|
(Versos
leídos por su autor ante el pueblo de Guijo dé Granadilla, al
recibir el honroso título de hijo adoptivo del mismo. 13 de Abril
de 1903.)
EL
Guijo tiene otro hijo
desde
este grato momento:
¡Yo
soy el hijo que al Guijo
le
da vuestro Ayuntamiento!
Pueblo que obsequia a mi poeta,
es
pueblo con intuiciones,
con
instinto que interpreta
del
Arte las creaciones;
pueblo
que sabe pensar,
pueblo
que sabe sentir,
pueblo
que se sabe honrar,
pueblo
que aspira a vivir;
pueblo discreto que advierte
que
sin cultura es suicida,
porque
la ignorancia es muerte,
porque
la cultura es vida.
Pueblo que ama la belleza,
es
pueblo con ideales,
con
instintos de nobleza,
con
jugos sentimentales;
pueblo con orientaciones,
pueblo
con ricos alientos,
pueblo
donde hay corazones
y
donde hay entendimientos;
pueblo que el alma conquista
de
quien la suya interpreta,
pueblo
que es también artista,
¡Pueblo
que es también poeta!
¡Ese
es el Guijo, señores;
pueblo
que el pan conquistando
va
entre ríos de sudores
trabajando,
trabajando;
pueblo que brega y se afana
con
esfuerzos singulares
para
que el pan de mañana
no
falte de sus hogares;
y holgando alegre este día
después
de la brega dura,
celebra
con alegría
una
fiesta que es cultura.
Fiesta que me ha dedicado
un
celoso Ayuntamiento
para
quien tengo guardado
profundo
agradecimiento.
Una fiesta que es más bella
porque
en ella no hay pasiones,
ni
hay ruines miras en ella,
ni
luchas, ni divisiones,
Veros hoy aquí reunidos,
me
causa el mayor placer.
¡Siempre
en paz y siempre unidos
os
quisiera á todos ver!
¡Odiad esas luchas ruines
y
esos empeños mezquinos
que
llevan á malos fines
por
detestables caminos!
¡Odiad esas divisiones
que
a los pueblos desbaratan,
porque
encienden las pasiones
y
toda obra buena matan!
Seguid mi honrado consejo,
porque
pueblos divididos,
dice
un adagio muy viejo
que
serán pueblos perdidos.
La guerra abate y quebranta,
la
paz eleva e ilumina;
¡Todo
la paz lo levanta!
¡Todo
la guerra lo arruina!
Odiad a todo enemigo
de
la paz y de la unión,
porque
la guerra es castigo,
principio
de perdición.
Lejos del Guijo, muy lejos,
un
mal enemigo habita
que
da perversos consejos
cuando
los pueblos ,visita.
Nunca semilla bendita
viene
su mano sembrando:
torpe
cizaña maldita
suele
venir derramando.
¿Extrañaréis si no digo
por
vuestro bien e interés
el
nombre de ese enemigo?
¡Pues
la Política es!
La Política de ahora
que
al bien ajeno no aspira;
la
Política traidora,
que
es una inmensa mentira.
Viene promesas haciendo
que
nunca piensa cumplir;
favores
viene pidiendo,
mentiras
viene a decir.
Y cuando triunfa y se aleja
para
hundirse en la ciudad,
la
guerra en los pueblos deja
y
ella se lleva la paz.
Que venga, sí, cuando quiera,
servidla
como queráis,
pero
por una embustera
jamás
vuestra unión rompáis.
Porque pueblos bien unidos
son
pueblos bien gobernados,
pueblos
al bien dirigidos,
pueblos
bien administrados;
y está en la paz la riqueza,
y
está la fuerza en la unión,
y
en la guerra la pobreza,
la
ruina y la perdición.
Siempre hacia el Guijo he sentido
amor
de alma agradecida:
mis
hijos aquí han nacido
y
aquí vivo yo mi vida.
Y no habéis imaginado
lo
mucho que os agradezco
que
todos me habéis tratado
tal
vez mejor que merezco.
Yo he procurado también
vivir
con todos leal,
siempre
aconsejando el bien,
siempre
detestando el mal;
y si en mi mano estuviera,
sabed
que yo no dejara
discordia
que no rompiera
ni
rencor que no acabara.
Por eso orgulloso creo
que
digo verdad si digo,
que
entre vosotros no veo
nadie
que sea mi enemigo.
Siempre el Guijo me ha inspirado
sincera
y gran simpatía,
pero
sabed que ha aumentado
notablemente
este día.
El Guijo tiene otro hijo
desde
este grato momento.
¡Yo
soy el hijo que al Guijo
le
da vuestro Ayuntamiento!
¿Me recibís desde hoy
por
vuestro adoptivo hermano?
Pues
bien, ya sabéis que soy
desde
ahora vuestro paisano.
¡Gracias, al Ayuntamiento!
Gracias
al pueblo del Guijo!
No
hay en mi merecimiento
para
adoptarme por hijo.
Mas esta Corporación
lo
manda así, y obedezco;
acepto
la distinción
mas
sé que no la merezco.
Yo no soy más que un poeta
que
vuestros hondos sentires
enamorado
interpreta
con
vuestros propios decires.
Yo no hago más que cantares
que
pintan vuestros amores,
la
paz de vuestros hogares,
la
hiel de vuestros dolores.
Canto ese cielo divino
donde
con Dios viviremos,
si
de la vida el camino
con
honradez recorremos.
Canto esos campos en calma,
donde
el Señor ha vertido
soledades
para el alma,
deleites
para el sentido
Campos de donde han tomado
dulzuras
mis canturías,
campos
que han dulcificado
mis
tristes melancolías;
Campos que han sido testigos
de
mis dolores secretos,
campos
que son mis amigos
más
leales y discretos.
Campos de donde esperamos
el
pan que nos alimente,
campos
que todos regamos
con
sudor de nuestra frente.
Campos donde agradecido
debe
todo hombre exclamar:
¡Bendito
el Dios que ha podido
tantas
grandezas crear!
Eso entre vosotros vi
Y
eso en mis versos canté.
¡Qué
sepan lejos de aquí
lo
que en el Guijo encontré!
Seguid vosotros marchando
del
bien por las anchas huellas,
que
yo seguiré cantando
vuestras
virtudes más bellas.
Yo haré que lejos, muy lejos
todos
seáis admirados;
pero
seguid mis consejos,
que
son consejos honrados.
Vosotros, graves varones,
que
jefes sois de un hogar;
mirad
que vuestras acciones
los
hijos han de imitar.
Mirad que el jefe que mande,
entero
al cargo se ofrece,
y
tiene un deber más grande
que
el súbdito que obedece.
Y rey que ha de gobernar,
si
respetado ha de ser,
debe
a los suyos guiar
por
la senda del deber.
Se debe al hijo querido
algo
que al alma alimenta,
algo
que es más que el vestido
y
el pan que el cuerpo sustenta.
Hijos sin Dios educado,
no
es hijo respetuoso,
ni
puede ser hombre honrado,
padre
amante y buen esposo.
Hijo que no ha recibido
Cultura
de racional,
es
un salvaje vestido
con
traje de hombre social.
Primero es niño insolente,
Groseramente
procaz,
dañino
y desobediente,
desvergonzado
y audaz,
Más tarde será un mozuelo
de
esos sin Dios y sin padre,
de
esos que escupen al cielo
y
escupirán a su madre.
Y luego un mozo perdido,
provocativo
y vicioso,
con
un corazón podrido
y
un cerebro tenebroso.
Los hijos que ahora criáis
no
son esos, a fe mía,
pero
si no vigiláis,
ya
lo serán algún día.
Vosotras, fieles y honradas
esposas
de alma ejemplar;
las
que vivís consagradas
al
gobierno del hogar,
las que al esposo adoráis,
las
que mitigáis sus penas,
las
que a llevar le ayudáis
la
carga de sus faenas;
las que en sus horas sombrías
sois
su consuelo mejor,
las
que de sus alegrías
sois
la alegría mayor;
las que, si enfermo le véis,
junto
á su lecho veláis,
y
el sueño por él perdéis,
y
al cielo por él rogáis,
y al ver su salud perdida,
sois,
con afán generoso,
capaces
de dar la vida
por
la salud, del esposo...
Vosotras, que compañeras
sois
suyas tan diligentes,
sed
también sus consejeras
benévolas
y prudentes.
Dadle con vuestros amores
luz
que le sirva de guía
y
perdonad sus errores
si
alguna vez se extravía.
Dejad que gobierne y mande,
porque
él es rey del hogar
y
fuera un pecado grande
derecho
tal usurpar.
Dadle consejos de amiga
con
amoroso decir,
pues
lo que amor no consiga,
¿quién
lo podrá conseguir?
La paz en casa sembrad
y
reine en ella ese nombre,
porque
una casa sin paz
es
el infierno del hombre.
Brindadle paz al esposo,
sed
su perenne consuelo,
y
ese infierno tenebroso
convertiréis
en un cielo.
Vosotras, madres del Guijo,
fuente
de oscuras hazañas,
las
que tuvisteis un hijo
dentro
de vuestras entrañas;
las que supisteis cuidarlo
entre
desvelos y penas,
las
que supisteis criarlo
con
sangre de vuestras venas;
las que debéis siempre ser
el
ángel de vuestro hogar,
las
que enseñáis a creer,
las
que enseñáis á rezar;
las que vivís suspirando
con
afanes infinitos,
noche
y día trajinando
por
el pan de los hijitos,
y _con semblante risueño
su
mitad les entregáis,
y
si el pedazo es pequeño
también
el vuestro le dais;
vosotras, madres amantes,
fuentes
de amores benditos,
¡vivid
siempre vigilantes
por
el bien de los hijitos!
Quien tanto los sabe amar,
¿ha
de tener corazón
para
dejarlos marchar
por
sendas de perdición?
Prenda que son tan queridas
y
cuestan mil sacrificios,
¿quién
querrá verlas hundidas
en
el fangal de los vicios?
¿De qué servirá criados
con
cariño maternal,
si
logra el vicio arrojados
a
los abismos del mal?
¡Ay de la madre que olvida
lo
que Dios le ha confiado!
¡Ay
de la que trae a la vida
un
blasfemo o un malvado!
Porque si esa madre ha sido
culpable
de tanto mal,
de
Dios le caerá en su oído
esta
sentencia fatal:
-¡No
fuiste mujer bendita
que
al mundo dio un hijo bueno!
¡Fuiste
víbora maldita.
que
al mundo distes veneno!
Madres amantes del Guijo,
madres
celosas y buenas,
las
que dierais por un hijo
la
sangre de vuestras venas,
las que lucháis por criados
como
azucenas lozanas,
¡no
os olvidéis de educarlos
con
enseñanzas cristianas!
En nombre del Poderoso
que
quiso el mundo crear
y
de un soplo portentoso
pudiera
el mundo arrasar;
en nombre del Dios clemente,
del
padre de los mortales,
cuya
mano providente
derrama
el bien a raudales;
en nombre del que amoroso
salud
y pan nos envía
y
desde ese cielo hermoso
nos
manda la luz del día;
en nombre del que las plantas
hace
en los campos crecer
y
en ellos bellezas tantas
pródigo
sabe verter;
en
nombre del Dios eterno,
del
que del Cielo es la llave,
del
que arroja en el infierno
lo
que en el Cielo no cabe...
yo os pido, madres cristianas,
que
no entreguéis los hijitos
a
libertades insanas,
fuentes
de vicios malditos.
Yo os pido, madres amantes,
que
a los hijos protejáis,
que
siempre estéis vigilantes,
porque
si en ellos fiáis,
en los abismos abiertos
del
mal los veréis caídos,
y
es menor mal verlos muertos
que
conocerlos perdidos.
No me digáis que ninguna
verlos
perdidos quisiera,
pues
sé que no hay madre alguna
que
tenga entrañas de fiera;
pero alguna puede haber
que
no se pare a pensar
que
hay un modo da querer
que
es un modo de matar.
Cariños mal entendidos.
y
locamente otorgados,
hacen
más hombres perdidos
que
hombres juiciosos y honrados.
No quiere bien quien halaga
pasiones
que en otro viere:
¡el
que mayor bien nos haga,
aquel
es quien más nos quiere!
Y siendo un bien singular
la
educación que nos den,
querer
bien es educar,
porque
es hacernos gran bien.
Sólido bien verdadero
que
al hijo que lo comprenda,
le
valdrá más que el dinero,
le
valdrá más que la hacienda.
Honradas madres del Guijo:
si
amáis al pueblo también,
no
le deis un sólo hijo
que
no sea un hombre de bien.
Vivid, vivid educando,
vivid,
vivid reprendiendo,
noche
y día vigilando,
noche
y día corrigiendo.
Poned, el alma en la empresa
de
dar buena educación,
que
precisamente es esa
vuestra
principal misión.
¿Reglas queréis y lecciones
para
ese fin conseguir?
Pues
sólo en cuatro renglones
se
,pueden todas reunir:
El hijo en casa ha de ver
ejemplos
de bien obrar,
ejemplos
de bien querer
y
ejemplos de bien hablar.
Y basta, cristianas madres,
porque
bien debéis saber
que
lo que fueron los padres
los
hijos luego han de ser.
Y si bien los educáis,
mañana
os respetarán,
y
si pan necesitáis,
pan
y cariño os darán.
Doncellitas guijarreñas:
dijo
verdad el que dijo
que
sois sanas y risueñas
como
los campos del Guijo.
Sus rosas os dan colores,
aroma
os dan sus violetas,
sus
mozos os dan amores
y
os dan versos sus poetas.
Sois la luz y la alegría.
de
vuestros limpios hogares,
la
gala y la poesía
de
las fiestas populares.
Sois la mayor hermosura
que
nuestros ojos recrea;
sois
la gentil donosura
que
nuestro pueblo hermosea.
Gloria de vuestros paisanos,
orgullo
de vuestros padres,
honor
de vuestros hermanos,
carilla
de vuestras madres.
Del rudo trabajo amigas,
a
él os entregáis sin quejas,
hacendosas
como hormigas,
laboriosas
como abejas.
Sois las palomas torcaces
que
en los montes guijarreños
arrullan
nuestros solaces
con
arrullos halagüeños.
Sois juventud y alegría,
sois
vida fresca y lozana,
sois
amor, ,sois bizarría,
¡sois
la ,mujer del mañana!
Tenéis toda la belleza.,
todo
el gracioso buen ver
que
puede Naturaleza
dar
á un cuerpo de mujer.
Mas esa gran hermosura
no
es vuestra prenda mejor:
hay
otra más alta y pura,
hay
otra de más valor.
¿Conocéis esa lozana
flor
de exquisita bondad?
Pues
es la virtud cristiana
que
se llama honestidad.
¿Veis una rosa muy bella,
pero
con muy mal olor?
Pues
eso es una doncella
Sin
la virtud del pudor.
El pudor es el aroma
del
alma de la mujer:
con
él, es una paloma,
pero
sin él ¿qué ha de ser?
Un aborto abominable
que
inspira pena y horror;
una
mujer despreciable
para
todo hombre de honor.
Carne que el vicio ha comprado,
alma
al demonio vendida,
un
trapo roto y manchado
que
se pisa y que se olvida.
Simpáticas guijarreñas:
si
dijo verdad quien dijo
|