Revista Alcántara. nº 56
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POEMAS

HILARIO JIMÉNEZ GÓMEZ

 

   Hilario Jiménez Gómez (Montánchez, 1974) es profesor y Licenciado en Filosofía y Letras (Filología Hispánica); pronto obtuvo el Certificado de Suficiencia Investigadora de la UEX y en el año 2000 el Grado en la Licenciatura. Ha dedicado sus investigaciones íntegramente a Federico García Lorca y a Rafael Alberti, publicando varios artículos sobre ellos y un importante libro titulado Lorca y Alberti, dos poetas en un espejo (1924-1936), que actualmente se encuentra en vías de reedición.

   Ha escrito dos libros de poesía: Paisaje sin figuras, su primer poemario aún inédito, y el reciente En un triángulo de ausencias (en prensa). Los poemas que presentamos en estas páginas pertenecen a un nuevo libro en el que el autor pasea por un museo ideal que alberga sus cuadros predilectos; seleccionamos aquí parte de los dedicados a la obra del artista extremeño Eduardo Naranjo (el título de cada poema hace referencia exacta al cuadro que se observa).

 

«ABRAZO DE DOS AUSENTES» (1978)

 

El tiempo ya no viene a visitarme

y sentado en esta vieja silla

olvidado

sin ventanas

sólo regresa a mí tu rostro

para besarme dulcemente.

 

Aquella noche la lluvia acompasada

marcó el ritmo de nuestra vida

y desde entonces fundidos

en un abrazo muero extasiado

todos los días

a esa misma hora

junto a ti.

 

Pero el día termina

y hoy todavía no has venido.

 

Ya no tengo fuerzas para pensar

en aquella tormenta que te arrancó de mí.

Después de tantos años

entiendo que no vas a volver.

 

No quiero que tu imagen ausente

se olvide de mí. Anciano,

con movimientos pausados,

al fin salgo a buscarte

...y esta noche me dejo morir

pensando únicamente

en aquel encuentro

de dos personas que se abrazaban

eternamente.

 

«DESNUDO DE HOMBRE EN EL MAR MENOR»

(1984-1987)

 

(Evocación primera)

 

Tumbado frente al mar

inmutable

observo sus olas romper altivas.

 

Y mientras las duras rocas

se desvanecen

violadas

ante el insistente y envejecido

ir y venir de los siglos,

regresa con juventud

aquel mes de noviembre

cuando tú y yo nos besamos.

 

(Segunda evocación)

 

En estas rocas

sentado

creo encontrarte entre la arena

y las espumas.

 

Sigo unas huellas ya idas.

Me llevarán a ti;

lo sé. Insisto.

 

Corro porque se hace de noche.

 

No podré encontrarte

cuando suba la marea,

cuando el sol ahogue

sus últimos brazos

entre levante y batalla,

cuando la noche eterna

duerma ya

para siempre

entre tus labios y los míos.

 

(Evocación última)

 

Desnudo

camino recto hacia el mar,

mirando a la noche

con los brazos abiertos.

 

El agua me envuelve,

parece arroparme en tu ausencia,

en la noche,

en el sueño.

 

Me siento perdido

pero no quiero regresar.

 

Mi ropa ya no está.

Mis zapatos esperan.

 

Cansados de retroceder,

mis pies me llevan al fondo...

Y mis ojos

sumergidos

se pierden en este mar oscuro

y ya no sabrán volver.

 

«UN GORRIÓN EN MI VENTANA» (1987)

 

La vida es un pájaro pequeño que duerme entre las manos.

Si aprietas con fuerza para que no escape morirá;

si acaricias suavemente y le abres confiado terminará huyendo.

 

La nuestra

tras una ventana cerrada

nos observa triste desde que me abandonaste.

 

«RUINA» (1989)

 

Una casa oscura y vacía que invade la niebla.

Una cama deshecha de la que caen sábanas usadas.

Unos pasos que se despiertan dormidos

caminando ciegamente hacia la luz.

   

   y ella le llama desesperada

   ... pero él no la escucha

 

La corriente de una puerta abierta

le arrastra sin remedio hacia el vacío

mientras la luna amanece con dientes de muerte

sonriéndole sobre las olas.

 

   y ella le tiende su mano

   ... pero él no la mira

 

En su cuerpo desnudo la humedad del mar

hará brotar semillas y rosas negras

y las nubes contemplarán extasiadas

el milagro de romperse ambos en cada roca.

 

   y ella le grita sin consuelo

   ... pero él no la siente

 

El niño galopa asustado por el viento

con el esqueleto de la luna entre sus piernas.

Y su madre atada entre las sábanas

llora vacía tras un espejo estéril.

 

A UN DIBUJO CON DEDICATORIA

(Badajoz, junio de 2002)

 

            A Eduardo Naranjo, pintor de versos,

           cazador de sueños y sobre todo amigo

 

Esa mirada tuya se clava en mí

distraída y ocultando el rostro

un secreto eterno me confiesa.

Arriba la luna oscurece la escena

reconociéndome un paraíso ahora perdido

donde los pájaros huyen en bandadas

ocultando al hombre las flores y el sueño.

 

Nunca podrá la vieja muerte

arrancar de mis ojos nuestros días,

retazos de una vida que he vivido

a tu lado siempre, sin conocerte.

No quisiera morirme hoy

junto a este frío invierno arropado

olvidándome de tu primer abrazo.

 

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