GUADALUPE
Y SU ENTORNO: MONASTERIO Y MUCHO MÁS
EMILIO
JARAÍZ RIVAS
Desde que Gil Cordero descubriera la imagen de Nuestra Señora de
Guadalupe en el siglo XIII, nació el Monasterio y la Puebla, situada en
medio de un auténtico bosque y rodeada de agrestes montañas difíciles
de cruzar; el sitio se convirtió en un lugar de religiosidad, de cultura
y saber. Lo que en principio fue una modesta y pequeña ermita acabó
transformándose en una espectacular obra arquitectónica, donde se
cultivan todas las ramas del saber humano y talleres de manifestaciones
artísticas. El Monasterio encierra entre sus muros grandes tesoros artísticos
como la Basílica, los sepulcros, la imagen de la Virgen, pinturas, el
Retablo Mayor, la sillería del Coro, los museos, el Claustro Mudéjar, la
Sacristía, el Camarín, etc.
La declaración de Guadalupe como Patrimonio de la Humanidad,
reconoció el incalculable valor de este enclave. Aquí finalizó durante
muchos siglos el caminar de miles de peregrinos. Todo gracias a la
existencia de una Virgen y a la fe que le profesan gentes de todo el
universo. Sin la Virgen el entorno sería diferente, tal vez un lugar
desconocido y precario al que pocos habrían podido llegar.
De Guadalupe, convertida desde hace mucho tiempo en Villa, se dice
que es una joya, un tesoro, un vergel, una maravilla repleta de magníficos
monumentos, un lugar cargado de arte, historia, religiosidad y
universalidad, y es, así mismo, desde hace siglos, un centro comercial,
un enclave turístico y un asentamiento industrial.
Ciertamente Guadalupe y su entorno es un auténtico milagro de la
naturaleza.
La mayoría de las personas que aterrizan por Guadalupe llegan atraídas
por el Monasterio y su Virgen, luego unas compras en las tiendas de
recuerdos, una degustación de la gastronomía que ofrecen los mesones y
restaurantes e inmediatamente regresan a sus lugares de procedencia. Casi
nunca tienen en cuenta que Guadalupe, todo no empieza y acaba en el
Monasterio. Hay muchas más cosas que ver, aunque lo importante sea el
monumental edificio. Cuando se despertó en nosotros la curiosidad de
conocer que más había en Guadalupe y sus alrededores, realizamos una
visita por el pueblo y sus término municipal y quedamos sobrecogidos.
Como consecuencia tienen sentido las siguientes rutas que ofrecemos:
RUTA
PRIMERA
1.
Hospital de San Juan Bautista
Los hospitales son en Guadalupe tan antiguos como su Santuario.
Junto al ermita primitiva y después cerca del templo hubo siempre uno o
varios hospitales o asilos para atender a los enfermos, pobres y
peregrinos que en devoción acudían a Nuestra Señora. Entre los más
importantes destacan el Hospital de San Juan Bautista o de Hombres,
reconstruido en 1402; Hospital Nuevo o de las Mujeres, fundado entre 1435
y 1447, Enfermería de los Monjes Enfermos trasladada en el siglo XV al
claustro gótico.
Además de estos tres hospitales tenía Guadalupe otros centros de
acogida de peregrinos, enfermos y pobres transeúntes. Algunos de carácter
médico como el Hospital de la Pasión, y otros como simples asilos o
refugios. Aunque todos recibían el nombre de hospitales, vocablo que en
textos de los siglos XIV y XV se refería a locales en los que por caridad
podían comer y dormir peregrinos y pobres, no todos eran centros de
curación médica, sino albergues sostenidos por el monasterio, por
fundaciones piadosas o instituciones de culto como algunas cofradías.
El Padre Yáñez (1389-1412), primero de los Jerónimos, edificó
el grandioso Hospital de los Hombres con hermosa capilla dedicada a San
Juan Bautista, de ahí su nombre. En este hospital antes que en parte
alguna, y por indulto apostólico, se diseccionó por primera vez el
cuerpo humano. Tuvo también especial relevancia por el tratamiento de las
enfermedades venéreas como la sífilis.
2.
Escuela de Medicina, Cirugía y Farmacia
Con toda certeza puede afirmarse que existió en Guadalupe, en su
famoso hospital de San Juan Bautista, un centro de aprendizaje de medicina
y cirugía que en un sentido amplio puede llamarse Escuela, aunque como es
lógico no tenía carácter universitario, ni entre sus cometidos y
competencias estaba el otorgamiento de títulos médicos. En ella doctores
o físicos, cargo desempeñado por monjes con autorización pontificia,
daban sus lecciones a religiosos jóvenes para que se instruyeran en el
arte de la medicina. También fue escuela de práctica o de
perfeccionamiento para médico que acudían expresamente con este fin. El
número de plazas era muy limitado.
Ya a comienzos del siglo XVI empiezan a escasear los cirujanos
frailes y se extiende la docencia a seglares, a los que se da alimentos,
cama y lecciones de cirugía.
3.
Colegio de Infantes
Bastante bien conservado se encuentra el antiguo Colegio y un
Seminario, propiedad hoy de Paradores Nacionales, precioso ejemplar del
arte mujéjar en sus claustros techos y portadas. Fundado por el Padre
Juan de Azpeitia por los años de 1509 a 1512, servía para la enseñanza
de la Gramática y Canto, y en él ingresaban aquellos que ganaban las
becas en él establecidas por la Comunidad así como otros muchos
externos.
En sus aulas se han formado personajes ilustres de la época de
Carlos V como el Arzobispo de Sevilla o el Licenciado Gregorio López.
4.
Cementerio viejo
Con la peste que asoló España en 1488 murieron muchos religiosos,
peregrinos, caminantes, pobres y habitantes de la puebla, y hubo
necesidad, por no haber ya sitio en la Iglesia y Cementerio que había
ante el atrio, de habitar un camposanto en la viña mayor, el cual quedó
desde entonces para los pobres y peregrinos que morían en los hospitales.
5.
Iglesia nueva
Edificio con portada barroca es un suntuoso templo de tres naves
con crucero y cúpula dedicado a la Santísima Trinidad. Fue construido
por don Manuel de Lara y Churriguera en los años 1730-1735 a expensas del
Duque de Veragua, descendiente de Cristóbal Colón.
Casi un siglo estuvo destinado a ayuda de la parroquia. Llegada la
exclaustración de 1835 fue abandonado y despojado de retablos, altares,
cuadros y enseres de culto, llegándose casi a derrumbar.
Actualmente con la orden Franciscana, ha sido restaurado y
convertido en Auditorium o Salón de actos.
6.
Calle nueva de los Capellanes
Antiguas viviendas de los capellanes. Fundación que el Rey Don
Alfonso XI instituyó al reedificar y ampliar el Santuario para que
Guadalupe quedase desde entonces con número suficiente de clero a su
servicio para ser tenido y considerado como una iglesia Colegiata.
7.
Casa Cuna
Guadalupe comenzó a ser un lugar al que llegaban gran variedad de
gente, y con ello vicios e inmoralidades. Ante esta situación el
Monasterio no pudo desamparar los frutos del vicio. Por esto cuantos expósitos
aparecían en el pueblo fueron recogidos en la Casa Cuna.
No sólo albergó a estos expósitos sino también a los huérfanos
causa de la pobreza de sus padres.
Esta Casa Cuna desapareció hacia 1839.
8.
Casa de la buena cristiana
Una joven mora de Tánger fue instruida por los antiguos cristianos
en la fe católica, llegando a aborrecer la mahometana. Intentó varias
veces, sin conseguirlo, huir con alguno de aquellos cautivos a España, y
cuando ya, desposada con un moro, había de celebrar su boda, desesperada
se encomendó a Nuestra Señora para que la sacase de aquel trance.
Estando en esta angustia vio aparecer, en medio de una vivísima luz sobre
las costas de España, que a la vista tenía, la Santa Casa de Guadalupe y
promete a Nuestra Señora visitarla en su templo en cuanto llegue a la
tierra deseada. A poco de hecha la promesa logra escapar con dos cautivos
cristianos y al llegar a España fue bautizada cambiando su nombre de Fátima
por el de Isabel. El 7 de septiembre de 1448 entraron los dos cautivos en
Guadalupe, donde se casó y vivió consagrada al servicio de Nuestra Señora,
siendo de una vida tan ejemplar que todos la llamaban «La Buena Cristiana».
Murió en 1504 siendo enterrada en la nave mayor del templo; sobre su
sepulcro está grabado el relato de este caso maravilloso.
Posteriormente, el 4 de febrero de 1485, tuvo lugar en su casa el
primer juicio celebrado por La Inquisición contra los herejes.
9.
Arco de San Pedro
Guadalupe estuvo rodeada por una muralla de cinco puertas de acceso
que se conservan hoy en día. Tres de ellas eran interiores y dos
exteriores. No ocurre lo mismo con la muralla de la cual solo quedan
vestigios.
El Arco de San Pedro es una de las puertas interiores, por ella
entraban los peregrinos que venían del Norte.
10.
Hospital Nuevo o de Mujeres
Fue construido por Juan de Zamora durante el periodo como Prior del
Monasterio (1444-1447) ante los abusos que los mesoneros cometían contra
los peregrinos. En un principio se llamó Hospital Nuevo y más tarde este
edificio se destinó para mujeres, llamándose por este motivo Hospital de
las Mujeres.
11.
Hospital de San Sebastián
Estaba a cargo de la Cofradía de este nombre, en la calle de San
Sebastián, travesía de la Calle Real a la de Don Pedro.
12.
Hospital de la Pasión
En la Puebla de Nuestra Señora de Guadalupe existe una Cofradía y
hospital, de la Sagrada Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, en la que se
reciben pobres peregrinos para dormir.
Es muy antigua, data de comienzos del siglo XV, y los cofrades
tienen que ser cristianos viejos.
Esta Hermandad desaparece en 1783, mediante ley que suprimía todas
las cofradías excepto las Sacramentales.
Esta casa hospital pasó a manos particulares y fue convertida
hacia 1870 en fábrica de jabón, y las imágenes que albergaba y que los
cofrades veneraban fueron trasladadas al Monasterio.
Todavía se conserva la casa en la Calle Pasión, donde estuvo
establecido este Centro.
13.
Hospital de Santa María de la O
Propio de la Cofradía de este título, en la antigua Calle
Corredera. Al igual que el anterior también albergaba peregrinos.
14.
La cárcel
Nombrado inquisidor de Guadalupe el Padre Arévalo junto con el
doctor Don Francisco Sánchez de la Frente y Don Pedro Sánchez de la
Calandra, se presentaron en el Monasterio en la Navidad de 1484,
comenzando inmediatamente los actos.
Murieron quemados en la hoguera 52 herejes; condenados a cárcel
perpetua 20 y desterrados de la puebla unos 200. Los inquisidores salieron
de Guadalupe el 3 de diciembre de 1485.
15.
Muro de la Corredera
Uno de los pocos puntos conservados de la antigua muralla que
rodeaba Guadalupe para.
16.
Farmacia
La farmacia tuvo verdadero culto en Guadalupe. Sobre todo fue
cultivada por los religiosos, aunque tampoco faltaban muy buenos
boticarios seglares. Procuraron especialmente alcanzar el conocimiento
perfecto de las plantas, muchas de ellas medicinales, que abundaban en las
montañas que rodeaban la puebla; otras, muy raras, procuraban cultivarlas
en los huertos que tenían junto a la Botica.
Era también de fama universal, que en su Botica no faltaba
medicamento alguno por raro o costoso que fuese, y aun se conservan listas
de medicamentos que se remitieron durante el siglo XVI a personas de toda
España.
La Botica principal se hallaba dentro del Monasterio en la zona
norte del claustro gótico, obra de principios del siglo XVI. También
existían boticas fuera del recinto monacal; se cree que había alrededor
de seis hacia 1389, siendo la primera la de Peresteban.
17.
Almudí o granero de los frailes
Hermosa pieza de arte civil donde los Jerónimos guardaban el trigo
para dar de comer a la comunidad, habitantes de la puebla y peregrinos. En
muy buen estado de conservación, fue destinado a vaquería de la
Comunidad Franciscana.
18.
Hospedería Real
Construida por mandato de los Reyes Católicos durante el Priorato
de Fray Nuño de Arévalo, sus planos corrieron a cargo de Juan Guas, su
maestro de obras, el cual, hacia el año 1486-1487, estuvo en Guadalupe
concertando la obra con el prior y maestros de albañilería y cantería.
Esta hospedería estaba formada por dos cuerpos escalonados, y en ambos
había sus claustros y galería, altas y bajas. En el más alto y próximo
al Monasterio se hallaban las habitaciones de los Reyes. El salón de
ceremonias tenía cerca de ochenta pies de largo por veinticuatro de ancho
y sus artesonados de lo mejor que se trabajaba en toda España; aunque más
pequeño había otro salón llamado el rico.
Fueron numerosos los pintores, vidrieros y otros artistas que lo
adornaron, siendo muy probable que trabajara en esta obra Juan de Flandes.
19.
Plaza de Santa María
Situada a los pies de la impresionante fachada del Monasterio,
cuenta con la presencia de la fuente gótica, antigua pila bautismal, en
la que fueron bautizados los primeros indios traídos por Cristóbal Colón
de América, llamados Cristóbal y Pedro.
Bajo sus soportales, como hoy en día, estaban situados los mesones
donde eran atendidos los peregrinos. Entre ellos fue muy famoso el Mesón
Blanco y el Mesón del Rincón.
De ella parten las calles que llevan al Barrio de Arriba y Barrio
de Abajo.
En esta plaza están situados dos de los arcos de entrada a la
antigua puebla, uno es el Arco del Chorro Gordo y otro el Arco de Sevilla.
RUTA
SEGUNDA
1.
Casa de Gregorio López
Gregorio López de Córdoba y Valenzuela (1496-1559) es el más
ilustre de los hijos de Guadalupe. Famoso jurisconsulto fue alcalde mayor
de la Puebla entre 1520 y 1525; abogado de la cancillería de Granada
entre otros títulos.
Su mejor obra y la que le ha dado mayor fama fue la glosa que hizo
de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, cuya primera edición con
aprobación del consejo real se publicó en Salamanca en 1555.
Actualmente la casa sigue en pie siendo de propiedad particular.
2.
Casa del poeta Ángel Marina
Nació en la casa del arco de Sevilla en 1888. Estudió un tiempo
en el seminario de Toledo, pero dada su delicada salud se refugió en su
casa de Guadalupe donde, sin pertenecer a escuela poética alguna del
siglo XX, se dedicará a cantar a la Madre de Guadalupe, al paisaje de su
pueblo, a la historia secular del monasterio, a los desvalidos, a su
familia y a las guerras que asolaron los campos de España y Europa. Así
hasta su muerte en 1950.
3.
Arco de Sevilla
Una de las puertas interiores defensivas de la puebla. Por ella
entraban los peregrinos que venían del Sur, de la Andalucía Occidental.
Era una calle principal donde se situaron los comercios, la mayoría de
los cuales estaban en manos de los judíos, de los que conservan su
arquitectura.
4.
Plazuela de los tres chorros
Toma su nombre de la fuente con tres caños y cruz central que allí
se ubica. Data del siglo XV y es una de los múltiples puntos de
abastecimiento de agua a los vecinos de la Puebla.
Las casas que circundan la plaza se presentan agrupadas, con típicos
soportales de madera y balcones floridos, evocando las antiguas costumbres
de la sierra extremeña.
5.
Casa del vaquero Gil Cordero
Según reza la leyenda, por los años de 1317 a 1322, a un sencillo
vaquero venido de Cáceres, cuyos ganados pastaban por el cerro de
Altamiras, se le perdió una vaca, la buscó durante tres días hasta
encontrarla muerta. Para aprovechar siquiera la piel, pensó en
desollarla, pero al hacerle la cruz en el pecho, se levantó viva la vaca.
Estando en esta confusión se le apareció Nuestra Señora y le dijo que
fuese a su tierra, Cáceres y advirtiese a los clérigos que viniesen y
cavasen en aquel sitio, donde la vaca estaba muerta, y hallarán dentro de
un antiguo sepulcro una imagen suya; que no la mudasen de allí, sino que
le hiciesen una choza para colocarla, porque, con el tiempo, habría de
alzársele un grandioso templo con su pueblo, donde derramaría a manos
llenas sus bondades y misericordias.
Partió el vaquero para su ciudad, y al entrar en su casa, halló a
su mujer llorando amargamente por un hijo que se le acababa de morir.
Confiando el pastor en el poder de la Celestial Señora que se le
había aparecido, con mucha Fe le rogó que lo resucitase, para que así
fuese más fácilmente creído en la difícil embajada que Ella misma le
había encomendado, ofreciéndose a su perpetuo servicio. Viniendo los clérigos
para enterrar a su hijo ocurrió el milagro y el vaquero les narró lo
acontecido.
Llegaron los clérigos al citado lugar y encontraron en él un
antiguo sepulcro y dentro la imagen de la Virgen, todo como Ella le había
manifestado. Erigieron la ermita y desde aquel día Gil Cordero, su mujer
e hijos custodiaron y sirvieron a la desde entonces llamada Nuestra Señora
de Guadalupe por haberse encontrado próxima al río de este nombre.
Con Gil Cordero y su familia comenzó la población de Guadalupe en
torno al lugar que Nuestra Señora había fijado como trono de sus
gracias. El pastor está sepultado, según indica un azulejo del siglo
XVIII, en la nave contigua a la actual sacristía junto al lugar que la
tradición señala como el de la aparición y hallazgo de la santa imagen.
6.
El arco de las eras
Fue la puerta por la que entraban en Guadalupe los peregrinos
provenientes del Sur extremeño.
Ha
sido restaurado recientemente por alumnos de la Escuela Taller.
7.
El arco del tinte
Toma su nombre de uno de los numerosos gremios que existían en la
puebla en esa época, tales como tintes de tejidos, caldereros, orfebres,
plateros, alfareros, etc.

RUTAS
DE LAS ERMITAS
Si el viajero permanece más de un día en Guadalupe hay muchas
excursiones para hacer por los alrededores. Sin duda las principales son a
los que en su día fueron dependencias anejas al Monasterio. A tres o
cuatro kilómetros de Guadalupe, a poniente, sobre la plataforma natural
formada por los valles de Valdegracia y del Infierno, en medio de un
cerrado bosque de castaños, robles y álamos, está la Granja de
Mirabel.
Aunque iniciada su construcción con anterioridad, fue donada al
Monasterio a mediados de siglo XV, momento en el que adquirió su actual
fisonomía, siendo utilizada como lugar de recreo de los Reyes Católicos
y de sus hijos. En lo sucesivo se utilizó como zona de descanso de los
propios monjes jerónimos y de los reyes y personalidades que visitaban el
Monasterio. Se trata de un conjunto mudéjar, con añadidos barrocos del
siglo XVII, que con la Desamortización pasó a manos del Marqués de la
Romana. Actualmente sigue en manos privadas.
Al S. de Guadalupe, más o menos a idéntica distancia que la de
Mirabel, está la Granja de Valdefuentes, conjunto iniciado en el
s. XIV y terminado en el s. XVI que sirvió para idénticos cometidos de
descanso y recreo de frailes y reyes. Predominan los elementos mudéjares
y renacentistas, destacando el taujel mudéjar labrado con notable calidad
artística que cubre la capilla. El conjunto es también propiedad privada
desde hace siglo y medio.
Continuando en nuestro recorrido nos encontramos con la ermita
de San Blas. Oratorio rural de estilo gótico, construida en el s. XV
y restaurado en 1945. Esta ermita se halla situada en el camino de Cañamero.
La festividad de San Blas se celebra el día tres de febrero. Los
habitantes de la puebla acuden con devoción a festejar el día con el
Santo.
A muy corta distancia de San Blas se halla la ermita de Santa
Catalina, oratorio rural de estilo gótico, construido en el siglo XVI
por orden del prior jerónimo fray Juan de Siruela. Fue reformada en 1967.
Hasta hace unos años se venía celebrando en los alrededores de la
ermita una romería el día 25 de noviembre, habiéndose perdido en la
actualidad esta tradición.
Antes de iniciar el descenso hacia Guadalupe por la parte norte nos
encontramos con la ermita del Humilladero. Construcción gótico-mudéjar,
realizada en el s. XV durante el priorato del padre Yañez. Aquí se
arrodillaban los cautivos redimidos y los peregrinos para venerar a la
Virgen de Guadalupe al divisar por primera vez el Santuario. Uno de esos
cautivos fue precisamente Miguel de Cervantes, el inmortal autor de El
Quijote, que acudió a Guadalupe a ofertar los grilletes que los turcos le
pusieron durante su apresamiento en Orán.
Una excursión que a algunos visitantes gusta hacer es hasta el
impresionante Viaducto construido en los años cincuenta para una línea
férrea que nunca llegó a terminarse.
RUTA
DE LOS MOLINOS
Los molinos de Guadalupe fueron medios necesarios para el
desarrollo en la producción del pan durante los siglos XV al XIX. Su
principal función era moler el grano, como el trigo, alimento primordial
de nutrición en la sociedad de esta época y eje de su economía.
También se usaban para lavar la ropa de los monjes y hacer todos
los paños que en la Casa se tejían. Estos molinos reciben el nombre de
batanes, pues en ellos era donde se batía la ropa y más tarde el cobre.
Los molinos de Guadalupe estaban asentados en la ribera del río
Guadalupe porque la fuerza que los movía y regulaba era el agua.
En un principio estas construcciones eran todas de particulares,
que atraídos por este núcleo de expansión y movimiento económico
fueron asentándose en la Puebla por la demanda de trabajo que producía
el monasterio a través de todas sus explotaciones oleícolas y ganaderas.
Según sentencia ejecutoria dada en Granada en 1508 y 1511 a favor
de esta Santa Casa, todas las explotaciones referentes a la molienda
pasaron a ser propiedad de este monasterio, por la cual tenían y
regulaban toda la producción de harina en los molinos.
A partir de la llamada Presa del Mato o de la Huerta Nueva, que
sirve para abastecer de agua potable a Guadalupe, los edificios más
importantes fueron los siguientes: Molino
de la Herrería, Molino de la Herrería, Molino de la Herrería.
Estos molinos fueron en principio herrerías, que más tarde
pasaron a ser molinos, ya que no salía el hierro tan bueno como pensaban
los monjes. Fueron transformados en molinos de trigo siendo prior fray
Hernando de Sevilla en 1546.
Molino del Castañar,
vendido a este monasterio en 1398.
Anteriormente
se le conocía por el nombre de Citolero. También recibió el nombre de
Molino del Pan Blanco ya que hacía muy buena harina. Actualmente ha sido
restaurado.
Batán de arriba, fue
adquirido por el monasterio a principios de 1443.
Molino de Carnicero,
era el segundo en importancia en la molienda del trigo. Se llamó así por
su dueño, Pero Fernández Carnicero. Fue adquirido por el monasterio el 3
de febrero de 1417. Linda por su parte de arriba con el puente de Cañamero,
y por abajo con el arroyo de Matapellejeros. Aquí se molía todo el pan
del pueblo. Más tarde se llamó del Martinete porque sirvió para batir
el cobre. Por último se le dio el nombre de Molino de la Peleña, apodo
de una de sus últimas propietarias.
Batán de Abajo,
pasó a ser del monasterio en el año 1339. Esta edificación fue
posteriormente hecha batán, el cual servía para lavar la ropa del
pueblo; más tarde se utilizó para la lana de tejeduría y para aserrar
madera.
Molino del Estanque,
construído en los años 1420-1425. Fue una de las obras de vanguardia de
la Edad Media dentro del área de la hidráulica. El padre Alhobera dice
de él: «es muy bueno y tiene mucha pesca, al cabo de ésta hay una presa
muy alta y fortísima, que atravesando el valle, pasa de la una a la otra
ribera, reprimiendo el ímpetu de las aguas, levantándose un edificio
suntuoso y uno de los buenos que hay en el Reino para molino…» «…Entre
estas ruedas hay una de tanta velocidad y presteza, que muele cada hora, más
de doce fanegas de trigo. Desta verdad fue testigo el Católico rey Felipe
II, haciéndose la experiencia en su presencia con un reloj de arena el año
1570…”.
Actualmente todos estos molinos son de propiedad privada.
RUTA
ARCA DEL AGUA-POZO DE LAS NIEVES
Por el mismo camino que desde el Monasterio nos lleva al
Humilladero y prosiguiéndolo después por Miramonte hasta el fin, se
llega hasta el «Arca del Agua», situada en las laderas de la
Villuerca. Es una obra monumental de fontanería, para dotar al monasterio
con sus dependencias y al pueblo con sus huertos de abundantísima agua.
Para ello fue necesario horadar las pétreas entrañas de esta sierra,
construir numerosos túneles y galerías en busca de los riquísimos
manantiales ocultos, conducirlos a depósitos o arcas, para desde allí,
perforando y traspasando después las entrañas del cerro de Miramonte,
llevar en gran abundancia tan necesario y preciado líquido a más de
cinco kilómetros hasta la Puebla y el Monasterio.
Esta empresa colosal, una de las obras hidráulicas más importane
de los siglos medievales, fue realizada por el segundo Prior secular,
Toribio Fernández de Mena, por los años de 1350 gastándose en ella más
de 30.000 doblas de oro.
La obra de fontanería de Guadalupe fue una de las cosas que más
admiró en Castilla el barón de Romisfhal, cuñado del rey de Bohemia,
cuando visitó España en 1465. En tiempo de los Jerónimos se amplió y
perfeccionó esta obra por el gran maestro Alonso de Placencia, a
principios del s. XV, gastándose de nuevo importantes sumas de dinero.
Afortunadamente aún permanece, si bien abandonado y expuesto al
continuo derrumbe de piedras y malezas, causado por la ignorancia de
transeúntes y pastores, el Pozo de la Nieve, obra hermosa y de
gran capacidad, cuya construcción data de siglos anteriores al siglo XVII
(siglo éste en el que fueron construidas las casas anejas al pozo,
actualmente derruídas). Este pozo servía para recoger la nieve caída
durante el invierno y así proveer de agua fresca tanto a la puebla como a
los peregrinos.
RUTA
DE ISABEL LA CATÓLICA
Camino Viejo Cañamero-Guadalupe
Cañamero es punto de partida en esta ruta caminera y guadalupense
de dos leguas largas, arte rupestre, un asesinato alevoso, pastores sabios
en el camino, el agua corriendo, antiguos cerezales asilvestrados, un
castaño milenario con su nieto, el pico Villuercas coronando, la fuente
La Gaita y la ermita de Santa Catalina como antesala de Guadalupe.
Subimos entre alisos y otras frondas a la vera del río Ruecas
dejando a un lado la cueva de Álvarez y sus restos pictóricos sobre el
charco de la Nutria. Sobre este lugar está la loma de los Castillejos y
el Risco Viejo.
Recientemente se hizo un pantano y el sendero asciende hasta la
cabecera de la Presa del Fresno en la cota 600 que iremos bordeando por la
margen izquierda.
Un ancho carril va siguiendo río arriba a la vera del pantano con
pequeños regatos confluyendo. El recorrido hasta Guadalupe discurre
verticalmente entre los 598 metros de Cañamero y los 980 metros de
altitud donde el Castaño del Abuelo, para bajar al Guadalupejo en la cota
560 antes de subir a la puebla 80 metros por encima del río.
Entre el arroyo de los Hilos y la Garganta de las Pedrizas se
aparta la vereda a la derecha junto a una fuente que nace allí mismo,
seguiremos un pequeño cauce hasta subir a la Cruz de Andrada en la cota
690.
Pegando a la cruz el camino sigue hasta la fuente de la Levosilla
(de la alevosía) dando vista al caserío donde tres hermanos regentan una
explotación caprina, buenos guías circunstanciales que después de
refrescarte te indicarán si «yerro» el camino hacia el melonar de los
Frailes por los 800 metros de altitud, sobre la garganta de las Pedrizas y
pasando un pedregal verde-rosa bajo la sierra del Águila.
A partir del collado del Ventosillo cambia la propiedad y aunque se
sigue en aguas de las Pedrizas la finca se llama Silvadillo por otro
regato que tiene el Guadalupejo. Subimos entre viejos cerezos y robledales
supervivientes del pino con una gran diversidad botánica y zoológica. La
vertiente acaba con el término de Cañamero; al otro lado está Guadalupe
y su primer hito biológico e histórico es el milenario Castaño Abuelo,
del que ya hablaban las crónicas del año 1353 definiendo los límites de
Cañamero. Sobre su copa anidaron águilas reales, vivían ardillas y
enjambres de abejas a salvo del oso, entonces rey de Las Villuercas. Servía
su roído tronco de refugio de cazadores y pastores con sus cabras. El
abuelo dejó allí mismo un nieto de igual casta y sorprendentes
dimensiones. Las aguas vierten bajo la artística mirada de Mirabel al río
Guadalupejo. A la derecha del castaño sigue la senda por la falda de Pico
Agudo, que en el siglo XV se llamaba Mojón de Valtravieso.
Vamos descendiendo sobre el valle de Guadalupe entre miles de
variedades florales y numerosa micro fauna colorida que refresca la Fuente
de la Gaita. El follaje del robledal a veces permite ver al fondo del
Valle el recientemente restaurado Palacio de Mirabel.
La senda baja girando el monte hasta la ermita de Santa Catalina,
con cota 700 m, y descanso antes de rematar el kilómetro que nos queda
hasta el río y media hora hasta la Puebla de Guadalupe subiendo por el
viejo camino, ahora asfaltado, pasando la Fuente del Piojo, que lleva por
la calle de la Cruz hacia el centro de la población.
NATURALEZA:
FLORA Y FAUNA
En las Villuercas se alcanzan las máximas alturas de los Montes de
Toledo. Su intrincado e impresionante relieve, la abundancia y variedad de
su vegetación, las corrientes de agua, las precipitaciones, contribuyen a
hacer de las Villuercas una comarca especial cuya belleza ha sido
tradicionalmente admirada.
La flora de las Villuercas la componen especies
pertenecientes al bosque o monte alto, al monte adehesado y al monte bajo
o matorral. La encina, que es el árbol por excelencia de
Extremadura, abunda en el término, pero es el castaño, el olivo y el
matorral, las tres especies más importantes de la zona. La rebolla,
el chaparro, el madroño y el brezo, junto con la jara, el tomillo, la
aulaga y el cantueso y las especies de laurisilva, dan una idea de un
bosque que en otro tiempo fue muy importante.
Merece mención especial el «Loro», especie única de esta
zona, de porte algo mayor que un arbolillo.
En los sitios de agua permanente abunda el aliso, el chopo
negro, los fresnos y sauces, los olmos y los helechos.
La flora de la comarca mantuvo la original botica jerónima del
Monasterio.
La importancia que la fauna ha tenido para la comarca ha
sido muy grande. Alfonso XI, cazando los osos que aquí abundaban recorrió
toda la serranía en monterías afortunadas, como la del Valle del Viejas.
Fue cazando como llegó el joven soberano hasta la choza escondida en el
valle del río Guadalupe, donde se veneraba la imagen recién descubierta
por el vaquero, y admirado sin duda por su fama milagrosa y la agreste
belleza del paraje, dotó espléndidamente al santuario.
Actualmente, los frescos quejigares y robledales de las Villuercas
son el relicario donde se guarece el corzo, el más misterioso y grácil
de los cérvidos europeos. Entre otros mamíferos que habitan estos montes
cabe destacar el jabalí y el ciervo. El lobo se extinguió en 1962, pero
todavía se mueven linces entre la espesura, siendo frecuentes las ginetas,
turones, garduñas, tejones y gatos monteses. No es raro el meloncillo,
que junto con el corzo caracteriza la fauna de la comarca, ya que aquí
alcanza su densidad regional. A lugares abiertos, como las dehesas de
Almansa o las riberas del Ruecas, acuden las grullas a invernar por
centenares, y remontando los arroyos se puede observar al bellísimo
martín pescador, las lavanderas blancas y boyeras y los mirlos acuáticos.
En el alisar revuelan oropéndolas y picogordos y en las
sauceras los delicadísimos mirtos. En los zarzalones mirlos y
ruiseñores, chochines y petirrojos, mientras que en las arboledas de
laderas escandalizan los arrendajos y trepadores azules recorren
los troncos, limpiándolos de insectos. en algunos valles tranquilos puede
verse la misteriosa cigüeña negra, símbolo alado de Extremadura,
siempre reservada y distante, que todavía cría en estos parajes.
Quien recorra las Villuercas en primavera o verano puede admirar al
Águila Calzada, al Águila Culebrera o el incansable planeo de milanos
negros y milanos reales. Entre los árboles caza ágiles azores,
gavilanes y los alcotanes aprovechan al atardecer para capturar
insectos. Los más afortunados, incluso pueden ver a las escasísimas águilas
imperiales, una de las aves más raras y valiosas del planeta, que
encuentran en las Villuercas uno de sus últimos refugios.
Siguiendo las cordilleras pasan los buitres leonados,
arrumbados a sus colonias tras haber buscado alimento por los contornos, y
sobre las cumbres vuela excrutadora el Águila Real, que en las
Villuercas anida con frecuencia. No suele faltar en estos requedos el Águila
Perdicera, que a pesar de ser menor en tamaño que la Real, llega a
capturar presas tan fuertes como son los zorros jóvenes.
También ocupa los peñascales de Villuercas el Búho Real, la
más soberbia de las rapaces nocturnas.
En total más de 200 especies de vertebrados, de los que un
centenar son aves nidificantes pueblan la Villuerca.
Las Villuercas es una de las comarcas naturales más bellas y mejor
conservadas de Extremadura.
OCIO
Y DEPORTE
Caza
y pesca
La tradición histórica en Guadalupe por ejercitar las nobles
artes de la caza y la pesca, se remonta a la misma aparición del hombre
por sus parajes.
Durante siglos, Guadalupe ha sido un lugar elegido y privilegiado
para el ejercicio de estos deportes. Reyes, aristocracia y pueblo llano se
ejercitaban en estos dos deportes tan arraigados como posibles en un medio
natural tan propicio.
En cuanto a la caza, a los cotos privados como: «Mirabel», «El
Común», «Ballesteros». «La Celada», etc. hay que añadir la «Agrupación
deportiva de caza de Guadalupe», que sin ánimo de lucro agrupa alrededor
de 200 socios.
La labor continua de repoblación de estos cotos facilita la
pervivencia de estas especies, que se protegen celosamente en época de
veda.
Monterías, berrera, rececho, la espera, etc., son las modalidades
de caza más conocidas entre los cazadores extremeños.
Las especies más cazadas y aprecidas en Guadalupe son: venados,
jabalíes, ciervos y corzos.
El Guadalupe, también llamado Guadalupejo, es el río que bordea
la Puebla. Discurre a través de la sierra haciendo difícil su utilidad
para el riego pero ofreciendo al caminante no sólo hermosas vistas, sino
también alguna poza reposada en la que darse un refrescante chapuzón en
verano y algún lugar donde practicar el deporte de la pesca de la trucha,
el cachuelo, la pardilla, el bordallo, la lamprea, etc.
Fue antiguamente cuanto las aguas de este río, por la fuerza con
la que discurrían, fueron utilizadas para mover los molinos que se
asentaron en su ribera.
También merecen ser destacados los arroyos de Valhondo,
Valtravieso y el del Águila, todos ellos próximos a la Puebla.
GASTRONOMÍA,
ARTESANÍA Y COSTUMBRES POPULARES
Guadalupe es una tierra propicia al sosiego, donde el viajero tiene
oportunidad de emprender un sugestivo recorrido a través de la gastronomía,
la artesanía y las costumbres populares. Tres capítulos que aportan
otras tantas notas de color y sabor al rico patrimonio artístico y paisajístico
de Guadalupe.
Gastronomía
La calidad y variedad de las materias primas son factores
determinantes en la gastronomía de Guadalupe, pueblo abundante en platos
nutritivos, como corresponde a su agreste geografía. Los excelentes
productos de sus campos, el incomparable aceite de oliva, las aromáticas
hierbas de sus montes, la caza, los vinos, dan carácter a una cocina
sana, rica en sabores y sorprendentemente intuitiva.
Es oportuno iniciar el repaso de las posibilidades gastronómicas
de la Puebla haciendo referencia al tapeo, que invita, ya sea al mediodía
o al caer la tarde, a saborear especialidades como la
morcilla de berzas, el picadillo de carne, el bacalao rebozado, etc.
Rica en caza y carnes de cordero y cerdo —la matanza sigue
constituyendo un acontecimiento por los meses de noviembre y diciembre—
la cocina guadalupense cuenta con platos tan apetitosos como caldereta de
cordero, picadillo de cerdo, etc. Finos pasteles de piezas de caza se
elaboran artesanalmente con el concurso de las hierbas aromáticas
recogidas en la sierra.
Además se elaboran una deliciosa gama de dulces, entre los que han
alcanzado merecida fama los fabricados con la excelente miel que aquí se
produce, como es la rosca de muégado. La relación de dulces y
postres es extensa y su mera enumeración puede hacernos la boca agua: abizcochadas,
magdalenas, bollo de San Blas, pestiños con miel, etc.
Los vinos más celebrado en Guadalupe, además de la pitarra particular,
tienen su cuna en Cañamero. Por su parte, el aguardiente y licores
como el de gloria, son resultado de una cuidadosa destilación
artesanal.
Platos típicos de Guadalupe
Gazpachos: Ajo Blanco y Extremeño.
Verduras y hortalizas: Espárragos trigueros y criadillas de
tierra.
Huevos y tortillas: Tortilla de trigueros.
Comidas farináceas: Migas extremeñas.
Carnes y caza: Caldereta extremeña, picadillo de cerdo y venado al
estilo de la puebla.
Postres: Miégado, almendrados, puding de higos y de castañas,
perrunillas, etc.
Artesanía
El arte del cobre y del latón, es uno de los patrimonios
culturales mejor conservados de Guadalupe. Las pequeñas industrias
artesanales Guadalupenses han conseguido pervivir a pesar de los
inconvenientes que supone el empuje industrial actual.
La tradición calderera, heredada de padres a hijos, se expresa en
una amplia tipología que rebasa el centenar de piezas. En algunos barrios
de la Puebla, un continuo martilleo anuncia siempre la presencia de un
taller, en el que el cobre y latón, por la mano artesana, se transforman
en objetos como calderos,
braseros, calentadores de cama, cazos, chocolateras, etc.
La visita del viajero a estos talleres forma parte de la vida
cotidiana de estos artistas, que gentilmente muestran sus habilidades, e
incluso te invitarán a que «pruebes» a realizar el mismo trabajo que
tanto admiramos y que tan difícil consideramos.
La tradición del bordado, de estilo lagarterano, ligada
principalmente a la mujer, ocupa otro de los oficios artesanales de
Guadalupe. Mantelerías, sábanas, toallas, colchas, cortinas, etc. son
confeccionadas tanto por manos artesanas como por muchachas de la Puebla
que elaboran su ajuar.
También se venden en Guadalupe piezas de cerámica aunque
en realidad procedente de Puente del Arzobispo (Toledo).
En cuanto a la artesanía del hierro forjado, Guadalupe
cuenta con un artesano, que en su taller perpetúa la tradición de los
maestros rejeros del siglo XV.
La cestería es
otra muestra de la artesanía popular que se encuentra en la Puebla, y
como ejemplo de ésta son los cestos para el pan, costeras para
la pesca, banastas, etc., que se elaboran con madera de castaño.
Para terminar merecen especial mención las buenas maderas de la
zona que brindan desde antaño la oportunidad de que existiesen y existan
hoy artesanos del mueble tradicional.
Todo esto hace merecedor a Guadalupe como uno de los lugares más
impresionantes y completos de la región.
Costumbres
populares
Extremadura posee un folklore rico, colorista y variado. Guadalupe
ha sabido asimilar a sus raices extremeñas los cantes y bailes que
encierran la alegría del pueblo, en contraste con las conmemoraciones
religiosas que expresan una profunda devoción de sus gentes.
Fechas de interés:
– Cabalgata de Reyes, con carrozas hechas por los habitantes de
la Puebla (5 enero).
– Romería de San Blas (3 febrero).
– Semana Santa. Representación popular de la Pasión y Muerte de
Jesucristo.
Viacrucis por las calles del pueblo.
Procesión del Santo Entierro.
– Romería de Mirabel o de la Cruz (3 mayo).
– Capeas en la Plaza Mayor (última semana de agosto).
– Novena a Santa María de Guadalupe (31 agosto - 8 septiembre).
– Día de las Guadalupes. Ofrenda floral a la Virgen (6
septiembre).
– Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe (8 septiembre).
– Día de la Hispanidad. La Virgen de Guadalupe Reina de la
Hispanidad. Ofrenda floral ecuestre a Nuestra Señora.
– Representación de la Natividad del Señor a cargo de los jóvenes
de la Puebla en la Plaza Mayor (diciembre).


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