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VILLASBUENAS DE GATA NACIMIENTO DE LA VILLA E HISTORIA,
1212-2002
ÁNGEL
M. HERNÁNDEZ FAGUNDO
A Gema, por su apoyo y colaboración.
A mis hijas Patricia, Natalia y Claudia.
A José Luis Gurría (Universidad de Extremadura) por
despertarme a la investigación.
A Paul Descouzis (Universidad de Houston, Texas)por animarme
a escribir.
“…en Villasbuenas hay piedras quasi milagrosas,
medicinales y de grande consideración y maravilla… en cada una de las
quales se muestra muy clara y esculpida una cruz de la traza y modo de la
que traen en sus pechos los caballeros de la Horden de S. Juan de Malta
(…) Estas piedras son de mucho valor y estima porque son muy medicinales
y se hallan en ellas virtud y remedio eficaz contra la esterilidad y falta
de leche en los pechos de las mujeres que crían, proveyéndolas en
semejantes necesidades trayéndolas puestas al cuello, y otras piedras de
estas sirven y son grandísimas como provecho contra el flujo de la
sangre, las quales puestas también al cuello la detienen”.
Padre
Coria, 1608
INTRODUCCIÓN. MOMENTO ACTUAL
Villasbuenas de Gata es
un municipio de la provincia de Cáceres, situado al NO de la misma, a 429
metros de altitud s.n.m., perteneciente a la Comarca de la Sierra de Gata.
Se localiza entre los 40° 10’ 44’’ de latitud N y 2° 56’
16’’ O de longitud. Su extensión es de 47 Km2.
Se encuentra el término al sur de la Sierra de Gata,
en el descenso de la Sierra del Salío, mirando hacia los valles de
regadío que se abren al paso de la Rivera de Gata y del río Árrago,
cuyas cumbres alcanzan las cotas máximas al norte y van descendiendo
hacia el sur. Entre las alturas con 630 m está el Cancho de los Montejos,
la Aliseda con 643 m y el Zahurdón 552 m en la parte septentrional. Hacia
el sur, sin dejar de ser accidentado el terreno, las cotas son cada vez más
bajas (Peña Aguda 393 m, los Montejos 347 m y el Canchal del Búho 354
m), abriéndose a su vez terrenos llanos que se aprovechan como pastizales
o dehesas: por su parte oriental los llanos de Dña. Pascua, la Dehesa y
el Valle del Hambre y en su parte occidental por los Berezales y la
impresionante Vega de Peralejos.
Discurre por el término de norte a sur en su parte más
occidental, la Rivera de Gata, formado por la unión de la rivera
del mismo nombre y el arroyo de la Barquera. Recoge aguas de los arroyos
de las Vegas y del Valle de los Conejos, por su cauce izquierdo, y del
arroyo de Peralejos por su margen derecha.
El clima es de tipo mediterráneo continental
templado, con una clara influencia atlántica. La temperatura media
anual es de 14’5°C. Los inviernos suelen ser suaves, con una
temperatura media de 7°C, alcanzando las mínimas absolutas valores de -4°C.
El verano es seco y templado con una temperatura media estacional de 24°C
y unas máximas absolutas que alcanzan los 37°C. La precipitación media
anual supera los 1200 ml/año, algo menos que en la pantalla del Sistema
Central, alcanzando los 400 ml en invierno y los 60 ml en verano.
La vegetación está condicionada por el clima,
la orientación de la Sierra (NE-SW) y el tipo de suelo, desarrollado como
en el resto de la sierra preferentemente sobre pizarras (y otras rocas
sedimentarias que forman el complejo esquisto grauwáquico) y granitoides,
de edad precámbrica y cámbrica. Con menor representación aparecen
cuarcitas y conglomerados ordovícicos y las rocas filonianas. Se mantiene
un porcentaje del 5’7 de tierras aluviales. La formación fisiognómica
predominante en estado natural es la aestilignosa, caracterizada por la
presencia de castañares (castanea sativa), robledales, alcornocales y
encinares (bosque esclerófilo), pino (pinus silvester, por invasión
secundaria) junto a otras especies que componen el matorral: brezo (arbustus
unedo), madroñeras (erica australis), tojo, aulaga, jara (cistus
ladanifer), etc. El censo de población de Villasbuenas de Gata se
encuentra estacionado en torno a los 500 habitantes, manteniendo
una tasa de actividad económica muy baja, estando en niveles del 30%. En
la distribución por sectores se observa un predominio del sector primario
64%, servicios 15% y la construcción 9%, dato éste que se verá
detallado en los anexos estadísticos que se acompañan.
De los datos estatadísticos sobre la evolución de
la población que se ofrecen en los anexos finales se puede extractar
que, aunque se observan altibajos en el número de habitantes de
Villasbuenas de Gata a lo largo del siglo pasado, el fenómeno de la
emigración no ha alcanzado grados de dramatismo estimables. No obstante,
en torno al 17% de la población son ancianos (índice de envejecimiento
del 120), 70% de adultos (tramo de edad útil) y un 14% de jóvenes. La
tasa de mortalidad está en torno al 14% y la de natalidad sobre el 12%,
característica ésta que favorece el descenso de la población,
crecimiento neto negativo, y saldos migratorios altamente oscilantes.
La superficie labrada representa una pequeña
parte del término municipal (778 has sobre un total de 3808 has),
destacando entre los cultivos el olivar –70% de la superficie labrada–
(539 hectáreas), los herbáceos (232 hectáreas), viñedos (6 has) y
frutales (1 ha). La estructura de propiedad dominante es la de tipo
minifundista (el 81% de las explotaciones son menores de 5 has). El resto
del territorio de Villasbuenas de Gata tiene una dedicación ganadera con
495 U.G.m (192 Unidades Ganaderas de bovino, 140 de ovino, 68 de caprino y
50 de porcino) al estar conformado en su mayor parte por prados y
pastizales (1.734 has). La superficie forestal de la villa es de 995 hectáreas.
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la
Consolación es uno de los dos edificios destacables de Villasbuenas
de Gata, en cuya construcción intervienen los maestros Pedro de Ybarra y
Manuel de Escobar. La mayor parte de la obra se realiza en mampostería
con refuerzos de granito en las portadas y estribos, excepto la torre y la
fachada oeste que se realizan completamente en perfecto sillar. Tiene una
sola nave dividida en tres tramos por arcos fajones de medio punto
apoyados en sencillos pilares. La cubierta original era de madera a dos
aguas, aunque ha sido sustituida por una techumbre más moderna. El ábside,
más estrecho que la nave, se cubre con bóvedas de arista. La sacristía
se adosa a la cabecera por el lado de la epístola y se cubre con bóveda
de arista. En el lado del evangelio se añadió una cabecera a finales del
s. XIX, aprovechando una de las viejas portadas del templo. Se conservan
dos portadas, una a los pies, abierta en arco de medio punto, y otra en el
lado de la epístola, que lo hace con un arco escardano. La torre, a los
pies y alineada con la fachada, es una airosa construcción de planta
cuadrada y estructura prismática. Se eleva sobre un pequeño basamento y
se ordena en tres cuerpos separados por sencillas molduras y rematados en
un chapitel piramidal de ladrillo. Su origen se puede situar en el s. XVI,
el resto de la obra en el s. XVII con añadidos del s. XVIII, mientras que
la capilla lateral se realizó a finales del s. XIX.
El día 27 de julio de cada año se celebran las
fiestas patronales en honor a San Pantaleón encontrándose una
representación del santo junto a otras en el interior de la iglesia.
La otra construcción a la que cabe hacer mención en
Villasbuenas de Gata es una casa palaciega datada en el s.XVII a la que da
nombre uno de los relieves más característicos que podamos hallar en
toda la sierra: la casa de la mujer panzuda. En ella se muestra, en
uno de sus laterales, el relieve de una mujer desnuda símbolo al parecer
de los antiguos prostíbulos. En cualquier caso, bien podría representar
también un símbolo de fertilidad; de hecho, existen representaciones
casi idénticas entre los antiguos pobladores de América dedicadadas a
dioses relacionados con este fin. Además de este relieve, la casa
presenta otros que la convierten en una construcción sumamente especial:
su fachada recoge una puerta adintelada y una ventana con relieves de
motivos religiosos. Por otro lado, se muestran motivos ciertamente
profanos, como la figura casi desaparecida de un icono masculino, además
de la propia mujer ya citada con anterioridad. Lo que sí es cierto, es
que este símbolo ha puesto “apellidos” a los habitantes de
Villasbuenas de Gata entre los pueblos cercanos, a cuyos habitantes se
reconoce por el sobrenombre de “villasbueneros panzúos”.
Frente a la iglesia parroquial se abre un gran espacio
abierto que los habitantes de Villasbuenas de Gata nombran “el
palacio”, donde se cree que existió en tiempos una construcción
palaciega de la que no se hallan restos constructivos ni referencia
escrita.
Existen también varias casas de aspecto noble en
torno a la iglesia (probablemente de los señores del pueblo en otra época)
que albergan en sus fachadas escudos heráldicos, ventanas y puertas en
forma ojival.
NACIMIENTO E HISTORIA DE VILLASBUENAS DE GATA
Son escasísimas las referencias de asentamientos
humanos en Villasbuenas de Gata. La zona estuvo poblada por pueblos de
vocación eminentemente pastoril y guerrera, lusitanos y vettones,
constituyendo el sustrato indígena que encontrarán los romanos en estas
zonas en su expansión por la Península Ibérica desde el 218 a.C.
De los pocos hallazgos arqueológicos encontrados hay
que hacer referencia obligada al castro amurallado de ‘el
Castillejo’ de Villasbuenas de Gata, una construcción de probable
ascendencia vettona. La designación del punto, con una aproximación de
100 m, es QE011485, estando situado sobre un cerro de difícil acceso a
397 ma. flanqueado por la Rivera de Gata, convertida en esa zona en la
recula del embalse Rivera de Gata o del Diablo, por encontrarse la represa
en un sitio con ese nombre. Otras construcciones típicas con evidente
carga histórica halladas en el término de Villasbuenas de Gata son los chozos
o zahurdones, los cuales son de planta circular construidos de piedra
y de unos dos metros de altura. La cubierta es una falsa cúpula obtenida
por la aproximación de los muros, la cual tiene un hueco para iluminarlo
y permitir la salida de humo. En los días de lluvia se tapa con una
lancha de pizarra. Son las construcciones en pie más antiguas de la zona,
consideradas continuación de las construcciones vettonas, aunque en
tiempos más recientes han sido utilizadas por los pastores. El mejor
conservado se encuentra en el antiguo camino de Gata.
Al no contar con referencias históricas (salvo por
aproximación) ni arqueológicas de ningún tipo en el municipio, omitiré
el tránsito histórico hasta que aparezcan las citas fiables. Y ello debe
ser así, para no caer en errores que conduzcan a equívocos posteriores.
No trataré, por lo tanto, de aclarar conceptos, hechos o situaciones no
demostradas, ni nos dejaremos llevar por la imaginación, cosa ésta que
dejaremos aplazada para relatos de la villa más poéticos.
A comienzos del s. XII el tipo de hábitat de la
Sierra de Gata estaba caracterizado por la existencia de asentamientos
poco consolidados y de carácter defensivo, excepción hecha de las aldeas
y villas de origen romano (Gata, Eljas, Cilleros, Villamiel, Hernán Pérez,
etc.), que debieron tener a lo largo de los siglos anteriores más auge.
Se tiene conocimiento de multitud de fortalezas ordenadas en distintas líneas
defensivas, pero sólo Coria –ya en el valle– se perfila como el único
núcleo poblado con funciones urbanas bien definidas.
Con Fernando II, que fue rey de León entre 1157 y
1188, la Reconquista experimenta un notable avance en el último tercio
del siglo XII, afectando ya nítidamente al territorio que actualmente
constituye la Comunidad Autónoma de Extremadura y en particular a la
Sierra de Gata.
En 1166 el monarca había llegado hasta Alcántara,
recuperando a su paso importantes enclaves de la Transierra, entre
ellos Almenara, Santibáñez, Milana (al sur y a las afueras de Moraleja),
Salvaleón (junto a Valverde del Fresno) y Portezuelo. Pero esta fase sólo
constituyó una
recuperación temporal; pronto se perdería casi todo el
territorio, mientras que los árabes reforzaban estas plazas desde 1174.
Merece la pena insistir en el concepto de Transierra ya que ésta
constituye una línea defensiva natural de capital importancia en la
reconquista. Hay que recordar que esta fase de la Historia de la Península
Ibérica se basa en la consecución de territorio, el mantenimiento del
mismo mediante defensas naturales (sierras, ríos, etc.) y en la ocupación
efectiva mediante repoblación, ya que muchas de las zonas conquistadas no
están pobladas. En este sentido, la Sierra de Gata es considerada el
extremo sur del reino de León, cuyas cumbres y lo difícil del acceso
facilita la defensa no sólo ya del terreno conquistado, sino del propio
reino de León.
Villasbuenas de Gata está íntimamente ligado a este
proceso, ya que forma parte de esa barrera defensiva y, aunque no cuenta
con construcciones protectoras ni oteros (función destinada a la Almenara
de Gata), sí está rodeada por ellas como se dijo en el párrafo
anterior. Y digo que sin duda está inmerso en este proceso –amén de
las reseñas que más adelante daremos–, ya que la memoria histórica de
los villasbueneros está impregnada de un carácter reconstructor: se dice
en Villasbuenas que es el pueblo de las siete villas, quizá porque
hubo que reconstruirlo otras tantas veces fruto de las idas y venidas,
conquistas y pérdidas de los reinos cristianos.
En toda la sierra, la búsqueda de los fondos de los
valles donde se pudiera practicar una agricultura suficiente y contar con
pastos de calidad dió lugar a un poblamiento articulado en función de
los ríos Árrago y Gata y de los caminos que desde Coria traspasaban
los puertos de Perales, Goloso y Puerto Viejo, junto a Valverde del
Fresno. Villasbuenas de Gata busca, como otros enclaves de la reconquista,
su subsistencia aprovechando de un lado una situación geográfica
inmejorable –a caballo entre la sierra y el valle– y de otro las redes
de comunicación que existían.
De hecho Villasbuenas está ubicada al otro lado de la
Vía Dalmacia que culminaba en el puerto de Perosín (Perales),
existiendo un ramal que descendía desde ese puerto hasta el pueblo de
Gata continuando un tramo en dirección a Torre de D. Miguel (termina en
una cruz de piedra que se encuentra en esa carretera). A partir de Torre
de don Miguel, y hasta Villasbuenas de Gata, continuaba la Calzada
descendiendo, utilizando para ello un antiguo camino, distinto a la actual
carretera llamado de las Suertes que discurría por el Cancho de los
Montejos, la Cañada, pasaba entre las Vegas y los llanos de Dña. Pascua
por las Suertes y llegaba al pueblo atravesando Vallehorno.
Es fácil pensar que Villasbuenas tuvo su origen, como
otras localidades, entre 1157 y 1188, aunque no se tiene constancia de
ello. Se tiene fe, eso sí, de la existencia de Villasbuenas en el momento
en que se procede a la repoblación de los enclaves reconquistados a los
musulmanes.
La primera mitad del siglo XIII estará marcada por
las consecuciones efectivas de gran parte del territorio, penetrando al
sur del río Guadiana, donde junto a los monarcas leoneses y castellanos
van a ocupar un papel destacado las Ordenes Militares. La primera etapa se
desarrolla durante el primer cuarto de siglo, centrándose en la
recuperación del territorio comprendido entra la Sierra de Gata y el río
Guadiana. Esta recuperación se apoyaba, como ya se ha comentado, en
barreras naturales como el río Tajo (Sierras de Mirabel, Sta. Catalina,
de las Corchuelas y Miravete).
En las campañas de Alfonso IX (rey desde 1188 hasta
1230) se destaca la recuperación en la Sierra de Gata de los
emplazamientos de Almenara y S. Juan de Máscoras (Santibáñez) entre
otros, a lo largo de 1212.
Esta fecha, 1212, es importantísima ya que es la primera
referencia escrita de la existencia de Villasbuenas, villa ésta que
fue donada a la actual Santibáñez el Alto que tenía Encomienda por ser
plaza fuerte defensiva, juntamente con otras: “…Gata, Fernán Pérez,
el Campo, la Torre de D. Miguel, Cadahalso, Villanueva de la Sierra,
aldeas las de Torrecilla, el Fresno y Pozuelo …”. Pasa, por lo
tanto, desde esa fecha a depender económica, administrativa y
judicialmente de la Orden del Perero (o Pereyro) que asociada con la Orden
de Calatrava en 1218 se establece en Alcántara, cambiando de nombre por
el de la villa que les acoge.
Las tierras incorporadas a Castilla durante el reinado
de Fernando III, cuya regesta se extiende de 1230 a 1252, se poblaron y
administraron de muy diversas formas, siendo frecuente la persistencia de
sus anteriores moradores musulmanes; en algunos casos la presencia
cristiana se reducía a una corta representación para mantener el control
sobre el territorio. Por ello Fernando III estimulará el proceso
repoblador mediante las donaciones hechas a las Órdenes Militares, a
veces con promesas de dominios con anterioridad a las campañas bélicas.
En 1227 las aldeas de la zona constituyen el área con
mayor densidad de poblamiento de todos los territorios del Partido de Alcántara.
De esa forma Villasbuenas, Villa del Campo, Hernán Pérez y Torrecilla,
poblaciones todas que están al abrigo de la sierra, evitando los llanos y
los descubiertos, se convierten en asentamientos definitivos que ayudan a
consolidar el territorio recien conquistado. Esa visión de enclave
asentado hace que el Obsipo de Coria, mediante la corcordia segunda con el
Maestre de la Orden de Alcántara D. Frey Pedro Yáñez VI, provea en 1251
para el mantenimiento de la iglesia de Villasbuenas la cantidad de
10 maravedís. Iglesia, dicho sea de paso, que no es la actual ya que ésta
se erigió en el s. XVI. En 1256 siendo Maestre de la Orden de Alcántara
don Frey García Fernández se concedió un Fuero específico para
Villasbuenas de Gata, ya que éste mostraba gran preocupación por
extender el Maestrazgo y evitar el despoblamiento de los enclaves
recientemente adquiridos. Se trata de un Fuero breve que regula sólo las
relaciones de los vecinos con la Orden. Al mismo tiempo se concedieron los
fueros de Alcántara, Zarza, Valencia de Alcántara y Zalamea. No era en sí
un fuero realengo, sino otorgado por la Orden, a la que el rey había dado
el privilegio de concederlos. Por otro lado, la obtención de fueros o
beneficios, solía llevar aparejadas otras obligaciones con el Maestrazgo.
En el caso de Villasbuenas además del pago de diezmos a la Orden y
derechos sobre utilización del molino, se obligaba en 1256 a los vecinos
de Villasbuenas a acudir en ayuda militar de los freyres de la Orden de
Alcántara en caso de ser atacados. Para nuestros antepasados esta
obligación habían de cumplirla en la zona que se extiende desde Ciudad
Rodrigo a Benquerencia. Las heredades, según el Fuero de Villasbuenas, no
podían ser enajenadas en personas ajenas a la población procedentes de
otros términos. Los colonos estaban obligados a plantar viñas, elemento
importante en la economía de las instituciones después de la ganadería,
lo que les obligaba a permanecer varios años asentados en el lugar. De
esta forma se evitaba una huida de pobladores y heredades de Villasbuenas
que perjudicaran los ingresos maestrales. Tampoco se podía enajenar si no
era en favor de la Orden. En suma, se carecía de la posibilidad de vender
bienes raíces, restricción que significaba una limitación de la
libertad de los individuos, si bien es cierto que la herencia familiar
quedaba al margen de estas limitaciones por razones evidentes.
Es en esas fechas cuando los cronistas de la Orden de
Alcántara dan fe de que Villasbuenas se anexa a la Encomienda de
Salvaleón,
cercana a Valverde del Fresno, dando orden a su vez de que el Comendador
ponga cada año dos Alcaldes con un Consejo de “hombres buenos” que
han de juzgar por el Fuero de Coria. Este fuero se dictó en 1189 y servía
como referente para juzgar en los 864 km2 proyectados desde las tierras de Gata-Hurdes hasta el
Tajo, hacia el oeste por el río Eljas y al este en la Guinea o Ruta de la
Plata. Se desgaja, pues, Villasbuenas de la Encomienda de S. Juan de Máscoras,
aunque más tarde se volverá a su dependencia. El mandato impuesto por la
Orden sobre el nombramiento de dos Alcaldes se mantendrá como mínimo
hasta 1791, como veremos más adelante.
El cronista cita incluso la ubicación espacial de
Villasbuenas: “… tiene su asiento donde entra la Ribera del Sourero
en el río Elxa…”. En estas fechas, 1256, se tiene constancia de
la existencia de un hábitat situado en la confluencia del río Eljas con
el Sobrero, denominado Villasbuenas. Arqueológicamente se ha podido
comprobar la existencia en tal lugar de un asentamiento de tipo alto
medieval denominado “el Turrión”, cuyas coordenadas geográficas
son 40 09’ 03’’/6 54’ 55’’. Es éste un asentamiento en
ladera, sobre el río Eljas a una altitud de 390 m y ocupa cerca de 2 has
de superficie. En él se han localizado varios restos constructivos, como
aparejo de pizarra y fragmentos aislados de tegula. Además se ha hallado
un fragmento inferior de molino circular de mano (originario de la cultura
romana) de 42 cm de diámetro y varios elementos de molino hidráulico. La
existencia de este lugar, datado arqueológicamente, en la ubicación dada
por la Orden de Alcántara dista mucho de la actual Villasbuenas de Gata,
unos 30 kilómetros, lo cual crea una duda seria que debería ser
investigada sobre si estamos ante el enclave originario de Villasbuenas.
De los años siguientes se tienen pocas referencias,
excepción hecha de fechas concretas en las que los Maestres de la Orden
pasaban temporadas en Villasbuenas, sobre todo en primavera y verano, ya
que la villa se había convertido en Recámara del Maestrazgo. Así se
firman decretos desde Villasbuenas confirmando favores a otras poblaciones
(en 1346 a Peñafiel y en 1376 al hospital de San Lázaro de Alcántara y
a la villa de Gata).
Aunque Villasbuenas, como se ha dicho, no tenía
Encomienda propia sino que estuvo inclusa en otras, aparecen en 1408 dos
dignidades llamadas una Frey Diego Lólez de la Rada y Frey Juan Suárez
de Talavera otra, como Comendadores de Villasbuenas. En esa fecha, 1408,
la villa de Villasbuenas vuelve a estar incluida en la Encomienda de
Santibáñez en detrimento de Salvaleón, al haber ésta había iniciado
un declive ya que dada su situación geográfica se vio involucrada en los
conflictos que enfrentaban al Maestre don Melén Suárez, a favor de las
aspiraciones portuguesas a la corona de Castilla, contra Enrique II. En
1431 nuevamente se cita a un Comendador de Villasbuenas (Frey Pedro
Pardo), aunque –insisto– no era Encomienda.
No se entiende demasiado bien el porqué de favores a
Villasbuenas desde época muy temprana ya que no era villa poderosa ni
especialmente dotada para la defensa ni era nudo de comunicaciones. En
cualquier caso, Villasbuenas en 1450 seguía siendo Recámara de los
Maestres, y gozaba por esto de algunos favores particulares. Uno era,
no deber pagar sus vecinos Veintena, Portazgo y Castillería. Ante esta
situación de favor, quizá tampoco entendido por las villas cercanas, se
quejaron éstas del agravio que se les hacía de pedirles estos derechos y
suplicaron al Maestre proveyese para que dejasen de pagarlos, cosa que así
hizo el 20 de junio de 1450.
En 1473 se relata la muerte de Juan de Guerra, que hacía
de Comendador de Villasbuenas, que no fue Caballero de la orden, sino un
escudero seglar, y si tomó el hábito después sería en tiempo de D.
Francisco de Solís,“…Juan de Guerra un escudero muy valiente, bien
visto de Francisco de Solís, salió acompañado con muchos soldados a
executar esto mismo en el señor de Monroy. (…) Acometiéronse el uno al
otro bien cubiertos con sus adargas; muy en breve se dio fin al duelo,
porque al primero encuentro hirió Hernando de Monroy a Juan Guerra con
tanta fuerza, que sin que le sirviesen de defensa el adarga y las armas,
le pasó de parte a parte, y cayó muerto en tierra (…)”.
Por esas mismas fechas se produjeron muchas intrigas
en el seno de la Orden de Alcántara fruto del ansia de poder de algunos
Caballeros de la Orden, no estando Villasbuenas al margen de las mismas.
Así en 1477 se dicta una bula papal de excomunión a los que
ayudaron a Frey Alonso de Monroy a destituir al Maestre por la que se
excomulga a varios señores y vasallos, entre los se encuentra un vecino
de Villasbuenas que participó en las intrigas llamado García.
Era costumbre que los privilegios concedidos a las
villas se confirmasen previa solicitud de ésta a cada nuevo Maestre de la
Orden. Villasbuenas hizo lo propio en 1488 y fueron confirmados en
Plasencia los derechos que le había otorgado D. Gutierre de Sotomayor dejándoles
libres de pagar Veintena y Portazgo. Todo ello, al parecer, por ser Cámara
de los Maestres. Se confirmó también el 10 de enero de 1488 una
sentencia dada en favor de Villasbuenas por Juan Gutiérrez Alcalde de
Plasencia, como juez árbitro nombrado en el pleito que tenía
Villasbuenas con los concejos de Gata, Santibáñez, la Torre, sobre la dehesa
del Egido.
Los habitantes de Villasbuenas hacían buena su posición
ante el Maestre de la Orden pleiteando por posesiones de tierras, pastos y
corte de leña. Así en 1450 se enzarzaron en un pleito con otras villas
sobre el pasto de La Aliseda con las villas de Santibáñez, Gata y
la Torre. Se dio sentencia al pleito declarando poder los vecinos de estas
villas pastar con su ganado en la dehesa todo el año, salvo desde el día
de S. Miguel (29 de septiembre) al de Navidad mandando multar con sesenta
maravedís a la villa que no cumpliese con la sentencia.
De la misma forma en 1489 Villasbuenas se vió
envuelta en el pleito con las villas de Santibáñez, Gata, la Torre
(Torre de don Miguel) y el lugar del Campo (Villa del Campo) sobre el
pasto de La Reina con la Nava, sentenciándose que fuese Villa del
Campo la que se quedase con el pasto estando Villasbuenas obligada a
contribuir con un impuesto en favor de Santibáñez que era la villa que
dejaba libre el pasto.
Como se viene diciendo Villasbuenas tenía dependencia
directa de Santibáñez, que tenía Encomienda, pero parece ser que
siempre fueron unas relaciones tensas. Ya se han citado algunos ejemplos
de diferencias por dehesas y pastos, aunque en todos los casos eran varias
las villas que se enfrentaban entre sí. Pero en 1494 se abre un pleito
con Santibáñez sobre el cobro del diezmo: alegaba el Comendador de
Santibáñez tener obligación Villasbuenas de llevar el trigo del diezmo
a su cilla ya que así era costumbre. Al contrario el Concejo de
Villasbuenas afirmaba no tener tal obligación. Hechas las pruebas
oportunas y vistos los Autos el Maestre absolvió a Villasbuenas y declaró
ser obligación del Comendador recoger los diezmos en las Eras de
Villasbuenas, y llevarlos a su Posito o Cilla a su costa en Santibáñez.
Cronológicamente quedan vistos los primeros
emplazamientos de la Orden de Alcántara en la parte occidental de la
actual provincia de Cáceres extendiéndose desde la Sierra de Gata hasta
las inmediaciones de la tierra de Alburquerque, coincidiendo este
territorio con el Partido de Alcántara, el cual contaba en 1495 con
varias encomiendas, entre ellas Villasbuenas.
A comienzos del último tercio del siglo XVI la orden
se divide en un mayor número de jurisdicciones o partidos. Concretamente,
el primitivo partido de Alcántara dará lugar a otros cuatro de nueva
creación: Brozas, Sierra de Gata, Valencia de Alcántara y Alcántara,
donde en los años setenta del siglo XVI figuraban ya nombrados y en
ejercicio distintos gobernadores, remontándose el más antiguo que se
conoce al año 1571, en la persona de don Pedro Laguna de Salazar, en el
Partido de Sierra de Gata. Este partido en 1570 tenía cuatro Encomiendas,
una de las cuales era la Villa de Villasbuenas.
A medida que transcurre el s.XVI hay poblaciones
dependientes de la Orden de Alcántara que adquieren una cierta relevancia
mientras que en Villasbuenas se produce un estancamiento secular tanto
desde el punto de vista poblacional como de derechos otorgados. Los censos
de población del s. XVI (1532, censo de vecinos 139, 1571 censo de
vecinos 120, 1587 censo de vecinos 160) atestiguan este dato llegando la
villa hasta finales del s. XVIII en una situación altamente precaria,
como se vió retratada en el Interrogatorio de la Real Audiencia. En el s.
XVI se experimenta una tendencia general de crecimiento de la población
de Villasbuenas, exceptuándose de manera singular los parones y recesos
producidos por las coyunturas económicas y sanitarias adversas. Aunque no
he localizado censos mínimamente fiables hasta 1532 –139 vecinos, 556
habitantes empleando la conversión 1:4–, causa ésta por la que no se
darán datos anteriores a esa fecha, se observa un crecimiento
ininterrumpido hasta final de siglo sólo paralizado en 1571 –120
vecinos, 480 habitantes– (vecindario encargado por Felipe II a los
Corregidores) y 1588 –160 vecinos, 640 habitantes– (conocido como el
vecindario de los obispos por ser la jurisdicción eclesial la encargada
de hacer el recuento de almas). Comprobamos que en los censos
inmediatamente anteriores a esas fechas se recontaron más habitantes (en
1557 eran 660 y 716 para 1579), lo cual genera una duda sobre la utilización
de criterios diferentes sobre la consideración de “vecino”, ya que éste
concepto podía variar sustancialmente de una a otra instancia.
En cualquier caso, es destacable el aumento de la
población de Villasbuenas a pesar de la desastrosa cosecha de 1504 y de
las epidemias de peste sufridas por la población ente los años
1506-1508, aunque es de suponer que esta epidemia tuvo repercusiones
limitadas en la villa.
A partir de 1570 se produce una progresiva señorialización
de buena parte del territorio dedicando un porcentaje cada vez mayor de
tierras a cultivos no relacionados con la alimentación, lo que provoca
una gran presión de la población sobre los recursos. Esta situación,
inducida, estimula movimientos migratorios fuera de la localidad y con
ello una caída de los nacimientos. A partir de aquí, se deben reseñar
de forma nítida las epidemias de peste que se registran y las
condiciones climáticas adversas que repercutirán sobre las cosechas, ya
que van a tener una consecuencia dramática en Villasbuenas. La primera
cita se refiere a 1591, año en el que el brote epidémico finisecular
unido a una mala cosecha comenzará a hacer mella en una población de 772
habitantes. Entre 1600 y 1602, vuelven a producirse graves desajustes climáticos
con incidencia lógica en la producción agrícola, que provocó hambre en
todos los territorios. Pero serán, a mi juicio, los accesos de peste de
1606, 1615, 1622, 1627, 1631 y 1632 los que marcarán inequívocamente el
devenir de Villasbuenas. Los datos son elocuentes por sí mismos: de una
población en torno a 800 habitantes en el año 1612, se desciende de
forma brutal a 400 en un período de poco más de treinta años. La
epidemia y la intensificación de movimientos migratorios hacia zonas
menos castigadas dejaron diezmada de forma evidente a Villasbuenas.
Si a ello se añade que durante el año 1626 se
produjeron gravísimas inundaciones y crecidas de los ríos y que en 1635
vuelven los problemas de producción agrícola por las malas condiciones
climatológicas, nos encontraremos ante un panorama desolador al que
tuvieron que enfrentarse los moradores de la villa. Y todo ello, desde una
medicina arcaica y unas instituciones sanitarias deficientes y alejadas de
la población.
En definitiva, el estrechamiento de la periodicidad de
las crisis sanitarias y agrícolas, la falta de dinamismo agrícola
provocado por el arcaísmo en las técnicas de laboreo, aparejado al
declive agrario por la baja productividad y a la tardía introducción de
nuevos cultivos, hacen que todo el s. XVII, y en particular su primer
tercio, sea trascendente en Villasbuenas y en otras poblaciones: en la Diócesis
de Coria, la villa estaba incluida en la misma, se pasa de una población
pechera del 35,5% en 1530 a una de –1,42% en en 1591–.
Desgraciadamente, las crisis no finalizan en el primer
tercio de siglo. Sólo cambian de signo. A una base económica débil,
desestructurada e ineficaz ante situaciones críticas se unen los
conflictos bélicos con Portugal en 1640, lo que añade un mayor clima de
inseguridad, el rebrote de la peste en 1649 y un repunte de la mortalidad
en torno a 1680. De este modo, bien sea por crisis de mortalidad catastrófica
o por emigración, la población de Villasbuenas sigue descendiendo.
En el siglo siguiente, el XVIII, se produce un bloqueo
total de las economías generado por las graves crisis de los años
precedentes, viéndose agravado en 1702 por la guerra de Sucesión. Este
conflicto tuvo también repercusiones sobre la población, no sólo por
razones evidentes de mortalidad, sino por las sacas de habitantes para
sucesivas levas. Las malas cosechas, fruto de unas pésimas condiciones
del clima entre 1700 y 1711, y nuevos brotes de enfermedades entre 1705 y
1709 agravaron la situación de forma alarmante. La mano de obra agrícola
se resiente (faltan brazos) y las poblaciones deben soportar la sobrecarga
económica que supone la presencia de las milicias desde el inicio de la
guerra. La primera mitad de siglo mantiene de manera sostenida una depresión
económica enorme, padeciendo además crisis climatológicas periódicas
(p. ej. la sequía de 1709). No es de extrañar que la población de
Villasbuenas se redujese hasta 180 habitantes en 1754.
A partir de aquí se produce una cierta fase expansiva
desde el plano económico y demográfico, apoyada en ausencia de
conflictos graves y benignidad del clima, que no sirve a Villasbuenas para
crecer, aunque sí logra detener el descenso que había iniciado hacia la
despoblación. El censo de 1759, con 232 habitantes, y el de 1787 de
Floridablanca (200 habitantes) atestiguan el amortiguamiento de la
inicidencia de la crisis. El Interrogatorio de la Real Audiencia de
1791, realizado en Villasbuenas el 18 de marzo de ese año, ofrece una
radiografía de la realidad de la población y de los medios con los que
cuenta para su bienestar, así como de su entorno. Asimismo, brinda la
oportunidad, desde la asepsia y la objetividad a más de 200 años vista,
de manejar los cambios producidos en la villa a lo largo de ese período.
Aunque, todo hay que decirlo, los nativos del pueblo son –somos– más
dados a una observación cariñosa e
incluso romántica de los datos.
Conviene comenzar reseñando el mantenimiento de la
obligación impuesta por la Orden de Alcántara sobre el nombramiento de
Alcaldes en 1256, siendo en esta fecha D. Diego Calbo, Alcalde de primer
voto y Juan Sánchez Galindo de segundo. Sigue perteneciendo al Maestrazgo
de Alcántara, aunque ya aparece como señorío particular de don Juan Gómez
de Parada y Fonseca.
El censo de ese año arroja un saldo de 50 vecinos
(200 habitantes), existiendo en la población profesiones especializadas
relacionadas con la actividad económica propia del pueblo: herrero,
zapatero, tejedor de lienzos, carretero, boyero, porquero y guardas de
campo (éstos tres últimos pagados por los hacendados). Las profesiones
relacionadas con las letras o las escribanías no están asentadas en
Villasbuenas, acaso por no existir escuela.
Se recuentan hasta seis fábricas, 5 molinos hidráulicos
de aceite y una de tejido de lienzos. Las primeras se surtían de las
aceitunas producidas en la zona (1.500 cántaros) y la otra del lino
recogido en el término (6 arrobas). Otras producciones agrícolas eran el
trigo, del que se segaban 100 fanegas, centeno, 500 fanegas y garbanzos, 1
fanega, de una extensión de terreno cultivada en regadío de 15
fanegadas. La producción de vino estaba en 200 cántaros, cuyas vides
fueron plantadas de forma impuesta por la Orden en el s. XIII. En
cualquier caso, se disponía de mucho terreno por cultivar por falta de
mano de obra, cuestión esta que se achacaba a las malas condiciones higiénicas
del pueblo.
Villasbuenas poseía dos dehesas: la de las Piedras,
boyal, y la de Peralejos, propia. En esas dehesas pastaban 150
cabezas de ganado vacuno y 1.000 cabras. El ganado porcino se mantenía en
porqueras anejas a las viviendas, aumentando con ello la insalubridad del
pueblo. Además, la abundancia de agua en la zona proveniente de fuentes y
manantiales mantenía las calles prácticamente cenagosas ya que no
estaban empedradas, salvo unas pocas.
Se conocían dos ermitas en las afueras del
pueblo: la del Cristo del Humilladero y la de Nuestra Señora de la Vera
Cruz. La Cofradía de la Vera Cruz estaba compuesta por sesenta cofrades y
estaba encargada de enterrar a los muertos y asistir en los oficios de
Semana Santa. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Consolación
se mantenía con las rentas donadas por el señor del pueblo don Juan Gómez
de Parada, que aportaba 95 reales, por las propias obtenidas de los olivos
que la parroquia poseía, 300 reales, y 100 reales como contribución por
los derechos de sepultura. A la falta general de higiene citada contribuía,
empero, la ausencia de cementerio.
Conviene reseñar, como decía anteriormente, que en
estas fechas la crisis estaba detenida, manteniéndose una cierta
actividad económica en Villasbuenas, pero siempre ateniéndose a parámetros
de economía familiar, de producción agrícola corta y específica, de
subsistencia y autoabastecimiento, siendo ésta la regla general de todas
las localidades de la sierra. Es lo que ha venido a denominarse técnicamente
economía de montaña por Gurría Gascón.
Hasta el primer cuarto del s. XIX la población sigue
descendiendo: una nueva crisis grave de peste pulmonar en 1805, unos años
de contracción económica por la invasión napoleónica y quizá un
inicio de control sobre la natalidad, dejarán a Villasbuenas en su límite
histórico de población en 1821 con 155 habitantes.
Otra fotografía interesante de la situación de
Villasbuenas nos la proporciona Pascual Madoz en 1846, quizá no con el
detalle que sostuvo la Real Audiencia pero sí haciendo un arqueo
suficiente como para entrever ya alguna diferencia en el plazo de 60 años.
Llama la atención de nuevo la insistencia del
cronista sobre lo pantanoso del terreno que lo hace perjudicial para la
salud. Si añadimos que las casas son en su inmensa mayoría de una planta
y húmedas (de un total de 70 casas para 80 vecinos, 438 habitantes
–ignoro el tipo de conversión utilizada–), entenderemos los dolores
de costado y tercianas que aquejaban a los villasbueneros. Las de dos
pisos cabe entenderlas siempre como propiedad de los hacendados, a los
cuales no influía de la misma forma la insalubridad ni, por supuesto, los
achaques de sus convecinos.
Cuenta ya en esta fecha Villasbuenas con escuela,
recomendación que había hecho en el siglo anterior la Real Audiencia, a
la que asistían 45 niños, y cementerio, cuyo establecimiento
también había sido recomendado para salvaguardar la salud de los
vecinos.
No se citan profesiones ejercidas en el pueblo, aunque
cabría imaginarlas de suyo para el mantenimiento de las labores propias
de la agricultura y la ganadería. Aparece, sin mencionarla Madoz, la
profesión de maestro, primera de letras que se conoce en Villasbuenas.
En cuanto a la actividad industrial, conviene reseñar
la desaparición de la fábrica de lienzos –no se cita, aunque sigue
cultivándose lino– y unos de los molinos de aceite. Por el contrario,
se establece uno de harina. La producción agrícola gira en torno a la
producción de aceite, trigo, centeno, patatas, lino, pimiento y vino,
sobre una superficie de 1.500 fanegas de labor, 1.000 de olivos, 20 de viñas
y 5 de frutales, pero ésta no está detallada. La actividad ganadera
(ovino, caprino y bovino) se mantiene en función de las dos dehesas, la
boyal y la de propios (Peralejos) con 250 fanegas de pasto cada una y 8
majadas.
No se establece actividad alguna en las dos ermitas de
las afueras, de las cuales se dice que están arruinadas, ni tampoco de
las Hermandades.
Las tercianas, que tanto aquejaban a los
habitantes de Villasbuenas, no eran dolencias exclusivas suyas –ni mucho
menos–. El paludismo, que así se conoce médicamente a este mal, fue
una enfermedad extendida en la época que se daba de forma estacional, por
lo general en verano, y que provenía de las malas condiciones higiénicas
del pueblo. Se producía por la insalubridad del agua estancada, la cual
al estar retenida en verano se corrompía. La situación pantanosa del
pueblo, la falta de limpieza en las calles, la falta de higiene en los
alimentos, viviendas generalmente insanas eran caldo de cultivo para que
los mosquitos dispersasen las fiebres palúdicas durante el estío. Las
tinajas de agua para consumo familiar solían dar también en época
veraniega un sin fin de problemas gastrointestinales.
El otro mal que padecían los villasbueneros eran los dolores
de costado, que venían produciéndose sobre todo en invierno. Era ésta,
y es, una enfermedad pulmonar que sufrían sobre todo las personas
expuestas a las inclemencias del tiempo (muy probablemente neumonías)
aunque también los dolores de costado eran manifestaciones de las
tercianas.
En cualquier caso, la incidencia de estas enfermedades
sobre la mortalidad de la población no fue grave, ya que no solía pasar
del 1%. Cabe decir aquí que el modelo de casa predominante en
Villasbuenas era la construída sobre una planta utilizando como
materiales la piedra (granito y pizarra), madera y teja, con escaso
aislamiento de la humedad, lo cual no beneficiaba en absoluto a los
enfermos en el tratamiento de sus males.
El resto de siglo transcurre sin incidencias demasiado
graves. En la segunda mitad de siglo con la mejora de los hábitos
alimenticios y las innovaciones técnicas y sanitarias, harán que los índices
de demografía vayan ascendiendo paulatinemente, excepto una fase de
descenso en la veintena del 40 y 50 (se pasa de 438 habitantes en 1846 a
412 en 1860) no demasiado acusada ni de consecuencias graves.
La siguiente cita de datos específicos sobre
Villasbuenas de Gata se encuentra en el año 1958 ofreciendo una visión
optimista desde una pose desarrollista: “…se han construido una
fuente y un puente, se han instalado el teléfono y se han realizado obras
de pavimentación. Hay una fonda y un mesón. Tres escuelas. Dos médicos
y un veterinario. Un párroco”. Todo ello desde 1940. Sea cual fuere
la intencionalidad del autor, nosotros utilizaremos los datos
objetivamente.
Es de suponer que la fuente a la que se hace
referencia es la del Chorro y el puente el que pasa sobre el Rivera
de Gata, en la carretera que une Valverde del Fresno con Hervás (camino
del cruce de la Fatela) entre los km 31 y 32, puente dicho sea de paso,
que llevaba varios cientos de años esperando ser construído.
En cuanto a la actividad agrícola, es de destacar las
30 has. de regadío para hortalizas y fruta, mantiéndose la producción
de uva sobre 2 hectáreas de terreno (de una de las has de terreno se
conoce que tenía plantadas 2.000 cepas que producían 40 Qm de fruto al año).
El olivar es el otro motor de este sector con 700 has, destinadas a este
fin. No se ofrecen datos de producción. Al igual que en etapas
anteriores, predomina el ganado de labor (bueyes, mulos, asnos, algún
caballo), ganado ovino y porcino. Éste último destinado a consumo
familiar como ha venido siendo habitual hasta fechas muy recientes.
La industria contaba con 5 fábricas de aceite, dos
tahonas y tres carpinterías.
El centenio 1900-2000, en fin, ha sido el de la puesta
en marcha de planes y mecanismos desde las diferentes administraciones que
incidan en el bienestar de la población. De esta forma, y ante los parámetros
de estancamiento económico –prácticamente subdesarrollo– de
Villasbuenas se han aplicado medidas correctoras, primero para detener el
empobrecimiento de la población, en segunda instancia para buscar índices
de bienestar mínimos y, en último término, para buscar niveles de
igualdad con el resto de la población tanto regional como nacional. El
apoyo institucional
desde planes PER (ahora PFEA) y Fondos Estructurales
provenientes de instituciones supranacionales (Comisión Europea) están
logrando al menos fijar la población (una versión moderna de fueros genéricos
para evitar el despoblamiento) y mantener unos niveles aceptables de
bienestar. Aunque no manejo dato alguno que atestigüe tal aseveración,
me voy a permitir la licencia de hacer esta referencia personal.
Probablemente, el estudio histórico de Villasbuenas
de Gata dé para bastante más; pero aquí voy a detenerlo, en esta
aproximación a su historia y estado actual, entendiéndolo como aportación
al conocimiento de nuestro pasado. La aparición de relatos posteriores a
éste no vendrán a complementarlo, sino a engrandecer la memoria histórica
de los y las villasbueneros.
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