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Cáceres en el verano de 1936. Raúl Aguado Benítez.

 1. INTRODUCCIÓN
El presente trabajo aborda el estudio tanto de la sublevación militar en Cáceres como de la resistencia antifranquista que se produjo en la apital cacereña desde el mismo día 19 de julio de 1936 hasta bien entrado el mes de agosto del mismo año.
Por otra parte, queremos hacer constar la dificultad con la que nos hemos encontrado a la hora de desarrollar la parte correspondiente a la resistencia antifranquista, debido a la imposibilidad de consultar los fondos existentes en el Gobierno Civil, ya que a duras penas existe documentación en el Tribunal de Orden Público para la capital cacereña, y a que el resto de fuentes silencian deliberadamente todo aquello que estaba produciéndose
al respecto. Por tanto, nos hemos visto obligados a emplear profusamente la bibliografía existente con el fin de reconstruir someramente los hechos que se produjeron.
Con todo, creemos que las fuentes disponibles no permitían realizar otro trabajo. Los condicionantes a que nos hemos visto limitados han cercenado, no todo, pero sí en parte las cuestiones relacionadas con la resistencia y ,en cierta medida el hecho de la sublevación. No obstante, con total sinceridad y humildad no ha podido hacerse otra cosa ni obtenerse datos de un mayor interés que los que a continuación se ofrecen, que son fruto de un vaciado sistemático de las fuentes disponibles como el B.O.P., Actas de Sesiones Municipales, Tribunal de Orden Público, la «Gaceta de Madrid, DIARIO OFICIAL DE LA REPÚBLICA» y el «BOLETÍN OFICIAL DE LA JUNTA DE DEFENSA NACIONAL DE ESPAÑA».
Por último, debe hacerse notar el empleo de los términos «subleva-dos» para el caso de los mal llamados «nacionales» ya que consideramos que ambos bandos eran «nacionales», es decir, luchaban por el mismo país. El otro término es el de «gubernamentales», debido a que no todos los que permanecieron al lado del gobierno republicano eran «rojos» como se pone de manifiesto en el caso del PNV.
 
2. MARCO GENERAL Y ANTECEDENTES
En los antecedentes de la sublevación se sitúan las elecciones celebradas en febrero de 1936 en las que el Frente Popular obtuvo 278 escaños frente a los 134 del Bloque Nacional y 55 de los partidos de centro (1) entre los que se encontraba el PNV era el resultado de unos comicios en que la derecha obtuvo el 33’2% de los votos, el centro el 5’4% y las izquierdas el 34’3% (2 ).
En tierras cacereñas los diputados a cortes elegidos en aquellas mismas elecciones consiguieron los siguientes resultados (3) :
  

Candidatos
Partidos
Votos
José Giral Pereira
IR
98.516
Fulgencio Díaz Pastor
UR
97.282
Luis Martínez Carvajal
IR
97.275
Faustino Valentín Torrejón
UR
96.692
Luis Romero Solano
PSOE
96.418
Rafael Bermudo Ardura
PSOE
96.314
Higierio Granado Baldivia
PSOE
96.273
Teodoro Pascual Cordero
RI
95.662
Víctor Berjano Gómez
CEDA
95.440
 
 
1 J. Benet, Qué fue la Guerra Civil. Barcelona, La Galla Ciencia, 1976, pág. 15.
2 J. Tusell, «La crisis de los años treinta», en Manual de Historia de España. Vol.VI. Siglo XX. Madrid, Historia 16, 1954 págs. 399-400.
3 J. Chaves Palacios, Violencia Política y Conflictividad Social en Extremadura. Cáceres en 1936. Coedición Diputación Provincial de Badajoz - Diputación Provincial de Cáceres. 2000, pág. 26.

Con estos resultados puede apreciarse que la votación de Cáceres se sitúa en un plano de igualdad con el resto del territorio nacional, donde los escrutinios fueron ciertamente igualados. Estos resultados, junto a las denuncias del amaño electoral contribuyeron a enrarecer el ambiente político, tanto cacereño como del resto del territorio nacional, sobre todo debido a que esto parece ser que nunca quedó claro pues en muchas pro-vincias, fruto de ello y por lo igualado del resultado electoral, tuvo que celebrarse una segunda vuelta electoral no exenta de polémicas.
Junto a lo anterior debe hacerse referencia tanto a las conspiraciones de Falange tras las elecciones, como a otras de naturaleza monárquica que ya venían de antiguo y, además con las constantes provocaciones de falangistas y derechistas, en la mayoría de las ocasiones en la provincia cacereña para con los dirigentes locales, militantes y simpatizantes de partidos y grupos encuadrados o afines al Frente Popular (4) .
Deben tenerse, así mismo, en consideración las maquinaciones sediciosas realizadas por falangistas y monárquicos, junto a las invasiones de tierras que se produjeron tras las elecciones de febrero, como otro de los antecedentes de la Guerra Civil.
En último lugar, una incidencia importante tuvo el asesinato del Guardia de Asalto José Castillo, de tendencia izquierdista, que fue respondido al día siguiente con el asesinato de Calvo Sotelo, lo que terminó por incendiar el ya caldeado solar nacional el día 18 de julio. Pero, a decir verdad, en nuestra opinión la sublevación militar hubiese terminado produciéndose, con independencia de que Calvo Sotelo hubiese sido asesinado o no, debido a los contactos previos que se mantuvieron entre militares y las fuerzas reaccionarias del país, aunque sí parece que terminó inclinando a algunos generales indecisos, como puede ser el caso del general Franco.
Lo cierto es que, las denuncias del posible apaño electoral junto a este asesinato constituyeron uno de los principales pretextos autolegitimadores de los militares golpistas para sublevarse contra el gobierno republicano constituido a través del deseo electoral del conjunto de la población nacional.
El alzamiento militar propiamente dicho se inició el 17 de julio en las guarniciones africanas, triunfando al día siguiente en plazas peninsulares como Sevilla, Galicia, León, Navarra, Mallorca, Canarias y la parte occidental de Aragón.

(4) J. Chaves Palacios, op. cit.

El día 18 Casares Quiroga fue sustituido por Martínez Barrios, quien a su vez fue también sustituido por José Giral, tal como puede apreciarse en el siguiente texto:

«[...] En uso de las atribuciones que me confiere el artículo 75 de la Constitución, Vengo en admitir a D. Santiago Casares Quiroga la dimisión de los cargos de Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra. Dado en Madrid a diecinueve de Julio de mil novecientos treinta y
seis (5) ».

A renglón seguido se afirma:

«En uso de las atribuciones que me confiere el artículo 75 de la Constitución, Vengo en nombrar Presidente del Consejo de Ministros a D. Diego Martínez Barrio. Dado en Madrid a diecinueve de Julio de mil novecientos treinta y seis (6) ».

Y poco después:

«[...] En uso de las atribuciones que me confiere el artículo 75 de la Constitución, Vengo en admitir a D. Diego Martínez Barrio la dimisión del cargo de Presidente del Consejo de Ministros. Dado en Madrid a diecinueve de Julio de mil novecientos treinta y seis.
[...] En uso de las atribuciones que me confiere el artículo 75 de la Constitución, Vengo en nombrar Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Marina a D. José Giral Pereira. Dado en Madrid a diecinueve de Julio de mil novecientos treinta y seis (7) ».
Lo que en principio estaba preparado como un simple golpe militar terminó resultando el inicio de una cruenta Guerra Civil que duró casi tres años por el fracaso del golpe militar en unas zonas y su éxito en otras, apoyado por otros organismos implicados como Falange, Requetés y CEDA, junto a la institución semimilitar y semipolicial por excelencia que era la Guardia Civil.


(5) Archivo Histórico Provicial (AHP, en adelante), Gaceta de Madrid del 19 de julio de 1936. Diario Oficial de la República, pág. 722.
(6) AHP, Gaceta de Madrid, del 19 de julio de 1936. Diario Oficial de la República, pág. 722.
(7) AHP, Gaceta de Madrid, del 20 de julio de 1936. Diario Oficial de la República, pág. 739.

Por otra parte, en Extremadura sucedió algo semejante al resto del territorio nacional, quedando de forma casi inmediata el conjunto de la provincia de Cáceres en manos de los sublevados, mientras la provincia de Badajoz permanecía en el territorio controlado por el gobierno republicano. Sin embargo, en el mes de agosto caería la parte occidental de la provincia en manos de los militares sublevados, quedando pronto configurado el frente en la zona de la Serena y parte Norte de la Campiña Sur, que terminaría cediendo entre septiembre y octubre en su casi totalidad.

3. CONSPIRACIÓN Y SUBLEVACIÓN MILITAR
La conspiración previa a la sublevación militar fue desarrollada en Cáceres principalmente por el Comandante Joaquín González Martín y los Capitanes Alfonso Pérez Viñeta y Francisco Visedo Moreno, quienes estaban en permanente contacto con las autoridades de Valladolid, cabecera de la VII división a la que pertenecía Cáceres.
Estos individuos comenzaron a preparar el alzamiento en Cáceres tras la visita realizada en mayo a la guarnición cacereña de Capitán vallisoletano Eloy de la Pisa Bedoya (1), en virtud de la cual formaron una Junta Militar que fue irremediablemente secundada por el Comandante Linos Lage y los Capitanes Luciano López Hidalgo y Carlos Argüelles Tejedor. También la Falange, como era de esperar, dio su apoyo incondicional a la mencionada Junta Militar.
Por otra parte, en el ámbito de la Guardia Civil (2) , puede asegurarse que los contactos con los militares sediciosos fueron el Comandante Fernando Vázquez Ramos y el Capitán Luis Marzal Albarrán, mientras que el jefe de la comandancia, el Teniente-Coronel Ángel Hernández Martín, fue deliberadamente dejado de lado por la conspiración debido a su conocido republicanismo, al igual que el Coronel del Regimiento Argel, Coronel Álvarez Díaz, quien fue informado de la sublevación de la capital cacereña sólo en el último momento.

(1) J. Chaves Palacios, op. cit., pág. 115.
(2) J. Chaves Palacios, op. cit., pág. 116.

El contacto definitivo entre la Falange y el ejército sería Manuel Villarroel Dato, debido al encarcelamiento, el día 13 de julio, del jefe provincial de Falange José Luna Meléndez.
La jornada del 18 fue un día de especial agitación por las entrevistas mantenidas entre el Gobernador Civil Miguel Canales y los militares, encabezados éstos por el Coronel Manuel Álvarez Díaz, quien aún no sabía nada, y el Capitán Visedo, uno de los militares sediciosos. El propio Gobernador Civil se negó a entregar armas al pueblo, un hecho que de haberse producido hubiese impedido, en nuestra opinión, que los sediciosos cacereños lograran apoderarse con rapidez de la ciudad al igual que había sucedido en otras localidades españolas. Bien es verdad que el Gobernador Civil no hacía sino cumplir órdenes del Gobierno Central cuando se negó a entregar armas al pueblo. Otra cuestión que fomentaba la inquietud era la falta de noticias sobre lo que estaba sucediendo.
El día 19 de julio se produjeron dos actos importantes en la capital cacereña. Se trataban del referéndum sobre el abastecimiento de agua y la I Conferencia Provincial del Partido Comunista, en la que se encontraban el diputado comunista por Badajoz Martínez Cartón, un invitado del PSOE, como era Higinio Felipe Granado, y los cacereños Máximo Calvo y Antonio Villarroel (4).
Mientras, los oficiales del ejército ya estaban preparados para entrar en acción y sólo esperaban la confirmación del general Saliquet desde Valladolid. Finalmente Álvarez Díaz, viendo cuál era la situación, apoyó la sublevación, hecho éste que fue seguido de la formación de la Compañía a cuya cabeza se encontraba el comandante Linos Lage que llegó primero a la Plaza Mayor, donde leyó el Bando de Guerra y tomó el ayuntamiento para, posteriormente, dirigirse a la Plaza de Santa María a fin de ocupar el Gobierno Civil y la Diputación Provincial. Cáceres estaba ocupada ya por los militares.
A su vez, los falangistas habían sido convenientemente armados y en el cuerpo de la Guardia Civil el Teniente-Coronel Ángel Hernández fue relevado de su mando, situándose en su lugar el Comandante Fernando Vázquez (5) .

(3) J. Chaves Palacios, op. cit., pág. 120.
(4) J. Chaves Palacios, op. cit., págs. 131-132.
(5) J. Chaves Palacios, op. cit., págs. 133-137.

El Bando de Guerra (6) más arriba mencionado, y que fue leído antes de la ocupación de las instituciones señaladas fue el siguiente:

«Yo Don Andrés Saliquet Zumeta, General Jefe de la VII División Orgánica.
Hago saber:
1º) Queda declarado el Estado de Guerra en todo el territorio de la División.
2º) Quedan prohibidas las huelgas que puedan declararse, sometiéndose a sus directivos a juicios sumarísimos.
3º) Todas las armas cortas y largas que obran en poder de los individuos, serán entregadas en un plazo de cuatro horas, en los cuarteles de la Guardia Civil, sometiéndose a juicio sumarísimo a todo el que contraviniere este Bando.
4º) Serán sometidos igualmente todas aquellas personas que traten de alterar o perturbar el orden; los que atenten contra la vida de las personas, contra los medios de comunicación, conducción del agua, electricidad, etc.
5º) Queda prohibido transitar por las calles sin autorización en número mayor de tres, los grupos que se formen serán disueltos por la fuerza.
6º) Se prohibe el tránsito por la población después de las nueve de la noche, a toda persona o vehículo sin que lleve autorización del Comandante Militar.
Cáceres a las once horas del día 19 de julio de 1936.
— El general de la División Saliquet. P.O., el Comandante Militar Álvarez Díaz.»

Con este Bando, además de decretarse el Estado de Guerra en toda la provincia, se intentaba abortar cualquier tipo de resistencia que pudiera suscitarse en la ciudad, con la entrega forzosa de armas a la Guardia Civil, la prohibición de las reuniones, el tránsito nocturno sin autorización militar, prohibiéndose además cualquier tipo de huelga y acto contrario a los intereses de los sublevados.
Además, el mismo día 23 de julio se publicó un Bando del Comandante Militar (7) donde se recordaba en primer lugar que serían reprimidos por la fuerza todos los actos contra aquello que se encontrase controlado por los sublevados.

(6) Archivo de la Diputación Provincial de Cáceres (ADP, en adelante), Boletín Oficial de la Provincia (BOP, en adelante), 23 julio 1936. pág.1.
(7) ADP, BOP, 23 julio 1936. pág. 1.

En segundo término que no debían celebrarse reuniones ni mítines sin permiso y que, en caso contrario, sus convocantes serían puestos a la disposición judicial correspondiente.
Finalmente se decretaba que toda publicación que no pasara la censura sería multada y, si reincidiese sería suspendida; se sometían los vehículos a la autoridad militar; se establecía un juicio sumarísimo para los actos de sabotaje en las comunicaciones y, al mismo tiempo, se ordenaba la libertad de los presos falangistas y la condonación de las multas que estos pudieran tener (8) .
Por otra parte, una vez tomada la ciudad, la primera actuación de los sublevados fue la de ocupar militarmente sus puntos neurálgicos y tomar posesión de los cargos institucionales.
En el caso del Ayuntamiento, el alcalde perteneciente al Frente Popular, Antonio Canales, fue sustituido por un hombre perteneciente a la CEDA como era Manuel Plasencia:

«Siendo las 11 horas y 45 minutos del día veintiuno de julio de 1936, se personó en este ayuntamiento, despacho del Sr. Alcalde el Teniente de Seguridad D. Pedro Sánchez y Sánchez y D. Manuel Plasencia Fernández, manifestando el Sr. Teniente de Seguridad que había recibido orden verbal del Gobernador Civil interino D. Fernando Vázquez, Comandante de la Guardia Civil, con destino en esta capital de requerir al Sr. Alcalde D. Antonio Canales González, para que hiciera entrega de la Alcaldía-Presidencia del Ayuntamiento al mencionado D. Manuel Plasencia Fernández, [...]. El Sr. Alcalde D. Antonio Canales, presente en el acto, manifiesta que como alcalde elegido en elección popular ha venido desempeñando el cargo, y que hoy, atendiendo la orden que por el Sr. Gobernador Civil se le comunica, aún contra su voluntad, pero obligado por la fuerza, hace entrega de la alcaldía al Sr. Plasencia Fernández [...]. Acto seguido el Alcalde Sr. Canales González entrega al Sr. Plasencia Fernández el bastón de autoridad que dicho señor acepta»(9) .

En el acto de posesión de la alcaldía Manuel Plasencia Fernández vertió una serie de elogios para con el alcalde saliente, lo cual constituye en nuestra opinión o un simple acto de mero formulismo o bien un cruel ejercicio de cinismo, ya que Antonio Canales fue detenido al mes siguiente y fusilado en las Navidades de 1937.

(8) ADP, BOP, 23 julio 1936, págs. 1-2.
(9) Archivo Municipal de Cáceres (AMC, en adelante), Actas de sesiones municipales. 24 de julio de 1936.

Después el Gobernador Civil Fernando Vázquez, quien había sustituido en el cargo a Miguel Canales, ordenaba al alcalde Plasencia Fernández que cesara a los concejales existentes en el ayuntamiento y nombrara a alguno para formar una reducida comisión gestora que quedará del siguiente modo (10):
Alcalde: Manuel Plasencia Fernández; y como Concejales: Fernando Vega Bermejo, Eleuterio Sánchez Manzano, Marcos Mariño Báez y Gabino Muriel Espadero.
Otro relevo fue el que se produjo al frente de la jefatura de la policía municipal, donde se nombraba «Inspector de la Policía Municipal (11) » a D. Félix Flores González, cesando en su cargo D. Evaristo Acedo Alcántara.
En lo que respecta a la Diputación Provincial, estaba conformada antes de la sublevación del siguiente modo (12) :
Presidente: Ramón González Cid; como Vocales: Antonio Fernández Serrano, Santiago Sánchez Mora, Francisco Gundín Hurtado, Rafael Bravo, Ángel Bravo Pérez y Antonio Pedro Barquilla; y fueron sustituidos por (13) : Presidente: Carlos Montemayor Krauell, y como Vocales: Juan Zancada del Río, Narciso Maderal Vaquero, Antolín Fernández Guillén, Gustavo Hurtado Muro, Francisco Martínez Cabezas, Dionisio Acedo Iglesias y Luis Nuño Beato.
Otra institución depurada fue la Audiencia Territorial de Cáceres donde Ángel Ávila (14) fue cesado y sustituido en su cargo por Luis Rodríguez Celestino (15) y que se recoge en el siguiente texto:
«[...] Ante la inexplicable actitud adoptada por D. Ángel Ávila frente al glorioso movimiento redentor de España, como presidente de la Junta de Defensa Nacional, y de acuerdo con ésta, Vengo en disponer que el nombrado señor cese en el cargo de Presidente de la Audiencia Territorial de Cáceres y quede suspenso de empleo y sueldo. Dado en Burgos a catorce de Agosto de mil novecientos treinta y seis. MIGUEL CABANELLAS (16) ».

(10) AMC, Actas de sesiones municipales. 5 de agosto de 1936.
(11) AMC, Acta de sesiones municipales. 31 de julio de 1936.
(12) J. Chaves Palacios, La Represión en la Provincia de Cáceres durante la Guerra
Civil (1936-1939), Cáceres, Universidad de Extremadura, 1997, pág. 67.
(13) ADP, Libro de actas de la Diputación. Años 1934-1940, págs. 59-62.
(14) ADP, BOP, 18 de agosto de 1936, pág. 1.
(15) J. Chaves Palacios,: La Represión..., pág. 51.
(16) AHP. BO de la JUNTA de DEFENSA NACIONAL. 14 de agosto de 1936.

Por último, el puesto de Gobernador Civil fue ocupado por el Comandante de la Guardia Civil Fernando Vázquez Ramos en calidad de interino.
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Excma. Diputación Provincial de Cáceres.

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