At the violet hour…
(T. S. Eliot)
Segregará la tarde
su lenta escarcha dura
sobre el fulgor macabro de la hierba y las hojas
que el otoño fermenta con sus rayos oblicuos.
Con su opaca costumbre de sombras y fogatas
destilarán en las fuentes el zumo del helecho,
el veneno del cuarzo por la floresta negra.
Ahí su efusión sesgada con ángeles y teas
sobre el ala de cuervo del horizonte bajo
de donde son las luces rojas de los fanales
pálidos de los trenes.
Como una ponzoñosa neblina amarillenta,
con olores mojados y cortezas con lepra,
subirá de las turbias raíces de los robles
la llamada secreta del musmo y de la ortiga
que alimentan la oscura procesión de sus jugos
cuando estalla la espora por las hojas podridas
en el talco del cráneo o la boca del buey.
Donde el cepo su herrumbre, en los ojos del lobo,
allí las nervaduras reclaman su sutento:
lo que desprecia el buitre y pule la intemperie.
II
El tiempo y la campana han enterrado al día
(T. S. Eliot)
Ay del que entonces vele o camine cansado
bajo el frío. Ay del solo
al que el recuerdo empape con un temblor de hogueras
nubladas por la lágrima extensa del viajero
que se ha sentado, póstumo, al borde del camino,
a contemplar el cerco de las luces sin fondo
y a escuchar las gabarras que arrastran sus cadenas,
como una pesadilla, por los mares sin luna.
III
Están presente y pasado presentes tal vez en el futuro
(T. S. Eliot)
Fluvial baja la rama
hacia un futuro áspero de turbios remolinos.
Se equivocó el efesio. El mar nos la devuelve
igual que nos devuelve el futuro al pasado
por el camino estrecho de la infelicidad.
Sólo al que azota el viento largo de la tristeza
le sirven los recuerdos. El feliz da al presente
sus ofrendas de frutos y flores y semanas.
Por la cíclica noria y el agua circular
van pasado y presente sobre sus cangilones
con el mismo quejido sobre el agua perdida.
IV
Los que bailaban yacen bajo el cerro
(T. S. Eliot)
Feliz de la serpiente que arrastra su ondulante
anatomía viscosa por la tierra nocturna.
Mineral se acompasa su cansancio reptil
al compás de rutina del reloj de los astros
y al ciclo subterráneo del hongo y el gusano.
Mientras cuenta las largas sílabas del silencio
su helado corazón de pedernal y luna
ejerce una costumbre de muerte transitoria,
igual que la corteza y las cuencas vacías
su lento similacro blanco bajo la nieve.