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LA
JUERZA D´UN QUERÉ
I
Jue´n
la joya de las Torbiscas una siesta,
cuando´l
sol achicharraba;
una
sieta qu´entumía los sentios
el
bochorno de la calda;
sin
arrullos de las tórtolas
ni
continos sonsonetes de chicharras,
sin
triníos de cogutas
y
sin roncos gurrapeos de las ranas;
una
siesta pa dormía baj´un chopo,
panz´arriba,
junt´al agua.
Tan
siquiera
los oídos barruntaban,
con
la zumba de los negros moscardones
y
las negras telarañas,
chorrear
los goterones derretíos
de
la pringue de las jaras.
En
un claro de la joya las Torbiscas
está
Blas, el de la Juana,
mesmamente,
de cluquillas, currucao
al
sombrajo d´unas matas,
con
la boca mu abierta
y
los ojos encendíos como brasas.
Junt´a
Blas están, cansinos y moörros,
los
borregos que le jorman la pïara,
y
a la vera los borregos, dos mastines
con
dos bocas que se páecen a dos fraguas
po
su recio resoplá como los fuelles
y
sus lenguas colorás como las llamas.
Blas
recorta con cudiao
los
canutos d´una caña,
porque
Blas quiere jacé con los canutos
una
flauta,
pa
de noche, con la luna,
dir
a dá su serenata
junt´al
chozo donde duerme
Rosarillo,
la zagala:
una
moza con los ojos más oscuros
qu´una
noche de borrasca,
más
alegre que la risa
d´un
regacho d´agua clara
y
más güena que la Virgen de las Cruces,
la
patrona de las fiestas de la Raza.
II
Con
los pelos desgreñaos,
con
los ojos escocíos po las lágrimas,
medio
loca por el mieo,
revolando
los jarones de las sayas,
trompezando,
dando brincos, dando voces
que
retumban en las sierras solitarias,
va
corriendo pa la joya las Torbiscas
Rosarillo,
la zagala,
y
detrás de Rosarillo va la loba,
una
loba echando babas,
con
los ojos de carbuncos encendíos,
con
el jopo entre las patas,
esgarrando
a dentellás las chaparreras
po
la juerte calentura de la rabia.
Naide
acude de las sierras de l´umbria,
naide
viene a socorrer a la zagala;
ya
la probe, ni gañir pué tan siquiera
y
s´ajoga bajo´l sol que l´achicharra.
Páecen
muertas las laëras de los cerros,
y
las joyas d´al reor, y las barrancas.
Páecen
muertos los pastores, los zagales,
los
mastines y los borros y las cabras.
Jacezando
va corriendo, ya cansina,
con
los pelos desgreñaos, la zagala,
y,
trotando detrás d´ella va la loba
con
el jopo entre las patas.
Va
la loba ya mu cerca, va tan cerca
que
l´alcanza...
Al
prencipio resonó com´un jiguero
qu´en
la joya las Torbiscas canturrara,
y
endispués como los trinos d´una mirla
que
dijera sus quereles junt´al agua.
Era
Blas que ya jormó con los canutos
una
flauta,
y
soplaba pa jacé con sus soníos
una
durce serenata
pa
qu´al son se le durmiera po las noches
Rosarillo,
la zagala.
Algo
asín como la vida que viniera
po
los aires con el toque d´una flauta;
algo
asín como la lumbre d´un relampago
qu´en
la noche las negruras esgarrara
luminando
las majás a los perdíos
en
metá de la montaña,
jue
la música de Blas pa la chiquilla
tan
a punto que la loba l´alcanzaba.
D´un
tirón saltó una peña;
y,
al roär por la barranca,
dio
un chillío; dio´l chillío de las tórtolas
bajo´l
vuelo de las águilas;
un
chillío qu´en la joya las Torbiscas
resonó
como´l clarín d´una batalla.
Blas
sintió qu´aquel chillío
l´esgarraba
las entrañas,
y
notó que de sus deos s´escurrían
poco
a poco los canutos de su flauta.
Blas
la vido, Blas la vido como loca
revolcase
entre las zarzas,
y
era ella, ¡era ella!,
Rosarillo,
la zagala,
la
que Blas tanto queria dende nuevo
sin
icirle una palabra.
Lo
mesmito qu´un jabato corralao
po
los perros, entre medio de las jaras;
lo
mesmito que la trompa d´un torrente
corre
blas pa la barranca
donde
viene ya la loba
con
el jopo entre las patas.
Blas
miró pa Rosarillo, de reojo,
y
tiró por la navaja,
y
se jue com´un alano pa la loba
qu´en
un risco l´aguardaba.
Reguñendo
como perros ajotaos
dieron
güertas al reó d´una retama,
y
endispués de cada güerta
s´encogían,
s´aplastaban,
se
miraban con los ojos encendios
como
puntas de carbuncos jechos ascuas.
Eran
dos lobos iguales en la juerza;
eran
dos juerzas iguales en la rabia.
A
la par s´abalanzaron dambos juntos,
s´estrujaron,
s´enrearon con tal gana,
qu´escupíos,
y mordíos y abrazaos
se
jundieron entre medio d´unas zarzas.
Sólo
Dios que dende arriba ve las cosas
que
suceden en las sierras solitarias,
sólo
Dios vido la riña cuerpo a cuerpo,
sólo
Dios vido la lucha tan extraña
de
la juerza de la rabia d´una loba
con
la juerza del queré d´una zagala.
Ya
no hay mieo, ya no hay mieo, la he matao,
dijo
Blas cuando salió d´entre las zarzas,
esgarraos
los carzones,
jecha
cisco la zamarra,
jecho
un charco po la sangre
que
del pecho y la caëza le manaba.
ya
no hay mieo, ya no hay mieo de la loba
la
maté con mi navaja.
Ella
vino despacito, sollozando,
s´arrimó
sin dá la cara;
con
la punta del mandil, jecho jirones,
premcipió
a secá sus lágrimas.
-
Eres juerte dijo entonces Rosarillo -.
¡Gracias!,
¡gracias!:
eres
juerte y eres güeno
como
el Cristo de las Aguas. -
Con
la juerza d´un queré jondo, mu jondo,
que
s´ajoga dentro´l alma,
Rosarillo,
de repente, le dió un beso,
el
primero qu´ella daba,
que
tamién a Blas quería dende nueva
sin
icirle una palabra.
.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. .
Blas
reía, se reía lleno e sangre
con
la risa d´un regacho d´agua clara.
III
En
las noches del verano,
en
las durces noches claras,
cuando
tiemblan las estrellas
entre
medio d´una luna´zul y branca,
y
s´escuchan a lo lejos los cantares
de
los grillos y las ranas,
algo
asín com´un jilguero
qu´en
la joya las Torbiscas canturrara,
algo
asín como los trinos d´una mirla
que
dijiera sus quereles junt´l agua,
se
barrunta dende arriba de las sierras,
entre
medio de los brezos y las jaras.
Es
que Blas junt´a la choza donde duerme
Rosarillo,
la zagala,
toca
siempre, toás las noches,
los
canutos de su flauta,
porque
ice que se sueña su Rosario
toás
las noches con la loba de la rabia,
y
se duerme mu tranquila, poco a poco,
con
el son d´aquella flauta;
y
dormía se le ríe, se le ríe
con
la risa d´un regacho d´agua clara.
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