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MODELOS
CONSTRUCTIVOS DE INTERIOR EN LOS PALACIOS CACEREÑOS
M.ª
LOURDES TEJADO HERRERA
Sobre
los esquemas urbanos de época romana y musulmana surge a finales de la
Edad Media la fisonomía definitiva de Cáceres, retocada posteriormente
por algunas notas renacentistas y barrocas en su arquitectura.
Predominan,
en el núcleo amurallado y en otros palacios extramuros, arquitecturas en
las que se advierte cierta uniformidad o sentido homogéneo aunque
posteriormente, sus fachadas y los interiores serían reformados y a veces
ampliados durante los siglos XVI al XIX.
En
este capítulo trataremos de explicar cuáles fueron los modelos
constructivos de interior que siguieron los moradores de estas mansiones
cacereñas, reflejando en sus estancias el poder económico, social y el
prestigio del que disfrutaban.
En
líneas generales, los palacios siguen esquemas parecidos en el modo de
distribuir las dependencias, es decir, ubican las estancias alrededor de
un patio más o menos centrado en el plano. Sin embargo, cuando estudiamos
el interior de los edificios como unidades independientes, descubrimos que
existen claras diferencias entre los elementos. Para hacer más sencillo
nuestro estudio, establecemos los siguientes apartados:
1.
Zaguanes.
2.
Patios.
3.
Estancias.
4.
Escaleras.
1.
ZAGUANES
Todos
siguen una planta cuadrangular o rectangular, de tendencia más o menos
regular, diferenciándose fundamentalmente en el tamaño; unos, de grandes
dimensiones, como vemos en la Casa Pereros o en el palacio de
Roco-Godoy (f. 1), rectangular alargado, cubierto por bóveda de
arista y sin solado primitivo. Una de las puertas abiertas en esta
estancia conduce directamente al patio. Otros, más reducidos y con
tendencia cuadrada, como apreciamos en el palacio de los Duques de
Valencia o en el palacio de Sancho Sánchez de Ulloa (f. 2),
hoy Escuela de Bellas Artes. Aunque este palacio fue construido en el
siglo XIV, vivió sus primeras reformas en el siglo XV y en el XVI, pero
el vestíbulo de entrada apenas ha cambiado; se trata de una sala
cuadrada, algo irregular, cubierta por una bóveda de ladrillo y con
pavimento antiguo.
Existen
otros edificios con una tipología de vestíbulos más original, como
ocurre en el palacio del Comendador de Alcuéscar, del siglo XIV,
aunque con sucesivas reformas entre los siglos XVI al XVIII, siendo éstas
las más importantes porque dieron la configuración actual al palacio,
rehabilitado en el siglo XX para convertirse en Parador Nacional de
Turismo. El zaguán es un espacio rectangular, con una configuración atípica
y original pues posee unas escaleras de subida hacia el patio, algo
similar a lo que ocurre en el vestíbulo del palacio de los Duques de
Valencia (f. 3), solo que aquí, la escalera se sitúa en un ángulo.
Igualmente, el palacio del Obispo separa el zaguán del patio a
través de unas escaleras pero, esta vez, son de bajada hacia el mismo.
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Otros
zaguanes tienen salida directa al patio sin necesidad de acceder por una
escalinata previa, como es apreciable en el palacio de Carvajal o
en el palacio de los Condes de Adanero, este último, muy amplio y
rectangular, que aún conserva elementos de siglos pasados como el antiguo
artesonado de madera que lo cubre.
Hay
palacios con escaleras en el zaguán que acceden directamente a la planta
principal; dos claros ejemplos de esto son el palacio de los Golfines
de Arriba y el palacio de Durán de la Rocha. Como veremos más
adelante, lo más frecuente es que las escaleras de subida a las
dependencias principales se ubiquen en el patio por ser éste el “corazón”
o espacio central de las casas.
Aunque
anteriormente lo hemos comentado, los vestíbulos de entrada a los
palacios suelen estar cubiertos con bóvedas de ladrillo encaladas, como
ocurre en el palacio de Carvajal, o bien con bóvedas libres de
cal, mostrando el ladrillo sin más ornamento, como en los palacios de
Monroy o en el de las Veletas. Sin embargo, otros
zaguanes se cubren con artesonados de madera como el vestíbulo del palacio
de Sánchez Durán o el del palacio de Adanero –que ya
comentamos–, entre otros.
2.
PATIOS
Los
patios constituyen un elemento fundamental en los palacios durante el
Renacimiento por muchas razones: la primera, porque diferenciaban la
vivienda del noble de la del plebeyo; la segunda, porque otorgaban al
edificio un carácter más abierto e iluminado; el patio permitía
articular las estancias alrededor y, en definitiva, era un espacio semipúblico
que, además aportaba nobleza y prestigio a los edificios.
Los
palacios y casas nobles de los siglos XIV y XV fueron reformados al llegar
el Renacimiento y la nueva mentalidad humanística, creándose los
hermosos patios que hoy vemos y que aportan un toque de distinción,
elegancia y frescura a los edificios. De modo que, no sólo se reformarán
las portadas y los vanos de las fachadas, sino que, con el siglo XVI e
incluso el XVII, también se modificarán los espacios interiores de estas
mansiones y, como elemento fundamental de la casa, el patio centrará toda
la atención de sus moradores.
“Desde
un punto de vista estructural, el aspecto más significativo de la
vivienda del Renacimiento es el patio, que como hemos visto constituye un
espacio semipúblico del palacio en torno al cual se organizan las
habitaciones. Es una nueva concepción del edificio, como morada del
noble, frente a la construcción medieval más cerrada en la que se protegía
de la inseguridad exterior” (1).
Aunque
la profesora Lozano Bartolozzi opina que, “los patios son difíciles
de incluir en tipologías pues no hay una uniformidad sino una variación
en todos ellos” (2),
no obstante, añadimos que suelen estar más o menos centrados en la
planta de los palacios, actuando como núcleo de la vivienda, desde donde
parten las diferentes estancias, las escaleras, los jardines, etc. Esto
ocurre en la mayoría de las arquitecturas nobles pero no siempre es así,
como apreciamos en el patio del palacio de Durán de la Rocha (f.
4), de pequeñas dimensiones, al estar compuesto por una columna que
sostiene un solo pórtico formado por dos arcos escarzanos. El patio de
este edificio no está centrado en la planta sino que se encuentra ubicado
en el fondo de la casa.
(1)
ANDRÉS ORDAX, S. Cáceres Patrimonio de la Humanidad. LUNWERG
EDITORES, S. A. Barcelona, 1987, p. 77.
(2)
LOZANO BARTOLOZZI, M.ª M. El desarrollo urbanístico de Cáceres
(Siglos XVIXIX). Cáceres, 1980, p 205.
La
mayoría de los patios poseen dos plantas, la segunda se desarrolla sobre
los pórticos del piso bajo. En algunos palacios se han preferido cerrar
los arcos del segundo piso, convirtiéndose en ventanas: palacio de
Hernando de Ovando y palacio del Duque de Abrantes; otros han
preferido dejar los arcos abiertos como ocurre en el palacio de Galarza.
En
ocasiones, el segundo piso está abierto por pequeños balconcitos
adintelados, como vemos en el palacio de Camarena, también llamado
de los Carvajal
de la Calle Empedrada.
En
menor medida hay palacios que poseen patios de tres plantas, la última
abierta por pequeños vanos. Esto es más frecuente en edificios que han
sido reformados y se han añadido las ventanas.
Pero
los patios también se distinguen por el número de columnas y pórticos
que presentan, diferenciando los siguientes modelos constructivos:
–
Patios con una sola columna y un lado porticado: junto
al palacio Durán de la Rocha (f. 4) que ya hemos mencionado, hay
otros edificios que englobamos en esta categoría como la Casa Moraga,
esta vez con una columna que cuenta con capitel jónico. El palacio de
Mayoralgo también tiene un pórtico sostenido por un original pilar
achaparrado y capitel decorado con palmetas sobre el que descansan dos
arcos apuntados.
–
Patios con dos lados porticados: son
algo más abundantes que los anteriores; es el modelo que sigue el palacio
de los Duques de Valencia (f. 5), algo irregular y formado por gruesas
columnas de granito y balaustrada renacentista; el palacio de los Solís
o Casa del Sol, muy parecido al anterior, al igual que el patio
del Comendador de Alcuéscar, con la balaustrada ciega. El palacio
de los Golfines de Arriba se diferencia de los anteriores por
presentar pilares de granito soportando los dos pórticos y además, el
piso superior está abierto por balcones.
–
Patios con tres lados porticados: son
de mayor tamaño que los anteriores y sólo dejan un frente liso sin
porticar. Este modelo lo vemos en el palacio de Adanero (f. 6), con
esbeltas columnas graníticas; en el palacio de la Isla, con el único
frente sin porticar que presenta un bello blasón esgrafiado, artísticamente
decorado con el texto: VANITAS VANITATUM ET OMNIA VANITAS, que
puede traducirse como: vanidad de vanidades y todo vanidad. Esta cita es
una de las que lanzan los dueños de la casa contra los nobles que les
rechazaron3 y
contrasta con el interés que tenían de aparentar nobleza e importancia;
además, se trata de un patio con tres plantas. El palacio del Obispo,
con ventanas adinteladas en el segundo piso tiene un pozo adosado al muro
del patio que no presenta pórtico.
–
Patios con cuatro lados porticados: estos
patios son frecuentes en los edificios de grandes dimensiones y donde sus
antiguos dueños se pudieron permitir económicamente levantar estos
palacios. Uno de los más bellos ejemplos es el patio del palacio de
las Veletas (f. 7), construido en el año 1600 por Lorenzo de Ulloa y
Torres, formado por columnas toscanas que soportan arcos de medio punto (4).
El segundo piso está abierto por vanos adintelados realizados con
granito. Algo parecido ocurre en el palacio de Carvajal, aunque éste
es de menor tamaño.

(3)
HURTADO PÉREZ, P. Ayuntamiento y familias cacerenses. Cáceres,
1915, pp. 177 y ss. LODO DE MAYORALGO, J. M. Viejos linajes de Cáceres.
Cáceres, 1971, pp. 39 y ss. RUBIO ROJAS, A. Cáceres, Ciudad Histórico-Artística.
Edit. Guadiloba. Madrid, 1989, pp. 199 y ss. De acuerdo con la bibliografía
específica, a mediados del siglo XVI se instala en Cáceres una familia
acaudalada compuesta por tres hermanos: Juan Blázquez de Cáceres y Solís,
Deán de la Catedral de Plasencia; Miguel Blázquez de Cáceres y Solís,
Tesorero de la Catedral de Coria y Luis Blázquez de Cáceres y Solís,
capitalista. Edificaron fuera del recinto murado su mansión y fundaron un
mayorazgo para Luis Blázquez y sus descendientes, para perpetuar la
elevada posición que habían alcanzado. Sin embargo, no fueron aceptados
por la nobleza de la Villa pese a que alegaban ser de la misma familia de
los Mayoralgo y pedían, por su condición noble estar exentos de pagar
impuestos. Todo este asunto irritaba a los nobles cacereños que llegaron
a cuestionar jurídicamente a los hermanos aunque éstos salieron
favorecidos finalmente. Aunque vencedores, nunca dejaron de mirar con
recelo a la nobleza tradicional cacereña y edificaron su palacio
instalando inscripciones latinas haciendo referencia a los nobles que
nunca les aceptaron.
(4)
ANDRÉS ORDAX, S. Op. cit., p. 80.

Otro
patio es el del palacio de Hernando de Ovando, formado por gruesas
y esbeltas columnas graníticas que sostienen un segundo cuerpo de
ventanales arqueados. Este patio puede considerarse uno de los más
hermosos y grandes del conjunto de edificios que estamos estudiando. Es un
espacio amplio, alargado y de forma rectangular que articula las estancias
a su alrededor, respondiendo así al modelo de patio renacentista del
siglo XVI que sigue el estilo Reyes Católicos. Presenta arcos de medio
punto sobre columnas de fustes cilíndricos con capiteles y basas
molduradas.
El
palacio de la Real Audiencia de Extremadura tiene un bello patio de
cantería que incorpora columnas pareadas en las esquinas que soportan
arcos quebrados. Entre las arquerías se colocan medallones y sobre los pórticos
se desarrolla la balaustrada del segundo piso, totalmente adintelado.
El
patio del palacio Pereros, también de cantería, muestra el afán
de sus moradores por embellecerlos y recordar a aquéllos que lo visitan
quiénes fueron sus propietarios, al colocar los blasones entre los arcos,
en lugares bien visibles.
Hay
otros patios con cuatro lados porticados pero de aspecto más austero como
vemos en el patio del palacio Monroy, donde las delgadas columnas
no son cilíndricas sino octogonales y sostienen un segundo cuerpo con una
extraña balaustrada formada por placas decoradas con flores.
3.
ESTANCIAS
No
debemos olvidar que las diferentes dependencias de los palacios han ido
modificando su traza con el paso de los siglos, readaptándose a las
nuevas necesidades de sus propietarios.
Las
salas se desarrollan habitualmente en torno al patio interior y, desde allí,
siguen una distribución a lo largo de su perímetro, sin una estructura
regular ya que, a veces, las habitaciones se distribuyen de forma laberíntica,
sin orden, sobre todo en los palacios que han vivido sucesivas
ampliaciones como el de Mayoralgo, con una planta muy extensa e
irregular.
La
planta habitual en los palacios suele seguir este esquema: en primer
lugar, el zaguán o vestíbulo de entrada, con las variantes que hemos señalado;
a continuación, el patio y, a su alrededor, las diferentes habitaciones
de la vivienda, algunas aún conservan los gruesos muros originales,
mientras que otras salas han vivido reformas que las han transformado en
estancias divididas por muros más delgados y modernos.
Las
habitaciones se cubrían fundamentalmente con dos tipos de techumbres: bóvedas
de arista y artesonados de madera. Estos últimos son apreciables en el palacio
de Toledo-Moctezuma, con salas que también están decoradas con
pinturas al fresco, alusivas a la conquista del Nuevo Mundo y al Imperio
Romano. La planta baja del palacio Moctezuma tiene siete habitaciones que
envuelven el patio central, dos de ellas son las salas decoradas con los
frescos.
En
la planta baja de los palacios una zona se destinaba a los salones semipúblicos,
otra parte más austera para las dependencias del servicio de la casa y
una tercera, destinada a caballerizas y almacenes. En la planta baja también
se encontraban los jardines, espacios abiertos al exterior pero, a la vez,
protegidos y acotados por altos muros de piedra que los separaban de la vía
pública.
Desde
el patio –salvo excepciones– parten las escaleras principales que
conducen a la segunda planta del edificio, zona destinada a las
habitaciones privadas de sus propietarios.
Casi
todos los palacios poseían otra planta inferior o sótano donde se
encontraba el aljibe o cisterna, otra cosa es que en la actualidad
encontremos escasos vestigios debido al abandono que han padecido y al
destrozo que, a veces, han sufrido.
4.
ESCALERAS
Todas
siguen unos esquemas muy parecidos pues se trata comunicar las diferentes
plantas entre sí y, para ello, cada propietario las levantaba a su gusto
y comodidad aunque debemos tener presente que muchas escaleras que
actualmente vemos no son como eran ya que las antiguas se han modificado
para dar paso a ejemplos más modernos y, en ocasiones,
descontextualizados.
Ya
hemos comentado que como regla general las escaleras partían del patio
porticado pero que, en ocasiones, se encontraban en los zaguanes como
ocurre en el palacio
de los Golfines
de
Arriba o, más
modestas, en el palacio de Durán de la Rocha, cuyo primer tramo
está formado por antiguos peldaños de cantería, dada la considerable
altura e irregularidad del firme y no poseen barandilla.
Una
de las escaleras más antiguas que aún se conservan casi sin manipular
son las del palacio de Sancho Sánchez de Ulloa (f. 8), con altos
peldaños gastados por la zona central, de filos angulosos y encajadas
entre dos muros de cantería, cuentan con un descanso o bandeja en medio
de los dos tramos.
Unas
escaleras parecidas son las del palacio de Diego de Cáceres-Ovando,
también encajadas entre dos paredes graníticas, con altos peldaños de
cantería, con filos angulosos y gastados por las pisadas, aunque aquí
los peldaños son continuos formando una especie de abanico entre los dos
tramos. Algo parecido ocurre en el palacio de Paredes-Saavedra pero
esta vez los peldaños se han restaurado, son más bajos y de filos
redondeados.
Otro
tipo de escaleras o, mejor dicho, de barandillas, son las de hierro, que
hablan de épocas recientes, probablemente de los siglos XIX y XX. Este
tipo de barandilla aparece en escaleras que también se han reformado en
su totalidad, con peldaños bajos y de granito. Las podemos ver en el palacio
del Comendador de Alcuéscar (f. 9), sobre un basamento de cantería;
en el palacio de Mayoralgo, en el palacio Galarza.
Para
finalizar con los capítulos que hemos venido explicando, no debemos
olvidar otro tipo de escaleras de gran importancia en algunos palacios a
pesar de estar ocultas entre los muros de las torres, son las escaleras de
caracol que permiten subir a lo alto de las torres cuando el espacio es
muy reducido. Se conservan en perfecto estado las del palacio de la
Isla (f. 10), tan sólo iluminadas por estrechas ventanas saeteras, o
las del palacio Galarza, de similares características.
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