|
Archivo y Biblioteca |
|
|
|
|
|
|
Arqueología extremeña. Piezas en el museo Arqueológico Nacional de Madrid.
(Noticias dadas por José Ramón Mélida de las adquisiciones y donaciones hechas al Museo entre 1916 y 1920)
"En el Boletín de la Real Academia de la Historia correspondiente al mes ,de mayo de I898 se publicó un Informe del correspondiente don Matías Ramón Martínez, vecino de Jerez de los Caballeros, dando a conocer los descubrimientos arqueológicos hechos ,en la finca rústica llamada Cerca de Matapollito, cuatro kilómetros al Oeste de la población de Burguillos, provincia de Badajoz, que denuncian muy a las claras la existencia de una basílica del siglo VII y de los cuales se habían podido salvar una cruz de bronce y varias baldosas en forma de rombos con dibujos estampados en relieve (lám. V), restos venerables de la cultura visigoda, cuyas antigüedades están todavía la hora en que los arqueólogos españoles la consagren la atención que merecen para el esclarecimiento de la Edad Media en los días más obscuros de nuestra historia.
"Conocía este interesante Informe el actual director del
Museo Arqueológico Nacional don José Ramón Mélida, y aprovechando sus
excursiones arqueológicas por la provincia de Badajoz, hubo de ponerse en
relación con el poseedor de estos objetos don Siro García de la Mata, y
llevado de su amor a la ciencia arqueológica y de su interés por
acrecentar los tesoros que guarda nuestro Museo Arqueológico Nacional,
manifestó a dicho señor la conveniencia de que hiciese donación de
tales objetos al Estado a fin de añadidos a su patrimonio monumental.
El señor García de la Mata no vaciló en secundar tan patriótica
iniciativa y con solicitud y celo que mucho le honran, después de reunir
todos los que tenía dispersos en varios lugares, los ha donado al Museo
Arqueológico Nacional, mostrando su complacencia en poder contribuir con
este donativo a enriquecer los hallazgos de la arqueología patria y abrir
a los estudios de la cultura visigoda nuevos caminos por donde se puedan
esclarecer los frutos de su industria y de sus artes en los raros
monumentos que de ella se conservan en España.
"Son estos objetos de muy diversa índole, aunque todos
proceden +
OFFS TEFAN V SECLISIE SECINI ANSI OFFeret
. STEFANVS .ECLISIE . Sancta E . Crucis. IN IANISIS La
ofrece Esteban a la Iglesia de la Santa Cruz, en Yanises.
"Volviendo a las baldosas, ofrecen éstas una particularidad
muy curiosa,
y es que todas estuvieron labradas con dibujos en relieve, de cuyos
distintos tipos se hallan hasta seis, no pudiendo apreciarse en todas
por el desgaste que han tenido. Los dibujos, ajustándose a la forma
romboidea de la baldosa, son como vástagos y hojas distribuidos geométricamente,
con marcado carácter oriental, que conviene con los restos que nos han
llegado del arte visigodo. Estas baldosas se hallaban separadas por una
guarnición de otras a modo de listones, también de barro cocido, que en
su parte superior y visible llevan grabada una greca de pronunciado estilo
bizantino, que bien podría pasar por románico.
"Esta circunstancia demuestra la importancia de la adquisición
porque mientras en otros países se han hecho estudios muy eruditos sobre
las huellas que han dejado en Europa las emigraciones y el establecimiento
de los bárbaros buscando por medio de comparaciones y de analogías las
fuentes de su cultura, aquí, salvo lo que se hizo cuando el
descubrimiento de las Coronas de Guarrazar, que fue como explosión tardía
de un sentimiento de dolor al ver que emigraron a Francia, apenas se ha
parado mientes en este estudio, como si los cuatro siglos que dominaron en
España aquellos no hubiesen formado parte del curso de nuestra historia.
Hora es ya de que sé consagre la atención de los investigadores a la
arqueología visigoda, con tanto más motivo cuanto que fueron ,los
visigodos el pueblo más culto de cuantos invadieron a Europa al
derrumbarse el imperio romano.
"Sean bien venidos los, objetos de Burguillos al Museo Arqueológico
y sirva la conducta del señor García de la Mata, tan oportunamente
estimulada por el señor Mélida, de eficaz ejemplo para que se vaya
formando en este establecimiento una Sección de arqueología visigoda,
donde hallen los eruditos investigadores de nuestra historia materiales
con que reconstruir la vida y la civilización de aquel pueblo,
incorporado a la raza peninsular por ocho siglos de comunes peligros y de
cruentos sacrificios,-M. P. V."
Tan sólo añadiremos a las acertadas indicaciones del señor
Villamil que la cruz afecta la misma forma de brazos trapeciales, que
vemos en los de Guarrazar, conservados en, este Museo, como en las cruces
posteriores (de los Angeles y las Victorias) hasta el siglo XI; y que las
baldosas de relieve, como otras visigodas de Toledo, son singulares por su
ornamentación de motivos vegetales, estilizados y angulosos, de los que
se ofrecen analogías en mármoles de aquel tiempo, como también del tan
o serpeante que adorna los filetes o listones se ven ejemplos en pilastras
marmóreas visigodas de Mérida, donde la ornamentación es más rica que
la toledana, y conserva mejor la tradición clásica.
Entendemos que es un hacha antigua neolítica, esto es, de un tipo
anterior al de las hachas planas y por entero pulimentadas, de trabajo
fino, que se han recogido en otros puntos; y que por los señalados
caracteres es un ejemplar que habrá de ser tomado en cuenta cuando se
emprenda el estudio de las antigüedades neolíticas, todavía no
depurado.
Es una figura plana y geométrica, con la cabeza recortada por
cuadrado, con un festón que indica el pelo; los ojos representados por círculos
concéntricos; bajo el cuello, indicaciones del arranque de los brazos, y
en medio del alargado cuerpo, el triángulo sexual, como indicación
femenina. Su altura es 0,123 (Lam I). Esta clase de ídolos de hueso, que se encuentran en Mérida, sueltos, no en sepulturas, hasta ahora, y que juntamente con otras antigüedades allí descubiertas dan testimonio de la existencia de población ibérica anterromana, contra la creencia antes seguida, debe corresponder a la Edad del bronce.
Comprendiendo desde luego la importancia del vaso primeramente
citado, conseguí adquirirlo con el propósito de hacer de él donación a este Museo. Los demás objetos fueron adquiridos por el Museo de Mérida.
Pensé en un principio, y como yo lo creyeron otras personas
conocedoras de las antigüedades, que el vaso era de vidrio tallado, esto
es, una imitación ,de las varias que hicieron los antiguos de las piedras
duras: Otros conocedores estimaron que era de ágata. No es nuevo,
ciertamente, el caso de que la materia en que esté hecho un objeto de
arte suscite dudas; y comprendiendo yo que quien autorizadamente podía
decidir la cuestión debía ser un naturalista, sometí el vaso al examen
de persona tan competente como lo es el sabio catedrático don Eduardo
Hernández Pacheco, el cual ,emitió sobre el particular el siguiente
informe:
"El vaso de Mérida está tallado en una piedra natural y no
se trata, por tanto, de una pieza de vidrio o de alguna otra pasta
artificial para imitar al ágata.
"El material en, que se ha tallado esta bellísima vasija es
un ágata constituida en su mayor parte por calcedonia claramente
concrecionada. En parte la masa litológica es de color negruzco
anubarrado, color frecuente en la variedad llamada onice, percibiéndose
en algún sitio la disposición zonar característica de las ágatas. En
la masa pétrea traslúcida, de aspecto opalino y clara de la calcedonia,
se señalan inclusiones blancas opacas, del tamaño de una lenteja,
constituidas por agrupaciones cristalinas, radiantes de cuarzo, que en algún
sitio el artífice utilizó para figurar alguna de las rosetas de la
corona de yedra.
"La dureza del ejemplar y su falta de brillo resinoso excluye
la hipótesis de que se trata de un canto de sílice hidratada u ópalo,
no habiendo necesidad de acudir al análisis químico para reconocer la
presencia del agua, ensayo imposible sin deteriorar el ejemplar.
"Este vaso se ha tallado utilizando algún canto de ágata que
constituiría una geoda, cuya cavidad se aprovechó para formar la de la
vasija, destacando previamente los cristales de cuarzo que probablemente
tapizarían el interior de la geoda, y ensanchando después la cavidad por
el procedimiento corriente del esmeril, percibiéndose aún en cierta
parte no pulimentada del interior del vaso los pequeños surcos que
produciría la fresa o ruedecilla del esmeril si éste fue el
procedimiento empleado.
"Al exterior el canto de ágata calcedoniosa tendría una
forma que en su conjunto no se diferenciaría mucho de la actual, forma de
la que el artífice sacó todo el partido posible, utilizando en gran
parte los salientes naturales para esculpir los relieves de la figura; así
la boca está formada por la abertura de la geoda, cuya irregularidad está
aprovechada con la expresión grotesca que se ha dado a la escultura.
"Es en extremo difícil formar opinión respecto a la
procedencia del material empleado para la construcción de esta pieza artística.
El ágata existe en España en muy diversas localidades, si bien con carácter
esporádico, siendo su formación a veces frecuente en las albandas de los
filones de origen hidrotermal, citándose especialmente como localidades
clásicas las regiones volcánicas del Cabo de Gata en la provincia de
Almería. Hargen habla con elogio de los jaspes calcedonia gutular y ágatas
que se empleaban, de esta región, para la labra de piedras finas en el
taller del Buen Retiro, diciendo a propósito de una muestra: "Que
por la finura de su grano y la regularidad y belleza de su dibujo, excede
a todo cuanto se ha visto hasta ahora de jaspe o guijarro de Egipto." "De la numerosísima colección que, en gran parte procedente del taller del Buen Retiro, existe en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, si bien muchos ejemplares son semejantes a la parte clara de aspecto opalino del vaso de Mérida, no hay ninguno que reúna a la vez todos los caracteres litológicos que presenta el ejemplar en que se ha tallado el citado vaso.
"De Egipto, Asia Menor e islas volcánicas del mar Egeo, son
conocidos yacimientos de ágatas, jaspes y otras piedras finas de talla,
que fueron explotadas en la antigüedad clásica.
“A los arqueólogos toca resolver si, teniendo en cuenta la
factura del vaso, puede suponerse se trata de una obra de arte indígena o
importada."
Este docto informe, además de precisar que la materia en que el
vaso está
tallado es ágata, explica que la forma achatada obedece a la de la geoda
aprovechada al efecto e indica la posibilidad de que proceda del Oriente.
Con estos datos, vamos ahora a bosquejar el estudio arqueológico de tan
raro objeto.
Es un vaso de forma ovoide achatada que mide de longitud 0,105 por
la boca y con los asideros u orejas 0,127 en total; 0,091 de alto y 0,047
de anchura (láminas VI. y VII).
Es una copa sin pie, ni más estabilidad que la que le prestara la
mano que la usara, a lo que se prestaba por su forma, y propia tan sólo
para beber por uno de los extremos de la alargada boca.
El hábil tallista mostró su ingenio para adaptar la forma de la
preciosa piedra, al convertirla en copa, a la representación simbólica más
en armonía con el objeto de ella. Es una copa que, como el cantharus, fue
destinada a gustar el néctar dionisíaco, y nada más propio que darle la
forma de una cabeza de Baco, Fauno o Sileno, especie de careta báquica,
cuya enorme boca es la del vaso, sirviendo de asidero las orejas, y
adornada con una corona o guirnalda de hiedra formada por dos ramas que se
cruzan anudadas sobre la frente, resaltando de ellas dos flores y por detrás
sujetas con una cinta, cuyo lazo cae sobre la parte posterior de la
cabeza. Lo achatado de la nariz y lo pronunciado de los arcos
superciliares contribuye, con lo desmesurado de la boca, a la expresión
grotesca y típica del dios.
Por la cara posterior el vaso está ligeramente agrietado y del
borde le falta un pedazo por rotura antigua.
Una de las flores de la guirnalda está superpuesta, siendo la única pieza
añadida, sin duda por completar el adorno.
Esta cabeza báquica con su nariz achatada, su expresión tragicómica,
y la desmesurada boca, como dilatada por el placer o éxtasis que a los
devotos de Baco producía la embriaguez, evoca a un tiempo el recuerdo de
las bacanales y el del teatro que de ellas tomó origen y del que siempre
fue emblema la careta o persona báquica, con la boca dispuesta para
acrecentar el sonido de la voz al entonar el bullicioso himno en honor del
dios.
Tal es el vaso, que como pieza representativa tiene sus similares
en algunos griegos de barro de la familia del rhyton y por la preciosa
materia en que fue tallado es pieza única entre las antigüedades clásicas
encontradas en España y una de las pocas y raras que en su género se
conocen. Son éstas: el cantharus, con escenas báquicas, conocido con el
nombre de copa de los Ptolomeos o de Mitrídates, que se conserva en el
Gabinete de Antigüedades de la Biblioteca Nacional de París; la Taza
Farnesio, con un asunto mitológico egipcio, en el que figura Ptolomeo
Filadelfo, y que posee el Museo de Nápoles; el llamado vaso de San Martín,
de la Abadía de San Mauricio de Agaune, con un asunto homérico y el vaso
de Mantua, existente en Alemania, decorado con escenas báquicas. Los tres
primeros vasos están tallados en sardónice, y el último en ónice, que
una y otra son variantes del ágata. Resulta, por consiguiente, el vaso de
Mérida el quinto ejemplar de este género de objetos preciosos.
Por los colores de su materia, que del blanco lechoso y azulado
pasa al rojo melado, produciendo bellísimo efecto las nubecillas
opalinas, parece ser del género de aquellas ágatas arborizantes en las
que los antiguos creían reconocer figuras, como el ágata con Apolo y las
musas que llevaba en su sortija Pirro, según Plinio. Esta clase de vasos, que como trabajos de glíptica están en la categoría de los grandes camafeos (el de París, el de Viena), debieron ser piezas raras en la antigüedad misma: copas de alto precio, para uso de príncipes y magnates. ¿Quién fuera el poseedor emeritense de nuestro vaso? No nos lo ha revelado el sepulcro de que procede y en el que no ha sido hallada la inscripción funeraria que declararía el nombre del personaje que lo poseyó; no quedando otro testimonio de este Creso desconocido más que el mismo vaso.
En cuanto al origen del mismo, hay que desechar desde luego la
presunción de que haya sido labrado en España, pues aunque en ella se
encuentre el ágata, el arte de la Glíptica no adquirió en ella
desarrollo. Las únicas piedras grabadas que por la uniformidad de su
trabajo, poco estimable por cierto, y por su estilo, que produjo figuras
esquemáticas, se cree, ó se presume, deben proceder de un taller indígena,
son las de Clunia, las cuales son productos modestos, que están muy lejos
del magnífico vaso de Mérida. Es, por tanto, más aceptable la idea de
que se trata de un objeto importado, lo cual es bien verosímil, dado la
importancia comercial de la Colonia Augusto. Emérita, que tenía puerto
en el río Anas, navegable desde su desembocadura en el mar hasta la próspera
y famosa ciudad.
Importado debió ser nuestro vaso que, como sus congéneres, el de
los Ptolomeos y la copa Farnesio, debió ser labrado en Egipto, en
Alejandría, que es lo más creíble, o tal vez en Asia Menor o en alguna
de las islas del mar Egeo, y por artistas formado en la corriente
grecorromana, que tuvo origen en, el arte alejandrino, debiendo datar del
siglo I antes de la Era o el primero de ésta. JOSÉ
RAMÓN MÉLIDA.
FICHA:
Adquisiciones del
Museo Arqueológico Nacional en 1916 : notas descriptivas / José Ramón Mélida. En
: Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. - Madrid : Revista de
Archivos, Bibliotecas y Museos. -Tercera época.. - T. XXXVII (julio-dic.,
1917), p. 8-27 y 145-159. Contiene: Cruz de bronce y
baldosines de barro, con relieves, procedentes de una basílica visigoda
del siglo VII de Burguillos (Badajoz). - Hacha neolítica de Valencia de
Alcántara (Cáceres). - Ídolo ibérico de hueso, figura de bronce, vaso
de ágata (Mérida). -
|
|
|