Centenario de Gabriel y Galán 
1905-2005


Archivo y Biblioteca

 
Principal | Cincuentenario | Revista Extremadura | Revista Alcántara | Obra | Enlaces
(Volver)

Mi vaquerillo      
                               

 

   He dormido esta noche en el monte

con el niño que cuida mis vacas.

En el valle tendió para ambos,

el rapaz su raquítica manta

¡y se quiso quitar -¡pobrecillo!-

su blusilla y hacerme almohada!

 

  Una noche solemne de junio,

una noche de junio muy clara...

  Los valles dormían,

  los búhos cantaban,

  sonaba un cencerro;

  rumiaban las vacas...,

y una luna de luz amorosa,

presidiendo la atmósfera diáfana,

inundaba los cielos tranquilos

de dulzuras sedantes y cálidas.

  ¡Qué noches, qué noches!

  ¡Qué horas, qué auras!

¡Para hacerse de acero los cuerpos!

¡Para hacerse de oro las almas!

Pero el niño, ¡qué solo vivía!

  ¡Me daba una lástima

recordar que en los campos desiertos

  tan solo pasaba

  las noches de junio

rutilantes, medrosas, calladas,

y las húmedas noches de octubre,

cuando el aire menea las ramas,

y las noches del turbio febrero,

  tan negras, tan bravas,

  con lobos y cárabos,

  con vientos y aguas!...

¡Recordar que dormido pudieran

  pisarlo las vacas,

  morderle en los labios

  horrendas tarántulas,

  matarlo los lobos,

  comerlo las águilas!...

¡  Vaquerito mío!

¡Cuán amargo era el pan que te daba!

 

Yo tenía un hijito pequeño

  -¡hijo de mi alma,

que jamás te dejé si tu madre

sobre ti no tendía sus alas!-

  y si un hombre duro

le vendiera las cosas tan caras...

 

  Pero ¡qué van a hablar mis amores,

si el niñito que cuida mis vacas

  también tiene padres

  con tiernas entrañas?

 

  He pasado con él esta noche,

y en las horas de más honda calma

  me habló la conciencia

  muy duras palabras...

y le dije que sí, que era horrible...,

que llorándolo el alma ya estaba.

  El niño dormía

cara al cielo con plácida calma;

  la luz de la luna

puro beso de madre le daba,

  y el beso del padre

se lo puso mi boca en su cara.

 

  Y le dije con voz de cariño

cuando vi clarear la mañana:

  -¡Despierta, mi mozo,

  que ya viene el alba

y hay que hacer una lumbre muy grande

y un almuerzo muy rico!... ¡Levanta!

  Tú te quedas luego

  guardando las vacas,

y a la noche te vas y las dejas...

¡San Antonio bendito las guarda!...

Y a tu madre a la noche le dices

  que vaya a mi casa,

  porque ya eres grande

y te quiero aumentar la soldada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 


(c) Archivo-Biblioteca. Diputación Provincial de Cáceres.