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FORNER y SEGARRA, Juan Pablo.- (Mérida, BA, 1756 - Madrid 1797). La
figura de Forner, el polemista más célebre de las letras
castellanas, continúa hoy provocando críticas enfrentadas entre los
estudiosos. La parcialidad de los juicios sobre el escritor emeritense
radica tanto en el carácter intrínseco de sus propios trabajos, como
en el conocimiento incompleto que se suele tener de los mismos
(bastantes todavía inéditos). Por diversas circunstancias, entre las
que deben referirse las presiones de sus poderosos enemigos, con los
hermanos Iriarte a la cabeza, Forner no pudo sacar a luz pública todo
lo que tenía compuesto. Claro que él nunca se atuvo al precepto
recibido de la autoridad administrativa, que, con ocasión de una polémica
primeriza, le manda abstenerse "de satirizar ni a persona
particular ni a ningún Cuerpo, con apercibimiento de que, en caso de
contravención, se le imponga una pena personal; que no publique obras
con nombres fingidos, ni anagramas...".
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Nunca estuvo por esa
labor el buen Paulo Ipnocausto (seudónimo de Forner), que jamás rehúye
una diatriba, si no es él mismo quien la provoca. Pero es que, según
sus personales y firmísimas convicciones, sustentadas en un recio carácter,
había tanto para criticar en la España que le tocó sufrir...
Forner atacó a los pensadores ilustrados, cuya lectura frecuentaba
con asiduidad, llamando "loco" a Helvetius y "maníaco"
a Rousseau; se reía de los afanes renovadores de Feijoo; vituperaba
sarcásticamente a Locke y Voltaire; le resultaban insufribles, por
papanatas, los "afrancesados"; sostuvo explícitamente que
"el peor escritor de los siglos XVI Y XVII valía más que el
mejor del XVIII"; le gustaba presentarse como el defensor de las
patrias esencias españolas, frente a tantos enamoradizos de las modas
extranjeras, que copiaban servilmente. Estos son datos innegables, y
en ellos se fundamentó cierta crítica, con Menéndez y Pelayo a la
cabeza, para erigir a Forner como uno de los máximos sustentadores de
la mentalidad conservadora. Tras las ediciones contemporáneas de la
obra forneriana, así como los estudios realizados por M. Jiménez
Salas, P. Sáinz Rodríguez, J. López Prudencio, J.H.R. Polt y otros,
aparece el Forner inconformista y renovador, entusiasta de Vives y de
una educación integral, crítico implacable de los métodos "arábigo-escolásticos",
flagelador de la que él estima inútil e ignorante nobleza
castellana, defensor en arte de la preceptiva neoclásica, admirador
del espíritu auténticamente liberal, tolerante y democrático
perceptible en las viejas instituciones hispanas, fervoroso de las
ciencias útiles y de la restauración filosófica, enemigo de la
metafísica como saber superfluo y hombre, en fin, que en sus Nuevas
consideraciones sobre la perplejidad de la tortura no duda en
anatematizarla por inmoral, inhumana e ineficaz. Como bien intuye López
Prudencio, "su neto españolismo, su enemiga franca al
enciclopedismo francés y a todos los exotismos, no están en
contradicción con su amplitud de criterio, enteramente, bizarramente
enemigo de las cerrazones espirituales de los mojigatos y tartufos de
entonces, que tan equivocadamente se han tomado como característica
del espíritu español".
"La noble Extremadura / me dio en su suelo patria", recordará
en versos el Forner universitario. Había nacido en Mérida, aunque de
familia valenciana. Su padre, Agustín Francisco Forner, era un médico
humanista, ligado a la Escuela de Guadalupe, hombre con grandes
intereses culturales, según demuestra en las obras que compuso, como
las Disertaciones de las virtudes medicinales de la Fuente del
Loro...en las sierras de Guadalupe, o Las Antigüedades de Mérida
(obra ésta editada el año 1780 y de la que se conserva un manuscrito
en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz).
El joven Forner estudia junto a su tío, mentor ideológico y
protector permanente, el gran médico Andrés Piquer. Era éste, según
Vicens Vives, "un genio enciclopédico. Partidario de la renovación
de los estudios médicos, de la depuración del genuino Aristóteles
viciado por los comentaristas, familiarizado con los clásicos y los
Santos Padres, autor, entre otras muchas obras, de la Física moderna,
racional y experimental (Valencia, 1794) en la que por primera vez
aparece en España la Física como ciencia independiente, desligada de
la Filosofía...". Forner, que gustaba presentarse como Profesor
de Jurisprudencia de la Universidad de Salamanca, nunca tuvo tal
cargo. Ni siquiera ha podido demostrarse documentalmente que alcanzara
a obtener grado académico alguno, aunque fue admitido, no sin ciertos
problemas, en el Colegio de Abogados de Madrid (1782), dedicándose al
ejercicio profesional de las Leyes hasta el prematuro fallecimiento.
Al morir (1797), estaba a punto de tomar posesión de la Presidencia
de la Academia de Derecho, gracias al mecenazgo de Manuel Godoy.
Pero su auténtica vocación es la literatura, de la que cultiva
preferentemente el ensayo, sin excluir otros géneros. En 1783 tenía
preparada la edición, fracasada al fin, de Los gramáticos,
historia chinesca. Para los ilustrados del siglo XVIII, China
aparece como una sociedad modélica, mejor organizada que Europa, con
un sistema económico ideal, tolerancia política y religiosa, culto
secularizado de la virtud y espíritu industrioso. Son valores
defendidos por Forner en esta obra, que Polt, su editor contemporáneo,
califica de novela o cuento exótico, escrito expresamente contra
Iriarte.
Mejor fortuna le cupo a la Oración apologética por la España y
su mérito literario, que lo hace famoso y le atrae la amistosa
protección del Conde de Floridablanca, a quien había dedicado unos Discursos
filosóficos. Forner refuta razonadamente, como antes lo hiciera
el italiano Denina, la tremenda acusación de Masson de Morvillier,
que apostrofaba: "¿Qué debemos a España? ¿Qué ha hecho por
Europa desde hace dos, cuatro, diez siglos?" Forner se lo
recuerda, trayendo a la memoria nuestras personalidades artísticas y
científicas. Constituye este trabajo el primer gran hito de la
posterior y secular polémica sobre si ha habido o no una ciencia y
filosofía españolas.
Defensa radical de los valores patrios son sus Exequias de la
lengua castellana, obra compuesta, a decir de Sáinz Rodríguez,
"en una prosa acerada y contundente, con un léxico del Siglo de
Oro y con una abundancia de giros que hacen de Forner uno de los
prosistas de más valía de nuestro siglo XVIII". Es la obra
maestra de su autor, que la tenía ya compuesta en 1788, aunque no la
publicase hasta siete años después. Aboga allí por la pureza del
idioma, anegado entre galicismos sin cuento, mostrándose como un
agudo filósofo del lenguaje, con esta tesis fundamental: quien
renuncia a su propia lengua, termina siendo ideológicamente
colonizado. Así lo anunciaba ya en su juvenil Sátira
contra los abusos introducidos en la poesía castellana
(1783), que Lázaro
Carreter no duda en calificar como "uno de los más interesantes
capítulos de la estética española ilustrada".
El espíritu ilustrado de Fomer aparece nítidamente en sus Discursos
filosóficos sobre el hombre (1787) y, sobre todo, en dos trabajos
que se imprimirán mucho después de morir el autor: Reflexiones
sobre el modo de escribir la Historia de España (1816) y Discurso
sobre el modo de escribir y mejorar la Historia de España (1973).
Las poesías de Forner fueron incluidas por L.A. Cueto en la Historia
crítica de la poesía castellana en el siglo XVIII (Madrid, BAE,
1870,t.LXIII, vol.XII). La Biblioteca Nacional de Madrid guarda siete
volúmenes con los manuscritos que conforman las Obras Completas de
Forner. Aparte las ya mencionadas, vieron también la luz El asno
erudito (1782), Reflexiones sobre la "Lección crítica"
que ha publicado don Vicente García de la Huerta (1786), Conversaciones
familiares entre el Censor, el Apologista Universal y un Doctor en
Leyes... (1787), Demostraciones palmarias de que" El
Censor", su Corresponsal, "El Apologista Universal" y los demás
papelejos de esta jaez no sirven de nada al Estado, ni a la
Literatura, ni a España (1787), Discurso antisofístico
extractado del Hombre de Forner, traducido al cuáquero (1787), Pasatiempo
de don Juan Pablo Forner en respuesta a las objeciones que se han
hecho a su Oración Apologética (1787), Ante sofisma, o sea
desenredo de los sofismas, con que se ha pretendido oscurecer algunas
doctrinas de la Oración Apologética... (1787), Defensa de
D.Fernando Pérez, autor de "La Carta de Paracuellos"
(1790), Carta de Bartolo, el sobrino de Don Fernando Pérez...
(1790), Amor a la Patria. Discurso (1794), La Corneja sin
plumas... (1795), Preservativo contra el atheismo (1795), La
escuela de la amistad o el filósofo enamorado (1796), La Paz.
Canto heroico... (1796), Respuesta del cura de Mairenilla la
Taconesa a la carta de Juan Perote, Sacristán de Armencilla...
(1796). Como se deduce de los simples títulos, el genio satírico y
polemizante de Forner apenas tiene parangón más que con el otro gran
extremeño, Bartolomé José Gallardo.
Biblio.: JIMÉNEZ SALAS, M.: Vida y Obras de D.Juan Pablo Forner y
Segarra,Madrid, CSIC, 1944. ALVAREZ GOMEZ, J.: Juan Pablo Forner
(17561797), preceptista y filósofo de la Historia, Madrid, Editora
Nacional, 1971. POLT, J.H.R.: Introducción a Los gramáticas, Madrid,
Castalia, 1970. DIAZ, G.: Hombres y Documentos de la Filosofía Española,
UII (Madrid, CSIC, 1988). PECELLIN LANCHARRO, M.: Literatura en
Extremadura, t.I (Badajoz, Universitas Editorial, 1980) .
Manuel
Pecellín Lancharro
Gran
enciclopedia extremeña.
Mérida, Ediciones Extremeñas,
1989, v.5 , p. 17-19
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