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Vicente Barrantes

 

 

Epístola Religiosa y Social

dirigida

al eminente filósofo

Fr. Zeferino González

Misionero Filipino

 

       Aplaudiendo, varios amigos del Señor Barrantes, el ferviente espíritu religioso, al par que las bellezas literarias de la inspirada Epístola que este acaba de dirigir al insigne filósofo Fr. Zeferino González, han acordado imprimirla a sus espensas y darle publicidad en esta provincia, donde conviene, hoy más que nunca, fortalecer el sentimiento católico, tan ruda y sistemáticamente combatido por impías y antisociales predicaciones.

   Para llevar á efecto aquel pensamiento, han solicitado del Sr. Barrantes la autorización conveniente, y este se la ha concedido por medio de la sentida e interesante carta que se inserta a continuación.

 

BAÑOS DE ALANGE 5 DE JUNIO DE 1873.

 

   Mis queridos amigos: ¿será posible que VV. hayan creído necesaria mi autorización para imprimir y propagar por nuestra desgraciada provincia mi Epístola Filosófica al ilustre misionero Fr. Zeferino González, cuando tanto me honra ese propósito y tanto aquilata, no el mérito, que VV. en su amistad aprecian exageradamente, pero sí la oportunidad de mi pobre composición? Siendo yo todo de mis amigos y todo de mi país han debido tener VV. por dada, con mil amores, esa y cuantas licencias de mí, ahora y siempre, necesiten.

   No debo, en conciencia limitar a estas breves frases mi carta, ni la gratitud y el regocijo que el plan de VV. me inspira. Pocos bálsamos podrían caer, en estos momentos, sobre mi corazón desgarrado por las desgracias de la patria, que tanto lo refrescasen.

   En triste hora nacimos los hombres de esta generación, abocada quizás a destruir bárbaramente la obra de los Reyes Católicos, el monumento que tal vez soñaron Sertorio y Viriato, y que, de seguro, fue el bello ideal de todas las grandes inteligencias engendradas en la Península, desde que la iluminó el cristianismo con sus divinos resplandores, hasta que la primera Isabel pudo descansar de su realización en el sueño eterno de la gloria.

   ¡Un Dios! ¡una patria! ¡una familia! Eso era España. ¡ Triste destino, tristes, hombres los que llegábamos á verlo destruido!.

   Aún es hora: hagamos comprender al pueblo, a ese pobre pueblo corrompido por la filosofía materialista y por irrealizables utopías políticas fascinado, que para afirmar y sostener cualesquiera formas de gobierno, es preciso, ante todo, tener patria, y que la patria no puede existir sin RELIGION, origen de todas las virtudes, germen de todos los grandes pensamientos, piedra angular de todas las heroicas empresas.

   Sin fe en Dios, sin religión, España no existiría, porque hubiera sido imposible aquella prodigiosa epopeya que empezó en Covadonga y terminó en Granada.

   Sin la fé en Dios, que eleva el espíritu, sin la religión, que lo sostiene y purifica, sin la patria y la familia que lo alientan y robustecen, no hubieran triunfado nuestros padres de las aguerridas legiones del moderno Alejandro, y nuestro hermoso país hubiera sido, en el segundo lustro de la presente centuria, una provincia de la Francia, triste Polonia del Occidente, que nos hubiera engendrado mas raquíticos y miserables ,aún, de lo que somos.

   Sí, no lo dudes, pueblo español. Separado de Dios, emancipado de la iglesia católica, solo puedes esperar, en el orden político, períodos históricos como el de la Commune de París, en el orden social, odio de razas, guerra de clases, desolación en tu, alma, ruina y miseria en tu cuerpo y , por decirlo de una vez, la fraternidad de Caín. Si llegas a tener orden, será tiranía, si tienes libertad, será licencia esa libertad que, como dice Víctor Hugo, se saca sus cien ojos con sus cien manos.

   No me imaginaba yo, amigos míos, que mis humildes versos pudiesen representar, siquiera, un grano de arena en la difícil y magnifica obra de

restauración moral que debemos acometer todos los españoles amantes de nuestra patria, sin distinción de opiniones políticas, pero VV. lo creen así, y, ni por honrosa, ni por patriótica, yo he de oponer a esa opinión alardes de falsa modestia. Celebraré en el alma que VV. no se equivoquen, y, en todo caso, siempre les quedará sincera y personalmente reconocido su afectísimo amigo.

 

V. Barrantes.

 

 

AL EMINENTE FILÓSOFO FR. ZEFERINO GONZÁLEZ

 

Fremuerunt dentibus et dixerunt: devorabimus.

JEREMIAS.

 

   ¿Cómo la yerba en nuestros campos crece?

¿Cómo conserva el mundo luz y vida,

cuando menos el hombre lo merece,

que de su Dios y de su fé se olvida?

Escucha.-¿ No parece

que floja, desquiciada, sacudida,

la fábrica inmortal se bambolea,

no por potente mano

que en sus cimientos sin cesar golpea,

si no a traición roída

de asqueroso gusano,

que porque á Dios no ve contra él bravea?

Corre en vértigo insano

la humanidad a negros precipicios

por ella misma abiertos,

y cargada de crímenes y vicios

mundo y cielo a la par deja desiertos.

¿Es Dios el que la guía

por castigar su error y su osadía,

o es el ángel rebelde, que cansado

de horror y soledad ,en el abismo

dó yace encadenado

por su traición impía,

a Dios a nueva lucha ha provocado,

y al hombre arrastra á nueva rebeldía?

 

   Si, tú lo has dicho. Rompe la batalla

con redoblado empuje...

¿Por qué el bueno se oculta? ¿ por qué calla,

mientras Satán en los abismos ruge?

No más callar. Bajo la santa enseña,

que, nuevo Pablo, férvido tremolas,

contra el Titán, que sueña

los cielos escalar y se despeña,

luchen las nobles, almas españolas.

Desde el extremo Oriente,

que el mar índico arrulla,

a quebrantar ,su frente

corres, la cruz tu escudo refulgente,

tu casco la cogulla.

Corre, sí. Dios los pasos endereza

del pié que evangeliza,

lo mismo en la ciudad que en la maleza.

Más que el indio tostado

que el Caraballo fiero

con sus bárbaros ídolos habita,

de Europa el habitante degradado

necesita el amor del misionero

tu voz ¡oh misionero! necesita.

Sólo aquella sublime

virtud, que en el cristiano resplandece,

la dulce caridad, que llora y gime

por todo el que padece,

puede con blanda mano

en la asquerosa llaga

que cubre al infeliz linaje humano,

verter el óleo del amor cristiano.

¿Hay bien que el hombre haga

sin el hierro y el fuego,

ministros de la cólera divina

sin derramar la sangre de su hermano?

Ven, sacerdote, ven; oye mi ruego;

ven antes que el tirano,

que á los pueblos sin Dios, Dios les fulmina.

 

Tesoros abundantes

de caridad y lagrimas, encierra

tu corazón; más ¡ay! ¿serán bastantes

para llorar los males de la tierra?

¡Bendita aquella hora

fue que a la patria amada

te trajo de la selva encantadora

por el Pásig palmífero bañada!

Allí el indio inocente

electrizado tu palabra oía,

que la tiniebla oscura de su mente,

como rayo de sol desvanecía.

¡Padre! su amor ardiente

un día y otro día

te aclamaba con labio reverente,

como al Dios que por ti ya conocía.

Más rudo aquí que el bárbaro igorrote

cierra el hombre a tu voz alma y oído;

acaso para hablarle el sacerdote

tiene que disfrazar voz y vestido;

acaso te rechaza

cual mísero apestado,

o a Dios y a ti os emplaza

a luchar con el Dios que él se ha forjado.

 

¡Un Dios mejor!... ¡Y el cielo bondadoso

puestas contempla sin arder en ira

por el hombre orgulloso

enfrente la verdad de la mentira!

¿Mejor, que el que tolera que le ultragen

los que sacó del polvo con su aliento,

les dio su propia imagen,

y a su obediencia puso el firmamento?

¿Un Dios mejor que el que concede al hombre

tanto poder y tantas maravillas,

y sólo pide que a su santo nombre

alce los ojos, doble las rodillas?

¿Un Dios que forma de su misma esencia

el alma casta y pura,

y del polvo a la frágil existencia

triunfos y goces sin cesar procura?

 

¿Un Dios, que para el bueno

se quita su corona,

y al malo busca de ternura lleno,

y su maldad perdona?

¿Un Dios que tiene Hijos

siempre sus dulces ojos en sus hijos,

y abiertos ambos brazos

para exhalar su amor en sus abrazos?

 

¿Dónde ese Dios está, que el hombre absorto

por él al Dios del universo ataca?

¿Es de la ciencia o del error aborto?

¿Mora en la catacumba o la cloaca?

¿Que profética lira le ha cantado

entre el rumor del Babilonio río?

¿Qué virgen le ha engendrado?

¿Qué incógnito pecado

viene del mundo a redimir impío?

¿Dónde el esclavo cuyos hierros quiebre?

¿Dónde el dolor que a consolar acudo;

la sinagoga que su voz celebre,

y el odio misterioso que le ayude?

¿Qué civilización le espera, abiertas

de sus palacios de oro

las diamantinas puertas?

¿Dónde ese Dios mejor que el que yo adoro?

 

En vano alzas su altar hasta las nubes,

torpe filosofía,

que en el orgullo y la ambición asientas.

Loca, dijiste :- “la creación es mía;

el hombre es Dios. Adoren los querubes

en el Dios que inventó mi fantasía; "

y al hombre engañas y su mal aumentas.

¡Infeliz! él no sabe

que Dios su error consiente

para que nunca de sentir acabe

la eterna maldición sobre su frente.

Así mejor le llama;

así mejor le muestra la ponzoña;

que es su pecado cual estéril rama,

que en árbol verde sin cesar retoña.

Nocturno pasajero

que de fieras y abismos rodeado

va sin luz por el bosque, va sin guía,

en su valor fiado,

maldecirá su ceguedad impía,

cuando esté en el abismo sepultado...

¡Allí el dolor, el llanto, la agonía!

 

Preso en tus torpes lazos

¡oh ciencia impura de Babel herencia!

hace el mortal pedazos

su Génesis divino,

y proclama su propia omnipotencia,

y desconoce y niega su destino.

Su pensamiento es Dios. Él se dilata,

mundos y seres crea,

objetivado en la materia innata,

que es a par Dios-Materia y Dios-Idea.

 

Mitad de barro y oro

el ídolo deforme,

como el avaro guarda su tesoro

guarda en la nada su grandeza enorme.

¡La nada! ¡triste abismo!

por apartar al hombre de su boca

Dios le dio un alma copia de sí mismo,

y hoy esa ciencia loca

a caer al abismo le provoca.

Abre la flor su cáliz

mirando al almo cielo;

el ave peregrina

al alto tiende el vuelo;

su ingente cabellera

eleva a las alturas

la chispeante hoguera;

hasta al brotar la planta

al cielo se encamina,

en dirección al cielo se levanta;

más...¡ ay de tus hechuras,

generación mezquina

el brutal Endovélico bifronte,

que esa senda divina

cerrada ven, sin luz, sin horizonte!

Horno inmenso y profundo

dó hierve la materia hija del lodo,

ella es alma del mundo

molde, estatua, cincel, artista...¡ y todo!

Vil sierva la sustancia

del sol, que la fecunda con su aliento,

crece, se desarrolla, y transfigura

de lo selecto la infusión oscura,

que en sus entrañas guarda el firmamento.

 

Aquella selección, mezcla exquisita

de cuanto puro la materia abarca,

como en crisol se funde y precipita

para formar al hombre, su monarca....

¡Misterio vil, sin nombre!

¡de piedra a vegetal, de mono a hombre!!!...

El alma sensitiva

no flor que sobre el tallo brota y crece,

mirando para arriba;

es la última forma progresiva

que toma el barro que en el horno cuece.-

¿Cómo al misterio, de la ciencia agravio,

el hombre tanto fía,

porque su vano orgullo lisonjea,

y niega audaz su labio

los misterios del hijo de María,

aunque le pide el alma que los crea?

 

   Risa feroz hostiga

la boca desgarrada,

que la razón castiga

la locura con triste carcajada.

¡Ah! ¡si estos desvaríos

no te costasen, patria idolatrada,

lágrimas a torrentes, sangre a ríos...!

Hombre, monstruo de orgullo ¿estás contento?

las torpes alas tiende

tu loco pensamiento,

¡y porque al Dios del cielo no comprende

hace en la tierra un Dios tu atrevimiento!

¡El ser hijo te humilla

de Aquel ,que en tu hermosura se retrata,

y al tierno soplo que animó tu arcilla,

esa ciencia prefieres insensata!

Quieres ser Dios, ¡y empiezas

tejiéndote una cuna

de lodo y de impurezas!

Reniegas una a una

las glorias de tu Padre cariñoso,

y abolengo te ofrece la fortuna

burlesco v afrentoso...

¡Gran rey, salve! en tu trono

copia ve de su nido la cigüeña...

¡Salve mil veces, salve,

nieto del vegetal, hijo del mono,

biznieto de la peña...

la ortiga tu laurel, tu alfombra abono,

tu porvenir ser cántaro o ser leña...

 

   ¡Dios de bondad! escucha los clamores,

que a tu mansión los buenos

alzan desde este abismo de dolores,

de compasión y de amargura llenos.

En buen liara tu ira

el que conoce su pesado pruebe;

caiga la torpe mano

que un Dios grotesco a fabricar se atreve;

pero ten compasión, Dios Soberano,

de aquel que no te mira,

porque le ciega un velo de mentira.

¡Pueblo infeliz! si todo es vana sombra,

sueño, ilusión, quimera,

que desvanece el labio que lo nombra,

en este mundo de dolor ¿qué espera?

¿Qué espera aquella alma

que dentro de él ansía

vivir en lo infinito,

cernirse en otra esfera

de perdurable calma,

y en dulce sueño del Señor bendito,

tanta dicha gozar, tanta alegría,

que su lengua jamás la explicaría?

De aquella misteriosa

divina luz, que vaga

en su ser, y lo alegra o lo entristece,

cuando flores o abrojos

encuentra en su camino,

¿qué hacer, si es débil luz que un soplo apaga?

¿Si es materia asquerosa,

que como el cuerpo vil desaparece?

Mísero esclavo de fatal destino,

¿por qué ha de levantar a Dios los ojos,

si en el mundo no más goza y padece?

 

Presa de atroz delirio

de sus pasiones el volcán estalla,

que es la vida sin Dios largo martirio,

con el dolor cruelísima batalla.

Misterioso dolor, dolor interno,

que allá en el alma siente,

que sus entrañas roe,

cual de acerada sierra

el afilado diente...

la cruz de su misión sobre la tierra,

la cruz de sus pasiones siempre en guerra...

Como el dolor eterno

alivio no consiente,

brama y ruge de cólera impotente.

Sangre de sus hermanos

es su última esperanza,

y en ella tiñe las ansiosas manos,

y crece su dolor con la matanza.

Familia, propiedad, derechos, leyes,

todo lo rompe, todo lo atropella,

Pontífices y Reyes,

materno amor, virtud de la doncella...

luto y desolación marcan su huella.

El incendio es su luz; los huracanes

música a sus oídos;

pueblos ardiendo en hórridos volcanes

deleitan sus sentidos;

que en su triste maldad y su miseria,

con lágrimas, con sangre y estallidos

fundir quiere de nuevo la materia.

 

¡Amor y religión! ni en la espesura

faltan del bosque un día,

que de horror y de tedio la natura

lánguida espiraría.

Cuando el salvaje adora

al primer ave que en la selva canta,

al autor de la luz, luz de la aurora,

por instinto su espíritu levanta.

¡Familia!¡dulce amor!¿quién desterrarte

del pobre corazón bárbaro espera?

cuando la presa con sus hijos parte

ruge de gozo en su cubil la fiera.

La palma del desierto solitaria,

al silbar el simun en su corona,

a su amante dirige su plegaria,

que acaso crece en apartada zona;

y el viento cariñoso

la lleva entre sus pliegues,

dónde el amante en lúbrico desmayo

retoños de su amor espera ansío

para el florido mayo.

¿Quién mas libre que el pájaro nacido

entre brisas y flores,

y no consiente profanar su nido,

ni consiente rival en sus amores?

 

No del vándalo fue, no del alano,

la barbarie mayor cuando venía

por impulso movido sobrehumano,

a extirpar del romano

la torpe idolatría.

Honró el templo de Júpiter tonante

de la cruz el simbólico madero;

su cadena infamante

rompió el esclavo para ser pechero,

y la dulce mujer, la frágil cosa,

fue madre, hermana, esposa.

De Muza y de Tarif los bereberes,

a quien la hiena por modelo toma,

odaliscas hacían las mujeres,

y los templos mezquitas de Mahoma.

Siempre benigno el cielo

en el amargo cáliz

de una barbarie nueva,

derramó alguna gota de consuelo,

para aliviar al triste que lo beba.

El más bárbaro Atila,

que como rayo de las nubes cae,

al mundo que aniquila

algún progreso trae;

que es del Señor azote,

y El traza su camino,

hasta que el hombre agote

la re1entora hiel de su destino.

¡Oh siglo en que nací!...yo te contemplo

mudo de horror, tu perversión me arredra;

nunca vio el hombre derribar el templo

para adorar la piedra.

Nuevos Atilas que engendró el averno,

bárbaros del error y la mentira,

¡atrás! no sois azotes del Eterno;

vuestra misión es cólera y es ira

de una ciencia impotente que delira.

 

¿Qué progreso traéis? Sobre los ríos

de la infernal desolación ¿qué flota?

cuerpos sin almas, esqueletos fríos,

presa el hombre de nuevos desvaríos,

más lleno el cáliz que jamás se agota.

¡Al horno! ¡al horno la materia impura,

que salga del crisol regenerada!

 

¡profanación! ¡locura!

Monos...reptiles...nunca la criatura,

nunca la creación ¡siempre la nada!

Las puertas de los templos se cerraron,

las puertas de las cárceles se abrieron,

que los vicios triunfaron,

y las virtudes al desierto huyeron.

¡Quemad!¡romped!¡aniquiladlo todo!

será vuestra victoria

de ese crisol del lodo

vicios nuevos sacar y nueva escoria.

 

Ciñéndose la palma

de destructor de Dios, dice el ateo:

-“La materia es la vida y es el alma.

No hay más verdad que lo que toco y veo."

Barco sobre el abismo

que sin piloto ni timón navega,

torpe Dios de sí mismo,

la materia a perpetuo cataclismo,

su alma a perpetua agitación entrega.

Sin familia, sin Dios, sin patria acaso,

hijos de todas y de todos hijos,

sin norte, sin ocaso,

sin cielo en que tener los ojos fijos;

taifas salvajes, borrascosas olas

de estériles arenas,

yermos se tornaran a vuestro paso

las feraces campiñas españolas;

y del progreso que traéis emporio

será, espléndida corte,

de peñas el más alto promontorio,

que algún volcán en erupción aborte.

 

¿Y tú consentirás, Dios verdadero,

que de tu amor profundo

la obra se tronche como seca rama?

¿Ni amor ni compasión te inspira el mundo?

¿No eres ya aquel Pastor, qué a su cordero

con dulces voces sin descanso llama?

¿Estalla aterradora

tu cólera divina?

¿Ha sonado la hora?...

¿Acaso el Anticristo se avecina?

¡Ah! no, no, que la tierra

no engendra monstruos sólo,

ni te lanzan, mi Dios, gritos de guerra

en uno y otro polo.

Hasta la patria huérfana, infelices,

de Alfonso y Recaredo

viva guarda la luz del santuario,

que el filósofo sólo te maldice,

y sólo algún blasfemo temerario

huye tu altar...de miedo.

Ni la ciencia gloriosa

por tus altos misterios consagrada

ha perdido la huella esplendorosa

de Teresa, de Cano y de Granada.

Aún hay quien su cabeza

aplaste a la serpiente,

quien de tu fé mantenga la pureza ,

y ataje dé los vicios la corriente.

 

Liras que en el desierto

cantan tu amor en célicas canciones,

que alegran las riberas del Mar muerto,

y resucitan muertos corazones.

Ciencia que por ti vive,

que sólo al cielo mira,

como de ti su inspiración recibe

el dulce amigo que mi canto inspira.

 

Ven, misionero, ven. Tu voz acalle

ni infernal aullido

de ciudad en ciudad, de calle en calle,

dó suene una blasfemia o un gemido,

donde una chispa estalle.

Ven, antes que el tirano

que ya fulmina la terrible espada

en la sangrienta mano,

que en tierra de impurezas abonada

primero que la flor nace el gusano.

Del incrédulo apóstol cuyo nombre

en su preclaro sucesor adoras (*),

puedes llevar la convicción al hombre

con aquellas palabras tronadoras:

-¡Yo lo vi! ¡yo lo vi! ¡Maldito fruto

da la maldita ciencia,

que niega a Dios tributo,

y emponzoña del hombre la existencia,

"Por palma vil ofrece a su martirio

nuevo horror, nuevo insulto, nuevo ultraje,

aborto de ignorancia y de delirio,

la libertad salvaje del salvaje.

La conozco muy bien. El indio bravo

en los incultos mangles de Oceanía,

de esa ominosa libertad esclavo

amar y bendecir me hizo la mía.

Siembra su arroz donde le da la gana;

cuelga de un árbol, como el ave, el nido;

le sirve de mujer madre o hermana,

y muere sin saber cómo ha vivido."

 

(*) Discípulo de la Universidad de Santo Tomás de Manila, el padre González es entusiasta partidario de la filosofía tomista, y ha escrito sobre ella un libro monumental.

 

Ven, sacerdote santo,

con tu amorosa voz y tu fecunda.

ciencia, a enjugar el llanto,

que el dulce rostro de la patria inunda.

Yo desde la otra vida

bendeciré tu nombre,

si a mis hijos la herida

cierras, que hoy pudre el corazón del hombre.

¡Ah! muera yo mañana

como sabiendo muera,

¡prendas del corazón! que no os espera

viciosa juventud, vejez temprana,

el tránsito de hielo

del que sólo ve el éter en el cielo,

la nada del estúpido ateismo...

caer tomo una piedra en el abismo.