Revista Alcántara. nº 57
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Otra anécdota contada por Juanito Valderrama en relación con esta cuestión es que cuando crearon la canción de “El emigrante” fue una crítica al régimen franquista y a su sistema: Juanito siempre pensó que sería censurada, pero él nunca imaginó que llegaría a ser una canción obligada cada vez que Franco coincidía con él. Así, Juan decía “¡Dios mío, pero es que este hombre no se dará cuenta!”, y nunca se la dio.

 

Pero, a pesar de todo esto y de los siempre desafortunados exilios que sufrieron Angelillo o Miguel de Molina, quien pasó parte de ese tiempo en Cáceres, donde tuvo una estrecha relación con el queridísimo y admirado Maestro Solano, el corsé de la censura no pudo con aquellas mujeres idílicas que eran el sueño de todos los españoles.

 

Ha sido un género importantísimo en este país a lo largo de la historia. Es por ello que en algunos momentos se han intentado manipular o politizar como a todas las cosas que gozan de éxito y popularidad.

 

Tanto es así, que la historia de D.ª Concha Piquer y Miguel de Molina se vió mancillada por una rivalidad que, a mi juicio, fue sólo artística y se adornó con maldades políticas.

 

Otra razón fue la aparición de los Beatles en los años 60 y con ellos la revolución de la música pop. La juventud rebelde da un espaldarazo a la copla que la considera casi subversiva y con esta ruptura considera la ruptura con la estética oficial, es decir, con la norma. Era también la época de los cantautores y existía un discurso nuevo, con una calidad literaria y una dignidad cívica inexistente en la España de entonces.

 

La Copla queda entonces arrinconada, como dice Carlos Cano con acierto: “La Copla queda justamente arrinconada en los sótanos del olvido, pero con ella se van, desgraciadamente, muchas de las emociones que atesoraba: la voz de la marginación moral, el dolor y la soledad de las mujeres maltratadas, padres y mariquitas; la terrible moral de una sociedad reaccionaria y represora. La clandestinidad moral se esconde, entonces, entre las coplas, en el humo del cabaret y el puticlub de carretera, donde mantiene vivo su punto vital, prueba del carbono 14 de su poder emocional, hasta que la memoria histórica y sentimental de España la recupera reconociendo en ella el valor de la referencia, el punto para reconstruir la memoria de una música que narra la pasión de vivir el amor como principal valor”. Hoy atraviesa un buen momento, pero necesita pasión y, sobre todo, creatividad para contemporanizarse.

 

3. LA HISTORIA ENTRE MIGUEL DE MOLINA Y CONCHA PIQUER

 

Concha Piquer con Ochaíta, Valerio y Solano (archivo personal de la familia Solano).

 

Concepción Piquer López, más conocida como Concha Piquer, es esa asignatura obligada que deberíamos exigirnos todas las cantantes de copla. Terenci Moix ha dicho de ella que es la Greta Garbo de la Copla y Antonio Molina ha señalado que “De ella aprendimos todos, absolutamente todos. Tenía belleza, arte y un dominio del escenario como nunca había visto. La adoraba con toda mi alma”. Finalmente, Carlos Herrera ha dicho: “La Piquer, justo es reconocerlo, su mesura, su intención, su sutileza, su medio tono, es decir, su andar, dieron una grandeza a la canción española, a la escena en general, de la que éstas serán siempre deudoras”.

 

La grandeza de sus obras se traduce en su propia inmortalidad: pasarán los años, tantos como queramos, y Ojos verdes o Tatuaje seguirán sonando igual de frescos y hermosos. La belleza es inmutable, inalterable y, sobre todo, insobornable. Lejos de la pléyade de artistas que montaron compañías por cuatro duros e hicieron múltiples parodias del clavel y la pandereta, D.ª Concha fue la más grande dignificadora del género, ella no tenía rival, cuando estrenaba cualquiera de sus espectáculos no existía nadie más.

 

Concha nació en Valencia en el seno de una familia muy humilde y su infancia fue triste. A los once años debutó en Valencia y poco más tarde la descubría el Maestro Penella y convenció a su madre para que la dejara viajar hasta México. En pocos meses pasó de ser la muchacha analfabeta que sólo sabía hablar en valenciano a primera figura de Brodway.

 

Los ecos de su triunfo llegaron a España gracias a un corresponsal del periódico ABC en Nueva York, que contaba como la Piquer gozaba de toda la admiración del pueblo neoyorquino y cada noche le hacían repetir sus canciones. Pero, a pesar de todo este éxito, ella quiso regresar a España y aquí obtener grandes reconocimientos hasta conocer a Rafael de León y Manuel Quiroga, momento decisivo para la copla.

 

Entre D.ª Concha y el gran Miguel de Molina existió una rivalidad a veces fomentada por el odio de la guerra que les obligó a un difícil entendimiento que se saldaría poco antes de morir ambos.

 

Todo comenzó por la disputa de la interpretación de la canción Ojos Verdes que, según cuentan, fue creada por Rafael de León en compañía de su gran amigo García Lorca, tras el estreno de una de sus obras “Doña Rosita la soltera”, en un bar barcelonés. La pugna dio lugar a una leyenda que salpicaría la figura de Doña Concha y la haría verse injustamente envuelta en los dramáticos y vergonzosos episodios del exilio de Miguel de Molina. Este asunto es magníficamente explicado por Carlos Herrera en la colección “La Copla”.

 

Estando actuando Concha Piquer en un teatro madrileño, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Súñer, asistió acompañado por su mujer a ver actuar a esta gran artista y le pidió la interpretación de Ojos Verdes. Doña Concha así lo hizo y Él, al día siguiente, le envió un ramo de flores, ahí acabó la historia.

 

Pero, poco después, cuando Miguel de Molina fue agredido por los falangistas y expulsado de nuestro País, se propagó que el Ministro protegía a Doña Concha; tanto fue así que en uno de sus viajes a Méjico para actuar, le prohibieron la entrada por franquista, y los amigos toreros de su marido, el torero Antonio Márquez, intercedieron junto a Cantinflas para que ella pudiese actuar. Ella actuó y acuñó uno de sus grandes éxitos.

 

En 1990 Miguel de Molina, en declaraciones a Carlos Herrera, aclaró que Concha no había tenido la culpa de nada y que, a pesar de que ella tenía la conciencia tranquila, había sufrido mucho por aquellas maledicencias. Pero cuando Concha escuchó esto exclamó “¡A buenas horas, mangas verdes! Ahora viene con ésas, cuando los dos ya tenemos permiso del sepulturero”.

 

Concha era una mujer de gran personalidad y sus únicas creencias eran ella misma y su arte. Su fuerza en el escenario y fuera de él era tal que nunca se sintió amenazaba por nada ni nadie, su carácter no le permitía doblegarse. Como muestra de ello recordaré algunas anécdotas.

 

Contaba el genial Carlos Cano, quien tanto ha contribuido a dignificar y renacer la Copla, una anécdota que reflejaba el alto grado de exigencia de Doña Concha: “Algún compañero que la visitó en su domicilio me contó que le gustaba lo que yo hacía, pero no olvidó ofrecerme un consejo: ‘Dígale usted a Carlos Cano que no se canta con el corazón, sino con la cabeza’”.

 

Otra de sus anécdotas más significativas es aquélla en la que se cuenta que estando en una cacería Doña Concha cantó En tierra extraña y después se retiraron a sus habitaciones a descansar, cuando recibió un recado de parte del Generalísimo en el cual le pedía que bajara a cantar para él la citada copla, y ella contestó: “Dígale al Generalísimo que si él ya ha merendado, la Piquer se dispone a hacerlo ahora mismo”.

 

Todos los éxitos de esta mujer son innumerables y siguen estando vigentes hoy. Murió el 12 de diciembre de 1990, en su domicilio de Madrid y con ella la absurda leyenda que tanto daño intentó hacerle, ya que entonces Miguel de Molina declararía al diario ABC: “Concha era indudablemente la más guapa, también en el sentido de alegre y valiente. Era una muchacha maravillosa, la mujer más alegre que he encontrado. ¡Le costaba tanto perder la sonrisa! Aunque tenía su carácter, porque tenemos que ser sinceros y decir las cosas como son, y lo sacaba a veces, también hay que decirlo. Pero al final era buena… Había en ella algo extraordinario. Nos procuraba siempre un sentido de la alegría. Sí, era la más guapa, entonces era la más guapa, y fue siempre en sus actuaciones, profesional y magnífica”.

 

3.1. Anécdotas de Miguel de Molina

 

Al hilo de lo ya citado de este magnífico intérprete de condiciones bárbaras para el espectáculo, Miguel de Molina, comentaré la anécdota que siempre cuenta de él uno de los hombres que pudo entrevistarse en su última etapa de exilio en Buenos Aires, Carlos Herrera. Miguel nunca atendía a la prensa y siempre que le llamaban por teléfono se hacía pasar por su criada. Carlos fue dispuesto a entrevistarle como fuera y así se lo hizo saber nada más hablar con él: “¡Miguel, conmigo no utilices los trucos de la criada ni el de no presentarte al estudio fingiendo malestar!”.

 

Y así fue como quedaron en los estudios de televisión en Buenos Aires. Miguel llegó con siete horas de retraso, como no podía ser menos, un artista de sus características no podía ser puntual, como dice Carlos Herrera. Llegó con su sombrero y su capa española anhelando en todo momento su Málaga natal que tanto le hacía llorar. Después de una fantástica cena, Miguel le interpretó “Te lo juro Yo”, tal cual lo hacía en sus espectáculos, en una concurrida calle de Buenos Aires.

 

Las dos últimas personas que consiguieron entrevistar al escurridizo Miguel de Molina fueron Tico Medina y Carlos Herrera. Tico Medina pasó una noche entera con el genial artista Él resalta con especial interés el hecho de que jamás perdiera su acento malagueño. Una noche entera en la que cantó, bailó, lloró, sintió, rió… un material sensacional para cualquier publicación.

 

Pero Tico no pudo publicarlo porque, al día siguiente, recibió una carta de Miguel en la Embajada Española en la que pedía que no contara nada porque quería mantenerlo en silencio. Él amaba a España y soñaba con volver a verla, pero también sentía un gran dolor. Aquella noche, en un arrebato de arte y visceralidad le confesó: “Tico, yo no vuelvo a España si no me llama el Rey”.

 

Así pues, Miguel de Molina y Concha Piquer son las dos grandes leyendas de la canción española. El día que muere Doña Concha no fueron las únicas palabra hacia ella las de Miguel de Molina, su casa se llenó de artistas, intelectuales y políticos aquel 12 de diciembre. Todos tuvieron

grandes elogios para ella:

 

“Ha sido maestra y ejemplo de folklórica” (Imperio Argentina).

“Por su maestría y maravillosa voz de terciopelo, será eterna, estará siempre en la memoria de todo aquel que ame la canción española” (Rocío Jurado).

“Ningún caso como el suyo, fue una artista excepcional de la que me he nutrido” (Juan Manuel Serrat).

 

La memoria sentimental se puso en marcha. Cuentan que aquel día la queridísima y genial Carmen Martín Gaite interrumpió la sesión de un congreso para entonar una copla.

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