Revista Alcántara. nº 57
[Índice]

Jiménez Gómez, Hilario, Lorca y Alberti, dos poetas en un espejo (1914- 1936). Cáceres, I.C. El Brocense, 2003. Prólogo de Luis García Montero.

 

La cacereña institución El Brocense ha tenido el acierto de reeditar la obra que, hace dos años, publicase junto con la Fundación Rafael Alberti. El prólogo del conocido poeta y ensayista Luis García Montero, que tan bien conoce la producción albertiana, así como un minucioso índice onomástico, son algunas de las innovaciones que mejoran la primera edición. Como “libro necesario, clarificador, que reúne por primera vez la documentación pertinente, interpretando con admiración, pero con objetividad, las relaciones vitales y literarias de los dos poetas” lo clarifica justamente el prologuista.

 

Natural de Cáceres (1974) y residente en Montánchez, Hilario es un filólogo vocacional, que prepara su tesis de doctorado sobre Lorca y Alberti. Al estudio de la correspondencia entre ambos geniales autores dedicó su estudio para obtener el Grado de Licenciatura. Y justamente de dicha investigación surge la obra aquí presentada.

           

“La presencia literaria de estos dos poetas andaluces me deslumbró desde hace ya algunos años y poco tardé en embarcarme en el estudio de ambos dentro de un doble contexto: la relación personal que surgió entre ellos y la relación literaria, que poco a poco se fue acomodando en sus diferentes mundos poéticos”, explica el investigador.

 

Relaciones, nunca fáciles, entre dos fuertes y bien distintas personalidades, que no llegaron a intimidar. Tras conocerse en 1924, y pese a compartir ambientes, amistades e inquietudes, pesarían más los elementos distanciadores sobre los convergentes (tal vez el radicalismo político de Alberti), que los convirtieron en “vidas paralelas”. Hilario recoge los datos fundamentales de ambas biografías, enmarcándolas en el rico marco español de la época, con la Generación del 27 en plena efervescencia. Consigue así que entendamos aquellas “mínimas batallas”, según las definiera Alberti en los versos de “Retornos de un poeta asesinado”, entre ambos gigantes.

 

El de Cádiz dedicó a su “primo” (así gustaban llamarse, estilo gitano) cuatro sonetos, de los que sólo hace incluir tres en Marinero en tierra; le pinta también un cuadro, La parición de la Virgen, que se reproduce por primera vez en esta obra. Lorca, por su parte, compuso para Rafael tres poemas, inéditos hasta 1968. Es lo más sólido de aquella relación. Las cartas que se cruzarían en poco más de dos lustros –reunidas también por primera vez en este volumen– no consiguen rehuir un aire de superficialidad. Hilario las ordena cronológicamente, acompañándolas con anotaciones y comentarios de mucho interés.

 

Al concluir, se impone el jucio del ensayista: “Tras leer estas páginas me queda una triste sensación: nunca veo a nuestros poetas acercarse con amistad abierta, ni tan siquiera en los primeros años de su encuentro. La literatura los unió y gracias a ella se conocieron en la Residencia de Estudiantes; luego se aproximaron con Góngora y con el surrealismo. Más tarde se separan irremediablemene; uno huye desesperado a Nueva York y el otro se casa enamoradísimo…”. No volverán a unirse seriamente. Alberti llorará después: Nunca fue a Granada.

 

 Importa resaltar las admirables ilustraciones (fotografías, dibujos, manuscritos) que Hilario ha sabido conseguir para su obra.

 

Manuel Pecellín Lancharro

 

 

 

Álvarez Martínez, José Luis, Como en un espejo. Badajoz, Diputación, 2003.

 

Ut pictura poesis. La pintura es como la poesía. Así reza el tópico que acuñase Horacio y viene repitiéndose hasta nuestro día. Se resaltan en él las afinidades existentes entre ambas disciplinas estéticas, asunto al que Carolina Corbacho, profesora de la UEX dedicó un precioso ensayo, Literatura y Arte… (Cáceres, 1998). Por si alguien quisiera comprobar el paralelismo, puede leer este poemario de José Luis Álvarez, que tan hermosas ilustraciones lleva de Pilar Molinos. Si en la génesis de este tipo de trabajos “al alimón” unas veces se halla la pintura, de cuyas creaciones parece tomar el escritor su estro, otras, y así creo que ha ocurrido en este caso, lo primero es la palabra y, bajo sus sugerencias, el artista plástico produce los correspondientes iconos. Por supuesto, se exige una común afinidad, un felling compartido, entre ambas partes, si ha de asegurarse la belleza del trabajo. Así ocurre en esta obra.

 

Pilar Molinos (Fregenal de la Sierra), que justo cuando se imprimía Como un espejo, invierno 2002-03, colgaba sus cuadros en la madrileña galería Belarde 20 de arte contemporáneo (conviene ver el oportuno catálogo, con valiosos textos ológrafos de Juan Barjoal y Eduardo Naranjo, más los análisis de Marcos-Ricardo Barnatán), creo que ha entendido muy bien la exquisita sutileza de los versos de José Luis Álvarez. Sus dibujos los traducen con ingeniosa imaginación.

 

Leonés (Sena de Luna, 1946) afincado en Badajoz desde hace varios lustros, doctor y catedrático de literatura, cervantista notable (su tesis El Coloquio de los perros es magnífica), con importantes obras de ensayo y creación publicadas, José Luis es un poeta excelente, de registros múltiples. Además, pertenece a ese selecto grupo de personas heridas por la pasión del lenguaje, capaces de invertir horas rastreando un étimo o construyendo campos semánticos. Con una conciencia lingüística tan exigente, lo he visto sufrir ante asuntos tan opcionales como un signo de puntuación, el sinónimo más oportuno o el mejor remate del poema. Quiere decir que nada es gratuito en sus versos, que relee una y mil veces antes de ofrecerlos.

 

Para componer Como un espejo, el escritor ha optado por los cauces de la lírica popular, según hicieran en tantas ocasiones los más grandes de nuestros escritores, desde Góngora a Lorca, de Lope de Vega a Manuel Machado. Soleares sobre todo, pero también boleros, romances, nanas y otros cantares, entre ellos el japonés haikkú, le proporcionaban los paradigmas métricos con los que construir estas composiciones agudas, relampagueantes, ingeniosas, cargadas de sentido, repletas de magníficas metáforas, que nos provocan o deslumbran. El amor, no siempre correspondido; las nostalgias e incluso la insatisfacción existencial, al borde de la metafísica, encuentran su vehículo expresivo en estos versos perfectos, ayudados con ingeniosas disposiciones gráficas.

 

“La pasión de ser poeta brota en el pecho cuando la semilla del sentimiento se convierte en flor y su gozo es decir lo que los demás callan”, proclama José Luis. O quizá decirlo de otra manera, personalizándolo, recreando lingüísticamente las viejas emociones. Eso lo sabe hacer como el mejor José Luis Álvarez. Si, además encuentra los apoyos de la ingeniosa y refrescante Pilar Molinos, miel sobre hojuelas.

 

Manuel Pecellín Lancharro

 

 

AA.VV., Interculturalidad y educación.

Mérida, Consejería de Educación, 2002.

 

Recoge este volumen los trabajos defendidos durante el Congreso que tuvo lugar en Mérida los días 18 y 25 de mayo de 2002. Entre ellos cabe destacar los de Rafael Rodríguez de la Cruz, “La educación intercultural en Extremadura, medidas y planes de intervención”; Radich el Quaroui, “La integración del colectivo magrebí en la educación extremeña” y Jesús Salinas Catalá, “Educación intercultural y cultura gitana…”. Del libro podríamos extraer conclusiones como las que siguen:

 

Muchos piensan que la “interculturalidad” es uno de los grandes retos europeos para el siglo XXI. Los países del viejo contienente están conociendo llegadas masivas de inmigrantes turcos, africanos, asiáticos…, formados en culturas bien distintas a la dominante en el mundo occidental. La existencia de colectivos diferentes, con lenguas, ideas, religiones y escala de valoresplurales, y que viven juntos, introduce nuevas situaciones, a las que es preciso responder con tolerancia y sabiduría.

 

Recordemos algunas cifras, por lo que a Extremadura respecta:

 

En el curso 1991/1992, teníamos 128 alumnos extranjeros. En el curso 2000/2001, de un total de 199.254 alumnos matriculados en los niveles de enseñanza no universitaria, 1.344 eran extranjeros. Eso suponía el 6,7 por mil del total. En el curso siguiente, se matricularon 1.886, lo que eleva al 9,92 por mil la proporción. La misma tónica ascendente se observa en el 2002/2003, con 2.118 alumnos matriculados (de ellos, 1.373 magrebíes). Eso quiere decir que en sólo diez años se ha multiplicado por 17 la cifra. Con todo, Extremadura es una de las autonomías con menos porcentaje de alumnos extranjeros: Comunidades como Madrid y Baleares llegan respectivametne

al 51 por mil.

 

Esa población emigrante se concentra en algunos puntos de la geografía extremeña. Centros como el C.P. “Gonzalo Encabo”, de Talayuela, escolariza a 167 alumnos de origen magrebí, lo que supone el 270 por mil del total. En otras escuelas, como el C.P. “El Pozón”, de Navalmoral de la Mata, o el C.P. “El Ejido”, de Jaraíz de la Vera, la proporción de alumnos inmigrantes llega al 151 y al 140 por mil, respectivamente. Por cierto, este alumnado se escolariza en Centros Públicos en un 95,5%, con sólo un 4,95% en Centros Privados.

 

Este problema de la interculturalidad se origina también, desde mucho antes, por la presencia entre nosotros de una numerosa Comunidad gitana, que también posee rasgos culturales bien diferenciados. Según el informe de la pertinente subcomisión de las Cortes Españolas, en Extremadura existe una población gitana de 11.318 personas, lo que supone el 1,79 por mil de dicha etnia en España, que se eleva a 630.847 personas.

 

Con el alumnado de población gitana ocurre también el fenómeno antes dicho. El 80% de los alumnos del C.P. “Antonio Machado” de Mérida; el 53% del C.P. “El Progreso” de Badajoz y el 39,7% del C.O. “Gabriel y Galán” de Cáceres son gitanos. Pues bien, el 70% de adultos gitanos carecen de instrucción. El 60% de sus niños en edad escolar no acuden regularmente a clase, la mayoría de la población gitana no alcanza el primer nivel de cualificación profesional y son escasísimos los gitanos que ingresan en Bachillerato y la Universidad (mucho menos, mujeres). Por otra parte, la lengua, la historia y la cultura gitanas están casi por completo ausentes de los currículos escolares.

 

Parece muy importante estar atentos a eliminar cualquier brote de racismo o xenofobia, pues se constata que dichas actitudes crecen según aumenta en la población el número de inmigrantes.

 

Manuel Pecellín Lancharro

 

 

[Índice]

(c) Archivo-Biblioteca. Diputación Provincial de Cáceres.