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Vicente Barrantes |
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La línea recta |
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Carta a S.A. el Regente de España.
SERENÍSIMO
SEÑOR:
Tan alta idea tengo formada de sus bellas cualidades , que aunque
la franca amistad con que desde hace muchos años me honra autorizaría la
supresión del tratamiento concedido a V. A. por las Cortes
Constituyentes, me complazco en dárselo por primera vez en público, para
que, mortificados los instintos democráticos de V. A. , no menores que
los míos, rindan a la ley el tributo que se le debe.
Para ambos será honroso el sacrificio; que la modesta repugnancia
con que V. A. recibe su alta investidura , no es tampoco menor que mi
sentimiento al contemplarla, preocupado vivamente con la significación
política que a este
¡Ah! En los primeros momentos de la incubación parlamentaria de
la Regencia, yo confieso que participé de esos temores, hasta el punto de
abrigarlo muy grande sobre el porvenir de la Revolución de los elevados
principios de
orden y gobierno, que representa en ella V. A.; pero después me ha
sucedido una cosa semejante a lo que acontece al viajero cuando navega en
caliginosa tarde por el mar de la India, entre los golfos nunca serenos de
Onam y de Bengala,
mas célebres por, su trágica historia ,que por su inagotable poesía. El
relampaguear de las encendidas nubes, la creciente fosforescencia de las
olas, el temeroso hervidero del vapor que le arrastra, la pesada atmósfera
que le envuelve, y el colorido fantástico que todos los objetos revisten
luchando entre la luz y la sombra, en tal manera sobrecogen su espíritu,
por valeroso que sea, que creé ir bordando el vórtice de ignotos
volcanes, y espera de momento a momento oír el estallido del barco que en
ellos se precipita, basta que el primer soplo de la brisa, refrescando su
mente calenturienta, le hace recordar lo que nunca debió haber olvidado,
las condiciones, el poder, la gallardía del
Poseídos los amigos sinceros de V. A. de una ilusión semejante,
olvidábamos las condiciones de su persona y del momento histórico en que
a la Regencia es elevado, mar sin duda temible para barcos de escaso
empuje, tranquilo y llano para
los de gran potencia. Ni hemos sabido tampoco apartar la imaginación de
la triste estrella que a otras Regencias alumbrara para recordar que le la
de V.A. es de un brillo singular y como predestinado. Por muertes de Reyes
o por conspiraciones contra las Reinas madres, han solido venir a España
las Regencias y dicho se esta con esto que no podía dejar de abrirse bajo
su mano la fuente de las calamidades públicas.
Si por testamento real, que es lo común, los que no merecieron
elección, al rey difunto, quedaban lastimados, herida y enojada toda la
fama del príncipe, revuelto el pueblo, por sugestiones de unos y otros, y
el pobre Regente sin mas fuerza que la de una autoridad de todos mal vista
y de todos disputada, amen de la secreta enemiga de su mismo real pupila,
mozo nunca bien educado ni aconsejado, nunca de ajeno poder obediente,
como quien se lo siente propio, con la seguridad de gozarlo andando el
tiempo. Pues de las Regencias que por asonadas e intrigas palaciegas
vieron los antiguos sobreponerse a las legítimas, ¿qué se podrá decir
en puridad, cuando de aquellas, tanto se ha dicho, sino que unas y otras
fueron la ruina de nuestra patria por lo caras, por lo revueltas, por lo
desmoralizadoras, como todo poder débil, que en odio o en ,miedo del
porvenir, vive esquilmando el presente?.
A la mano tengo por ventura la Crónica del Rey don Enrique III,
que uno de mis antepasados escribió, donde en el sencillo lenguaje de
estos libros se dice que "el Rey determinaba de llamar a Cortes por
muchas razones: la primera, porque los tutores, por sosegar las revueltas
que en el reino andaban en tiempo de su gobernación, acrescentaron a los
caballeros tierras e mercedes, quitaciones e tenencias de castillos en
mayor cantidad que les dejó el Rey su padre,
en tanta manera que las rentas del rein0 no lo podían sufrir, porque
montaba el gasto que se hacía en estas costas treinta e cinco quentos e
mas..,"
Y en otro lugar deja dicho, que los sueldos que había señalado a
los Regentes el Rey difunto, fueron éstos: "Al marqués de Villena
cien mil maravedís, al arzobispo de Santiago ochenta mil maravedises, al
maestra de Calatrava setenta mil maravedises, a Pedro González de Mendoza
setenta mil maravedís, ad don Juan Alonso de Guzmán, conde de Niebla,
setenta mil maravedís; al arzobispo de Toledo ochenta mil maravedís, y a
cada uno de los seis ciudadanos quince mili maravedíses."
Con ser ahora España mucho mas rica que en aquellos tiempos, nos
dejaría por puertas un gobierno tan caro; pero afortunadamente; el de V.
A. se nos entra por la de la economía, que hasta en esto le alumbra buena
estrella; pues V. A, nunca ha sido de esos hombres fastuosos y
despilfarradores, que padecen en los cargos públicos el vértigo del oro
y de las vanidades insensatas.
Pues mayor ventaja es todavía la que resulta para todos de la
condición moral y política de esa Regencia, no alzada sobre un caliente
cadáver, ni sobre un testamento mas o menos amañado, sino sobre el pavés
de una solemne votación de las Cortes Constituyentes, donde la España
entera tiene su voz y su voto. A otros Regentes quitaban el sueño los
enojos del pueblo, con quien no se contó para su elección; las envidias
de los grandes, que todos se creían en sus legítimas esperanzas
defraudados, y el palacio del príncipe real, semillero de intrigas y de
impaciencias; pero V. A. puede dormir tranquilo, que elegido por el pueblo
en público certamen ninguna grandeza queda por su elección lastimada, y
si quedaren algunas, bien cuidara de que no aspiren a mas ese pueblo que
las ha tenido en menos.
En cuanto a la educación del príncipe, es como de todas las
Regencias, por el seguro temor de que luego se les
achaquen sus defectos, no ha de desvelar tampoco a V. A. que Isabel
II ha dejado a nuestro país en muy semejante estado al que lo dejó don
Enrique el Impotente,
"rey infeliz sobre cuantos reinaron en el mundo, como dice la
Historia de Segovia, pues para quitarle la sucesión, fue necesario
quitarle el honor."
A esta luz veo yo clarísimamente que no ha de temer V. A. peligros
por la espalda, que es grande satisfacción para sus amigos, y elemento
incomparable para un poder popular; sino que todos los tiene delante de sí,
y esos ha de poder vencerles con sólo atreverse a afrontarlos. ¡Noble y
dichosa mudanza de los tiempos, cuya plenitud alcanza España por primera
vez; tiempos en que no depende la pública felicidad de bajas intrigas
cortesanas! Sólo por ver este día resucitaran de buen grado los Argüelles
y los Torreros, los Mendizábal y los O'Donnell, cuya existencia fue una
continua batalla contra la iniquidad y la falsía.
Si yo dijera V. A. que no hay conspiradores en nuestro país en
esta solemne hora, parecería una cándida ilusión del mas cándido
optimismo; pero V. A. escudriñe con ojos sagaces esas que llaman
conspiraciones, y comprenderá que, si no ha acertado a quitarles el
nombre, les ha quitado el progreso moderno toda la importancia. Sólo
pueden llegar a tenerla si nuestros errores se la dan, yesos a V. A. toca
que no los cometamos. Quien ha sabido tan bien, como V. A. preveerlos en
su discurso de gracias a las Cortes, harto, mejor sabrá evitarlos.
"La época de los graves peligros, - decía V.A.,-"ha
pasado ya, y comienza otra de reorganización, en que nada tenemos que
temer como no sea de nuestra propia impaciencia, de nuestra desconfianza o
de nuestras exageraciones." Pongo
los primeros a los defensores del absolutismo, porque son, si no los mas hábiles
conspiradores, los mas dignos de respeto, que harto merece la ignorancia
en que están de las cosas de nuestro país. Piensan ellos que un nombre
histórico, aunque sea manchado y aborrecible, se ha de llevar los pueblos
tras sí como ovejas encariñadas con el pastor; piensan ellos que las
exageraciones religiosas del fanatismo han de
encontrar eco en un país que fue tolerante con los moros y los judíos,
mientras tuvo ,en el gobierno la parte que su antigua organización democrática le daba; y piensan finalmente que
la generación que aquí vive es de nuestros abuelos, la que ellos
conocieron en las ,covachuelas y los locutorios, en las cofradías y las
hermandades,.-y no una generación nacida en la plaza pública, amamantada
en la prensa y-en los comicios, crecida al calor de los derechos
individuales, movediza como la ola ,no petrificada como él molusco. Así
ve V.A. a esos conspiradores encaramados en las crestas del Pirineo, como
los monos en los árboles intertropicales, remedando los gestos de los
hombres, pero sin atreverse a perturbar el espectáculo de verdaderos
hombres que; España les presenta, ¡Desdichados!.
Mucho más lo son todavía esos otros desperdicios de la pasada
bacanal borbónica, gusanos que ,no contentos con haberse, comido un
trono, hoy lo pasean al desnudo por Europa, haciéndola apartar de él la
vista con horror y el estómago con asco o tema V. A, que salgan a lidiar
a Toro, como los partidarios de la Beltraneja, únicos que en la historia
se les parecen, que, aunque a ellos les cumpliera por su calidad hacerlo
todas las fuerzas y todas las voluntades les quita el secreto convencimiento de que con esa desatentada rival, de Enrique IV, es mas
peligrosa la lealtad que la traición; como ya de aquel se dijo. Acaso
mientras ellos pelearan, ella a un mercader de vicios los vendería.
No hay, pues, detrás de, V. A. alcázar tenebroso donde se le
encastillen los enemigos sobre seguro, -y los que delante puedan ponérsele
son niños que hace de las armas juguetes, y de sus, mismas palabras ajeno
o propio terror. Gentes en quien todas los condiciones, buenas y malas del
Mediodía tienen su tipo, suenan en altas voces, pregonan por calles y
plazas ,sus delirios, y en lo arrebatado de su fantasía y en lo suelto de
su lengua libran como don Quijote sus bienes y sus males. Soñaron ellos
que a la plebe embelesaría una como reforma e invalidación del
testamento de Adán, que desnudase a los vestidos y vistiese los desnudos,
y en vez de decírselo a ella ,sola y muy por lo bajo, de tal suerte
vociferaron, que asustada la sociedad, en vez de cumplir como cristiana
las obras de misericordia, mira hoy en todo desnudo enemigo de su haber y
su reposo. También por deshacerse del principio de autoridad, que tanto a
sus planes se opone, y cegar su fuente suprema con piedra y todo,
imaginaron borrar a Dios de todos los corazones; pero ,con tan poquísimo
recato, que desde los lugares mas propíncuos pregonaban que era hijo de
una tal por cual, y su obra una maquina torpe a quien no se le encuentra
el alma con el escalpelo, para concluir que el único Dios de cielos y
tierra, de mundo y carne, es esa misma razón que tales desvaríos padece,
que con ninguna otra se concilia, y que en el tiempo y en el espacio halla
siempre un muro de bronce que no puede traspasar, porque declarándola
finita, debiera hacerle creer en lo infinito.¡Aberraciones infantiles!
Recuerdan estas pobres gentes con su caduco materialismo a los alumbrados
de Llerena, quede los mas vulgares apetitos quisieron hacer un dogma, y no
pudiendo satisfacer siquiera los de las beatas y tas monjas dela ciudad,
fueron por ellas mismas entregados a la Inquisición. Así nacen y así
mueren a manos de la suma verdad las utopías religiosas.
Mas no porque tan abigarrados elementos, que en montón asustan,
sean baladíes en detalle para quien con alto espíritu; recta intención
e ilustrado patriotismo, viene, como V. A., al poder Supremo, ha de
considerarse fácil la tarea de la Regencia, que en esta crisis, suprema
también de nuestra historia, tiene una misión mas alta que la de vencer
enemigos, desbaratar cábalas y educar príncipes: tiene la de elegirlo,
¡y si fuera sólo elegirlo! la de prepararle trono robusto, país
obediente, pueblo sensato, y como columna y corolario a par de tan grande
obra, leyes sabias y liberales, donde quepan todos los partidos que no
aspiren a la destrucción , sino al mejoramiento de lo existente. ¿Qué
Regencia antigua tuvo misión mas noble y trascendental? A la Bélgica han
ido muchos escritores a buscar el modelo histórico de la de V. A.; pero
yo pienso que la nobilísima figura de don Fernando el de Antequera debe
ser mas de su agrado, máxime reflexionando que en brillo y majestad la
eclipsaría un Regente que a nuestro país aconsejara repetir el solemne
espectáculo de Caspe, exceptuándose con noble modestia de los elegibles.
La ocasión, los elementos políticos, las pasiones mismas se están
brindando a V. A., como suave masa al escultor inspirado.
Con, todos los millones de voces que tienen los pueblos modernos,
dice el de España a V. A. lo que teme y lo que quiere. ¿Quién duda
que V. A. las oye y las comprende, como político que es tan hábil. Ahí
esta el discurso de gracias que he citado, puesto como
un dios Término el elocuente entre el período de Revolución y el
período de acción, entre la debilidad del Gobierno engendrado en
Alcolea, y la energía del poder casi definitivo votado por las Cortes. La
Revolución piensa y la Revolución que obra, se unen en él como en
estrechísimo lazo. Ahí está mas claro todavía el primer discurso del
presidente del Consejo, que lo eleva, a la altura de un verdadero hombre
de Estado, Poniendo de manifiesto su clarísima, percepción de los
peligros y de las necesidades públicas. ¡Ojalá el ministerio que
presentaba a las Cortes tuviese una significación que tan clara y tan
completa como el discurso! "El Gobierno dijo el general Prim, -ha
jurado guardar y hacen guardarla Constitución y las leyes, y esta
resuelto a que ese juramento sea también una verdad en todas sus partes.
Desgraciadamente, desde que ha mandado el partido liberal en España los
motines han estado a la orden del día; y tanto ha sido así, que muchos
de los señores diputados presentes recordarán haber oído decir a un señor
ministro en este mismo sitio que "cada día que pasaba sin un motín
era un día ganado;" y de ahí las debilidad de aquellos Gobiernos
liberales, y de ahí su desprestigio y su impotencia para crear nada sólido
y estable, y de ahí también a fuerza de nuestros enemigos para lanzarnos
de poder...",Hizo una pausa el
En el hervidero de pasiones en que vivimos
envueltos, no se ha dado a las palabras del primer presidente del
Consejo de ministros de la Regencia, todo el valor que tiene en garantías
de orden, como anuncio inequívoco de la política gubernamental y sensata
que los pueblos esperan de la nueva situación, y finalmente, como
desenvolvimiento de principios que llegan a la plenitud en la mas oportuna
de las ocasiones.
Yo grabaría esas palabras con letras de oro en la historia del
general Prim y de su partido, a quienes tanto enaltecen, porque son la síntesis
lógica y fecunda de las grandes enseñanzas, de los terribles desengaños,
de que esta es historia llena; síntesis también de los progresos de sus
hombres en la educación política, tan necesaria en nuestro país, que
armonizándolos con las clases que constituyen el fundamento social, los
hará elemento indispensable de todo Gobierno, y muy en particular de la
futura Monarquía.
Esta es otra gloria en que cabe a V. A. mucha parte, por babel
desde antes de Alcolea traído a los mas grandes partidos de España a
punto de conciliarse y confundirse en- uno, como los estamos viendo; que
si es siempre la unión y concordia entre los hombres cosa santa, mucho
mas ha de estimarse entre partidos tan robustos y semejantes, pues vemos
así también que por virtud de esa unión ya se prestan mutuamente las
que les faltaban, con que el uno se hace mas liberal y expansivo, y el
otro mas ordenado y preví sor. No son estas ilusiones que se forje mi
buen deseo, si no movimientos deja esfera política que en hechos
culminantes se revelan. ¿De qué otro modo, sino por una serie de
evoluciones filosóficas, por la madurez de los principios políticos que
han venido luchando tanto tiempo, puede explicarse la condensación en el
Código fundamental de todas las aspiraciones más liberales y sensatas de
los pueblos modernos, en términos que el inglés nos lo envidia, el alemán
nos lo aplaude y a la Europa entera sorprende, que no esperaba ver por
nosotros realizada la difícil armonía entre la ciencia política y la
ciencia del Gobierno? ¿De qué otro modo se
Hoy, ¿quién lo diría? de su extraordinaria actividad en todas
las esferas da tan repetidos ejemplos, que con sólo citar los nombres de
la gasta y Ruiz Zorrilla se excusa la enumeración, si no la excusara
mayormente el recuerdo de que ha hecho en tres meses una Constitución política,
él, que en 1806, no pudo hacerla en dos años, A este suceso van unidos
otros de que no quiero prescindir, porque honran no menos al partido
progresista que a sus hombres de gobierno: la excelente circular del
ministerio de la Gobernación, en que se fija el límite racional de los
derechos individuales, tina vez votada la Monarquía, y la defensa de los
gobernadores que en cumplimiento de su deber han sido enérgicos, hecha
con elocuencia por Sagasta, y no menor energía, actos son que para mí
tienen todo la importancia de una síntesis política. Pues a la Milicia
ciudadana, institución que sólo en las grandes crisis internacionales
debe tener defensores, ¿no la consideraba ese partido innecesaria,
principalmente por costosa para el pueblo trabajador, y cuando
circunstancias eventuales se la trajeron, no le vimos poner las cosas en
su verdadero punto, por boca de uno de sus ministros mas ilustrados, espíritu
valiente de los que pedía Quevedo para decir la verdad a las naciones? ¿Ni
quién pensara en otro tiempo, cuando se dejaba arrebatar de emulación
por las mas vanas manifestaciones de liberalismo, que había de oír
impasible los discursos de Castelar y de Figueras, seguro de que no le
aventajan en amor a la libertad; que al discutirse la Regencia y el nombre
de V. A. no había de volver los ojos a sus antiguos ídolos, y al mirar,
finalmente, llenos los aires de oriflamas y gritos a su condición
tentadores, él permanecería encerrado en su tienda, como Aquiles, desdeñando
el mentiroso halago de las sirenas políticas que tantas veces le
perdieron, la falsa popularidad a que tantas veces sacrificó su porvenir?
¡Ah! no, no puede dudarse de que el partido progresista, como el general
Prim, su mas autorizado intérprete, y como todos sus periódicos y como
todos sus hombres, esta ,resuelto, muy resuelto, a que no vuelvan los días
de desorden, de disturbios y de motines, a ser partido de gobierno, en una
palabra; y la patria y V. A. deben felicitarse por ello, pues como piensa
ese partido piensa la gran mayoría del país. Hora es ya que hacemos en
España la libertad ordenada de los pueblos cultos.
Tales son las consideraciones que me han movido a desechar mi
primer temor sobre el nombramiento de V. A., trocándolo por legitimas
esperanzas de una era de paz y de reorganización, que nos facilite las
soluciones definitivas del cambio de dinastía, "¿Sabe S.
S.,-exclamaba el señor Olozaga, contestando al señor Castelar, - por qué
los antiguos progresistas hemos sido los primeros
Esto que a la persona se refería, es de todo punto aplicable a la
política, donde esa persona tiene una significación muy clara y muy
marcada.- Puesta en este terreno la cuestión, como lo esta para quien no
sea ciego, y superabundantemente explicada al día siguiente por el
discurso del general Prim, luego por las intimaciones hechas a los clubes
republicanos con motivo de la manifestación del 22, y en ese mismo día
por la conducta enérgica y dignísima del alcalde de Madrid, el porvenir
se despeja, las nubes desaparecen, y los ánimos recobran su perdida
tranquilidad. No es la Regencia, no, una desviación, ni mucho menos una
mistificación: es una línea recta, que nos conduce sin trastornos ni
vacilaciones a la Monarquía democrática.
En manos, pues, de V. A. están los destinos de un gran pueblo en
el momento mas crítico y solemne de su historia. ¡Envidiable situación!
Clarísima estrella alumbra por cierto al que cubierto de gloria en cien
batallas, colmado de cuantas dignidades puede tener un hombre, justifica
tan cumplidamente merecerlas, que merece a la postre que el país se eche
en sus ,brazos como en puerto de salvación. Y V. A. lo salvará, que esto
no admite para mí la menor duda.
¡La línea recta! No hay sino seguirla con la decisión de quien
lleva en sus manos una bandera tan noble tremolada. La primera necesidad
de todos los pueblos es el orden, que les da pan para su cuerpo y para su
alma, que los enriquece, los ilustra y los regenera. Hace casi un siglo
que España vive hambrienta, pues los tres años de 1858 a 61, sólo
fueron un iris en medio de la tempestad.
En el orden únicamente se desarrolla la libertad como en su esfera
propia, y de aquí que tengamos los nacidos una noción inexacta de las
libertades públicas, porque el orden permanente, hijo del juego natural
de las instituciones y de la buena educación política, ha sido para
nosotros fruta vedada. Todo lo que se oponga al fecundo consorcio de estos
dos principios fundamentales de la sociedad, debe ser reprimido con la
energía que caracteriza al general Prim. En la apreciación de estos obstáculos
buscara el sofisma ancha, puerta por donde combatir el majestuoso alcázar
del Gobierno; pero ni aun el sofisma es posible donde la opinión habla
tan robusta y poderosamente. Sintetizaba la no ha mucho en esta forma un
notable artículo de El Imparcial, periódico que acierta a inspirarse en
ella como pocos:
"Votada (decía) por 214 votos contra 70 la forma monárquica,
lo que vive en España después de esas declaraciones la Monarquía. La
República lo mismo que el
absolutismo, podrán venir mañana, y entonces triunfarán, entonces vivirán
en el mundo oficial: podrá ser suyo el futuro, podrá ser de su dominio
el insondable porvenir; pero el presente es de la Monarquía democrática.
Oponer, pues, al viva la Monarquía el viva la República o viva el
rey absoluto, era perfectamente legal el día antes de que el país,
representado por Cortes Constituyentes elegidas por Sufragio Universal, no
había dado, su fallo. Esos tres vivas representaban y simbolizaban tres
formas de gobierno que sus respectivos mantenedores sustentaban con sus
esfuerzos y ofrecían al pueblo español para que eligiese. Desde que
eligió la Monarquía democrática, los otros ,dos vivas son imposibles,
son facciosos, puesto que sólo pueden sostenerse afirmando que las Cortes
no representan al país, negando a las Cortes y al Gobierno por ellas
elegido toda legitimidad.
¿Es esto atentar a los derechos individuales, es impedir su
ejercicio? No. En la prensa, en la reunión, en la asociación, pueden los
mantenedores de la República o del absolutismo afanarse por persuadir al
pueblo español que
¡El federalismo! Ese, ese es el verdadero enemigo de la patria en,
estos momentos. De los partidos reaccionarios opinara V. A., como yo, que
hay bien poco que temer, por su ridícula impotencia, por su profunda
desmoralización; porque el país, escarmentado y empobrecido, unánimemente
los rechaza; pero el federalismo...
Si Dios ha mostrado alguna vez de una manera visible su protección
a España, fue cuando a raíz de la victoria de Alcolea no puso su suerte
en manos de ese, partido, gracias a la profunda habilidad y al acendrado
patriotismo de hombres tan inteligentes, como Rivero, Martos y Becerra,
que conocieron a tiempo el estado del país y la falta de madurez de esas
teorías. Porque si fascinados por la incomparable elocuencia de Castelar,
por la hábil táctica de Figueras, por la cándida buena fé de Orense, o
por la irresistible dialéctica de Pi y Margall, hubiéramos
dado suelta a la loca de la casa; como llamaba Montaigne a la imaginación,
a estas horas España representaría el campo de batalla de los galeotes,
donde quedaron míseramente tendidos don Quijote, y Sancho, Rocinante y
Rucio, por haber hecho tanto bien a Ginesillo de Pasamont y sus colegas.
Aquellos mismos hombres, hoy gloria, de la tribuna y del país, se
hubieran hundido inmediatamente en ese abismo cubierto de flores ,que
oculta a las sirenas de La Igualdad soñando en cortar cabezas a cercen, a
los idólatras de la diosa Razon, que proscribirían de nuestros templos:
la Virgen María, a los niveladores de fortunas, que nos harían recordar
con hambre la sopa de los conventos, y finalmente a los partidarios de esa
desatentada federación; que nos volvería a entregar exhaustos y
envilecidos a los condes de Castilla y Barcelona, a los Reyes aragoneses,
y acaso a las taifas morunas de Córdeba y de Granada.
Si alguna duda quedara del gravísimo peligro que entraña para el
país la República federal, la que cuenta más adeptos en el partido, nos
la quitarían los unitarios, que por cierto son los menos, porque son los
más razonables. Nadie habrá olvidado las gravísimas declaraciones
hechas en el Congreso por el señor García Ruiz, incansable campeón de
la integridad de la patria española. “Todavía no sabemos, -añade El
Pueblo, combatiendo a ,los federales con justa indignación, -todavía no
sabemos cuantos pedazos se harían de la túnica del Cristo para luego
tenerlos todos pendientes de un hilo; esto es, todavía no sabemos en
cuantos estaditos o cantones quieren dividir a la España, porque unos
dicen que serían 14, mientras que otros aspiran a 49, y no faltan
innovadores que deseen 100 o más
¡Ah! ¡Cuánto daño habéis hecho a la causa de la República con
ese afán adjetivo! ¡Cuantos no se habrían asustado de la República y
estarían hoy a nuestro lado! Pero... al mismo tiempo que les brindáis
con ese sistema de gobierno, les presentáis en triste perspectiva y próximo
porvenir la debilidad. de la patria, hoy que debe ser mas fuerte la
divisiones de muchas cosas,
hoy que deben estar más unidas; el fraccionamiento respecto de otras, hoy
que debe tener mas cohesión; la proscripción del crédito por la falta
de orden, hoy que mas necesita de aquel para reponerse del infame y
desmoralizador despotismo del, último reinado...Pues ¿tan grande es la
España, para que pretendáis
dividida en estaditos microscópicos y altamente ridículos.
Y como sino dejara ya a la víctima in extremis, añade por nota:
Escrito esto, llega a nosotros el llamado pacto federal de
Castilla, por el cual vemos que se piensa ya en los dos Estados de
Castilla la Vieja y Castilla la Nueva. Por algunos se, predicó hasta el día
que cada provincia debía convertirse en un Estado; y ahora aspiran a
hacer dos de 17 provincias. Y se habla también de provincias y de
CANTONES, y de FEDERACIONES y de SUPREMAS... ¿Tiene ni puede tener todo
esto asomos siquiera de seriedad?."
Pues aun hay más. Donde quiera que una voz republicana de buena fé
se levanta contra el federalismo, pone de manifiesto que ese sistema
destruiría la nacionalidad de España. En una carta que el Ateneo catalán
de Reus ha dirigido
"Antes que ser republicanos federares, preferiríamos
proclamar la independencia de Cataluña.," Es decir, que todos los
caminos, por la federación, nos llevarían a la desmembración... Ya lo
creo.
Ellos deben saber como yo, que el primero que ha pensado en el
Federalismo deja Península sólo para engrandecer a Portugal lo hacía.
Un insigne historiador, honra de aquel país, sostuvo públicamente con el
que escribe estas líneas largas polémicas en el círculo literario de
Lisboa, por agosto o septiembre de 1861, presentando como, el bello ideal
de la organización ibérica la que tuvo en los tiempos medios; pero a
condición de que el Estado portugués comprendiese la, Galicia y la
Extremadura. ¡Ni siquiera son originales nuestros utopistas! Pero a fé
que ya nos ha dicho Castelar que él no había pensado en semejante cosa
hasta que estuvo en Suiza. ¡Pobres niños! Se enamoran de lo que ven
,ignorando si es veneno o es triaca.
El país ha rechazado esa forma de gobierno, y, sin embargo, esa
forma existe; la federación se esta llevando a cabo enfrente del Gobierno
del país,¿Cabe dentro del derecho de asociación una asociación que
plagia al Estado, que puede suplantarle, que aspira a ello visiblemente, y
que reviste una forma proscrita por los altos poderes públicos? El comité
presidido en la Coruña por un señor Costales, y otros muchos Costales de
otros comités, se han negado a reconocer la Constitución o la han
quemado públicamente a la faz de los jefes de provincia, a quien llaman a
boca que llena ciudadano gobernador...
Ayuntamientos enteros hacen lo mismo, y tanto embravece a los
partidos radicales la debilidad que en el Gobierno suponen, que el país
en estos momentos presenta un espectáculo desconsolador. Casi todos los
pueblos de la rivera del Ebro viven poseídos de la legitimidad de Carlos
VII, uniformados y regimentados a la manera facciosa, mientras a la
opuesta orilla del Guadalquivir se juzgan los pueblos en plena República,
y mandan y se apellidan en términos no menos facciosos, hechos que, bajo
el punto de vista de la educación popular, recuerdan a aquellos
ignorantes indios mejicano que preguntaban por Fernando VII a los soldados
del general Prim ¿Es sostenible tal situación después de votada la
Monarquía y la Regencia después del discurso inaugural del nuevo
Gabinete? He aquí un problema, cuya solución urge sobre todas las cosas,
si el Gobierno esta resuelto ha guardar y hacer guardada Constitución y
las leyes. Si hoy ya no puede oponerse, como dice con mucha sensatez El
Imparcial, al ¡Viva la Monarquía! el ¡Viva la República! ¿podrá
oponerse a la Monarquía legal, declarada solemnemente, la República
subrepticia, por todos títulos ilegal?.
No se me oculta, sin embargo, que este peligro ha disminuido
notablemente desde que la Regencia de V. A., vigorizando todos los
elementos de gobierno, dándoles unidad, cohesión y objetivo, ha empezado
a resolver las resistencias y a allanar las dificultades de la situación.
Tampoco se me oculta, por cierto, ola grande fuerza que puede sacar un
poder bien intencionado de esos gérmenes de acción y de vida, que
palpitan, en las entrañas del pueblo, fuego que puede abrasar, pero que
también calienta, y alumbra y vivifica, utilizándolos por los medios que
tiene siempre a su disposición el hábil gobernante; y esto es, sin la
menor duda, lo que es espera el país de V. A. Aconséjanle los
republicanos que se ilustre, que se organice, que se arme, como si
necesitara, armas ni organización un pueblo ilustrado, que tiene la
conciencia de sus derechos y sus deberes. El día que todos los españoles
sepan siquiera leer y escribir, ¿a quién asustara el Sufragio universal,
ni la mayor amplitud posible de las libertades públicas! Y puede estar
muy próximo ese día, yo así lo espero con profunda convicción, si
aprovechando la docilidad, la buena fé instintiva con
“Ya sé yo que el señor Topete dice, como el señor Olózaga: Yo
haré lo que quiera la mayoría; y como cada uno de los individuos de la
mayoría dice lo mismo, el caso va a ser que nos vamos a encontrar sin
rey, porque todos van a querer aquello que quiere el otro, y nadie sabe lo
que el otro quiere”.
De V.A. apasionado afectísimo, seguro servidor Q.B.S.M.
V.B.
Madrid 26 de junio de 1869
FICHA: La línea recta: carta a S.A. El Regente de España / por V. Barrantes. -- Madrid: [s.n], 1869 (Imp. de los Señores Rojas). 31 p. ; 13 cm * be 12524
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