|
RESEÑAS
BIBLIOGRÁFICAS
CARMEN
CALDERÓN
DE LA BARCA
(Coord.)
70
años de nuestra historia.
Archivo
Histórico del PCEX
Badajoz,
Izquierda Unida, 2002
Carmen Calderón de la Barca, que ha poco publicase un curioso
libro sobre las masivas detenciones de miembros del PCE en la zona de
Villanueva-Don Benito a principio de los años 70, fue la encargada de
coordinar esta obra. Felipe Cabezas y Luis Fernando Pareja asumieron las
principales labores, cuyos frutos se recogen en el CD-ROM interactivo.
Hecho con declaradas intenciones pedagógicas y en edición no venal,
anuncia que su contenido puede copiarse y distribuirse libremente.
Para confeccionar esta Historia del PC Extremeño, se han utilizado
los materiales, al parecer muy abundantes, que se guardan en sus archivos,
así como parte de la bibliografía existente sobre el particular. Los
estudios de historiadores como Julián Chaves, J. Gallardo, Juan García Pérez/Fernando
Sánchez Marroyo, así como las investigaciones de Juan Carlos Molano y
José
Hinojosa,
han sido especialmente útiles.
Cuatro son las partes en que se estructura la obra, según otros
tantos periodos bien diferenciados: la II República, la Guerra Civil, el
Franquismo y la transición a la Democracia, en verdad la más extensa y
documentada. Ninguna pretende ser exhaustiva, pero suponen una valiosa
aproximación al tema. Desde luego, el aura que se percibe es más agiográfico
que autocrítico.
Tal vez lo más llamativo del trabajo resulten las numerosas, y no
pocas veces extraordinarias ilustraciones que enriquecen los textos.
Reproducen carteles electorales, octavillas, manifiestos, proclamas…,
pero, sobre todo, fotografías de actos notables (mítines, congresos,
manifestaciones, colonias penitenciarias, discursos, actividades bélicas,
ocupaciones de tierras) y de los principales dirigentes del Partido en las
distintas épocas: Máximo Calvo, Pedro Martínez Cartón, Matilde Landa,
Valentín González «El Campesino» —por citar sólo a algunos de los
«históricos». Acaso menos conocidas sean las imágenes de los
guerrilleros antifranquistas, con sus ya míticos nombres: Comandante
Carlos, Mario de Rosa, Chaquetalarga, Bellota o Godoy del Pueblo. No
carece de interés identificar a los exmilitantes comunistas del
franquismo y ver dónde figuran en los tiempos actuales.
Manuel
Pecellín Lancharro
FERNANDO
FLORES
DEL MANZANO
La
Contrarrevolución Realista en Extremadura
Badajoz,
Universitas Editorial, 2002
La Historia de Extremadura cuenta ya con una abundante bibliografía,
por más que aún presente bien perceptibles lagunas, algo inevitable en
un territorio poblado desde épocas tan remotas. A veces, el
desconocimiento afecta incluso a temas contemporáneos, digamos el siglo
XIX, según resalta el autor de la obra que presentamos, refiriéndose al
Trienio Liberal (1820-1823): «Escasa resulta la bibliografía regional
sobre un periodo tan fascinante e intenso. Pero la contrarrevolución
realista no ha merecido la menor atención de los investigadores, pese al
interés con que el movimiento insurreccional se manifestó en la región
extremeña. A llenar ese vacío historiográfico se encamina este libro,
en el que se exponen, analizan e interpretan el sentido y alcance de la
insurrección absolutista en Extremadura», escribe.
Entre sus numerosas publicaciones, otros dos libros de Flores del
Manzano conviene recordar aquí, porque guardan indudables nexos con éste,
su Historia de una comarca altoextremeña: el Valle del Jerte (Cáceres,
El Brocense, 1985) y El bandolerismo en Extremadura (Badajoz,
Universitas Editorial, 1992). Y es que guerrilleros antinapoleónicos,
bandoleros, insurgentes anticonstitucionales, carlistas y otros especímenes
con comunes nexos tendrán presencia dominante en las comarcas altocacereñas.
Fue allí, al impulso de distintos factores conjuntados, donde iba
a producirse el fenómeno que ahora ocupa al estudioso: las actividades de
la contrarrevolución realista en Extremadura. La dirigirán personajes
decididos, bien experimentados en las luchas contra el invasor francés,
ayudándose de los favores que les prestan los estamentos sociales
vinculados al Antiguo Régimen (algunos nobles, buena parte del clero
placentino, altos militares), al amparo de un territorio abrupto que ellos
conocen minuciosamente. Aquellos fervorosos absolutistas nunca obtuvieron
un respaldo popular masivo. El campesinado extremeño no los apoyó
cuantiosamente, si siquiera en las zonas donde las ideas liberales,
recogidas por la Constitución de Cádiz, contaban con menos partidarios.
La desconfianza ante las promesas de los insurgentes, el miedo a las duras
represalias gubernamentales, tal vez la crónica apatía de nuestras
poblaciones, el escaso atractivo del código absolutista como fórmula
para resolver sus problemas crónicos (hambre, falta de tierras,
humillaciones, derechos ignorados) y, sin duda, la intuición de pocas
ventajas habrían de alcanzar levantándose contra el poder establecido,
frenaron la incorporación popular a las proclamas insurreccionales. Sus
dirigentes, lanzados al monte con pequeñas partidas de familiares y
amigos, debieron desarrollar contra las fuerzas liberales las mismas tácticas
que contra Napoleón: la llucha guerrillera. Sólo la llegada de los Cien
Mil Hijos de San Luis, invocados por el veleidoso Fernando VII (caben
otras apelaciones más duras para tan nefasto monarca), acabaría con el
gobierno liberal y la persecución implacable contra los defensores de la
Constitución. Pocas ganancias iban a obtener de tal «triunfo» los
contrarrevolucionarios extremeños, al alinearse mayoritariamente junto a
los más ultras y devenir, a la postre, incómodos para el mismo rey.
Los hermanos Gregorio Eugenio y Francisco Ramón Morales, Feliciano
Cuesta, el clérigo Fernando Hermoso, Santiago Sánchez de León y Mariano
Ceferino del Pozo (alias «Bonique») fueron las figuras más
representativas de aquellos patriotas que, identificando trono y altar, se
opusieron con el trabuco en las manos a la modernización de España.
Flores del Manzano nos ofrece la biografía de tan curiosos personajes sin
ocultar su rechazo ante los planteamientos reaccionarios, ni la admiración
por la conducta tan equivocada como generosa y decidida de aquellos
hombros. El estudio cuenta con el soporte de un minucioso trabajo en una
decena de archivos (Histórico Nacional, Palacio Real, Servicio Histórico
Militar, General Militar de Segovia, catedrales de Coria y Plasencia, Histórico
provincial de Cáceres y Badajoz, etc.).
Manuel
Pellecín Lancharro
Feliciano
Correa, un humanista de siglo XXI
He recibido, fraternalmente dedicada, pues ya sabemos de la
hermandad sin mácula que une a los hombres cuyo superior objetivo es el
afán de saber, el discurso de ingreso en la Real Academia de Extremadura
de las Letras y de las Artes, de Feliciano Correa Gamero, titulado: Ideario
para un humanismo del siglo XXI, una obra paradigmática que marcará
un antes y un después en la humanística española y será un hito de
obligada referencia para los estudiosos que desde este momento intenten
tratar sobre tal materia.
Los que desde hace años conocemos a Feliciano Correa, su vital
actitud basada en una concepción integradora de los valores de la
humanidad, que como decía Terencio, nada del género humano le es ajeno,
y los que sabemos de su aspiración por la verdad libre de hojarascas que
la enmascaren; los que hemos trabajado con él, descubriendo, guiados de
su mano, la armónica belleza —de doncella siempre adolescente — de
Jerez de los Caballeros, su Jerez y también en Alburquerque y en
Benavente, entre otros lugares de la región, entendemos que el tema sobre
el que debía versar su discurso de ingreso en la Real Academia de
Extremadura, tenía, necesariamente, que ser el que ha sido, porque cuanto
en él expone constituye la estrella polar que siempre ha guiado el
sentido de los pasos de su existencia, pues, como decía Confucio: «el
tipo más elevado de hombre es el que obra antes de hablar, y profesa lo
que predica».
No pretendo hacer un análisis pormenorizado del discurso, que sería,
por la amplitud y la profundidad de las 92 páginas que lo componen, una
tarea demasiado extensa y demasiado densa para las páginas de este artículo,
pero sí queremos, a grandes rasgos, pergeñar las líneas maestras de su
ideario, y cuanto su lectura nos ha inspirados personalmente.
En los prolegómenos del discurso comienza sentado su compromiso
con la región, y con los valores culturales del pasado como piedra armera
de la personalidad de nuestro futuro como colectividad. Tengo
para mí que, hasta que no logremos contagiar a nuestros paisanos del amor
y respeto al pasado cultural, no habremos logrado en verdad ciudadanos
comprometidos con los valores más rancios e identificativos de nuestra
personalidad como extremeños.
Tras un análisis muy profundo de los aciertos y errores acaecidos
a todo lo largo del siglo XX, que nos ha ofrecido innumerables pruebas
de las capacidades y fecundidades de la mente (…), que es el siglo
de nuestro aliento vital pleno, porque los años que vivamos en el siglo
XXI serán un mero aguinaldo, pasa a realizar una serie de ocho propuestas
para los humanistas del siglo XXI, las que por su relevancia enumero
seguidamente: 1. Acciones para una nueva salvaguarda de la libertad. 2.
Necesidad de una religión más conciliadora. 3. Por una atención
especial a la naturaleza. 4. Para una inteligente utilización del ocio.
5. La aceptación del misterio. 6. Incremento de la acción solidaria. 7.
No obsesionarse con la conquista de la felicidad. 8. Educar sabiendo que
educamos para un tiempo que no conocemos. Todas ellas están desarrolladas
con tal cantidad de argumentos, de razones sopesadas, medidas y
profundamente experimentadas que no sólo nos convencen y nos emocionan
por su hondura, sino que nos ganan para su causa por el fraterno amor que
de ellas emana. Razones que nos hacen pensar que:
En la España de hoy existe ese sincretismo o la percepción
confusa de las masas que sospechan de la subordinación de los poderes políticos,
culturales, sociales y de otro tipo a los económicos y mediáticos,
aunque también existen los efectos contrarios, en una simbiosis tan difícil
de desentrañar como aquella madeja que relataba la fábula. Pero lo grave
del asunto no es el hecho en sí, sino la toma de conciencia por las
clases sociales de que el hecho es así, lo que trae como consecuencia el
desdibujamiento de las ideologías políticas, religiosas, etc. Ya que: No
podemos afrontar el futuro inteligentemente, sin propuestas que emerjan
con una referencia ética.
Acerca de la segunda proposición, me hace pensar que parece ser
que los occidentales tenemos el sentimiento de que nuestra cultura
—nuestra religión— es la dominante, cuando las culturas orientales
son, como mínimo, iguales o superiores en riqueza humanística y en
potencial espiritual, teniendo en cuenta que el brahamanismo, el budismo y
el confucionismo son más antiguas que la religión judeo cristiana
occidental. ¿No sería conveniente que abandonáramos esa difidencia, y
que mirásemos con más consideración hacia Oriente y, por extensión,
hacia otras culturas? El autor propone una profunda revisión de
pensamiento religioso futuro, más conciliador y menos dogmático y más
conciliador y comprensivo, que propicie un lugar de encuentro en tanto
campos donde no es necesario afrontar posturas. No vaya a ser que —añadimos
nosotros— el agua bendita de la pila parroquial nos produzca urticaria
cuando nos santigüemos.
Feliciano Correa en demoledor con los que toman los bienes de la
tierra como si fueran de su propiedad, cuando lo cierto es que sólo
somos usufructuarios, dice. Y denuncia a los que maltratan, arrasan
o exterminan parajes, aguas aires o animales (…). Explica, el autor,
que habría que analizar profundamente la frase del Génesis: Procread
y multiplicaros, henchid la tierra; sometedla. Puesto que esta sumisión,
se ha producido no pocas veces con violencia, crueldad, riesgo y
destrucción que van más allá del mero sometimiento. Y si a todo
ello, añadimos nosotros, que los países más poderosos, se niegan a
limitar la emisión de contaminantes a la atmósfera, y que Estados
Unidos, por ejemplo, compra la cuota de polución a los países más
pobres para emitirla en su nombre. Así veremos dentro de nada cómo las
ratas de las cloacas trasladan sus madrigueras a las nubes, pues no en
vano sostechamos que, a nivel de calle, estamos respirando los flatos del
infierno ascendido a la acera. Esta atmósfera necesita permanentemente un
servicio de diálisis, o acaso nuestra tos será la penúltima de nuestros
bronquios, porque ahora escupimos mucha más nicotina que hace diez años,
cuando fumábamos. Demencial.
Aboga, Feliciano, en su cuarto punto por (…) La apreciación
del valor de lo humilde (…). Ahí está la noche estrellada (…), el
vaivén del mar, el trote hilvanado de los gorjeos del arroyo (…), paraíso
perdido (…), porque el mercantilismo ganó la partida a la lírica.
Los que conocemos su alma de poeta nos extraña su vena idílica. Porque
como decía Tagores: «Cuanto más grandes somos en humildad, tanto más
cerca estamos de la grandeza». También me parece haber oído decir, a no
sé qué soñador trasnochado, que los más altos son los más humildes,
pero es que ya sabéis de la profunda sordera que sufro.
Aceptemos el secreto, reeduquemos en el enigma al hombre consumidor
de polvo y de residuos, para que limpie de estiércol los establos de
Angios —o los recovecos más profundos de su alma— y haga correr por
ella las augas cristalinas del arroyo Alfeo (como acaeció en uno de los
trabajos de Hércules —o lo que es lo mismo la necesidad imperativa de
nuestra mente de articular el pensamiento hacia elevadas metas en donde lo
positivo no sea exclusivamente la materialidad sino el sosiego analítico
de que nuestra vida es tránsito—.
Aboga, Feliciano, por el incremento de la acción solidaria entre
los pueblos, contra las bolsas de pobreza, contra los dictadores, las
mafias, los explotadores, etc., que trafican con el sudor y el hambre de
sus semejantes, induciéndolos en muchas ocasiones al suicidio o al
delito. Tengo una duda por descifrar con estos seres, no sé, cuando miro
sus caras estólidas, si sus semblantes expresan cansancio o entereza. Y
que acaso su felicidad estribe conseguir deglutir algo a lo largo del día
que sea más sólido que su saliva, así lo afirmaba Cervantes, cuando decía:
me
moriré de viejo y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman
hombre, cada individuo es una variedad de su especie.
Porque
sepamos que los otros, los menesterosos, los parias de todos los tiempos
de la historia, esos que intentan mirar las estrellas del cielo tendidos
boca abajo reflejadas sobre un charco de cieno, están todos agrupados en
nuestra conciencia, junto a la idea de felicidad —que para ellos se
encarna en la sagrada trilogía de: comida, techo y trabajo— que cada
instante les negamos. Y que son tan pobres que no tienen una simple moneda
para jugarse a cara o cruz su dignidad de humanos. Por eso Feliciano
Correa basa la felicidad: (…) en la amistad, la libertad, la justicia
o el amor. Porque una cosa es clara, el hombre solamente dispone de la
felicidad que así mismo se ha dado, puesto que aspirar a una felicidad
permanente supone un escollo para la propia felicidad. Y porque hay que
tener en cuenta, además, que cuanto más felices seamos, tanto más
desgraciados nos hará la idea de pensar en la posibilidad de perder la
dicha que poseemos; más convendría saber si guardamos entre nuestros
recuerdos alguno que sea bastante feliz como para recordarlo.
Es cierto que sabemos que educamos para un tiempo que no
conocemos, nos dice Feliciano, que como buen maestro nacional (y
catedrático experimentado) conoce de pe a pa, las técnicas educativas, y
sabe que los seres humanos tienen la capacidad, desde las células más
primitivas hasta las más complejas, de evolucionar y de adaptarse a las
propuestas educativas que vayan surgiendo en el devenir de los tiempos. De
la misma forma que los españoles de más de 45 años no fuimos educados
para la democracia y hemos sabido hacerla consustancial con nuestras
vidas, ni tampoco lo fuimos para la informática y ahora el ordenador es
nuestra memoria mediata, nuestro archivero y nuestro confidente, ni lo
fuimos para la televisión y el mando a distancia se ha convertido en
nuestro brazo más querido, que nos permite seleccionar desde la poltrona:
operaciones triunfo del aborregamiento, crónicas planetarias, los chistes
guarros de Barragán o los folletines de la crónica rosa, negra o
violeta, como las fuentes ilustrativas del océano cultural donde nada
—naufragan — los españoles/as de hoy.
Aún estando conmovido por la sabiduría que atesora el Ideario
para un humanismo del siglo XXI, deseamos a nuestro amigo-hermano,
Feliciano Correa, como humanista practicamente, que su sapiencia y su tesón,
sirvan para mantener y aún elevar el prestigio de la Real Academia de
Extremadura, que lo acoge entre sus miembros, y porque no
es tanto el hombre por la altura de su prosapia, sino por la de su mente.
Pedro
Cordero Alvarado
FERNANDO
AYALA
VICENTE
La
vida política en la provincia de
Cáceres
durante la Segunda República
Cáceres,
2002
Institución
Cultural El Brocense
Dentro del contenido de su tesis doctoral, leída en la Universidad
de Extremadura en la primavera de 2000 y dirigida por el catedrático de
Historia Contemporánea, profesor Sánchez Marroyo, con título: La II
República en la provincia de Cáceres. Elecciones y partidos políticos, el
doctor Ayala Vicente saca a la luz otra de las partes claves de esa tesis,
en este caso el apartado referido a la vida política en Cáceres durante
la etapa republicana.
Y al igual que sucediera en su primer libro, Las elecciones en
la provincia de Cáceres durante la Segunda República (ERE, 2001),
vuelve a mostrar que la consulta de unos acervos documentales novedosos e
indispensable como los procedentes del Gobierno Civil de Cáceres,
constituyen un sólido aval en el análisis histórico del siglo XX, y
especialmente en períodos tan convulsos de esa centuria como la Segunda
República. Y es que ha sido una suerte que esos fondos se hayan
conservado sin alteración ni expolio, pues no es todas las provincias se
puede decir lo mismo. El caso de Badajoz, por citar un ejemplo, es
bastante ilustrativo, ya que hasta los años cincuenta su documentación
se encuentra en paradero «desconocido».
Estamos, pues, ante un documentado trabajo de investigación histórica,
que analiza la vida política en Cáceres durante la experiencia democrática
de los años treinta, ateniéndose para ello al comportamiento registrado
en una serie de variables. Con ese fin se estudian las formaciones políticas
y su estructura interna, las contradicciones y debates más frecuentes
entre sus miembros, sin olvidar su grado de protagonismo en cada población,
comarca y provincia. Un contenido, por tanto, diverso, que estimamos
adecuado para entender la trayectoria de socialistas, republicanos y
conservadores en unos años marcados por la tensión y el permanente
conflicto social.
Completa su minucioso trabajo sobre las pautas políticas seguidas
durante la República en Cáceres, con otros contenidos sin cuyo
pormenorizado análisis difícilmente se puede entender el apartado
anterior. De esa forma, asuntos tan presentes en aquellos agitados años
como la precariedad en el empleo, los eternos e irresolutos problemas
agrarios o la no menos candente y complicada cuestión religiosa se
exponen de forma detallada, demostrando fehacientemente la interrelación
existente entre la actividad política y la búsqueda de soluciones y
entendimiento para tratar de resolver, o cuanto menos paliar, los efecto
de aspectos tan primordiales para la anhelada paz social.
Pero independientemente del cúmulo de problemas que se tuvieron
que afrontar en esta segunda experiencia republicana, resulta
especialmente llamativo, y en ello incide acertadamente el autor a lo
largo de toda la obra, el interés mostrado por los cacereños por la
actividad política, sin precedentes hasta entonces, así como la continua
movilización en que estuvieron inmersas las clases sociales más
necesitadas. Esa politización y permanente movilización demuestran la
ingente dinamización que adquirió la actividad política, social y
cultural republicana, en una provincia que hasta el 14 de abril se había
caracterizado por todo lo contrario. Nos encontramos, sin duda, ante una
aportación precisa y documentada sobre uno de los pasajes de la historia
extremeña más susceptible de controversia, que necesitaba de la
publicación de trabajos de estas características para sedimentar las
bases de lo que fue la dinámica política cacereña entre 1931 y 1936.
Julián
Chavez Palacios
FÉLIX
POBLACIÓN
El
espejo del olvido
Institución
Cultural El Brocense
Cáceres,
2002
El espejo del olvido es la novela ganadora del Premio Cáceres de
Novela Corta 2001. Refleja una etapa de la posguerra que fue mucho más
larga de lo que dicen los libros de historia, vista desde los ojos de un
niño. Situada en el Norte de España (Gijón), donde acuden las primeras
oleadas migratorias procedentes del interior del país, buscando un futuro
más estable.
El protagonista, el pequeño Fran que a edad temprana está
desvelando los misterios de su niñez. Un matrimonio llega a la pensión.
Con él entran en el niño otra serie de vínculos afectivos, emociones,
encantos, que afinan su sensibilidad. El destino acabará por distanciar a
la pareja debido a la disparidad de sus personalidades.
La vida del hombre, afanoso por buscar nuevos derroteros en otro país,
dejará a la joven esposa a merced de la soledad y la vuelta a sus raíces.
Allí sólo encontrará un pueblo vacío como su propia vida.
Para entonces, Fran ya será un joven que un día visitará el
cementerio de aquella perdida aldea y hallará el nombre de la mujer en la
lápida, como si fuera el código de identidad de un tierno amor perdido.
Cipriano
Palomino Iglesias
ATILIO
ALBERTO
VERÓN
A
través del cristal
Institución
Cultural El Brocense
Cáceres,
2002
Relatos del argentino Atilio Alberto Verón, ganadores del Premio
de relatos Ciudad de Coria (Cáceres) en 2001. Este escritor está en la línea
de Julio Cortázar o Borges. Sabe muy bien escribir relatos y conocer los
rincones del alma humana, que es lo que demuestra en algunos de estos, uno
de los cuales es eminentemente prodigioso, el titulado «El ojo del pez».
Cipriano
Palomino Iglesias
EDGARD
MORIN
LOS
ANIMALES EN LA CULTURA EXTREMEÑA
“Comprender
es al mismo tiempo un medio y un fin de la comunicación humana”
“Los animales en la cultura Extremeña” es el título de una
obra recientemente publicada por Ediciones Carisma, libros S.L. ( Badajoz,
España 2.002) coordinada y editada por J. Marcos Arévalo con la
colaboración de J. Alcalá, E. Barcia, P. Barrios, Y. Guío, M. Lozano,
E. Martos, P. Montero, J. Rodríguez.
Prologados por la pluma experimentada, la reconocida
profesionalidad y saber antropológico del catedrático de antropología
Salvador Rodríguez Becerra, se presenta la obra a la que hacemos
referencia. En esta publicación, los autores, procedentes del campo de la
antropología, la lengua, la música, la literatura y sus didácticas,
todos ellos con experiencia investigadora y docente, elaboran una monografía
que nos muestra una peculiar manifestación de la cultura extremeña. Se
trata de un conjunto de ensayos que tienen como propósito realizar una
aproximación a los cometidos, funciones y significados de la presencia
animal en las representaciones y expresiones simbólicas colectivas de la
tradición oral.
A través de diferentes fuentes de referencia (documentos de la
tradición oral: rituales festivos, medicina popular, romances, leyendas,
cuentos, refranes, dictados tópicos, dichos, adivinanzas, trabalenguas y
apodos, música y juegos), se construye el manual como una propuesta de
apertura de una línea de investigación en torno a las relaciones
naturaleza-cultura en el contexto de la comunidad autónoma de referencia.
Esta propuesta tendrá continuidad en un proyecto más amplio enfocado a
la realización de una trilogía sobre la cultura extremeña.
Conectando ya con los contenidos del texto, en un primer apartado
se mencionan los “roles, funciones y significados” de la presencia
animal en las manifestaciones festivo-comunitarias. Animales vivos y
productos animales que se diseccionan y se convierten en valor económico
o valor simbólico; sacralización del animal que se realiza a través de
su inclusión en los cultos o ceremoniales, enlazando así la actividad
cotidiana de los humanos con la dimensión alegórica.
Desde esta perspectiva el animal pasa a formar parte
circunstancialmente del “cosmos social”, transmutando su agresividad
en sumisión, metamorfosis ritual y simbólica que encierra múltiples
significados pero que siempre resulta útil socialmente.
Las reflexiones, estudio e interpretaciones de textos y
experiencias procedentes del trabajo de campo, nos muestran aspectos
relevantes de las expresiones rituales, lo que nos permite situarnos ante
un nivel de análisis antropológico.
En el apartado que nos aproxima al universo de las creencias en
relación con la medicina popular, se establecen asociaciones entre
afecciones humanas y remedios tradicionales elaborados a través de
elementos naturales culturalmente reconocidos y vinculados con el mundo
animal; remedios cercanos a la magia, a las cualidades prodigiosas que se
fusionan con creencias, mitos o ideas a las que se otorga un “carácter
sagrado”.
Curación; magia y hechicería; vida y muerte; ambivalencia o
dicotomías entre lo favorable y lo maligno; animal beneficioso o animal
execrable. Formas de entender el mundo que no se enjuician como
irracionales sino dotadas de un sentido interno en el que se profundiza
mediante el análisis del pensamiento simbólico que representan.
Tomando como referente el romancero tradicional nos acercamos al
campo literario, analizando esos pequeños poemas representativos de
situaciones a menudo impactantes de la vida real, que se transforman en
historias para ser narradas en el transcurso de los tiempos, refiriendo
parte de la realidad sociocultural del momento. De los textos de la
tradición oral analizados se realiza un detallado desglose, incidiendo en
frecuencias, variaciones en la designación de los animales o en aspectos
gramaticales: adjetivaciones, variaciones lexicales y diminutivos. Del
mismo modo, se cuantifican las versiones, los temas, el contexto en el que
aparecen y el predominio o escasez temática, concluyendo con la idea de
que los romances, al contrario que los cuentos tradicionales no llegan a
conformar un grupo propio.
La leyendística, se aborda haciendo referencia a la dispersión de
los materiales que aparecen en cuentos, leyendas, fábulas o en
tradiciones locales. Se alude a los sincretismos detectados en algunas
leyendas cuando coinciden elementos religiosos con lo profano, o en los
momentos en los que la naturaleza humana se fusiona con la propiedad
animal, aleación que se produce al ligarse elementos arcaicos con la
modernidad.
Partiendo del referente histórico, algunas representaciones de
cultos paganos podemos percibirlas en confrontación con elementos de la
cristiandad y por el contrario historia y leyenda se unifican y nos
revelan como se va de “lo testimonial a lo mítico”, del realismo al
simbolismo.
La leyenda se contempla viva y todavía representativa y vinculante
con el propio entorno y contexto cultural, refiriendo el valor plurisimbólico
de ciertas tradiciones acerca de los animales ancestrales.
El estudio de los animales en los cuentos nos ofrece el testimonio
del animal que tiene presencia en las leyendas extremeñas y su proximidad
al hombre, circunstancia que no impide que se cumplan las funciones que se
encuentran representadas en los cuentos maravillosos.
Se muestra igualmente, cómo pese a la existencia de lo prodigioso,
es el realismo de este tipo de narraciones lo que predomina. Las
transmutaciones o metamorfosis que se muestran en otros apartados aparecen
también aquí. Los animales de nuevo se presentan humanizados, aunque a
veces la ambigüedad de algunos personajes de los que no llega a
confirmarse su naturaleza animal sugiere una humanidad confusa.
Todo el capítulo se complementa con la referencia a diversas
especies de animales no fantásticos que aportan a los diferentes cuentos
extremeños el elemento mágico.
El refrán como testimonio de las formas de vida y pensamiento es
analizado en su conexión con el mundo animal, previa una mención a los
orígenes, funciones y uso de este género. Esta forma de tradición oral
representativa de una comunidad y alejada de toda marca personal, se
asocia a un repertorio simbólico que recoge y traslada determinados
valores que han sido consensuados ya por la población de referencia.
La función social del refrán, en la comunicación, en la solución
de problemas cotidianos; la evolución de las paremias, la reproducción
de estereotipos a través de ellas o su valoración como elementos
enriquecedores de una lengua que nos aproximan a las formas de pensamiento
del pueblo, son algunos de las reflexiones que argumentan el ensayo.
En los dictados tópicos se analizan las diversas formas expresivas
de algunos de los géneros de la tradición oral. El origen, la formación
y las funciones de los apodos, considerados como instrumentos lingüísticos
y simbólicos de una comunidad, se interpretan como elementos
configuradores de los procesos identitarios.
Se diferencia la dimensión mítica de la dimensión contextual y
con ello los significados caracterizados por la universalidad o por una
percepción más particular según se trate de relatos de ficción, de
refranes, dichos o dictados tópicos.
Se enfatiza la capacidad metafórica y simbólica de los animales
para expresar figuraciones de características humanas y su utilidad
sociocultural. Símiles zoológicos peyorativos referentes a la condición
femenina; utilización simbólica del animal para representar conductas o
peculiaridades humanas; la asociación del animal a la virtud de un santo
etc. son aspectos que se ponen de relieve a través de los análisis e
interpretación de los dictados tópicos.
La perspectiva lingüística se integra en el análisis comparativo
y cualitativo, a la búsqueda de la significatividad del género que se
analiza.
En el apartado dedicado a la música y desde los cancioneros o
testimonios recogidos de la tradición oral, se realiza una aproximación
a la simbología, significados y funcionalidad de los animales como
elementos protagonistas de danzas y coplas populares. Al abordar el análisis
de los textos musicales se incide de nuevo en la metáfora zoológica. El
animal en el rito pagano y cristiano, en la sátira y la burla, en la vida
pastoril y en la cotidiana. El animal como elemento gastronómico, la ya
reiterada metamorfosis hombre-animal percibida ya cuando en las danzas el
hombre imita sus movimientos, son algunas de las representaciones que se
muestran en el análisis de las piezas musicales.
En cada tramo del estudio se introducen textos de coplas y
canciones en las que aparece la simbología animal; rituales cristianos y
paganos o ritos de paso encadenados a la costumbre, destacando las
reiteraciones y la ausencia o escasez de algunas representaciones
animales, que apoyan la clasificación final de especies y funciones.
La presencia animal en los juegos se examina a través de las
diferentes colecciones de juegos populares. Las manifestaciones lúdicas
son introducidas con los mensajes subyacentes. El juego infantil popular,
como patrimonio cultural, se valora no sólo por su dimensión lúdica
sino por su aplicación didáctica, reiterándose la caracterización
animal como una de las figuraciones habituales de la participación en el
juego.
Las relaciones entre hombres y animales son analizadas mediante las
características o atributos que se les asignan y que por otra parte
sirven de pauta para que los propios humanos asuman esas cualidades
representadas en el animal. Así se habla de resistencia y docilidad,
ternura e inocencia, concentración y reflejos, bravura y valentía,
astucia, miedo, precaución o habilidad.
Una primera parte del capítulo se dedica a los procesos
clasificatorios de los animales que aparecen en los juegos populares,
remitiéndose igualmente el texto a la taxonomía zoológica.
En todos estos ensayos el protagonista de las relaciones es el
animal. Animal real como elemento fundamental de la dieta carnívora,
animal quimérico, sacralizado, mito, rito y evocación ancestral. Animal
amenazador y portador del mal, animal que incita a la alegría, el animal
compañero, sustituto de la afectividad humana, el animal provechoso para
el equilibrio ecológico. Animal bueno, animal malo.
Y es que los animales tienen presencia en la vida del hombre de una
u otra forma, real, imaginaria, próxima o lejana. El hombre reinventa la
condición animal añadiéndole atributos humanos y divinos, trascendiendo
así la relación entre especies.
Los vínculos hombre-animal nos remiten a las viejas
civilizaciones, en las que se creía en la duplicidad del alma; el “alma
selvática” que los individuos poseían además de la suya propia,
encarnada en un animal (animal-compañero) con la que tenían cierta
afinidad o identificación psíquica, lo que Lévi Brühl denominaba
“participación mística”.
Implicaciones simbólicas relativas a animales podemos encontrarlas
en los ceremoniales de circuncisión. Los africanos de la costa occidental
dan a los incircuncisos la identidad animal que se transforma en humana
cuando se les practica la circuncisión, perdiendo así su animalidad. Por
otra parte, prácticamente en todas las religiones se adscriben atributos
animales a dioses supremos; en la religión católica los evangelistas
tienen emblemas de animales y el mismo Cristo se autodenomina cordero de
Dios.
En estas y otras muchas representaciones, el animal se ve alejado
de su verdadera naturaleza, y el hombre, para quien el “ser animal” se
relaciona con lo psíquico o instintivo, integra en su vida ese contenido
metafísico del símbolo, ese fragmento animal del instinto que forma
parte de su naturaleza humana.
El conjunto de perspectivas que aquí se presentan y pese a los
diferentes enfoques, logran establecer una coherencia estructural en la
obra que se muestra en la sistematización de los aspectos que se analizan
y en la convergencia en la búsqueda de la significatividad.
Aunque prevalece el trabajo de análisis documental se aportan
experiencias de trabajo de campo. Algunos apartados poseen el valor del
esfuerzo de recopilación de datos, clasificación y categorización,
quedando abiertos a la reflexión interpretativa. Otros entran de lleno en
las valoraciones antropológicas, en la fase hermenéutica; en general se
tiende a ofrecer una visión de conjunto, sobrepasando el nivel de análisis
de un estudio parcial.
El libro es una interesante aportación a un campo de estudio poco
frecuentado y como bien expresa el coordinador de la obra, si bien existen
referencias acerca de la ritualidad sacrificial de algunos animales,
escasean las aportaciones que hagan referencia a los significados o
simbolismo que se proyecta en las manifestaciones culturales de la tradición
oral.
La colaboración de varios autores enriquece la perspectiva; varias
miradas y diferentes áreas disciplinares dan lugar a la aplicación del método
comparativo y por otra parte las coincidencias o discrepancias que se
registran pueden facilitar la elaboración de conclusiones y la
categorización.
Además de los contenidos rituales, simbólicos o socioculturales,
los textos que se examinan aquí, poseen una armazón narrativa
susceptible de análisis semiológico, tarea en la que se aplican
habitualmente en su quehacer profesional algunos de los autores. Este
aspecto se enfatiza en la obra al abordar el la exploración de los
diferentes documentos y testimonios y al considerar la importancia de la
dimensión narrativa de estas formas de expresión cultural.
Indagar en los materiales de la tradición oral en busca de los
elementos permanentes, descomponiendo su singularidad al penetrar en los
diferentes estratos semánticos, o la búsqueda de elementos
intertextuales para extender la interpretación más allá de la intención
primitiva del autor buscando otras alternativas, enriquece el análisis y
apoya la interpretación.
En relación con la continuidad de la investigación que se plantea
como proyecto de futuro, nosotros apuntaríamos en la dirección de
incidir en el trabajo de campo, explorando en la actualidad y vigencia de
los repertorios analizados y en la posible modificación de los géneros
porque la tradición oral no se agota en una etapa, que ya en parte se
analiza aquí, sino que sigue vigente y en continuo proceso de reactivación.
En este sentido reivindicamos la necesidad en este tipo de
estudios, de extender la mera retórica del texto académico hacia el
territorio de los significados, ir a la busca del sentido de las acciones
y comportamientos, a la condición abierta de la indagación antropológica.
Un ejercicio que nos permita llegar a una categorización verificable,
sostenida por una propuesta metodológica adecuada que nos pueda aproximar
a la semántica de las identidades culturales.
En general se adolece de una hermenéutica de nuestro legado
cultural; se ha incidido abundantemente desde distintas disciplinas en los
fenómenos culturales que son evidentes o fácilmente descifrables,
teniendo, todo aquello que se resiste a la percepción, un tratamiento de
menor intensidad.
Sin embargo, ambos aspectos configuran el corpus cultural de una
determinada sociedad, los aspectos materiales o tangibles tienen una
configuración simbólica subyacente y los valores interculturales tomados
de las diferentes unidades significativas residen ahí. Algunos fenómenos
culturales pueden a veces presentarse como inasequibles a nuestra
comprensión, pero esto no debe condicionar nuestra determinación de
abordar el estudio de su significatividad, porque como expresaba M. Harris
“Si pensamos que un enigma no tiene una respuesta, nunca la
encontraremos”.
Paloma
Sánchez Miguélez.
Antropóloga
social. Cáceres.
Diciembre
de 2002
226
Reseñas bibliográficas
|
|