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Monumentos megalíticos de la provincia de Cáceres

 

José Ramón Mélida 

 

 

 

   Conocida la importancia y abundancia de dólmenes en la provincia de Badajoz (1) y la relación que guardan con los de Portugal y Andalucía, es interesante saber si la serie de ese género de sepulturas de la época neolítica y del período eneolítico se extiende por la provincia de Cáceres con igual intensidad, tanto más cuanto que la región dolménica del occidente de la Península, representada principalmente por Portugal, se extiende también, aunque muy poco, a las provincias de Salamanca y Zamora y no hay de esa clase de monumentos en Castilla ni en Aragón, salvo ligeras penetraciones de la región levantina; y si a esto se añaden las fajas dolménicas del Norte, desde Galicia a Cataluña, y la vasta región andaluza, se apreciará en todo su valer la observación que acaba de formular don Hugo Obermaier en su interesantísima memoria El dolmen de Matarrubilla (Sevilla),de que "la cultura de los dólmenes es esencialmente una cultura costera ,que rodeaba a la Península desde todas las partes del mar"; demostración que confirma con un mapa.

   De nuestras investigaciones resulta que no parecen haberse empleado, o mejor dicho, no hay megalitos más que en la mitad meridional de la provincia de Cáceres, y que solamente conocemos un grupo de dólmenes situado a la margen derecha del río Tajo, de donde pudiera inferirse que éste señalara la divisoria o frontera septentrional del pueblo que construía dichas sepulturas en el Mediodía de la Península como asimismo al Oeste y al Norte. Sin embargo, vanas referencias, sin comprobación hasta ahora, hemos tenido de la posible existencia de dólmenes en puntos del Norte de la provincia y también de otro en la cuenca del Tajo en tierra de Toledo.

 

(1) Véase nuestra memoria Arquitectura dolménica ibera.-Dólmenes de la provincia de Badajoz; publicada en 1913 en esta REVISTA, tomos XXVIII, I, Y XXIX; 317.

 

   No son muchos los dólmenes que podemos registrar existentes en la dicha región meridional cacerense, donde acaso haya más todavía no descubiertos; pero son bastantes para establecer o reconocer su filiación con los tipos conocidos de las indicadas regiones vecinas.

   Es de notar, por otra parte, que no solamente podemos registrar aquí dólmenes, sino piedras bamboleantes, de las cuales no conocemos ninguna en la provincia de Badajoz, como tampoco en ésta ni en la de Cáceres conocemos menhires, ni series de ellos de las que en otras partes forman ringleras y cromlechs.

 

Grupo de dólmenes existente a una legua al suroeste de Valencia de Alcántara cerca de la raya de Portugal.

 

   Mencionó estas antas (que es como llaman a estos monumentos en el país) Viu, en su obra Extremadura: Colección de sus inscripciones y monumentos (tomo II, pág. 245), diciendo que entonces (1852) acababan de descubrir en ellas "saetas, cuchillos y otros utensilios de bien trabajado pedernal". Visitólas en 1889 el insigne geólogo y cultivador de la Arqueología prehistórica don Juan Vilanova, el cual dio de ello cuenta a la Real Academia de la Historia en un breve informe (1), al que por desgracia no acompañan dibujos ni fotografías y en el que dice ser cinco las antas que vio, dos completas y tres en ruinas, no deteniéndose a detallar descripción ni dar medidas; pero añadiendo que había encontrado y presentaba a la Academia un "magnífico cuchillo de pedernal de dimensiones poco comunes"; una "punta de lanza de la propia piedra, cuyo criadero -dice- no creo exista en toda Extremadura"; una preciosa flecha de cristal de roca transparente; una "vasija tosca de barro, hecha sin duda alguna a mano y sin el auxilio del torno; algunos huesos humanos mal conservados, y una rodaja de pizarra con el agujero en el centro para enlazada con otras piezas iguales y formar un objeto de adorno". Guiado por estos datos, visité, medí y fotografié estos monumentos con la buena compañía y auxilio de don Manuel Castillo, director el Instituto de Cáceres, y don Tomás Lozano, y el resultado de ello es como sigue:

 

(1) Véase Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo xv, pág. I92.

   

   Dolmen, arruinado, que se halla en el sitio llamado Cancho del lobo. -Diez de sus piedras se ven, dos de ellas medio enterradas. Cuatro de las que formaron la cámara poligonal permanecen en pie, con la inclinación a la forma piramidal de la misma, y una vencida hacia dentro. Las demás están caídas. La altura de ellas varía entre 2,86 y 1,20 metros, siendo trapecial irregular la forma de las que formaron la cámara. Mide ésta de diámetro cuatro metros. La cubierta falta. Todas las piedras son graníticas, como en los demás dólmenes, y es la que abunda en el país.

   Este dolmen es el más próximo a la villa, de la que distará poco más de tres kilómetros. Los otros cuatro están más distantes, en el camino del Asiento de Tapete a la Aceña de la Borrega. Para mencionarlos seguiremos el orden en que los encontramos, del más próximo al más distante.

   Dolmen en el sitio llamado Cercado de la Data (lám. I).-Le falta la cubierta. Permanecen en pie las ocho piedras que constituyen la cámara, que con el hueco de entrada es un polígono de nueve lados en su planta, y en alzado es un tronco de pirámide. Algunas de las piedras están quebradas por la parte superior, por haberles arrancado pedazos y están removidas.  

Dolmen 1º del Cercado de la Data

 

Son de desigual tamaño, pues por su base visible o línea de asiento mide la segunda, a la izquierda de la entrada, una anchura de un metro justo, y la piedra tercera, 2,15 metros, cifras mínima y superior de esta medida, que es de 1,20 en la cuarta, 1,30 en la sexta, 1,35 en la primera, 1,45 en la quinta y en la octava, 1,80 en la séptima. Estas indicaciones son suficientes para manifestar lo desigual e irregular de la construcción, que, además, se halla desconcertada por los buscadores de supuestos tesoros o codiciadores de las piedras. Alguna de la galería sobresale del suelo, y varias pequeñas, de las que formaron, el núcleo del montículo, se ven junto a las grandes. Mide de diámetro la cámara 3,30 metros. La puerta se halla al Sureste.

 

Dolmen del Cercado de la Data. Vista de frente.

Dolmen del cercado de la Data. Vista de costado.

 

   Segundo dolmen en el sitio llamado Cercado de la Data (lám. II). -Hallase más arruinado que el anterior, del que está a unos treinta pasos y es de idéntica construcción. Forman el polígono de su cámara, que es próximamente igual, siete piedras, que contadas sucesivamente, miden, por su base visible, 1,35, 1,30, 1, 1,60, 1,55, 1,40 y 1,65 metros.

  

Dolmen 2º del Cercado de la Data

  

   El hueco de entrada, igualmente orientado que en el anterior; deja una anchura apreciable de 1,10 metros y también se advierte la dirección de la galería. El dicho diámetro interior de la cámara, desfigurada como se halla por la excesiva inclinación de las piedras, es 3,95 metros. Conserva piedras del montículo.

 

 

Segundo dolmen del cercado de la Data

  

   Dolmen que ha dado al sitio en que se halla el nombre de Cercado de la Anta (lám. III).-Conserva la cubierta, ,construida por una enorme piedra cuyos ejes miden 4A5 X 3,35 metros, y por la presión de ella las piedras que las sustentan, bien que algunas han sido despedazadas, conservan su posición e inclinación natural, formando el tronco de pirámide y una planta bastante regular, octógona, con el hueco de la puerta, y siendo, por consiguiente, siete los soportes, de dimensiones bastante regulares también, pues, medidos 'por sus arranques, dan, de izquierda a derecha, 1,60, 1,75, 1,70 1,60, 1,77, 1,35 Y 1,25 metros.

 

Dolmen del cercado del Anta y dolmen del Cerro del regato Gajirón

 

   El diámetro de la cámara es de 3,30 metros. Conserva además el dintel, caído, de la puerta, que es una gran piedra, de 2,50 metros de longitud y el arranque de la galería, cuyo ancho es de 1,35, constituido por dos piedras, medio enterradas, que miden de longitud dos metros una, y 1,90 la compañera.

   En torno de la construcción se ven algunos tantos y no poca tierra del montículo. La puerta cae al Suroeste. Es muy buen ejemplar.

 

Dolmen del cercado de la Anta

 

   Dolmen situado en el cerro del Regato del Cajirón (lám. IV).- Conserva la cubierta, que es una piedra de 3,80 ,X 2,50 metros; pero está removido por haber sido despedazados algunos de los soportes y haberse vencido los del lado de poniente, habiéndole reforzado, los profanadores, con cantos. La cámara, contando la puerta, es octógona, irregular, pues los siete soportes, medidos por el interior de izquierda a derecha, dan por sus arranques 1,50, 1,40, 1,25,1,70, 1'30, 1 y 1,20.

  

Dolmen del regato del Cajirón

  

   El diámetro de la cámara es de cuatro metros. Consérvanse también casi enterradas dos largas piedras del arranque de la galería, de 2,50 y 2,15 metros, respectivamente. La puerta está al Sur. Se conservan bastantes restos, en redor, de los cantos y tierra del montículo.

   El grupo interesantísimo de dólmenes acabado de describir se relaciona, mejor dicho, tiene su natural complemento, con los existentes a poca distancia, en término de San Vicente de Alcántara, en la provincia de Badajoz, uno de la Encomienda de Mayorga, que catalogamos y describimos en nuestro citado trabajo Arquitectura dolménica ibera, y otros dos de que, con el anterior, han dado cuenta en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural (tomo XVI, 1919) don E. Hernández Pacheco, y don A. Cabrera, explorador de los tres; y tienen sus semejantes, todos ellos, en la dicha provincia de Badajoz y en Portugal, de donde solamente citaremos, como más parecidos y próximos los de Evora, publicados por M. Cartailhac en su libro Les Ages Préhistoriques de l' Espagne et le Portugal. Corresponden todos estos dólmenes a un tipo antiguo, de la época neolítica, antecesor de la tumba llamada de cúpula, que, como es sabido y veremos pronto, tuvo en nuestra Península su representación.

   A pesar de estar profanados los cinco dólmenes descritos sería conveniente explorarlos, tanto para descubrir las piedras que pudiera haber ocultas como para recoger los objetos y restos que aún estuvieran enterrados.

 

Grupo de dólmenes existente en la vega del arroyo Guadancil, cerca del cerro llamado de la Horca, en término de Garrovillas, al sureste.-

 

   El señor Cura párroco de esta villa don Jerónimo Sande y Olivares, ya difunto, llevado de su afición a las antigüedades, practicó fructuosas excavaciones en varios de estos dólmenes, en dos por lo menos, hace más de cuarenta años (1874), y regaló muchos de los objetos que en tales sepulturas encontró al Museo Arqueológico Nacional, consistentes en cuchillos, puntas de flecha y de lanza, tallados en pedernal y finamente trabajados; hachas de anfibolita muy bien pulimentadas, vasijas de barro, cuentas de collar, de piedra y interesantísimas placas de pizarra grabadas (1).

   El descubridor presentó todos estos objetos en la Exposición Universal de París de 1878 y al siguiente año hizo la donación al Museo. Los demás objetos, encontrados con éstos, forman parte de la colección de don Vicente Paredes, hoy existente en el Museo de Cáceres. Pero no todos los objetos de ella proceden del mismo dolmen ni son coetáneos, pues unos corresponden a la época neolítica, y otros, entre los cuales hay piezas de cobre y son coetáneos de los dichos objetos del Museo, corresponden al período eneolítico o de transición de la piedra, al metal, período que es al que también corresponde el más importante dolmen que vamos a describir inmediatamente, y es como sigue:

   Dolmen, en una cena circular hecha con piedras de estos monumentos (lám. V).-Al que aquí nos referimos, que es el menos destrozado, conserva en cerco la parte inferior del montículo que le cubrió de tierra, y parte también del núcleo del mismo, de cantos. Fáltale, por desgracia, la cubierta o cerramiento, y abierto como está nos ofreció a la vista los restos de su cámara poligonal y de su galería; pero mejor construido que los de Valencia de Alcántara. De doce lados constaba el polígono de la cámara, de cuyas piedras quedan nueve. Mejor labradas éstas que en los antedichos, propenden a la forma rectangular y están erguidas y acopladas regularmente en sentido vertical. Sobre ellas, tinas hiladas de sillarejos, de las que se conservan restos de tres, formaban, por anillos concéntricos en disminución, la cúpula o bóveda cónica que falta. La cámara tiene un diámetro de tres metros. Su puerta, que está al Este, y cuyas jambas y dintel se  conservan, tiene una anchura de 1,24 metros. La galería es apreciable por las piezas que de ella se conservan, medio enterradas, en

una longitud de 5,15 metros, dejando un ancho de 1,60. Dicha puerta y galería están hacia el Este.

 

(1) Estas placas han sido dibujadas y publicadas por don Luis Siret, en su obra Questons de Chronologie et d'Ethnographie ibériques. T.I, lám. VI.

   

Dolmen de la Vega de Guadangil

   

En la cámara es de notar, al lado izquierdo, o del Sur una larga piedra horizontal de 1,70 metros de longitud, que parece dintel, por bajo de la cual continúa la excavación , y, aunque por lo confuso que aparece todo lo que vamos describiendo por el estado de ruina y de abandono del monumento en muchas partes cubierto por la maleza nos ocurrió al observar dichos dintel y excavación que puedan corresponder a una segunda y pequeña cámara, como en otros dólmenes del mismo género de Antequera y del Algarbe, de tipo cuyo modelo perfeccionado se encuentra en Micenas, en la Grecia. La extensión, del montículo es apreciable en un diámetro de 18 metros. Las piedras son graníticas.

   El dicho tipo de este dolmen corresponde al período eneolítico o de transición de la piedra al metal, como asimismo los objetos antedichos en él hallados.

 

 Vistas de una tumba de cúpula, arruinada de la Veta del Guadancil

 

   Dolmen a cincuenta pasos al oeste del anterior y dentro de la misma cerca.-Consérvase resto del montículo y la hondonada de la construcción, que está destruida, no siendo posible apreciar otra cosa que la identidad aparente con el ejemplar antedicho.

   Dolmen junto al cerro de la horca.-Lo exploró en junio de 1909 el arquitecto de Plasencia don Vicente Paredes y dio de ello cuenta en la Revista de Extremadura (tomo XI); pero no tuvo tiempo de descubrirlo y solamente recogió un “asperón de afilar las hachas de piedra y unos cuantos fragmentos de cerámica".

   Da cuenta también el ,señor Paredes de que en la proximidad de ese dolmen vio “un pequeño túmulo, al parecer intacto", y de "bultos extraños del terreno, que por su forma podrían ser sepulcros". En efecto: el terreno se ofrece propicio a la realización de excavaciones que, a la luz de los conocimientos de hoy, completarán la labor iniciada con tanta fortuna por el señor Sande y Olivares.

 

Grupo de dólmenes, en el sitio llamado los Veneros, en la vega del río Burdalo a unos ocho kilómetros de Miajadas y uno al sur de la ermita de San Bartolomé en término de dicha villa, del partido de Trujillo.-

 

   Da cuenta de estos dólmenes don Mario Roso de Luna en el Boletín de la Academia de la Historia (tomo XLV, 1904, pág. 509, Y tomo LII, 1908, pág. 150) haciendo constar la existencia de piedras sueltas de dólmenes en aquel campo y dos importantes monumentos, que son los siguientes, que, como dice, se relacionan con el hipogeo o cripta funeraria descubierta en el Romeral, en Antequera.

   Mis pesquisas por encontrar estos dólmenes fueron infructuosas. Los cito valiéndome de las referencias del señor Roso.

   Primera cripta funeraria.-Cúbrela todavía el montículo artificial (tumulus), limitado en su base por un círculo de piedras de contención, de unos 60 X 40 centímetros, el cual montículo está en parte cubierto por los taludes terrosos del río. Hacia el Oeste ofrécese la entrada, hoy medio obstruida, de la galería estrecha y larga que conduce a la cámara sepulcral, que se halla completa y es de planta circular de tres metros de diámetro; está cubierta de bóveda cónica y mide de altura 2,50 metros. La construcción es de sillarejos de la piedra ordinaria granítica.

   Segunda cripta funeraria.-Situada a unos cien metros de la anterior e idéntica a ella, y asimismo cubierta por el montículo artificial, medio oculto por la tierra acumulada. Traza y construcción son iguales a las de la cripta anterior. La entrada da al Sureste.

   Muy conveniente sería una exploración seria de estos monumentos y de los que, según referencias, debe haber ocultos en el país.

   El tipo arquitectónico de estas criptas representa el final y perfeccionamiento de la serie que vamos describiendo, y en la evolución del arte de construir señala el prototipo de la tumba micénica. En España tiene sus congéneres en el Romeral (Antequera), en Castilleja de Guzmán y Matarrubilla (Sevilla) y en Alalar (Algarbe), correspondientes al dicho período de transición de la piedra al metal.

   No insistiremos aquí en el magno problema de la relación del Occidente con el Oriente, pues la cuestión no ha cambiado desde que de ella tratamos al ocupamos de los dólmenes de Badajoz.

 

Estación troglodítica existente en la era de la Guijosa, perteneciente a la dehesa de Valcochero, situada al noroeste de Plasencia.-

 

   Exploró primeramente esta curiosa estación prehistórica y dio sumaria cuenta de ella en su libro Origen del nombre de Extremadura (pág. 33) don Vicente Paredes, el cual dice que en las cuevas que la componen estaban mezclados los instrumentos de piedra con las hachas de bronce y fragmentos de tosca cerámica. Recientemente practicó nuevas exploraciones don Pedro García Faria, quien, por fruto de ellas, nos mostró algunos objetos análogos a los dichos y regaló al Museo Arqueológico Nacional unas piedras de afilar oblongas. Todo ello da a entender que esa estación debe corresponder a la Edad del Bronce. Pero no se trata de sepulturas. Por el contrario, aquello tiene el carácter de una población. Situada en una loma o altura inclinada hacia el mediodía, su recinto estuvo defendido por muralla, menos por los puntos donde la tenía natural. El terreno, erizado de enormes piedras y peñascos, favoreció la construcción de cuevas sin más que empinar y apoyar unas en otras dichas piedras. Las cuevas en cuestión, ni por su forma ni por la disposición de los materiales, guarda semejanza con los dólmenes. La construcción no obedeció a sistema, sino que es hija del esfuerzo rudimentario.

 

Cueva de la estación troglodítica de la era de la Guijosa.

 

   Como al centro del recinto está la mayor de las cuevas, que es la llamada de Boquique, por ser éste el apodo de un bandolero que en ella se escondía.

   En otras de esas cuevas hay puerta construida con jambas y dintel,

único detalle propiamente arquitectónico, aunque tosco, de estas informes casas, que nos recuerdan las de Gatas y otros puntos de la región Sureste de España, explorada y dada a conocer por los señores Siret.

   A la misma época prehistórica que estas cuevas deberá pertenecer la piedra de sacrificios existente en la dehesa de Mayoralguillo de Vargas, cerca de Cáceres, que no describimos por ser reciente la publicación que de ella ha hecho don Juan Sanguino Michel en el Boletín de la Real Academia de la Historia (tomo LXX, 1917, pág. 312) y a cuyo trabajo acompaña una nota nuestra.

 

Piedras bamboleantes.-

 

   Esta clase de megalitos, raros en nuestra Península y en muchos casos considerados como accidentes o fenómenos naturales, no como producto del ingenio y de la mano del hombre, que suelen ir unidos a supersticiones que en los tiempos primitivos tuvieron forma de creencias religiosas, no los hemos hallado en la provincia de Badajoz, y en cambio podemos dar noticia de tres en la de Cáceres, de los cuales uno ya no existe. Nos referimos a la piedra oscilante la Lancha de Valdejuán, que existía en término del Casar de Cáceres, cerca de la estación del ferrocarril, la cual, según el señor Paredes (Revista de Extremadura, tomo XII, pág. 435), fue destruida por los campesinos porque les estorbaba para trillar en una era, y que, según la misma referencia, a pesar de que pesaba muchas toneladas, "un niño podía hacerla oscilar".

   En cuanto a que tales megalitos estuvieran directamente relacionados con las creencias religiosas de los hombres prehistóricos menester es recordar con don Marcelino Menéndez Pelayo (Historia de los Heterodoxos Españoles, tomo I, segunda ed., 1911, pág. 120) "que la litolatría es una de las formas más antiguas del culto naturalista" y que, en general, se considera que estas piedras debieron estar consagradas a la adivinación y destinadas, por tanto, a ser utilizadas como oráculos según el número de oscilaciones u otra circunstancia de ellas cuando se pusieran a prueba.

   A esta costumbre se refiere Estrabón (lib. III, pap. I) por referencia de Artemidoro, cuando, al hablar del Promontorio Sacro, habla de unas piedras que allí se veían tendidas de tres en tres o de cuatro en cuatro, a las que hacían dar vuelcos las gentes que allí llegaban.

   Respecto de que las piedras bamboleantes deban considerarse como obra del hombre, sin olvidar que, aunque lo sean de la Naturaleza, no excluye esto, antes confirma, la idea de culto, es de notar que, aunque en la mayoría de los casos se crea fenómeno natural el equilibrio de tales piedras, no deja de admitirse que "la mano del hombre haya intervenido para facilitar o regularizar el trabajo caprichoso de la Naturaleza", como dice Dechelette (Manuel d' Archéologie, París, 1908, tomo I, pág. 377). Tal pudiera pensarse del ejemplar notable que vamos a describir inmediatamente.

   Piedra bamboleante, llamada "el Cancho que se menea" (lám. VI).- Situada en lo alto de un pico (llamado la Cogolla) de la cordillera oretana, cerca del hito que puso en aquella cúspide la Comisión de la triangulación geodésica, a 100 metros de altura sobre el nivel del mar, y en punto distante una legua de Montánchez.

   Por un dibujo del arquitecto don Vicente Paredes lo publicó don Eduardo Saavedra en la Revista de Obras Públicas y con una nota el Boletín ,de la Academia de la Historia (tomo XI, 1887, pág. 279).

  

Piedra bamboleante, llamada el cancho que se menea.

 

   Fui a visitarle, en septiembre de 1915, no sin recelo de que careciese de importancia, por la causa dicha, y vi que la tiene grande, como procuraré demostrar. El monumento se compone esencialmente de tres piedras de distintos tamaños, labradas, esto es, cortadas, aunque imperfecta y groseramente, y colocadas y dispuestas en el orden y para el fin apetecido, con excelente resultado. Dichos tres elementos son: pedestal, plinto y cabeza o piedra bamboleante propiamente dicha. El pedestal es cuadrangular, de 86 centímetros de altura, y está un poco inclinado hacia un lado; el plinto es cuadrado,

de 22 centímetros de altura por donde ésta es mayor, para compensar la inclinación, al parecer; y la piedra bamboleante ofrece perfil trapecial sobre todo por sus dos caras opuestas y mayores, siendo comparable a un tronco de pirámide de base rectangular e invertido y mide de altura 2,60 metros, teniendo en total el monumento 3,68.

   Las piedras son graníticas, como las muchas de que está erizada aquella sierra. De ellas hay unas cuantas amontonadas junto al monumento que permite desde encima de ellas poner en oscilación, con leve esfuerzo no más, la gran piedra, Su aspecto y forma ensanchada por arriba, lo delgado del plinto sobre el pedestal y éste dan la ilusión de un incorrecto busto humano, lo que ha sugerido la idea de que pudiera ser un ídolo que mueve la cabeza sobre sus hombros y domina desde aquella eminencia grandísima extensión, idea que se apunta en la citada nota del Boletín académico, donde se consigna, sin embargo, que allí no hay "resto de altar ni vestigio de culto", y de la cual se hizo eco el señor Roso de Luna en su libro Atlantes Extremeños.

   El sabio geólogo don Eduardo Hernández Pacheco, tan conocedor de Extremadura y del Cancho que se menea, en la obra que publicó juntamente con don Manuel Cazurro y don Antonio Martínez lo publica como ejemplo de la acción de la intemperie, esto es, de las acciones químicas que el aire húmedo produce por virtud del vapor de agua, anhídrido carbónico y oxígeno que contiene, descomponiendo el granito, abriendo erosiones y dando por resultado las piedras caballeras y las de equilibrio inestable.

   Pero si este fenómeno natural, que aun en un caso como éste, en que las piedras por su forma y disposición parecen cortadas y colocadas de intento, se admite hoy ante la explicación científica de su causa, ¿cómo no admitir que el inculto hombre primitivo debió considerar tal gravitación como milagro debido a un poder sobrenatural? Esa piedra movible en sitio eminente debió ser objeto de supersticioso respeto y por tanto, de culto.

   Piedra bamboleante en el sitio llamado el Bodegón.- Cerca del camino de Garrovillas a Alcántara. La cita don Vicente Paredes en la Revista de Extremadura (tomo x, pág, 435)

 

JOSÉ RAMÓN MÉLIDA.



FICHA: Monumentos megalíticos de la provincia de Cáceres / José Ramón Mélida. En : Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. - Madrid : Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. -Tercera época.. - T. XLI (enero-dic., 1920), p. 55-67.


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