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La
colección cartográfica del Archivo-Biblioteca de la Excma. Diputación
de Cáceres procede de las adquisiciones efectuadas en subastas y en
librerías de ocasión. Comprende
esta colección mapas extremeños desde el siglo XVI hasta la
actualidad. En estos momentos se está trabajando en la catalogación del
fondo, para la publicación del catálogo cartográfico, con vistas a una
próxima exposición.
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CARTOGRAFÍA: La
cartografía como ciencia es obra de la civilización helénica. Hasta el
descubrimiento de la forma esférica de la Tierra (filósofos pitagóricos)
y la medición del arco del meridiano por Eratóstenes de Cirene (-275 a
-195), toda representación cartográfica no podía ser más que un simple
croquis. A partir de estos descubrimientos pudo establecerse la red de
meridianos y paralelos que permitiría a Tolomeo (100-178) la realización
de un mapa del mundo por él conocido con una casi correcta situación en
latitud y longitud de las tierras representadas. El primer problema
planteado por la representación cartográfica fue la transposición de la
retícula de meridianos y paralelos de la esfera al plano. Tolomeo se
sirvió de la proyección cónica, la más empleada en su época. Los
romanos no se interesaron por la cartografía científica y volvieron a la
representación esquemática. La alta Edad Media representa un gran
retroceso en la ciencia cartográfica: se olvidaron los conocimientos helénicos
y se llegó a un esquematismo simbólico, fruto de una concepción bíblica
del mundo. El desarrollo de la navegación en la baja Edad Media reanimó
la cartografía. Aunque sin el carácter matemático de la cartografía
helénica, las nuevas cartas de navegación dan idea aproximada del mundo
medieval conocido. Destaca la escuela cartográfica de Mallorca, con la
familia Cresques. Los árabes fueron los primeros en adoptar las técnicas
cartográficas de los griegos, y entre los cartógrafos musulmanes
sobresalieron los de al-Andalus. Mediante el empleo del astrolabio, los
musulmanes llegaron incluso a perfeccionar los conocimientos helénicos, y
realizaron los primeros portulanos o cartas náuticas. El descubrimiento
de la brújula (s. XII) aumentó la importancia de los portulanos. No
obstante, la carta náutica no alcanzó una importancia decisiva hasta que
el ansia de descubrimientos geográficos del Renacimiento obligó a la
navegación de altura prescindiendo de puntos de referencia costeros. La
carta plana, con la retícula de meridianos y paralelos equidistantes cortándose
en forma ortogonal, fue la salvación del problema de la navegación
transoceánica. El holandés Mercator o Kremer perfeccionó
definitivamente este tipo de carta mediante la proyección cilíndrica isógona,
que utilizó en su mapamundi en 1569. A partir de este momento decisivo
los conocimientos cartográficos van progresando de forma paulatina
gracias a la mejora de los instrumentos de medición de latitudes y
longitudes y a las expediciones geográficas destinadas a cartografiar las
regiones desconocidas del Globo. Sin embargo, el principal impulso tuvo
lugar en el S. XX gracias a los progresos de la técnica, tales como la
fotografía aérea y, posteriormente, el dominio del espacio.
Diccionario
Salvat
En España, en la segunda mitad del siglo XVIII y
durante el siglo XIX, cabe destacar la obra de Tomás López, cartógrafo
español formado en París, autor del Atlas geográfico de la América
Septentrional (1758) y del Atlas geográfico de España (1810),
y la obra de Francisco Coello, que publicó en el Atlas de España
(1847) los mapas de 34 provincias, de las 49 que entonces tenía España.
En 1870 se creó el Instituto Geográfico, hoy Instituto Geográfico
Nacional, su labor principal fue la edición del Mapa Topográfico de
España.
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