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HONDURA
Hondura de la tierra en esta luz que ensancha la última mirada de la tarde. Hondura en el precipicio de aguas estancadas al lado del sendero. Entre calveros secos y polvorientas laderas mana el pozo un barro oscuro. (dolor de los ahogados, sumisión a lo profundo) Bajo el arco azul de un cielo ya caído vuelven por el camino muchachas amarillas. Los encinares en su sombra de plata incendian la roca y la guarida. Hondura también en ti muchacha clara. Eres la tierra parda que me acoge.
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SE OCULTA
Se oculta el sol entre tus pechos. La tarde adolece de un abandono transparente. La rama del ciprés el canto del cuclillo abren un precipicio de nostalgia. Reposas. Un halo de azar y soledad rompe el horizonte. Así, rendida dueles como un bloque cercenado. El paisaje de tu cuerpo dormido es inmenso como una muerte temprana.
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LA NOCHE SE HA ENREDADO…
La noche se ha enredado. Una sombra baja de los montes, trae aroma de espliego y jara confundidos. Olor de días sencillos ganada la leve eternidad del deseo. Es noche cerrada. No inquietan las sombras, tal vez ese mirarnos las manos y no saber dónde están. |
LA LUZ…
La luz. La luz de atardecida de septiembre aliento tuyo que embarga y suspende el tiempo. En tus dominios el lecho de hojas secas es morada, candidez de la tierra, augurio de brisa que limpia las heridas. Plaza abierta, hondo estero, tu cuerpo también de atardecida.
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LA TARDE SE REFLEJA
La tarde se refleja en las aguas dolientes del otoño. Este olor de higueras secas, de campo en sazón anuncia una noche de secretos. Descanso entre tus senos, tiemblan las hojas de los álamos en tu frente. En el hueco de tu cuerpo la sombra esquiva de los montes, los últimos vuelos del crepúsculo. |
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