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TUMBAS ANTROPOMORFAS EN TRUJILLO
JOSÉ
ANTONIO RAMOS RUBIO
Presentamos el interesante e inédito tema de las
tumbas excavadas en la roca en Trujillo y en su berrocal (1).
Las tumbas localizadas están situadas: tres en el
Cordel-Cañada, próxima al arrabal de Huertas de Ánimas, una en el jardín
del antiguo convento de Santa María «monja» en la Villa; una en Aguas
Viejas; dos en la finca «La Redonda»; dos en la finca “Sauces” próxima
a Belén de Trujillo; una en la cerca «Calderonas» en la carretera de
Guadalupe; una junto a la Alberca (utilizada durante años como
abrevadero); dos en «La Costera» en el berrocal de la carretera de
Plasencia.
(1) Existe un estudio sobre las tumbas excavadas en la roca
en la provincia de Cáceres del profesor Antonio González, pero no
menciona ninguna de Trujillo. GONZÁLEZ CORDERO, A.: “Las tumbas
excavadas en la roca de la provincia de Cáceres”. Alcántara, núm.
17, 1989, p. 133. Referente al estudio de otras tumbas de diversa morfología
existente en otros puntos de España, podemos citar los trabajos de FABIÁN,
J. F. y SANTOJA, M.: “Los poblados hispano-visigodos de Cañán, en
Salamanca”. Estudios Arqueológicos, I (Salamanca, 1986).
CASTILLO, A. del: “Excavaciones altomedievales en las provincias de
Soria, Logroño y Burgos”. A.E.A., nº 74 (1974), p. 5. BIELSA,
M. A: “Tipología de las tumbas antropomorfas de la zona aragonesa al
norte del Ebro”. C.N.A, XIV (Vitoria-Zaragoza, 1977). GOLVANO HERRERO,
A: “Tumbas excavadas en la roca en San Frutos del Duratón (Segovia)”.
C.N.A. XIV (Vitoria-Zaragoza, 1977).
El material sobre el que se encuentran talladas las
tumbas está ligado a la litología predominante, a los afloramientos graníticos
de Trujillo y su tierra. Están aisladas unas de otras, individualizadas,
no forman una necrópolis completa como se ha dado el caso de otras tumbas
localizadas en la Huerta de la Aldea en Mata de Alcántara. En Trujillo se
reparten en un área muy extensa asociados a terrenos de marcada dedicación
agropecuaria.
La mayoría de las tumbas localizadas en Trujillo
tienen las cabeceras semicirculares o con arco de herradura, de hombros y
pies rectos y la caja con forma trapezoidal. Considero que se trata de
tumbas de la alta Edad Media (concretamente fechadas entre los siglos VI y
VII d. C) que se desarrollaron en unos cementerios rurales de un tipo muy
particular, excavados en la roca granítica, cuyas medidas varían: en el
cordel de Huertas de Ánimas existe una tumba que mide 1,45 m; mientras
que el resto se reparte entre 1,50 y 1,75 m, y tienen una profundidad de
35-40 cm. Lo cual nos sirve para calcular la altura de los difuntos. La
mayoría de las tumbas están orientadas (en su cabecera) al Este, aunque
otras presentan una orientación Norte, por tanto, nada definitorias para
establecer una hipótesis de su disposición hacia Jerusalén (o sea,
W-E). Buscan más bien su mejor colocación en la roca. Se hallan
situadas, en pendiente en la vertiente sur de una colina y cerca de una
fuente, o incluso en los aluviones de un torrente, o entre las ruinas de
una villa galo-romana, con orientaciones diversas que pueden también
cambiar de un siglo a otro. Esta costumbre se difundió muy pronto de
norte a sur. El cadáver se depositaba con frecuencia desnudo en un sarcófago
de piedra. Estas tumbas generalmente constituían a la vez ataúd y fosa.
Solamente, existen dos cubiertas próximas a la tumba, en la cerca “La
Redonda” y la otra en una las tumbas cercanas al Cordel de Huertas de Ánimas.
Las cubiertas son lajas de granito que se colocaban encima de la tumba,
posiblemente se añadiría tierra para reforzar el sellado de la tumba.
Todo estaba previsto por tanto para la creación de un
mundo privado de los muertos, y la generalización de la inhumación,
incluso antes de la difusión del cristianismo, acentuó este carácter.
El cementerio rural reproducía el mundo endogámico de la aldea. En la
totalidad de los casos, no se enterraba al difunto desnudo sino
debidamente vestido.

No podemos especificar la existencia de ajuar en las tumbas
que estudiamos. No ha sobrevivido otra cosa que las humildes hebillas de
cinturón, o bien, pequeños broches de gancho que ceñían la mortaja y
que han sido localizados en las tumbas de las Torrecillas (Alcuéscar) (2)
o
los ajuares localizados en sepulcros excavados en la finca “Alijar del
Canchal” de Robledillo de Trujillo (3). A algunos difuntos se les enterraba con sus
utensilios, en particular a los herreros, porque como se decía en la Edad
Media: “Conocía el arte de dominar el fuego y de plegar el hierro a
sus misteriosos conocimientos”. Por eso se le consideraba como un
ser aparte en la aldea, cuasibrujo a la vez que curandero. También él
tenía un pie en lo sagrado, y por tanto, un lugar aparte en el
cementerio. A otros, en pequeños grupos, se los enterraba con sus armas
(espada, lanza o broquel), y todo su pequeño utillaje domestico (peine,
pinza de depilar, etc.). Las mujeres, a su vez, partían al más allá con
sus joyas, collares, brazaletes, zarcillos.
2 SANGUINO MICHEL: “Antigüedades de las Torrecillas, Alcuéscar”.
B.R.A.H. Tomo LIX (Madrid, 1911), p. 349.
3 FERNÁNDEZ-OXEA, J. R.: “Seis inscripciones romanas en
tierras cacereñas”. B.R.A.H., tomo CL (II). Madrid, 1962, p. 130.

En resumen, el muerto comía, luchaba o amaba. como un
vivo. Su vida era un doble material de la de un vivo. Se hacia todo lo
posible para mantenerlo tranquilo en su mundo. Algunos casos
particularmente peligrosos se exorcizaban de forma cruel a los niños que
habían nacido muertos se los empalaba, porque el inocente no podía
permanecer bajo tierra, tenia tendencia a ascender hacia la superficie en
dirección del cielo y a hacer reproches a los vivos por no haber vivido.
A otros, tal vez brujos o criminales se los clavaba al fondo de su ataúd
rocoso, mutilados o bien rodeados de un circulo de carbón de madera
purificador. Decir temor al muerto es decir también intento de
amansamiento. Las vidas de santos y la arqueología prueban la existencia
de casos de embalsamamiento con mirra. Pero, era preciso adoptar aún una
última precaución, impedir eficazmente que los vivos violaran las
tumbas.
La práctica era ciertamente corriente, han sido
innumerables los arqueólogos que han sufrido una decepción al descubrir
sepulturas ya violadas, tal es el caso de las existentes en Aguas Viejas o
en la finca de «La Costera», en tierras de Trujillo.
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