Revista Alcántara. nº 56
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   Estas ocupaciones mundanas de los sacerdotes seculares, es una de las razones por las cuales el estudio de estos personajes, en cuanto a su presencia en Indias, está poco desarrollado: «mientras la emigración de religiosos apenas si cuenta con parcelas que nos sean desconocidas, la emigración clerical (secular) presenta enormes lagunas y ha sido la gran olvidada en las investigaciones de americanistas y estudiosos del tema» (46).

 

(41) V. HERNÁNDEZ GARCÍA, «Don Juan de Almaraz y la defensa del Indio» en III. Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo (Navalmoral de la Mata 1997), 104-110, la cita en 106. Cf. AA. VV., Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de Literatura, Ciencia y Artes. I (Barcelona 1887), «Almaraz (Fr. Juan de)», 1042; M. ANDRÉS MARTÍN (dir.), Misioneros extremeños en Hispanoamérica y Filipinas (Madrid 1993), 30; A. BARREDO y A. ALONSO, Nobiliario de Extremadura. I (Madrid 1996), 61-62; N. DÍAZ y PÉREZ, Diccionario Histórico, Biográfico, Crítico y Bibliográfico de Autores, Artistas y Extremeños Ilustres. I (Madrid 1884), «Almaraz (Ilmo. Sr. Fr. Juan de)», 29; M. MARTÍN JIMÉNEZ, «Misioneros del Campo Arañuelo que marchan a Méjico y Filipinas a Evangelizar» en VII. Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo (Navalmoral de la Mata 2001), 57-67; V. NAVARRO DEL CASTILLO, La Epopeya de la Raza Extremeña en Indias (Mérida 1978), 82-83.

(42) Cf. Exp. «Capellanías. Toril. Nº 889», cit., leg. 1, 4.

(43) Cf. I. ALTMAN, Emigrantes y Sociedad. Extremadura y América en el siglo XVI (Madrid 1992), 146-152; T. DE AZCONA, «Reforma del Episcopado y del clero de España en tiempo de los Reyes Católicos y de Carlos V» en R. GARCÍA VILLOSLADA (dir.), Historia de la Iglesia en España. III / 1º. La Iglesia de los siglos XV al XVI (Madrid 1980), 115-210, especialmente 164-207; M. FERNÁNDEZ, El siglo XVI. Economía. Sociedad. Instituciones [= J. M. JOVER (dir.), Historia de España. Menéndez Pidal. XIX] (Madrid 1989), 347-396 («El clero»); G. LE BRAS, La Iglesia Medieval, cit., 154-167; A. RODRÍGUEZ (dir.), Historia de Extremadura. II. Los tiempos medievales, cit., 370-373 («El clero y la doctrina eclesiástica»); R. SÁNCHEZ RUBIO, La emigración extremeña al Nuevo Mundo (Madrid 1993), 224-230 («Clero»).

(44) Cf. T. DE AZCONA, «Reforma del Episcopado y del clero de España en tiempo de los Reyes Católicos y de Carlos V», cit., 164-168. Esa ceremonia ha llegado hasta nosotros, concretamente hasta 1973 en que fue suprimida: cf. CONFERENCIA ESPISCOPAL ESPAÑOLA, Determinaciones sobre los nuevos ministerios sagrados y el orden del diaconado (Madrid 1974), reproducido, v. gr., en el Ritual de Órdenes (Madrid 1977), 25-30.

(45) Cf. T. DE AZCONA, «Reforma del Episcopado y del clero de España en tiempo de los Reyes Católicos y de Carlos V», cit., 183-206. Esa misma precaria situación se mantiene siglos después: cf. S. ARAGÓN MATEOS, «Notas sobre el clero secular en el Antiguo Régimen. Los presbíteros del Obispado de Coria en el siglo XVIII» en Hispania Sacra 44 (1992), 291-334.

(46) R. SÁNCHEZ RUBIO, cit., 225, el paréntesis es mío. Sin embargo, algunos de los estudios señalados sobre los religiosos contienen errores. J. GONZÁLEZ VALLÉS Y C. SÁNCHEZ FUERTES, «Religiosos extremeños evangelizadores de Extremo Oriente» en S. GARCÍA (dir.), Extremadura en la Evangelización del Nuevo Mundo. Actas y Estudios (Madrid 1990), 567-579 hablan, en p. 571, de dos sacerdotes religiosos de Majadas (de Tiétar): el dominico José Cabezas (1715-1753), y el agustino recoleto Pedro Calderón (1776-1816). También C. SÁNCHEZ FUERTES, «Estudio sociológico de los misioneros extremeños en Filipinas», ibid., 515-540, en p. 528 habla de un misionero dominico de «Majadas / Viva Fernando» que debe ser el citado José Cabezas. Mis pesquisas en el Archivo Parroquial de Majadas de Tiétar confirman que son nativos de Miajadas, como apunta M. ANDRÉS MARTÍN (dir.), Misioneros extremeños en Hispanoamérica y Filipinas, cit., 68 y 71. Sin embargo, he tenido noticia de lo siguiente: a la muerte del cura teniente Santiago Gómez Ovejero se hace cargo de Majadas Fray Tomás Márquez O.P. que firma su primera partida de bautismo el 18 de febrero de 1730, y la última el 10 de octubre de 1734: cf. ARCHIVO PARROQUIAL DE MAJADAS DE TIÉTAR, Libro de Bautismos. II (1703-1741), ff. 97 vto.-98 y 104 vto. Y, otra curiosidad, el 29 de julio de 1785, Fray Tomás de San José religioso agustino recoleto en el colegio de San Juan Bautista de Jarandilla administra un Bautismo con permiso del cura teniente Juan Gil de Xilante: cf. ID., Libro de Bautismos. IV (1784-1851), f. 7.

 

   Algunas noticias, empero, podemos añadir sobre Juan de Almaraz, aunque incompletas a causa de la imposibilidad de consultar las fuentes necesarias. Consta expresamente que obtuvo licencia para embarcar a Tierra Firme el 26 de febrero de 1538 (47). Sobre el lugar de su muerte, poco hemos descubierto. Santiago de Tolú parece fundada en 1536 por Pedro de Heredia (48), el también fundador de Cartagena de Indias, en la actual Colombia, quien junto a su hermano Alonso desarrollaron sus campañas militares en esa zona de la geografía americana49. Si se conservaran los archivos de defunciones y protocolos notariales de ese pueblo, podrían encontrarse allí nuevos vestigios de nuestro paisano, este desconocido clérigo indiano.

 

(47) Cf. V. NAVARRO DEL CASTILLO, cit., 379; R. SÁNCHEZ RUBIO, cit., 695. En el primer testimonio (que erróneamente escribe 1532) se señala la condición clerical de Juan de Almaraz, pero en el segundo, no. La fuente de estos datos es P. BOYD-BOWMAN, Índice geobiográfico de cuarenta mil pobladores de la América Hispánica. Volumen II. Años 1520-1539 (Méjico 1968), nº 3094, quien a su vez se basa en C. BERMÚDEZ PLATA (dir.), Catálogo de pasajeros a Indias durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Volumen II. Años 1535-1538 (Sevilla 1942), nº 4382, p. 261. Evidentemente estas referencias reenvían al sevillano Archivo General de Indias, la fuente definitiva que, de momento, no he podido consultar. Ambos testimonios conocen un cuarto Juan de Almaraz: «Francisco de Almaraz y Juan de Almaraz, hijos de Luis Hernández y de Catalina de Almaraz, vecinos de Granada, al Río de Plata. 25 de julio» de 1535: C. BERMÚDEZ PLATA (dir.), cit., nº 1583, p. 95; cf. P. BOYD.BOWMAN, cit., nº 4402.

(48) Cf. C. R. EGUÍA, «Heredia, Pedro de» en Gran Enciclopedia Rialp. XI (Madrid 1987, 5ª ed.), 680.

(49) Cf. N. DÍAZ y PÉREZ, Diccionario Histórico, Biográfico, Crítico y Bibliográfico de Autores, Artistas y Extremeños Ilustres. IV (Madrid 1888), «Cartagena», 821-822; ibid., XI(Madrid 1887), «Tolú» y Tolú Viejo», 72; J. JARAMILLO URIBE, «Colombia. III. Historia» en Gran Enciclopedia Rialp. V (Madrid 1987, 5ª ed.), 865-872.

 

   A través de una fuente documental distinta, hemos conseguido otra serie de datos bastante sorprendentes. Un pleito de 23 de octubre de 1773 sobre los derechos de una capellanía que Rodrigo Quijada de Almaraz reclama para sí, explica «que dicho Rodrigo Quijada de Almaraz fue descendiente lexitimo de Diego Núñez de Almaraz, segundo abuelo del fundador» (50), que ¿pudiera ser nuestro paisano? Según dice el pleito, el «28 de abril de 1557 el racionero Juan de Almaraz otorgó testamento», si bien «la capellanía testada por Juan de Almaraz, Racionero, no se llegó a ejecutar», a pesar de que «Juan Quijada de Almaraz, Inquisidor de Llerena y canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Plasencia fundó una capellanía (en la catedral de Plasencia y para dar cumplimiento a la voluntad de su pariente antecesor)... En la ciudad de Llerena a 19 días del mes de Noviembre de 1630» (51).

   No se puede confirmar que este Racionero fuera nuestro paisano, pero es muy cierto que su testamento fue objeto de disputas inmediatamente después de su muerte. En efecto, entre el 26 de mayo de 1560 y el 21 de julio de 1561, Gonzalo Guiral, sobrino y testamentario de Juan de Almaraz y, a su vez, tío de Rodrigo Almaraz y de Isabel de Almaraz, representada en el pleito por su padre Juan de Villoldo Almaraz, dispone sobre la ejecución contable del testamento de nuestro enigmático canónigo placentino (52).

 

(50) ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁCERES, Legado Vicente Paredes, Leg. 67 «Pleitos», exp. 24: «Árbol genealógico y escritos pertenecientes a un pleito entre don Jerónimo Caballero, vecino de Cáceres, y don Miguel Ansaño, de Carvajal, vecino de Plasencia sobre el vínculo y mayorazgo del racionero Juan de Almaraz. 1775», s/p.

(51) Ibid. No he logrado aclarar si esta capellanía está relacionada con otra a nombre de Fernando de Almaraz: cf. ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁCERES, Legado Vicente Paredes, Leg. 68 «Pleitos», exp. 10: «Árbol justificado de los autos seguidos, sobre el pleito de una capellanía fundada por Fernando de Almaraz. 1825».

(52) ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁCERES, Legado Vicente Paredes, Leg. 36 «Pleitos», exp. 10: «Cuenta que presentó don Gonzalo Guiral, como testamentario de Juan de Almaraz a Rodrigo Guiral, Regidor, y Juan de Villoldo Almaraz como padre de Isabel de Almaraz. 1561». En efecto, Rodrigo de Almaraz fue regidor de Plasencia: cf. ibid., Leg. 80 «Resquites», exp. 8: «Correspondiente a Rodrigo de Almaraz, regidor de Plasencia, de la redención de 3000 maravedíes de un censo. 1587».

 

3. EL DECLIVE DE LOS SIGLOS XVIII Y XIX

   El esplendor de Toril en los siglos XVI y XVII que hemos repasado de forma somera, dio paso a una época de franco decaimiento en la que tuvieron una especial relevancia las guerras de sucesión (al principio del siglo XVIII) y de independencia (al principio del siglo XIX). En los Interrogatorios del siglo XVIII que se han publicado, aparece contrastada con lacónica nitidez la influencia negativa de la guerra para la definitiva suerte del pueblo (53).

   En esa misma línea, presentamos un pleito de 1712 interpuesto por el Consejo y vecinos de la Villa de Toril sobre que se dé licencia para vender unas reses vacunas de la demanda de ánimas y cofradías del Rosario y de la Piedad (54). Se instruye siendo cura teniente Jerónimo Gómez Llorente y alcalde Honorio Hernández de Mora:

   «Que el año pasado de setecientos y diez con la venida de las tropas y de los desórdenes y excesos que ejecutaron quitando a los vecinos lo que tenían, se despobló de ellos la villa y han venido algunos y vendrán los demás. Si mediante haber quedado derrotados y hallarse oprimidos, sobre la paga de el repartimiento que se les ha dado para la guerra, hallasen forma de satisfacerles y por ayuda a salir de este ahogo... Que estos (vecinos) con su celo y devoción han dado y mantenido las vacas que hoy tienen la demanda de las ánimas y las cofradías de ntra. Sra. del Rosario y de la Piedad, y que éstas y las demás reses menores no han pagado los mayordomos del invierno de todo el año pasado... (por) no tener los mayordomos de ellas caudales de pronto para la satisfacción, se concediese licencia para que por intervención del cura teniente de la villa se vendiesen las necesarias » (55).

 

(53) Así, por ejemplo, reza la carta de 25 de abril de 1787 que envía el párroco Claudio Muñoz Luengo al Visitador Real: cf. G. BARRIENTOS ALFAGEME (ed.), Estremadura. Por López, año de 1798, cit., 412-413. También el Catastro de Ensenada, en la respuesta a la pregunta 26, da noticias sobre un tributo «el cual no saven (sic) para qué efecto se impuso por haver (sic) quemado los enemigos de esta Corona el archivo de esta Villa en años pasados» (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS, cit., Libro 151, 216 vto.).

(54) ARCHIVO DIOCESANO DE PLASENCIA, Sala «B», Civil, exp. «Toril. Nº 441». En este clasificador se encuentran 14 pleitos sin numerar. Cronológicamente el que nos interesa es el segundo, cuyos folios también se encuentran sin numerar.

(55) Ibid., el paréntesis es mío. La sentencia, que determina «vender para el socorro de los vecinos», está firmada el 16 de enero de 1712 por el Notario Francisco de Montero.

 

   Como se ve, no es difícil concluir que en la parroquia, a finales del siglo XVII, había tres cofradías diferentes: la de Ánimas, la de la Virgen del Rosario y la de la Virgen de la Piedad. Sin embargo, sabemos que en 1791, sólo permanecía la del Rosario:

   «La cofradía única de Nuestra Señora del Rosario consta de veinte y cinco hermanos, no tiene fondos algunos, más que nueve o diez reses vacunas, se mantiene de las limosnas y cuida del cumplimiento de sus cargos con los mismos hermanos el señor cura teniente» (56).

   Ya hemos explicado en otro lugar (57) que entre el 11 y el 15 de mayo de 1687 hubo un Sínodo diocesano convocado y presidido por el entonces obispo José Jiménez de Samaniego, fraile franciscano que abordó notables reformas institucionales en la Diócesis. En concreto sobre las cofradías, el Sínodo dedica 6 constituciones que versan de muy diferentes asuntos (58): no hacer nuevas sin licencia previa del Prelado, revisar los estatutos de las ya existentes, reducir a un número no exagerado, no utilizar sus fondos para fiestas profanas, obligación de presentar sus cuentas al Obispo... En particular, el Sínodo exige que en cada parroquia haya obligatoriamente las cofradías del Santísimo Sacramento, de la Vera Cruz, del Rosario y de las Ánimas (59). Por eso, no es de extrañar que entre el decaimiento del pueblo y esta normativa diocesana, ciertamente en 1791 sólo permaneciera la referida del Rosario. Y no tenemos ningún testimonio documental directo o indirecto sobre la devoción a San Blas, la única que hoy permanece.

   En cuanto a la dotación de las capellanías debemos anotar la existencia, también en 1791, de «una capellanía que por estar sus fincas perdidas se halla indotada y su patrono es el cura teniente» (60). No creo que ésta sea la de Juan de Almaraz sino otra posterior, a saber, «la capellanía que fundó Ana Nieto» (61), de la que no tenemos otras noticias. Recuérdese que los documentos sobre capellanías del Archivo Diocesano citados más arriba no van más allá de la mitad del siglo XVIII, siendo así que una carta del 17 de agosto de 1907 —nótese el salto aproximado de siglo y medio—, del párroco don José Collantes al Ilmo. Sr. Delegado General de Capellanías y Obras Pías de Plasencia, dice que en la parroquia ya no existen ni fundaciones, ni capellanías, ni memorias, ni obras pías (62).

 

(56) Interrogatorio de la Real Audiencia, cit., 772. Sin embargo, el Interrogatorio de Ensenada de 1752 y el de López de 1798, citados más arriba, no dicen nada de las Cofradías.

(57) Cf. J. M. RAMOS BERROCOSO, «Transcripción y comentario de las Ordenanzas de la Cofradía de la Vera Cruz de Plasencia, de 1709» en Ars et Sapientia 2 (2000), 85-112, especialmente 101-102.

(58) Cf. Sínodo Diocesano del Obispado de Plasencia (1687) (Madrid 1692), lib. III, tit. XIV, const. I-VI: 284-287.

(59) Cf. ibid., lib. III, tit. XIV, const. II: 285.

(60) Interrogatorio de la Real Audiencia, cit., 772.

(61) Catastro de Ensenada, ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS, cit., Libro 151, 216 vto. (resp. 26).

(62) Cf. ARCHIVO DIOCESANO DE PLASENCIA, Sala «A», exp. «Capellanías. Toril. Nº 889»: se trata de un folio suelto al final de todos los diferentes legajos.

 

   A tal situación se llegó también a causa de las calamidades sobrevenidas en el siglo XIX por la guerra de la Independencia. Si la de Sucesión fue nefasta para la suerte del pueblo, ésta no le va a la zaga. En el archivo parroquial se conserva encuadernado al final del primer Libro de Bautismos un «Suplemento a los Libros de Bautismo, de Casados y Velados, y de Muertos, que han perecido en la Ynvasión Francesa por modo de Justificación mandado practicar en la forma posible por el Tribunal Eclesiástico en este obispado por Despacho Circular que así se inserta a la letra en el presente año de 1816, siendo Cura Ecónomo de esta única Parroquial de San Blas Fr. Antonio Torres, Religioso Observante en el convento de San Francisco de la Ciudad de Plasencia, y natural de la villa de Cabezuela» (63). La descripción es elocuente por sí misma:

   «El Fiscal General Eclesiástico de este obispado expone: que desde que se experimentó en esta Diócesis y Pueblos de su comprehensión la irrupción de nuestros enemigos, se advirtió que no contentándose con los daños que en sus bienes y personas causaban a estos diocesanos, se acercaron al Santuario, a los Templos y Parroquias, no perdonando lo más sagrado, robaron, talaron y quemaron, aniquilaron y destruyeron las Casas del Señor, las Alhajas, vasos, ornamentos y ropas, que servían a su culto, y no contentos aún devastaron, quemaron y rompieron los libros parroquiales donde se hace el asiento de los que han recibido los Sacramentos de Bautismo, Confirmación y Matrimonio y el de los Difuntos. Estos males causados por Enemigos tan crueles y bárbaros, sin utilidad propia y en perjuicio de los fieles por lo trascendentales que les será y a su posteridad, es indispensable (ya que la nación se ve libre), tratar de repararlos del mejor modo. Conviene pues se libren despachos consentidos a cada uno de los Vicarios de los Partidos para que dando estos las Comisiones más amplias a los Curas Tenientes o Ecónomos de su comprehensión, cada uno en su Parroquia reciba las Justificaciones oportunas, valiéndose de testigos los más antiguos de ella, inteligentes y prácticos que puedan dar razón exacta circunstanciada de todos los parroquianos que fueron bautizados, confirmados, casados y fallecieron en ella con días, meses y años con que acaecieron si pudiese ser» (64).

 

(63) ARCHIVO PARROQUIAL DE TORIL, Libro de Bautismos. I, s/p. Es la portada de dicho suplemento que consta de otros 8 folios numerados y escritos por las dos caras.

(64) Ibid., 1-1vto.

 

   En efecto, el citado Fr. Antonio Torres acomete el trabajo:

   «En la villa del Toril a tres días del mes de Abril de mil ochocientos y diez y seis, el Sr. Fr. Antonio Torres Cura Ecónomo de esta única Parroquial del Señor San Blas, visto el anterior despacho del Tribunal Eclesiástico de este obispado y no obstante la morosidad que se nota en la práctica de las diligencias que refiere por sus antecesores Fr. Diego Vidal y Fr. Gabino Suárez... que se lleve a efecto cuanto dicho despacho previene por lo mucho que interesa a esta Feligresía por haber perecido los Libros Parroquiales con la irrupción francesa, a cuyo efecto se hace comparecer a Ambrosio Roda, Isabel González su mujer y Benita Núñez de esta vecindad, por ser las personas más ancianas del Pueblo» (65).

   Y de esta época desgraciada aún podemos aportar otros testimonios también sacados del Archivo Parroquial. El primero cronológicamente es de 1811 y se trata de una petición de ayuda económica a la diócesis para arreglar el templo parroquial, que irremisiblemente desde entonces entró en un deterioro que explica su actual ruina:

   «Manuel Ramón Ramos en nombre de los señores Deán y Cabildo de la Santa Iglesia Catedral de esta ciudad, a cuyo cargo corren los reparos que necesitan las Iglesias de este Obispado... Que la villa de Toril ha quedado muy deteriorada con motibo (sic) de las invasiones de las tropas francesas; y para ponerla en corriente es preciso, se necesitan 7600 reales» (66).

   El arreglo no debió ser muy importante porque encontramos en 1834 un pleito a causa de una reparación que se disparó en el presupuesto, siendo así que se determina la cantidad que la parroquia y el obispado deben aportar para saldar la deuda:

   «Antonio Rico pro-canónigo prevendado de la SIC y Comisario de Obras de Iglesias... que según ha expuesto el cura ecónomo de la villa de Toril, el tejado de aquella Iglesia y su maderamiento se halla con necesidad de repararse prontamente para evitar su total ruina, como ya ha sucedido con un pedazo del tejado de la sacristía que se ha hundido de lo que resulta mucho peligro su vóveda (sic) y siendo por lo mismo de absoluta necesidad la reparación y composición de uno y otro para evitar gastos mayores» (67).

 

(65) Ibid., 3vto-4. Sus testimonios sirven para reconstruir la genealogía de algunas familias, pero sin fechas ni exactas, ni aproximadas. Son citadas las de Fernando de Castro, Domingo Gutiérrez, Pedro Lobo, José Soria, Agustín Alejo, Gregorio Ramos, Joaquín Leonor, José Moral, Diego Roda y José Lucas: cf. ibid., 4vto.-8. Tras este último folio, escrito por la sola cara, hay una docena de hojas cortadas con navaja o tijera.

(66) ARCHIVO DIOCESANO DE PLASENCIA, Sala «B», exp. «Templos. Reparaciones. Nº 316»: se trata de un folio suelto cuya petición es atendida el 2 de mayo de 1811.

(67) ARCHIVO DIOCESANO DE PLASENCIA, Sala «B», Civil, exp. «Toril. Nº 441»: se trata del último pleito conservado, sin paginar. Don Ruperto García, vecino de Casatejada, reconoce y tasa la obra el 20 de octubre de 1834. El 16 de noviembre de 1834 el cura ecónomo Francisco Flórez y el citado Ruperto García nombran peritos de la obra a Isidro Mateos, vecino de Casatejada, y a Juan Manuel Domínguez, portugués, «Maestros Alarifes y prácticos en la materia», quienes elaboran el presupuesto de la discordia el 20 de noviembre de 1834.

 

   Pero tampoco esta nueva obra parece que solucione nada. A finales del siglo XIX varios testimonios son demoledores. Pero antes de pasar a ellos, nos detenemos en un Inventario muy valioso de 1893, el más antiguo conocido que se conserva:

   «Inventario de las alhajas, ropas, muebles u demás enseres pertenecientes a la parroquia de San Blas de la villa de Toril.

 

Sección 1ª. Retablos

   Retablo de las reliquias, único que existe en la iglesia, consta de tres cuerpos y es de madera sobredorada en regular estado: en el primer cuerpo hay tres relicarios en mediano estado con auténticas ilegibles, sólo en uno se lee «Millium Virginum». En el 2º cuerpo otros dos relicarios en el mismo estado también con auténticas ilegibles y la imagen de S. Blas patrón de la Parroquia; es de madera, en estado bueno y de muy poco mérito artístico.En la mesa de altar está el sagrario y dos gradillas laterales para adorno.

 

Sección 2ª. Alhajas de plata y metal

   Un cáliz nuevo, pie plata meneses, copa, patena y cucharilla de plata sobredorada y una cajita porta-viáticos cuyo peso es de 25 onzas.

   Un copón de metal blanco sobredorado interiormente, de tamaño regular, nuevo. Una custodia de metal blanco con ráfagas sobredoradas.

   Una cruz parroquial para manga nueva también de metal amarillo, grande. Otra id. de oja delata (sic) vieja. Dos pares de crismeras también de oja delata, unas viejas y otras nuevas.

   Dos lámparas de metal amarillo, una nueva y otra vieja. Un incensario viejo del mismo metal. Una calderetilla para el hisopo.

 

Sección 3ª. Ropas de seda

   Cinco casullas viejas de damasco de seda, una blanca, la segunda negra, la tercera morada, la cuarta encarnada y la quinta verde.

   Otras cinco casullas en iguales colores, nuevas de espolín de seda, adquiridas así como también las Alhajas nuevas, por el que suscribe.

   Un paño de hombros nuevo de raso floreado.

   Un palio de igual tela y también nuevo.

   Dos capas de coro viejas, negra y encarnada.

   Dos estolas una negra y vieja, la otra en muy buen uso blanca y morada para bautismos.

   Dos mangas negra y encarnada viejas.

   Ropa blanca.

   Dos sabanillas de tela de hilo un tanto deterioradas para la mesa de altar.

   Dos paños nuevos de altar, tela de hilo y encaje ancho.

   Cuatro albas, dos nuevas, la una en construcción, la otra nueva y las otras dos viejas.

   Cuatro pares de corporales en buen uso.

   Tres cornialtares y docena y media de purificadores.

 

Sección 4ª. Muebles del madera

   Un confesionario de madera pintada en azul en buen estado.

   Dos mesas, una con dos cajones para guardar la ropa y otra más pequeña.

   Un cuelgaropas de madera pintado en azul.

   Unas escalerillas para subir al púlpito.

   Tres facistoles, dos para el Misal y el tercero para la tribuna, todos de madera.

   Cinco blancos para uso de los fieles, viejos. Un tenebrario. Unas andas para cadáveres y otras nuevas para conducir a San Blas en las procesiones.

 

Sección 5ª. Campanario

   Dos campanas en buen uso de seis a ocho arrobas cada una y un esquilón de arroba y media próximamente (aproximadamente).

 

Sección 6ª. Objetos varios

   Tres pilas de piedra de grano, una en el baptisterio y las otras dos para el agua bendita.

   Cuatro candeleros de meral amarillo tamaño regular y en buen uso otros cuatro de madera en mediano.

   Una esquililla para ayudar a misa.

   Un ule (sic) nuevo para cubrir la mesa del altar.

 

Sección 7ª. Archivo

   Boletín Eclesiástico, once tomos empastados desde el año de 1866 a 1877, habiendo varios de ellos inutilizados por unos insectos que los royen (sic) y de los que no ha sido capaz de desinfectar el que suscribe. Los demás tomos sin empastar estando los ulteriores a la fecha en que me encargué de la parroquia incompletos en muchos números.

   Tres libros de bautizados, el primero comprende desde 1814 a 1858 y el suplemento a los libros de bautizados, casados y finados en la invasión francesa. El segundo desde 1857 a 86 y el tercero el corriente, todos en buen uso.

   Dos de casados, da principio el uno en 1859 y termina en 1893, el segundo está sin abrir.

   Otros tres de defunciones; el primero principia en 1814 y termina en 1858. El segundo comprende desde 1859 a 1884 y el tercero el corriente.

   Un libro viejo de la cofradía de Ánimas.

   Un legajo de expedientes matrimoniales.

   Un libro viejo de fábrica que no tiene fin.

   Otro nuevo de id., otro nuevo de matrícula.

   Un ejemplar de las Constituciones Sinodales y otro de estados de Santa Visita.

   Otros libros propios de la iglesia.

   Tres misales romanos, dos viejos y el tercero nuevo.

   Dos Rituales Romanos, uno viejo y el otro nuevo y en rústica.

   Dos Gremiales Sacramentorum.

   No habiendo más que intentariar se da por terminado el presente en Toril y julio dos de mil ochocientos noventa y tres.

   El Cura encargado, Juan José Bejarano (rubricado)» (68).

 

(68) ARCHIVO DIOCESANO DE PLASENCIA, Sala «B», exp. «Inventarios de Parroquias. 1893. Nº 34», leg. «Arciprestazgo de Navalmoral de la Mata», doc. nº 13, los paréntesis son míos.

 

   Es una lástima, pero no se conserva prácticamente nada de lo inventariado. El Retablo de las reliquias señalado puede ser una noticia definitiva sobre la suerte de los dos que se compraron a Yuste a causa de la desamortización: el de San Mauricio para Majadas y el de Santa Úrsula para Toril, los cuales a su vez habían sido enviados por Felipe II desde El Escorial (69). Dos inventarios fechados el 7 y el 15 de noviembre de 1820 en Yuste anotan la existencia de dos retablos colaterales al altar mayor de la iglesia conventual, dedicados a San Mauricio y a Santa Úrsula (70). El primero está acreditado que se mantuvo en Majadas hasta 1960 aproximadamente, pero en ese momento de su devolución a Yuste, ya estaba engrosado con algunos elementos del de Toril y cuya procedencia ahora conocemos. Es una lástima que el inventario sea tan parco en la descripción y que sólo hable de la leyenda Millium Virginum, pero éste es un dato suficiente para concluir su identidad. En efecto, hoy se coincide en admitir un cierto núcleo histórico en la passio medieval sobre el martirio de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes. Se trataría de algunas vírgenes cristianas, quizás nativas de Gran Bretaña, que en el siglo III ó IV fueron martirizadas en Colonia a su vuelta de una peregrinación a Roma (71).

   Nótese además que son cinco los relicarios señalados, tres en el primer cuerpo del retablo y otros dos en el segundo. La ubicación de San Blas en el mismo es ciertamente forzada y artificial respecto del diseño primitivo del retablo. No es difícil suponer que el deterioro sucesivo del templo, como veremos inmediatamente, obligara a trasladar los relicarios mejor conservados a Majadas. No se olvide que en torno a la segunda década del siglo XX, Toril no tuvo más cura que el de Majadas quien atendía (y atiende) la parroquia de San Blas como anejo. Por último, también lamentar la pérdida del señalado en el inventario del Archivo como «Libro Viejo de la Cofradía de las Ánimas».

 

(69) Cf. V. MÉNDEZ HERNÁN y J. M. RAMOS BERROCOSO, «Dos cuadros atribuidos al pintor real Patricio Cajés en Majadas de Tiétar», artículo aún inédito cuyas conclusiones fueron presentadas en los Coloquios Históricos de Trujillo el 19 de septiembre de 1999.

(70) Cf. ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁCERES, «Hacienda. Sección Clero», leg. 223, exp. 5, s/p.

(71) Cf. J. CROISET, Año Cristiano. X. Octubre (Barcelona 1854), 363-375; P. GERANGER, El Año Litúrgico. V (Burgos 1956), 636-666; L. RÉAU, Iconografía del arte cristiano. Iconografía de los Santos. V (Barcelona 1998), 300-304; V. SAXER, «Úrsula y las 11.000 vírgenes » en A. DI BERARDINO (dir.), Diccionario Patrístico y de la Antigüedad Cristiana (Salamanca 1992), 2169; S. DE LA VORAGINE, La leyenda Dorada. II (Madrid 1982), 677-681.

 

   Como habíamos anunciado, unos años después, según el acta de la visita pastoral de 1900, la situación de la parroquia es extraordinariamente patética. Incluso el retablo ya ha desaparecido:

   «En la villa de Toril, Obispado de Plasencia, a 21 de junio de 1900. El Arcipreste y Visitador de Partidas de Navalmoral de la Mata, continuando la Santa Visita, practicó la de esta Iglesia de San Blas de la misma. De ella observó con gran sentimiento el estado lamentable de la Iglesia con tan solo el edificio material y el tejado en mediano estado, careciendo en absoluto de retablos y tan solo en una mesa en lateral se halla el Sagrario con el Santísimo y en otra mesa la imagen de San Blas. La causa principal de la destrucción completa de los retablos como en otras puertas en debida al insecto llamado Comegen (sic), destructor de las madera; siendo por tanto de urgente necesidad para excitar y fomentar la piedad de los fieles y el culto que debemos a Dios Nuestro Señor la construcción cuando menos del retablo del altar mayor y que ésta sea para su duración de material estucado. El sagrario, vasos, ornamentos y archivo parroquial y la pila bautismal se encuentran en buen estado; el confesionario necesita restauración. Con respecto a los tomos del Boletín Eclesiástico, en atención al insecto ya referido, se hallan en bastante mal estado, encomendando al Sr. Cura su custodia y se encuaderne los tomos que faltan, y al mismo tiempo también recomienda procure archivarse las cuentas anteriores según el decreto del Sr. Obispo, consignándose en las cuentas inmediatas como primera partida de cargo la existencia como legítima a favor de la Iglesia de 99 pesetas con 10 céntimos.

   Al terminar esta visita se exhorta al Señor Cura que es o fuere de esta Iglesia siga observando puntualmente las prescripciones sinodales del Obispado de que yo el Secretario de visita certifico. Fdo. José María Robles. Por mandato de su Merced Benito Sánchez, Secretario» (72).

   Y se agrava por momentos según las visitas de 1908 y 1910, testimonios a los que hemos de hacer una advertencia. Como se verá en el primero de ellos, de nuevo aparece citado «retablos», pero es una fórmula usual de encabezamiento de la visita que al secretario se le ha escapado. Por el contrario, el segundo coincide con el de 1900:

   «Don Ildefonso García Álvarez, párroco y Arcipreste de Navalmoral... visitando el Sagrario, Imágenes, retablos, Bautisterio, ropas y todo lo demás concerniente al culto, encontrándolo todo en buen estado do conservación, aseo y limpieza, menos el confesionario, puertas de la Iglesia y Sacristía. El confesionario está indecoroso y aun peligroso por estar todo carcomido y casi desecho por la acción destructora del gusano llamado comeger (sic), el tejado de la Iglesia está tan viejo que amenaza ruina. Todo lo demás como retablos, imágenes y ropas está en buen estado de aseo y limpieza cuando cabe» (73).

 

(72) ARCHIVO PARROQUIAL DE TORIL, Libro nuevo de fábrica de la Parroquia de San Blas de Toril incipiente en primero de enero de 1887, 41-42. El insecto comején es la también llamada hormiga blanca.

(73) Ibid., 62. Según consta en las cuentas de 12 de enero de 1909 el tejado se recorrió importando 13,25 pesetas de mano de obra y 20 pesetas de 500 tejas: cf. ibid., 63

 

   «Don Francisco Jarrín y Moro, Obispo de Plasencia... visitó el Sagrario, altar y aras, imágenes, sacristía y demás objetos y dependencias destinadas al culto, hallando todo pobre y humilde aunque decorosamente cuidado. Las puertas de la Iglesia carcomidas y rotas, el tejado amenazando ruina por la acción destructora de las goteras» (74).

 

4. CONCLUSIÓN

   Al principio de estas líneas me proponía repasar algunos hitos históricos de Toril, aportando la documentación que he conseguido fundamentalmente en los Archivos Eclesiásticos. Era una pretensión humilde pero cumplida con creces, creo. Por eso, al cerrar estas páginas quiero destacar algunos elementos conclusivos.

   La historia de Toril ciertamente corre pareja a la del Campo Arañuelo, pero ha de recuperarse su vinculación civil con la ciudad de Plasencia y su dependencia eclesiástica de las parroquias de Jaraíz. Perseguir esas dos pistas documentales y hurgar en los Archivos placentinos y jaraiceños convenientes, puede deparar gratas sorpresas por las que hago votos.

   El esplendor que se ha dibujado en Toril durante los siglos XVI y XVII nos ha permitido recuperar la memoria de Juan de Almaraz, clérigo indiano nacido en nuestra villa. Ciertamente se podría haber investigado mucho más sobre las circunstancias de este personaje, pero me conformo con haber recuperado su memoria y haber dejado el camino abierto a otras indagaciones. De hecho, mediante este feliz hallazgo nos hemos encontrado con los documentos más antiguos que se conservan sobre el pueblo y con noticias de algunos de los moradores del mismo durante el siglo XVI.

   El doloroso declive de los siglos XVIII y XIX, con mayor abundancia documental, nos ha permitido confirmar el deterioro tan dramático que las guerras produjeron aquí. Con todo, ha sido muy gratificante determinar el emplazamiento del retablo de Santa Úrsula, el cual vino a desaparecer en esta villa después de un largo recorrido desde El Escorial hasta Yuste.

 

(74) Ibid., 68.

 

   Con todo, por el camino han quedado algunos testimonios documentales como las estadísticas de los diezmos que el pueblo aportó durante algunos años de los siglos XVII y XVIII. Aunque localizados en el Archivo Diocesano, no era posible anotarlos por carecer de otros estudios que se pudieran usar como referencia. Seguro que habrá otra ocasión, incluso con manos más expertas que las mías, porque este precioso pueblo se lo merece.

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