad de discrecion, si son niños, harán el reniego, los llevan al aquelarre (ansí llaman en vascuençe a sus juntas, y quiere decir prado del cabron); á los que no se dexan persuadir no pueden forçarlos ni llevarlos allá contra su voluntad. Para llevar a cada uno, va á él la persona que lo indujo, tres horas antes de media noche, y lo despierta si duerme y con una agua verdinegra y hedionda le unta las manos, sienes, pechos, partes vergonzosas y plantas de los pies. Con esto son ambos arrebatados por el aire y sacados por las puertas (1) ó ventanas que invisiblemente abre y vuelve á cerrar el demonio, ó por otro cualquiera agujero ó resquicio de la puerta y llegan con gran presteza al lugar de la junta, y en ella el antiguo presenta al novicio que lleva, al demonio, el qual aunque de ordinario se suele mostrar alli en figura de cabron (2); entonces no está sino en figura de un hombre negro, con una corona de cuernos pequeños, entre los quales se levantan tres grandes semejantes a los del cabron; los dos salen del colodrillo y el tercero de la frente y este alumbra como antorcha á toda la junta con mayor luz que la de la luna (3) y menos que la del sol, bastante para que todas las cosas se vean y conozcan.

   Los ojos (4) tiene grandes, redondos, muy abiertos, encendidos y espantosos; la barba de cabron y todo el cuerpo como de entre hombre y cabron; los dedos de las manos iguales, corvos y rapantes como de ave de rapiña; los pies como de ganso; la cola de asno; la voz espantosa y desentonada, pero baja, ronca y triste; parece al roznido de un mulo, no pronuncia bien las palabras y se entienden con dificultad; habla con grande arrogancia y gravedad, con semblante melancólico y que siempre parece está enojado. La maestra le presenta el novicio, diciendo: Señor, esto os traigo y, presento. El se muestra agradecido y dice lo tratará bien para que con él vengan otros muchos. El novicio se pone de rodillas y el demonio le va diciendo la forma (5) del reniego, y él repitiéndola como lo lleva industriado, la maestra renegando de Dios, de la Virgen su madre, de todos los santos y santas, del bautismo y confirmacion y de ambas las crismas; de sus padrinos y padres de la fe y de todos los cristianos. Dice que no tendrá al Dios dellos por Dios y Señor, sino al demonio que está alli presente, que es el verdadero Dios y Señor que lo ha de salvar y llevar al paraiso, y recibiéndole por talle adora y le besa la mano izquierda, la boca, los pechos, encima del corazón, y las partes vergonzosas.

 

(1) De la dificultad desto se advierte adelante,

(2) Algunos, segun el Padre del Río, dicen que este cabron es fantástico; otros que verdadero, que lo lleva el demonio cada vez, y acabada la junta lo sacrifican y hacen polvos, no sé para que usos.

(3) Luz grande que dá de sí uno de los cuernos del demonio.

(4) El demonio en figura de un sátiro negro.

(5) Forma del reniego.

 

   El demonio á este tiempo se revuelve sobre el lado izquierdo, levanta la cola y le da á besar aquellas partes, que las tiene muy feas y sucias y hediondas. Luego (1) el demonio con la mano izquierda, hincándole la uña en la parte del cuerpo que le parece (que no es una en todos) le hierra (2) con su marca, haciendole sangre que recoge en un paño ó vasija. El novicio siente grave dolor de la herida, que le dura por mas de un mes y le marca por toda su vida. Tras esta le hace otra segunda marca en la niñera de los ojos, con una cosa caliente como que fuese de oro, y es una figura de sapillo (3) que queda impresa para señal con que se conocen los brujos unos á otros. El demonio le da á la maestra ciertas monedas de plata como por precio de aquel su esclavo, y al novicio le da un sapo vestido, que es un demonio en figura de sapo para que sirva al brujo como de angel de guarda. Las monedas se le desparecen a la maestra sin que se aproveche dellas sino es que se da prisa a gastarlas dentro de 24 horas. Al sapo vestido lleva la maestra y lo sustenta hasta que el demonio le mande que lo entregue al novicio. La parte de la primera marca por donde entró la uña queda sin sentido, que no siente aunque por allí le hinquen un alfiler, como experimentó un Joanes de Echalar, que tenia la marca en la boca del estómago.

   Los brujos antiguos advierten luego al nuevo (4) que no ha de nombrar el santo nombre de Jesús, ni de Maria, sino es para renegar; ni persinarse, ni santiguarse, porque demás de que será castigado gravemente, acontecen otros daños que al punto se deshacen los aquelarres con estruendo y presteza mayor que con la que vuelan las aves. Refieren casas particulares en que esto se ha visto, y dicen que es tan espantoso para el demonio y para los brujos el nombre de Jesús, que tiemblan siempre que lo oyen nombrar, pierden la fuerza y no pueden ejecutar los males que intentaran. Tras esta advertencia se va el novicio con los demás á bailar al rededor de unos fuegos aparentes que el demonio representa allí, y no queman aunque mas entren y salgan por ellos. Diceles (5) el demonio que aquellos son los fuegos del infierno que no hay que temerlos, sino holgarse y hacer todo el mal que pudieren. Cantan y bailan al son del tamborino y flauta, estándolos mirando el demonio, y acábase la fiesta y vuelven á casa antes que cante el gallo (6), porque en llegando esta hora se desparece todo; los sapos vestidos dejan a sus dueños sin volverlos a casa, y ellos se vuelven por su pie. Experiencias desto confesaron Juan de Goiburu, tamborilo era del aquelarre de Çigarramurdi, y Juan de Sansin su primo, que tañian el tambor. Estos dos fueron sacados al auto y reconciliados por buenos confitentes (7).

 

(1) Marca del demonio.

(2) Con esto quieren dar á entender que el demonio sea el Antecristo y bestia, de cuyo carácter se hace mención en el Apocalipsi, lo qual es error.

(3) Parece quiere decir que este sapillo no es visible para los que no son brujos.

(4) Con esta lisonja que parece favorable a nuestra sacratisima religion, quieren ganar los oidos piadosos para alcanzar crédito y misericordia; pero ni Cristo, ni sus Apóstoles, quisieron admitir testimonios del demonio, ni de los suyos.

(5) Esto es contrario á lo que abajo se presupone en la dotrina del demonio, que los hombres se salvan por hacer mal y se condenan por hacer bien.

(6) Segun la cuenta no dura mucho la fiesta. Y esto de la virtud de la voz del gallo contra el demonio, si no es en alegoría es supersticion vulgar.

(7) La esperanza desta piedad sobre delitos de homicidios y sodomias, les hace confesar cuanto se les pregunta.

 

   Hay entre los brujos señaladas dignidades y oficios, como en los juegos de los niños; particularmente se hace mencion en las relaciones de rey y reina y de alcaldes del aquelarre.

   Los niños (1), aunque los untan y llevan á las juntas, como queda dicho, no hacen el reniego hasta que llegan á años de discreción que entiendan lo que hacen á los que no han llegado, como tengan de quatro á cinco años arriba, sí les pueden ganar el consentimiento con manzanas, nueces y otras golosinas, y con promesas que irán á holgarse con otros niños, los pueden llevar al aquelarre, ya los menores desta edad sin que consientan, sino es que al tiempo de acostarlos los hubiesen persinado (2) o echadoles agua bendita, ó puesto reliquias, que á estos dicen que no pueden llevarlos al aquelarre, pero que les pueden hacer otros males. Dicen mas, que los brujos mientras perseveran en la secta no ven el Santisimo Sacramento (3), aunque lo alzan en su presencia, que no les permite Dios que lo puedan ver.

   Descubriose esta junta y conjuracion de brujos en esta manera. Una francesa criada en Cigarramurdi, cuyo nombre no se declaró, llevada al aquelarre, hizo el reniego y todo lo demás, escepto que no quiso renegar de Nuestra Señora (4). Esta despues conocia sus culpas y se confundia, pareciendole que aquel demonio no podia ser Dios; y finalmente se acabó de confundir, porque comulgando no vió la forma. Confesase y fue absuelta por orden del Obispo de Bayona. Volvió á Cigarramurdi y dijo como en aquel lugar habla brujas y aquelarre, que ella se habia hallado en el, y visto muchas personas, y entre ellas á una Maria de Jureteguia. A esta apretaron su marido y deudo, hasta que convenciendola la francesa, vino á confesar, despues de haber echado por la boca un aliento de muy mal olor (5), como desde niña le había persuadido y hecho bruja una su tia llamada Maria Chipia y que ansí nunca en su vida habia visto el Santisimo Sacramento, hasta que dejó de ser bruja. Cuentan el gran sentimiento que el demonio hizo, y los golpes que se daban en los pechos en los aquelarres, por habersele retirado esta Jureteguia, y como hizo grandes diligencias por reducida á si. Que un grande número de brujos fueron y entraron invisibles á puertas cerradas en la casa donde la tenian acompañada de mucha gente, y que ella sola via (6) los brujos, y que la demás gente no veia nada; que los brujos la amenazaban, poniendo el dedo en la frente (7), y jurándole que se lo avia de pagar si no se iba con ellos, pero que ella daba voces, que sacó un rosario y alzó la cruz dél, y se persinó, diciendo de no, nombrando, Jesús Maria; que con esto la dexaron, y se fueron haciendo gran ruido, pero que de camino, y por venganza, le arrancaron de la huerta muchas berzas y manzanos, y que le arrancaron todo un molino de su lugar, juntándose á hacer esto los brujos y muchos diablos, y lo pusieron encima de un cerro,

 

(1) Blasfemia es decir y aun creer que el benígnisimo Señor y Pastor que dijo Sinite parvulos venire ad me, consienta una tan lastimosa crueldad con sus verdaderos inocentes.

(2) Otra lisonja superticiosa debajo de cubierta de religion.

(3) Otra á nuestra piedad.

(4) Otra lisonja a la devoción cristiana para con la Virgen.

(5) Ansi debe de interpretar á la letra; Cum inmundus spiritus exiret ab homine.

(6) Así es de creer que á ella se la apareciesen varias fantasmas por melancolía ó que la, fingía con ruindad.

(7) Esto era hacer y jurar la cruz; pues como no se deshacía el encanto quedaban en el suelo visibles.

  

vieron á poner en su lugar (1) la misma noche dejando roto el rodezno, el husillo en el agua, y la piedra molar á un lado. Que estos daños se hallaron hechos el dia siguiente, y se repararon por oficiales. A esta Maria de Jureteguia se le quitó el sanbenito en el tablado, y se le dió licencia para volverse á su tierra por buena confitente, y por aver sido causa de todo el descubrimiento.

   Dicen mas de los brujos niños, y de todos los novicios, que no se hallan en los aquelarres sino es en compañia de sus maestras, y que no los llevan allá quando han de hacer sus mayores maldades (2); sino que entre tanto los ocupan en guardar una gran manada de sapos que tienen recogidos los diablos, y los brujos biejos para hacer dellos veneno. Que despues (3) de provectos en la brujeria los admite el demonio á la dignidad de hacer ponzoñas, echando sus bendiciones, la qual echa en forma estraña, haciendo circulas al revés con la mano izquierda, etc. Que juntamente con esta bendición (4) les entrega á cada uno un sapo vestido, y salen lie la sujeción de la maestra, se untan á solas y se van por si á los aquelarres, y son admitidos á todos los misterios de maldad.

   Pintan (5) las relaciones largamente la figura y trage de los sapos vestidos, que traen unas como ropillas justas de paño ó terciopelo de colores diversas, con su capillo y una abertura que se cierra por debajo de la barriga; que este vestido nunca se rompe y siempre está en su ser. La cara, aunque pequeña, es de la figura y partes que la del diablo grande. Que comen muy bien, y se quejan si no los regalan, diciendo: Nuestro amo, poco me regalan, dadme de comer. Conversan con sus amos, y les aconsejan lo que han de hacer; incítanlos á maldades y los despiertan para que vayan al aquelarre. El agua (6) verdinegra con que se untan sacan de los mismos sapos vestidos, dandoles con unas varillas por orden del demonio que están presentes mientras les dan, y les dicen que les den mas ó menos, hasta que vomitan ó echan por atrás el agua. Untados con ella salen por los agujeros, y que á ellas les parece que las hace pequeñas (7) el demonio para que puedan caber por allí; pero que no es sino que alarga los agujeros y los vuelve á cerrar. Que van á las juntas tres dias cada semana, lunes, miercoles y viernes; van por los aires, y su sapo vestido, a su lado izquierdo. Algunas veces van por su pie, y el sapo saltando delante. A los que faltan de las juntas castigan asperamente. Tambien es prohibido y castigado el hablar (8) de las cosas del aquelarre sino es quando estan en él, aunque las traten unos con otros. Azotan asperamente con espinas á los niños que descubren algo de estas cosas, y hay verdugo diputado para estos castigos.

 

(1) Mal hayan los diablos porque no lo dejaron sobre el monte con Sansón las puertas de la ciudad para que creyeran todos estas sus valentías. Lo del rodezno husillo y piedra, cuatro brujos lo pudieron hacer.

(2) ¿Estanse allí guardándolos siempre ó de que sirve guardarlos solamente entonces mientras los demás están en el aquelarre?

(3) Profesión de los brujos.

(4) Perfección de los misterios que llamaban teletas los griegos en los suyos.

(5) Pintura de sapos vestidos.

(6) Agua con que se untan para volar. Otros cuentos antiguos no dicen que se untan, sino con unguento hecho de unto de niño, etc.

(7) No quita esto la dificultad, porque tanto de la una manera como de la otra se sigue penetración de cuerpos, y es imposible tal entrada y salida á cuerpos que no tengan el don de subtibilidad.

(8) Estas leyes del secreto muestran conjuración humana y pacto, como entre salteadores.

 

 


(c) Archivo-Biblioteca. Diputación Provincial de Cáceres.