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Ateneo de Cáceres Discurso del Presidente D. Publio Hurtado Leído en la solemne sesión inaugural de 12 de octubre de 1925
Dignísimas autoridades:
Distinguidas señoras y caballeros: Un poco retrasados llegamos al
Partenón, donde el concierto se verifica: pero nunca para el bien es
tarde. Al fin llegamos... y el tiempo nos dirá si nuestro arribo a esa
anhelada tierra de promisión es definitivo. En nuestra historia local, tesoro
de grandezas y heroicidades en otro orden de cosas, advertí siempre como
una nebulosa que sombreaba el sugestivo cuadro, nebulosa que como
inherente a nuestra condición social, pasaba de generación a generación
cual inmutable sambenito; y esa era la incultura de nuestros abuelos,
heredada por nuestros padres, y sentida por nosotros mismos. En vano se fundaban en nuestra
villa una y otra Universidad; en vano se estatuían colegios y escuelas;
en vano se dotaban por los particulares obras-pías, cátedras y becas...
Los Amigos del País por un lado y la gente alegre y de buen gusto por su
parte, fundaban asociaciones beneficiosas y recreativas, creaban premios,
ofrecían gratuitamente muchas veces veladas literarias, musicales y
coreográficas y otros esparcimientos. ¡Inútilmente! ¡todo fracasaba!
Hasta la segunda Universidad, fundada y dotada por nuestra Diputación
Provincial después de la revolución septembrina de 1868, en plena era
liberal, y cuando la palabra progreso era el eureka mágico que todo lo
engrandecía y consagraba, desapareció a los dos años, privando de sus
beneficios a la región extremeña y muy principalmente a nuestra Capital. ¿Qué negra estrella presidía nuestros destinos intelectuales? No es lógico achacar tantos reveses a la
falta de individuos capacitados para llevar a cabo esas y aún mayores
empresas, pues entre los naturales de nuestra urbe y los forasteros que
por distintos motivos y profesiones convivieron en ella, se pueden citar a
Rodríguez de Molina, Sorapán de Rieros, Solano de Figueroa, Ulloa y Golfín,
al primer Conde de la Enjarada y a su nieto D. Juan de Carbajal y
Lancaster, a D. Arias Mon y Velarde, D. Simón Benito Boxoyo, D. Claudio
Constanzo, Porro Cidoncha, Gómez Becerra, el Marqués del Reino, D. José
de Viu, León Guerra, D. Juan Francisco Alvarez, D. Manuel
Sandianés, D. Julián de Luna, el primer Conde de Santa Olalla, Álvarez
Guerra, Donoso Cortés, Bravo Murillo, Pastor Díaz, Arias Rabanal, Muñoz
Bueno, Castellano y Fresneda, Godínez de Paz, los Sociats, Ceresoles, D.
Luis Sergio Sánchez, D. Gabino Tejado, D. Antonio Hurtado, D. Alejandro
Millán, Lucenqui, Regoyos, Daza Malato, Santibáñez, Sánchez Cortés,
Quirós Diez, Montánchez y Campo, los Muñoz Chaves, Pérez Morales, García
Carrasco, D. Francisco Liberal, D. Manuel Corrales, Sánchez Asensio, Pérez
Getino, Valiente, Gómez Santana y Sánchez Garrido... todos hombres de
estudio, lumbreras de la política, el foro, las letras y las bellas
artes, que si hubiesen vivido en la misma época, hubiesen elevado el
nivel intelectual de nuestro pueblo al empíreo del saber; pero vivieron
como desgranados en distintas épocas, y sus esfuerzos aislados no
pudieron sacar a nuestros abuelos de las tinieblas en que dormían sobre
laureles de otra especie. -Entonces -preguntaréis- ¿a qué
obedece esa resistencia a que se explaye, en bien de todos, ese aliquid
divinum que Dios puso, al rematar su obra, sobre la frente del hombre? Muchas y complejas son sus causas;
mas a mi pobre juicio son las principales, un individualismo exagerado en
las clases directoras, que sólo se dio a partido y abrió un paréntesis
para construir una Plaza de Toros; un aferramiento inquebrantable a las
ideas y procedimiento de sus mayores: un temperamento indolente y apático;
y un carácter altanero y envidioso. Duro es el juicio ciertamente, que
en términos análogos formuló antes que yo el poeta Salas en su décima
famosa. Su aspereza, como extremeño, me escuece y me sonroja; pero
rindiendo culto a la verdad y a aquel aforismo sapientísimo de «conócete
a ti mismo», escrito por el filósofo griego en el vestíbulo del templo
de Delfos, consejo que debe estar grabado en el corazón de todo hombre
honrado, hay que confesarlo para rectificar la ruta, si se pierde en las
encrucijadas dei error. Estamos, pues, en el crítico momento: conocemos lo equivocadas que han vivido las generaciones pasadas no asociándose para el cultivo de la inteligencia, pues no sólo de pan vive el hombre, y aquí nos hallamos hoy los amantes del saber, para emprender nuevo camino.
Probablemente, si este proyecto
hubiera sido concebido y planteado solamente por aficionados cacereños
(que no deja de haberlos, aunque en corto número) se hubiese frustrado a
los primeros pasos, pues sus incubadores, unos por negligentes y otros por
descorazonados ante los repetidos fracasos de otras tentativas análogas,
no habrían tenido tesón para llegar a la meta de sus aspiraciones. Mas
por fortuna nuestra, acudió a la Ciudad, ejerciendo distintas
profesiones, un núcleo numeroso de jóvenes ilustrados y activos, que
afectados de la nostalgia que les producía el alejamiento de centros
culturales donde el espíritu satisfacía sus necesidades, trataron de
llenar el vacío en que todos vegetábamos, y poniéndose de acuerdo, y
comunicando su entusiasmo a los indolentes y perezosos, lograron aunarlos
y hacerlos colaborar en la laboriosa creación del Ateneo que hoy inaugura
su vida oficial. ¿Vivirá? La suficiencia y actividad de los
asociados, son garantías de longevidad: sus acuerdos hasta el presente no
han podido ser más acertados. Sólo una equivocación hay que anotarles
en la cuenta: la de la elección de Presidente de la junta directiva;
porque es un contraste de alto relieve que una sociedad que nace ahora
esplendorosa y pujante, armada de punta en blanco, como nació Minerva de
la cabeza del Tonante, tenga por primer Presidente de su junta Directiva a
un anciano que toca ya al ocaso de este día inquieto que llamamos vida y
liquida su haber vital, para finiquitar sus cuentas con el Todopoderoso. Se lo agradezco infinitamente y en
gracia a tanta galantería, haciendo un supremo esfuerzo, yo ofrezco a
todos lo único que ya puedo ofrecer... mi buena voluntad; pues para un
viejo mandado recoger por ley natural, una distinción como la que os
debo, equivale a una inyección de cafeína, que prolongará mi vida,
cairelada de tanto honor, por unas horas mas. * * * ¿Ateneo?
Grosso modo todos sabéis lo que
es: la reunión en un lugar determinado de personas amantes del saber;
para perorar, discutir y conversar sobre hechos o conceptos pasados,
presentes o futuros, que interesen o puedan interesar a los fines de la
vida. En la acepción más lata puede
decirse que Ateneos fueron, el Gimnasio de Academos en Atenas, el Colegio
del Corpus Christi en Oxford, la Sorbona de París, el Consistorio del gay
saber en Tolosa, la Sociedad de Artes de Albany, las Universidades, los
Seminarios, los Liceos, porque en todos esos lugares, a los que no podía
llegar el peregrino sin descubrirse, el que entraba en ellos desatentado y
asofo, aprisionado en las mantillas de la ignorancia, salía libérrimo y
transformado física y moralmente, no sólo bastándose a sí mismo sino
capacitado para regir a los demás... ¡para ser el Rey de la Creación! Según los mitólogos paganos,
esta transformación de la larva humana era debida a Atenea, la Minerva
griega, númen del supremo saber, que significaba tempestad, de la que
surge el relámpago que ilumina la inteligencia y sucede el trueno, voz de
los dioses, transmisora de la suprema sabiduría. De aquí la palabra Ateneo. ¿Y en cuanto a su funcionamiento? Si el bien supremo de las
sociedades civiles es la libertad, como afirmó el sabio Minos, rey de
Creta, hace más de dos mil años -aforismo no contradicho por nadie en el
transcurso de los siglos- este Ateneo no discrepará de sus similares en
su labor educativa. La libertad, o facultad de obrar por motivos propios,
ya sea espontánea, ya determinista, será el medio ambiente que en este
ámbito se respire, y fortalecerá sus discusiones y enseñanzas. Bajo
estas venerandas bóvedas tendrán voz y crítica razonable, desde las
leyes fundamentales de la ciencia, hasta la hipótesis, -ese castillo de
naipes de los filósofos-, ¡más aún! hasta la utopía, que a veces
suele ser una verdad que explicarán las inteligencias futuras; desde los
moldes clásicos de la belleza y el buen gusto, hasta los perfiles inverosímiles
de la moda, deidad de todas las teogonías, caprichosa y voluble, tanto más
preconizada y obedecida, cuanto mayores son sus aberraciones. Pero como de estrellas abajo no
hay nada absoluto ni ilimitado, esa decantada libertad tiene una línea
prudencial que la limita y a guisa de
bisectriz la separa del libertinaje, como la razón tiene otra que la
separa del absurdo. Así el mérito del sentido íntimo está en saber
deslindar los campos y no rebasar esos aledaños para no caer en la anarquía
espiritual, negación de la libertad y del sensorio. Así cumpliremos con Dios y con el prójimo, y así espero que lo hagan mis ilustrados compañeros en sus futuras lucubraciones; mas por si acaso alguno rebasase inadvertidamente esos linderos, la Junta de Gobierno llegaría hasta la suspensión de la sesión en que tal aconteciese.
Concretando algo más esta
advertencia, añadiré que alude a los temas políticos y religiosos,
campos de sangre y fuego en todas las edades, donde los contendientes han
perdido la tranquilidad, la vida y las haciendas, sin haber llegado una
vez sola a entenderse y abrazarse. ¿Qué necesidad tengo yo de
anunciaros los males que esas controversias desbordadas acarrearían, si aún
mejor que yo sabéis vosotros deducirlas? Por eso me circunscribiré a
expresaros que la tribuna del Ateneo no será nunca escabel de propagandas
políticas de la demagogia blanca ni de la demagogia negra. Y en otro
orden de cosas, no cesaré de aconsejaros, que al hablar y obrar como
ateneístas, no olvidéis jamás que la redentora Cruz, signó tres veces
nuestro cuerpo cuando abordamos el estuario de la vida, escudando nuestra
debilidad contra las asechanzas mundanas, y que otra Cruz, irradiando
caridad y misericordia, después de descargarnos del peso de nuestras
culpas, ha de guiar nuestros pasos hacia el sepulcro. * * * Tres son las secciones en que se
han comprendido los conocimientos del saber humano sobre que han de versar
nuestras tareas: una, de Ciencias Morales y Políticas, en la que han de
figurar en primer término la filosofía y el derecho, otra de Ciencias exactas,
físicas y naturales, en la que ha de darse plaza preeminente a
la electricidad, agente maravilloso de la vida moderna, en sus variadas
aplicaciones, y otra de Literatura y Bellas Artes, donde campeará la
Historia con sus ramificaciones auxiliares, la Poesía con sus ritmos
conmovedores, la Música con sus armonías electrizantes, y los primores
manuales, preconizando la estética y el buen gusto. Así planea nuestro naciente
consistorio sus trabajos para el futuro, trabajos que habrán de llevarse
a cabo dentro de los límites de la más sociable corrección, sin
desplantes inoportunos, sin alusiones ofensivas, sin frases mortificantes,
que la Junta cuidará de evitar y reprimir por todos los medios; pues
estimándose a sí propia de este modo, será la salvaguardia de la
estimación de los demás. Y no digo más para no cansaros. Sólo,
a modo de coda, terminaré repitiéndoos aquel filosófico apotegma de que
«a Dios rogando y con el mazo dando», expresión de la perseverancia con
que deben trabajar los humanos en sus empresas. Ya que podemos entonar el
Hosanna,
o himno de la alegría por el éxito de nuestros afanes, es preciso, señoras
y señores, viejos y adultos, a los que cordialmente agradezco su
presencia en este acto, que todos nos unamos en apretado haz y marchemos
al unísono, porque de la unión nace la fuerza, y para conseguirlo, basta
con prescindir de disparidad de criterios, de antagonismos de clases, de
egoísmos y envidias injustificadas, y nuestra frágil barquilla arribará
felizmente a puerto seguro. Al reclamar el apoyo de ambos sexos, pido y espero de las señoras que conviven con nosotros, que nos tiendan su mano y nos prodiguen sus gracias intelectuales; pues son del mismo solar en que nacieron la Galinda, la Sigea, Concepción Arenal, Rosalía de Castro, la Avellaneda, la Coronado, la Pardo Bazán y otros talentos femeninos privilegiados no faltan entre nosotros damas que pudieran emularías con sus destellos mentales.
Para el Ateneo sería un día de
gloria aquel en que una hija de Eva ocupase su tribuna. Esta resultaría
convertida en búcaro florido, y el público pagaría con una tempestad de
aplausos su perfume. Y reservo mi postrera invitación
para la prensa, que tanto puede hacer en pro de nuestra causa. Yo no me atrevería a suscribir la
poética hipérbole de Lamartine, que la llama «telescopio del alma»,
pero si el símil de Benjamin Constant, que dice ser la tribuna agrandada;
calificada de cuarto poder del Estado, su influjo es hoy indiscutible en
los destinos de los pueblos, porque se apodera y discute de cuanto de
interés y actualidad surge en la escena social, condensa las aspiraciones
populares, e indica derroteros, acertados casi siempre. Eso es lo que yo demando de la
nuestra. Y puesto que ya decía San
Francisco de Asís, que «el hombre sabe cuando obra», procuremos saber
algo obrando mucho, para que las generaciones venideras al mencionar
nuestra naciente asociación, no puedan decir, parodiando al dramaturgo
francés, que el Ateneo cacereño sólo vivió «lo que viven las rosas». HE DICHO.
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FICHA:
Ateneo de Cáceres : memoria del
secretario Juvenal de Vega y discurso del presidente Publio Hurtado,
leidos en la solemne sesión inaugural, 12 de octubre de 1925. -- Caceres
: La Minerva, 1925. 18 p. |
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