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APUNTES
PARA LA HISTORIA DE TORIL (CÁCERES) EN DOCUMENTOS ECLESIÁSTICOS INÉDITOS
JUAN
MANUEL RAMOS BERROCOSO
El viajero que se acerque a Toril por primera vez comprobará que
su estructura urbanística no se corresponde exactamente con la norma
general de los pueblos extremeños. En el pequeño casco urbano que ha
surgido en torno al hoy ruinoso templo parroquial de San Blas, viven una
docena larga de familias habitando fundamentalmente casas de reciente
construcción. Sin embargo, ésos no son los únicos vecinos del pueblo.
Siguiendo un patrón más propio de otras regiones españolas, en las
fincas de mediana y gran extensión que componen su amplio término
municipal, se asienta la mayor parte de sus actuales habitantes. Como
puede verse, se trata de una curiosa organización urbanística rural que
parece no haber cambiado desde el siglo XV y que alcanzó su esplendor
ciertamente a caballo de los siglos XVI y XVII.
En los últimos años en Extremadura se está produciendo un
interesante esfuerzo de recuperación de su Historia tanto en el ámbito
académico de la Universidad como a través de otras iniciativas
culturales de rango municipal y comarcal. En esos círculos de investigación
también está floreciendo el nombre de Toril, aunque no sea de una forma
protagonista. A mi modo de ver, dos son las razones por las que los foros
señalados abordan superficialmente a nuestro pueblo: la ausencia de
estudios generales sobre la diócesis de Plasencia y la pérdida de los
archivos Parroquial y Municipal de Toril.
Es una verdadera lástima que los archivos Diocesano y Catedralicio
de Plasencia sigan careciendo de una catalogación adecuada y de estudios
generales suficientes que nos permitieran la reconstrucción detallada de
la historia de la octocentenaria diócesis extremeña. Como veremos más
adelante, es cierto que se han abordado investigaciones sobre la diócesis,
especialmente sobre la Edad Media, y sobre la ciudad, especialmente en la
Edad Moderna. Pero por muy valiosos que sean estos discursos, son
parciales y no aportan sino datos esporádicos y salteados (1).
Sin embargo, a esa literatura de investigación debemos acudir para buscar
datos sobre Toril porque sus archivos documentales se perdieron a manos de
las sucesivas invasiones que sufrió nuestro pueblo tanto en la guerra de
Sucesión (principios del s. XVIII) como en la de Independencia
(principios del s. XIX), circunstancia ya denunciada por Madoz: «Este
pueblo ha quedado reducido a su actual vecindario (12 vecinos, 65 almas)
desde la guerra de la Independencia, en la que por su posición sufrió
grandes daños» (2).
Antes, pues, del siglo XIX tan sólo poseemos noticias indirectas que se
han hecho tópicas, según tendremos ocasión de comprobar.
En esta situación, es decir, aceptando los límites señalados
para Plasencia y Toril, en estas páginas proponemos sacar a la luz
algunos datos inéditos sobre la historia de nuestro pueblo.
Desgraciadamente también son esporádicos, incompletos si se quiere,
puesto que no permiten una reconstrucción global y detallada de su
historia; pero creo que contribuyen, de manera modesta, a realzar el
pasado histórico, brillante primero y decadente después, de este pueblo
extremeño cuya parroquia atiendo ministerialmente en la actualidad. El
hilo histórico de la exposición se nos impone: tras unas acotaciones
preliminares —también de naturaleza metodológica— sobre la Edad
Media en la diócesis placentina, repasaremos el esplendor de los siglos
XVI-XVII y el declive de los siglos sucesivos.
(1)
V. gr. basta repasar la exposición de A. RODRÍGUEZ (dir.), Historia
de Extremadura. I-IV (Badajoz 1985), passim, para comprobar la
desproporción entre los datos sobre Plasencia (que son escasos y sacados
directamente de algunos Archivos Parroquiales) y los de las otras diócesis
de Badajoz y Coria-Cáceres (que son más completos y generales, y extraídos
bien de monografías temáticas, bien de los respectivos Archivos
Diocesanos). Como muestra, un ejemplo: «La lista de obispos de Badajoz ha
sido fijada definitivamente por Camacho Macías, A... a quien seguimos;
para Cáceres utilizo Ortí Belmonte, A...», y de Plasencia no cita ningún
autor o estudio, aunque da datos continuamente: ibid., III,
559-560 nota 34, cf. 559-570. Y eso que, dice, «de las tres mitras, la de
Plasencia, era ‘muy principal’ porque tenía ‘más que doblada
tierra que la de Badajoz’ como diría Simancas»: ibid., 569.
(2)
P. MADOZ, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y
sus posesiones de ultramar. XV (Madrid 1849), 31, el paréntesis es mío.
1.
TORIL EN LA EDAD MEDIA: EL SEÑORÍO DE PLASENCIA EN EL CAMPO ARAÑUELO Y
LA JURISDICCIÓN ECLESIÁSTICA DE JARAÍZ
Según los datos que poseemos, la diócesis de Plasencia fue
erigida en 1189 por el Papa Clemente III a instancias de Alfonso VIII, rey
de Castilla. La Bula original no se conserva, pero si consta íntegra,
aunque sin fecha, en otro texto del Papa Honorio III firmado el 14 de
noviembre de 1221 en el que se ratifica la fundación de la diócesis (3).
En el marco de sus estudios medievales, Elisa Carolina de Santos Canalejo
nos aporta una serie de noticias que todos han repetido. Sobre Toril
podemos concluir que se asienta vinculado al sexmo del Campo Arañuelo,
que junto a los otros dos del Valle y Trasierra, y de la Vera completaban
la división medieval del territorio diocesano (4).
El «sexmo era el nombre genérico del distrito rural de carácter
administrativo y fiscal en contraposición al de collacion que se
refería al distrito urbano»(5).
Por eso, es lógico referir el pueblo a la comarca donde se encuadra
Toril, pero con tres advertencias que no siempre recogen los trabajos que
siguen el itinerario de esta brillante investigadora.
En primer lugar, debe quedar claro que la vertebración de pueblos
y parroquias en Extremadura fue un proceso muy lento, impulsado
especialmente desde el siglo XIV pero que no se concluyó hasta finales
del XV (6).
No es difícil imaginarlo: a la propia dificultad de la reconquista frente
a las tropas musulmanas, la tupida presencia de los bosques mediterráneos
que aún conforman la orografía de Toril y de toda la comarca,
ciertamente debía impedir un avance rápido de la domesticación del
paisaje (7).
(3)
Cf. F. GONZÁLEZ CUESTA, «Sobre el Episcopologio de Plasencia» en Hispania
Sacra 47 (1995), 347-376, especialmente 356-357; M. LOPEZ SÁNCHEZ-MORA,
«Plasencia (Diócesis de)» en Q. ALDEA VAQUERO y otros (dirs.), Diccionario
de Historia Eclesiástica de España. III (Madrid 1973), 1986-1989;
OBISPADO DE PLASENCIA, Guía de la Iglesia de Plasencia. 2002 (Plasencia
2002), 15-21. Entre otros lugares, la bula fundacional se encuentra
reproducida en VIII CENTENARIO DE LA DIÓCESIS DE PLASENCIA (1189-1989), Jornadas
de Estudios Históricos (Plasencia 1990), XIII-XV.
(4)
Cf. A. FRANCO SILVA y J. L. DEL PINO GARCÍA, «El campo arañuelo en el
siglo XV: Problemas y conflictos entre los señores de Oropesa y la ciudad
de Plasencia» en Estudios de Historia y Arqueología Medievales 9
(1993), 41-53, especialmente 41-42.
(5)
Cf. E. C. DE SANTOS CANALEJO, La Historia Medieval de Plasencia y su
entorno Geo-histórico. La sierra de Béjar y la sierra de Gredos (Cáceres
1986), 108. Cf. ibid., 108-110; ID., El siglo XV en Plasencia y
su tierra (Cáceres 1981), 36.
(6)
Cf. M. CARDALLIAGUET QUIRANT, «La repoblación del territorio extremeño
en la Edad Media (Análisis de los factores políticos y jurisdiccionales)»
en Alcántara 37 (1996), 25-40; A. RODRÍGUEZ (dir.), Historia
de Extremadura. II. Los tiempos medievales, cit., 364-366 («Organización
eclesiástica de la Extremadura Cristiana»); J. VALDEÓN y J. L. MARTÍN,
La Baja Edad Media peninsular. Siglos XIII al XV. La población, la
economía y la sociedad [= J. M. JOVER (dir.), Historia de España.
Menéndez Pidal. XII] (Madrid 1996), 29-97 («Población y repoblación»)
y 101-191 («El mundo rural»).
(7)
En este sentido, M. CARDALLIAGUET QUIRANT, cit., 27 recuerda los
tres objetivos de la Reconquista: «1) la defensa frente al enemigo común;
2) la repoblación del territorio, y 3) la explotación y aprovechamiento
de esos recursos que posibilitan el sostenimiento de las instituciones».
En tales circunstancias, el señorío sobre estas tierras sería más
teórico que real. De hecho, el sexmo o sexmería del Campo
Arañuelo como entidad rural administrativa pudo quedar instituida en
tiempos de Fernando III (+ 1252), pero no es menos cierto que esa comarca
estaba prácticamente vacía en el siglo XIII, que inicia su repoblación
durante el XIV y que todavía en el siglo XV continúa muy despoblado
porque, sin lugar a dudas, «la repoblación fue lenta y desigual» (8).
Expresamente «el poblamiento del Campo Arañuelo se fue completando a lo
largo del siglo XV de forma decidida e intensa, pero no uniforme» (9),
por una doble razón: las zonas de llanura son las más tardíamente
pobladas por su evidente dificultad estratégica defensiva, y porque la
densa vegetación obligaba a un esfuerzo continuo de desmonte, desbroce y
roturación del terreno (10).
Para otros, la escasa población del Campo Arañuelo obedece a su enorme
territorio, su continua exposición a los ataques musulmanes y a la
inferior calidad de su suelo, unida a la mayor aridez del clima (11).
Sea como fuere y con datos más o menos contrastados documentalmente, a
principios del siglo XV Toril con Casares y Millanes poseían 22 vecinos;
en 1494 Toril solo poseía 60; en 1528, también solo, 70; y en 1571, el máximo
con 98,5 vecinos (12).
Ciertamente, éstas son las cifras de su esplendor porque otros datos
publicados sobre los siglos XVIII y XIX arrojan lo siguiente: en 1791, 46
vecinos; en 1813, 51; en 1818, 25; y en 1823, 26 vecinos (13).
(8)
E. C. DE SANTOS CANALEJO, El siglo XV en Plasencia y su tierra, cit.,
40, cf. 36- 40. Según explica esta autora, una relación de iglesias
placentinas en 1254 que se conserva en la Catedral, determina que en el
Campo Arañuelo no había ninguna erigida: cf. ibid., 39. Coincide
con este juicio sobre la lentitud referida M. CARDALLIAGUET QUIRANT, cit.,
38: «La repoblación de las ‘sexmerías’ placentinas sería un
proceso bastante dilatado».
(9)
A. BERNAL ESTÉVEZ, «La repoblación del espacio extremeño en la Edad
Media: el poblamiento y la población» en Revista de Estudios Extremeños
51 (1995), 627-645, la cita en 636. El estudio concluye afirmando que
«una parte del territorio se está repoblando en el siglo XIV, y aun en
el siglo XV persisten amplias zonas despobladas que se están colonizando
entonces»: ibid., 643
(10)
Cf. ibid., 637-638
(11)
Cf. A. FRANCO SILVA Y J. L. DEL PINO GARCÍA, cit., 42-43. Estos
autores explican que a lo largo del siglo XV las grandes posibilidades de
las dehesas arañuelas fueron objeto de pleitos y enfrentamientos
continuos entre Oropesa y Plasencia. Su aporte documental, basado en el Archivo
de los Duques de Frías, abre posibilidades inéditas o muy poco
estudiadas por los investigadores.
(12)
Cf. R. SÁNCHEZ RUBIO, «Notas sobre Plasencia y su tierra en 1571 según
los informes remitidos a Felipe II para el reparto de los moriscos
deportados de Granada» en Alcántara 18 (1989), 145-158,
especialmente 148 y 157; E. C. DE SANTOS CANALEJO, El siglo XV en
Plasencia y su tierra, cit., 105-107; ID., La Historia
Medieval de Plasencia y su entorno Geo-histórico, cit.,
100-103. Estos datos, que prácticamente todos repiten, están sacados de
varios artículos de Vicente Paredes Guillén publicados en la primera década
del siglo XX en la Revista de Extremadura bajo el título genérico
de «Los Zúñiga, Señores de Plasencia». No me ha sido posible
consultarlos todos, tan sólo los de 1904 por un ejemplar encuadernado de
ese año que se conserva en la Biblioteca del Seminario Diocesano de
Plasencia. El más importante, creo, es V. PAREDES GUILLÉN, «Los Zúñiga,
Señores de Plasencia (Continuación)» en Revista de Extremadura (1904),
433-446, con los datos señalados en 434-436 nota 1.
(13)
Cf. M. RODRÍGUEZ CANCHO Y G. BARRIENTOS ALFAGEME (eds.), Interrogatorio
de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos.
Partido de Plasencia (Mérida 1995), 25.
La segunda precisión viene de su dependencia administrativa. Toril
era un lugar de la jurisdicción de la ciudad de Plasencia, como ya consta
en un pleito de 1494 que transcribimos:
«Relaçión de los lugares y vecinos de Plasencia e su Tierra para
el repartimiento que se ha de faser, sacada por ynformación de testigos e
por algunos de los libros de los desmeros y por los contadores están
tomados e por mi el dicho escrivano. Llamamiento. La Çibdad de Plasencia
mil vecinos... Xarahis quinientos vecinos... Cabeçuela dosientos e çinquenta
vecinos... la Campana de la Mata con sus lugares y Millanes quatrocientos
vecinos; Sabsedilla dosientos vecinos; Casatejada tresientos vecinos; el
Toril sesenta vecinos... Belvis con sus lugares çiento y çinquenta
vecinos; Almaras çiento e quarenta vecinos; Serrejón con sus adagañas
dosientos vecinos...» (14).
(14)
ARCHIVO MUNICIPAL DE PLASENCIA, Proceso causado contra los lugares del
suelo de Plasencia y Cavalleros particulares para que paguen los gastos de
pleitos de la ciudad y repartimientos que se hicieron. Año 1494,
90-91. Agradezco a Ester Sánchez Calle, encargada del Archivo Municipal
placentino, estas informaciones. Por lo que he visto, estos datos los
publicó Vicente Paredes sin citar su fuente documental y los recogió
Elisa Carolina de Santos: cf. E. C. DE SANTOS CANALEJO, El siglo XV en
Plasencia y su tierra, cit., 106-107.
Con anterioridad a esta fecha, Toril ya dependía de Plasencia según
un inventario de Mayorazgo y Cuentas fechado en 1454 (15),
circunstancia mantenida tanto en el siglo XVI (16),
como en los Interrogatorios publicados del siglo XVIII (17),
donde aparece como villa; lo cual nos indica que se puede ahondar en el
Archivo Municipal placentino para encontrar referencias indirectas sobre
Toril.
El tercer apunte crítico que establecemos proviene de la
jurisdicción eclesiástica, y es un dato oscurecido o pasado por alto sin
la menor atención entre los estudiosos de la comarca (18).
Por una Relación de las Parroquias del Obispado de Plasencia de 30
de abril de 1572, conocemos que nuestro pueblo dependía de Jaraíz, es
decir, era una parroquia aneja a las de Jaraíz. Tal dependencia no debe
pasar desapercibida porque Jaraíz llegará a constituirse en Vicaría,
una división administrativa de la diócesis que ejercía competencias
judiciales tanto en el campo religioso como en el civil (19).
Las palabras textuales de la Relación de las Parroquias son
evidentes:
(15)
Cf. E. C. DE SANTOS CANALEJO, El siglo XV en Plasencia y su tierra,
cit., 101 con nota 2.
(16)
Cf. L. M. CAVELLO DE LOS COBOS y MANCHA, «Felipe II y Plasencia» en Revista
de Estudios Extremeños 56 (2000), 979-1040, especialmente 989-1014
donde da noticia de las respuestas de Toril como lugar de Plasencia a un
interrogatorio, conservado en Simancas, sobre la cría de caballos en su término;
curiosamente «la diligencia se practica ante el sacristán en defecto de
escribano»: ibid., 1002 nota 22.
(17)
Cf. G. BARRIENTOS ALFAGEME (ed.), Estremadura. Por López, año de 1798
(Mérida 1991, 2ª ed.), 412-413; M. RODRÍGUEZ CANCHO Y G. BARRIENTOS
ALFAGEME (eds.), Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a
finales de los tiempos modernos. Partido de Plasencia, cit.,
767-781, especialmente 768 (respuesta 2). También se puede acudir al Catastro
de Ensenada de 1752: cf. ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS, «Sección
Hacienda. Dirección General de Rentas, serie 1ª. Única Contribución.
Respuestas Generales al Catastro del Marqués de la Ensenada», Libro 151,
folios 193-223. José María Corisco Orgaz, funcionario del Ayuntamiento
de Toril, me ha facilitado una copia de éste fechado el 4 de junio de
1752, que dice: «A la segunda pregunta dijeron que esta Villa es de Señorío
y pertenece a la mui N. y L. C. (Noble y Leal Ciudad) de Plasencia» (ibid.,
194, el paréntesis es mío).
(18)
Sólo he encontrado la excepción de J. BUENO ROCHA, Navalmoral. 600 años
de vida (Navalmoral de la Mata 1985), passim, especialmente
42-67. Sin embargo, las publicaciones emanadas de los sucesivos Coloquios
Histórico-culturales del Campo Arañuelo celebrados en Navalmoral,
siempre consideran que Toril (y Majadas) pertenecen exclusivamente a la
competencia de la comarca arañuela.
(19)
En esa época había en la diócesis seis vicarías: Medellín, Trujillo,
Jaraicejo, Béjar, Cabezuela y Jaraíz, que perduraron hasta mediados del
siglo XIX: cf. M. SÁNCHEZ LÓPEZ, «Estudio sobre el aspecto religioso de
Jaraíz de la Vera en el Antiguo Régimen: la Vicaría» en VIII
CENTENARIO DE LA DIÓCESIS DE PLASENCIA, cit., 315-325; M. DEL P.
HERNÁNDEZ y F. FLORES DEL MANZANO, «Notas históricas y antropológicas
sobre la vicaría de Cabezuela», ibid., 431-447.
«El lugar de Xarayz con sus yglesias e lugares anexos; es de saber
que en el lugar de Xarahiz ay dos yglesias... De las dichas dos yglesias,
las cuales dichas dos yglesias tienen por anexos a los lugares de Toril e
Majadas, e todo es una perroquia y una dezmería» (20).
Esta relación es usada unos años después —quizás en torno a
1580—, para dirimir un pleito de exención de tributos, entre el Rey y
el Obispo. Las notas referidas a nuestro pueblo se transcriben casi
literalmente, y respecto a algunos pueblos de alrededor se determina un
dato que puede ser muy importante. Transcribimos el castellano antiguo de
dos epígrafes dedicados a la iglesia de Nuestra Señora de la Mata y al
lugar de Cuacos:
«La Yglesia de Nra. Señora de la Mata, que es yglesia yerma y es
cabeça de las iglesias e lugares sus annexos que son Valparayso,
Laperaleda, Navalmoral, Torviscoso, Malincada, los quales lugares son
todos una parrochia y dezmería, y el cura propio de la dicha campana
acostumbra a residir en Valparayso, y en los otros lugares ponen cada uno
un teniente de cura y les paga sus salarios de su propia renta de su
beneficio. El lugar de Cuacos tiene por annexo el lugar de Atalayuela, que
es todo una parrochia y una dezmeria, y el clérigo que sirve en el dicho
lugar de Atalayuela es cura teniente que sirve por el dicho cura de Cuacos
y le paga su salario según está dicho» (21).
Sin embargo, nada se dice de los sueldos de los tenientes de cura
de Toril y Majadas:
«Y los clérigos que sirven en estos dos lugares son tenientes de
curas de los dichos dos curas de las dichas dos iglesias de Sancta Maria y
Sant Miguel de Xarayz» (22).
En conclusión, todo el territorio de las parroquias de Jaraíz y
sus anejos es considerado único, posee cuatro templos (Santa María y San
Miguel de Jaraíz, San Blas de Toril y El Salvador de Majadas), tres
pueblos y, por lo menos, cuatro sacerdotes. Y parece legítimo y fundado
pensar que mientras otros pueblos no generaban recursos suficientes y los
curas efectivamente recibían un salario de quienes eran tenientes (representantes
o sustitutos), Toril (y Majadas) a finales del siglo XVI tenían la
suficiente entidad como para sostener la manutención doméstica del cura
que les atendía. En efecto, estamos en la época más esplendorosa de
nuestro pueblo, asunto del que nos ocupamos en el siguiente epígrafe;
pero antes, dedicamos una palabra al origen del nombre del pueblo y a la
posible fecha de su fundación.
(20)
ARCHIVO CATEDRALICIO DE PLASENCIA, Relación de las parroquias del
Obispado de Plasencia (1572), leg. 88, exp. 16, s/p. Agradezco a Don
Francisco González Cuesta, Canónigo Archivero de la SIC de Plasencia,
estas informaciones. Este historiador tiene algunos estudios inéditos
sobre los arciprestazgos de Navalmoral y Jaraíz muy valiosos. Por lo demás,
esta Relación había sido publicada con anterioridad por M. LÓPEZ
SÁNCHEZ-MORA, Plasencia, siglos XVI y XVII (Plasencia 1974),
153-162.
(21)
ARCHIVO CATEDRALICIO DE PLASENCIA, Relación de las cosas que exceden
los arrendadores y administradores de los diezmos, leg. R-27,
exp. 5, s/p.
(22)
Ibid.
A través de una especie de tradición oral se asume que el nombre
de Toril proviene de torre. En este sentido, su origen sería el
mismo que Talayuela, de atalaya: un baluarte defensivo (23).
Sin embargo, no conocemos ningún documento que avale esta hipótesis
aunque ciertamente ésta sea razonable y plausible. Lo más aproximado que
he conseguido es un testimonio de la segunda mitad del siglo XVI:
»... prosiguiendo su
camino fue a Torell, y de allí a la venta de la Masagona, en donde en
toda aquella tierra vio que araban los bueyes con unos ramplones como
medias herraduras. De allí fue a Malpartida, donde se labra hoy día una
iglesia de San Juan Bautista harto buena»(24).
Se trata (25) de
un texto del último tercio del siglo XVI que narra un viaje por España,
de cuyo autor no se sabe prácticamente nada. Su ascendencia
castellonense, del pueblo de Jérica, y su lengua valenciana pudieran ser
determinante para explicar el cambio del nombre: Torell en vez de Toril.
Lo que ciertamente confirmamos es que pasa por Malpartida de Plasencia en
la fecha señalada, durante la construcción de la parroquia de San Juan (26).
(23)
Aunque no me parece que sea un argumento definitivo, sino una mera hipótesis,
recojo esta sugerente referencia de M. CARDALLIAGUET QUIRANT, cit.,
39 que fácilmente explicaría el origen de Toril y de Talayuela como
baluartes defensivos conquistados a los musulmanes: «La gran mayoría de
los pueblos y ciudad del campo extremeño son creación medieval, y se
debieron, sin duda, a la repoblación; las viejas mansiones romanas
quedaron despobladas; los árabes –por sus mismas costumbres nómadas–,
no crearon auténticos asentamientos poblacionales allí donde residieron,
solamente baluartes, torres, atalayas y medidas defensivas, con una
población tribal rala y escasa». Recuérdese que más arriba A. FRANCO
SILVA y J. L. DEL PINO GARCÍA, cit., 42-43 explicaban la escasa
población del Campo Arañuelo porque «esta amplia zona además estaba
expuesta a los ataques de los musulmanes». Con todo, la prudencia debe
regir el uso de esta anecdótica hipótesis.
(24)
B. de VILLALBA Y ESTAÑA, Los veinte libros del Pelegrino Curioso y
grandezas de España (Madrid 1886), 254. El itinerario por estas
tierras arañuelas camino de Plasencia parece coincidir con el de A. PONZ,
Viaje por España. VII (Madrid 1972 –original de 1784, 2ª ed.–),
Carta V, 26: p. 88-89.
(25)
Cf. P. DE GAYÁNGOS, «Prólogo», en B. de VILLALBA y ESTAÑA, cit.,
V-XVI.
(26)
Cf. J. BENAVIDES CHECA, Prelados placentinos (Plasencia 1999
–original de 1907–), 138-139.
Buscando otros documentos indirectos sobre el pueblo para confirmar
el nombre de Torell o Toril, no he encontrado demasiado. En 1431 en una
pesquisa sobre el Campo Arañuelo son citados diferentes lugares, pero
Toril no (27).
Y, sin embargo, un siglo después, otro documento de 1537 habla de Toril (28).
Unido todo esto a los testimonios anteriores, y a la espera de nuevas
referencias documentales, parece claro que Toril existe desde el siglo XV
y con ese nombre, aunque está por demostrar que etimológicamente
provenga de torre.
2.
EL AUGE DE LOS SIGLOS XVI Y XVII
Durante el siglo XVI la diócesis de Plasencia estuvo gobernada por
algunos de los obispos más relevantes de su historia: Bernardino López
de Carvajal, Gutierre Vargas de Carvajal, Pedro Ponce de León... En
especial, Don Gutierre Vargas de Carvajal, cuyo pontificado se extendió
entre 1523 y 1559, nos merece una especial atención (29).
Y no por su interesante biografía, ni por su afamado mausoleo de Madrid,
sino porque su escudo aparece en el templo parroquial de Toril, señal
inequívoca de que se construyó, como otros muchos de la geografía
diocesana, durante los años de su gobierno al frente de la diócesis
placentina (30).
(27)
ARCHIVO MUNICIPAL DE PLASENCIA, Pesquisa hecha por Miguel Sánchez Sepúlveda
Correxidor de la Ciudad de Plasencia en razón de los términos y otras
cosas fechadas en 3 de septiembre de 1431 ante Martín Fernández Logrosán,
Escribano de esta ciudad: «... en el dicho Campo Arañuelo del término
y jurisdicción de la dicha ciudad que parte con la Puebla e con Alarza e
con tierra de Talavera y de tierra del Conde de Ledesma» (8 vto.). Cita
Valverde, Talaván, Belvís, Almaraz, Monroy, Serrejón, Oliva, Pasarón,
Losar y Jarandilla: cf. ibid., 12 vto.-13. Cf. ARCHIVO MUNICIPAL DE
PLASENCIA, Autos de deslinde de la xurisdición o Terreno del Conzejo
de la Mata. Año de 1662, donde habla de los lugares de Espadañal (f.
22), Belvís (f. 23), Baldeuncar (f. 25), Alarza (f. 31), Puebla de
Nacianos (f. 36 vto.), y Oropesa, El Gordo, Valparayso (f. 42 vto.). Como
puede comprobarse, estos datos confirman la crítica que hemos hecho
respecto de la absoluta dependencia de Toril respecto del Campo Arañuelo.
(28)
Cf. ARCHIVO MUNICIPAL DE PLASENCIA, Deslinde de los términos de la
ciudad con varios pueblos. Abril de 1537, donde v. gr. habla de
Monrroy, Xariycejo ó Xaraycejo y Toril (cf. f. 8).
(29)
Aunque todavía no existe un estudio exhaustivo sobre los obispos
placentinos cf. F. FERNÁNDEZ SERRANO, «Obispos auxiliares en Plasencia.
Siglos XV-XX» en Hispania Sacra 24 (1971), 1-40, especialmente
4-8; F. GONZÁLEZ CUESTA, «Sobre el Episcopologio de Plasencia», cit.;
M. LÓPEZ SÁNCHEZ-MORA, «Plasencia (Diócesis de)», cit.,
1988-1989. Y sobre este obispo cf. M. LÓPEZ SÁNCHEZ-MORA, Episcopologio
(Plasencia 1986), 28-34; FR. ALONSO FERNANDEZ, Historia y Anales de
la Ciudad y Obispado de Plasencia (Plasencia 2001 –original de
1627–), 170-172; A. GARCÍA y GARCÍA (dir.), Synodicum Hispanum. V.
Extremadura (Madrid 1990), 382-383; C. PÉREZ-COCA SÁNCHEZ-MATAS, Derecho,
vida y costumbres de Plasencia y su diócesis en los siglos XV y XVI. Volumen
I (Cáceres
1994), 41-45.
(30)
Sin embargo, F. J. GARCÍA MOGOLLÓN, «La arquitectura diocesana
placentina en tiempos del obispo Don Gutierre de Vargas Carvajal
(1523-1559)» en VIII CENTENARIO DE LA DIÓCESIS DE PLASENCIA, cit.,
561-581 no había citado el de Toril entre los templos construidos por
este afamado obispo.
Pero su labor constructora de templos, no era la única que
necesitaban las parroquias: también había que dotarlas de medios económicos
de subsistencia. Por eso, en la época florecen las capellanías,
fundaciones pías de sencillo mecanismo de iniciación (31).
Bastaba un legado de dinero, de bienes inmuebles o de tierra y ganados
para que una o varias personas instituyeran unos beneficios a favor de una
parroquia, la cual correspondía fundamentalmente mediante un número
determinado de misas que el párroco o el capellán beneficiado de la
fundación aplicaba por las intenciones señaladas, las cuáles casi
siempre eran por el eterno descanso de los fundadores y sus familias.
Con esa idea en la cabeza, para rastrear datos indirectos de la
historia de nuestro pueblo, me dirigí al Archivo Diocesano de Plasencia,
a su sección de fundaciones; y allí tuve la suerte y el honor de
encontrarme con la Escritura de colación y fundación de la capellanía
que fundó Juan de Almaraz, clérigo estante en Indias, natural del lugar
de Toril y de otras memorias (32).
El clasificador de cartón donde se encuentra, contiene 16 documentos
distintos sin numerar, pero independientes entre sí al estar cosidos con
bramante y por separado. Por lo que he visto, no se trata de otras tantas
fundaciones diferentes, sino que cada vez que se alteraba alguna de sus
condiciones (por ejemplo, un cambio de capellán), se hacía un expediente
completo. Parece que sólo corresponden a tres memorias o capellanías
distintas: la señalada de Juan de Almaraz que algunos documentos llaman
Juan García de Almaraz; otra de Ana García, viuda de Diego Aparicio; y
una tercera de varias personas (33).
Evidentemente se trata de los documentos más antiguos que se conservan
sobre Toril y, aunque sólo sea por recuperar la figura de este clérigo
indiano, el esfuerzo de estas líneas merece la pena.
(31)
Cf. G. LE BRAS, La Iglesia Medieval [= A. FLICHTE y V. MARTIN (dirs.),
Historia de la Iglesia. III] (Valencia 1976), 423-444 («La
comunidad parroquial»).
(32)
ARCHIVO DIOCESANO DE PLASENCIA, Sala «A», exp. «Capellanías. Toril. Nº
889», leg. 1, 2 vto. Sólo
haremos citas textuales de este legajo, el más antiguo conservado, que se
encuentra paginado en el reverso de sus folios, en la parte inferior
izquierda y sólo hasta el folio 25 si bien hay muchos más.
(33)
De Juan de Almaraz hay 6 legajos fechados el 12 de mayo de 1601, 22 de
marzo de 1683, 15 de diciembre de 1701, 14 de febrero de 1704, 8 de enero
de 1711 y 26 de septiembre de 1736. De Ana García, viuda de Diego
Aparicio, 5: 23 de agosto de 1656, 9 de enero de 1660, 20 de octubre de
1671, 8 de febrero de 1720 y 7 de mayo de 1765. Por último, de Juan
Manzano y otras personas, si bien su número y nombres fluctúan según
los diversos legajos, se conservan otros 5: 22 de enero de 1665, 10 de
diciembre de 1667, 31 de enero de 1681, 23 de julio de 1693 y 27 de abril
de 1711: cf. ibid.
Por su indudable interés, transcribimos parte del acta de
institución de la capellanía:
«Nos el licenciado Bernardino Degordaguela y Vázquez provisor y
vicario general en la ciudad de Plasencia y su obispado por su señoría
don Pedro González de Acevedo obispo de dicho obispado... fallecido en
pasado de esta presente vida el canciller Francisco Martín de Salamanca,
clérigo y vecino del lugar de toril capellán que era de la capellanía
que fundó en la iglesia de dicho lugar la buena memoria de Juan de
Almaraz, clérigo difunto que murió en las Indias en la villa de Santiago
de Tolu de la provincia y gobernación de Cartagena de la costa de tierra
firme del mar océano, hijo legítimo y natural habido e procreado del legítimo
matrimonio de Sebastián Sánchez y Catalina Fernández su mujer, el cual
murió y pasó de esta presente vida en el mes de diciembre del año
pasado de 1600 años. Y la dicha cappellanía está dotada de cierta renta
con carga de ciertas misas convenidas en el testamento que otorgó el
dicho difunto y anejadas a ella las capellanías que dotaron y fundaron
las buenas memorias de Juan Martín de Valvuena y Juan Mateos Benito y María
Arena la mujer de Juan Martín Pasaron, todos vecinos de dicho lugar de
Toril...» (34).
A continuación, el texto transcribe el testamento del «clérigo
de esta diócesis de Plasencia... del Toril, jurisdicción de la ciudad de
Plasencia... natural del lugar de Toril en el campo de arañuelo» (35):
«Primeramente yo el dicho clérigo Juan de Almaraz envío a los
reinos de España seiscientos pesos de oro de Veragua que en España valen
sobre 900 ducados de a once reales y un maravedí poco más o menos. Y de
estos se han de sacar ante todo los dos cientos ducados de a once reales y
un maravedí para la iglesia parroquial del Señor San Blas del lugar de
Toril y se han de comprar una cruz de plata y un incensario y una naveta
para tener el incienso de plata todo y una manga de terciopelo carmesí
que se gasten (?) dos cientos ducados... Otrosí los 700 ducados poco más
o menos que restan (se inviertan y de las rentas) se diga en cada un año
en misas por mi ánima y las de mis padres (según la tasa del Provisor
del Obispado)...» (36).
34
Ibid., 1-1 vto.-2.
35
Ibid., 3, 4 y 5.
36
Ibid., 5 vto.-6 y 6 vto. Los paréntesis son míos.
Sobre otros detalles de la capellanía podemos añadir que es
nombrado patrón de la memoria de las misas «el justicia y regimiento del
dicho lugar de Toril» (37).
Sobre el capellán dice «que sea preferido primero el pariente mío, y
después el natural del pueblo» (38).
Y a los bienes que la constituyen, según señalaba el testamento, más
adelante se añade la casa de sus padres (39).
Pero mucho más interesante es la lista que el documento contiene
sobre las diferentes capellanías que son anejadas a esta nueva. Hacemos
una relación exhaustiva de los vecinos del pueblo citados y con sus
correspondientes aportaciones según diferentes escrituras públicas ante
Francisco Alonso, escribano de Toril. Mientras no se diga otra cosa, todas
las aportaciones son de 500 maravedíes de renta de censo al año (40):
Diego Aparicio (1.000 m.), Salvador Toribio, Francisco Bogoyo, y Alonso
Parra (750 m.), el 20 de enero de 1560; Pedro Sánchez y Alonso Pasarón,
el 21 de enero de 1560; Juan Aparicio, Pedro Toribio, el organista (?),
Domingo Hernández, [ilegible] de Alonso como regidor de Juan García,
Benito Rizo y Pedro Moreno el 22 de enero de 1560; Pedro Gordo y Antonio
de Zamora, el 24 de enero de 1560; Benicio de Vasto, el 27 de enero de
1560; Marcos Díaz, el 17 de febrero de 1560; Martín Toribio (1.000 m.),
26 de enero de 1569; el Concejo de Toril (4500 m.), el 21 de abril de
1569; lo que hace un total de 15.000 maravedíes de renta de censo cada año,
según la escritura del 8 de agosto de 1568.
Soy consciente de que se necesitaría un estudio más exhaustivo
tanto de ésta como de las otras dos capellanías antes señaladas. Así
se aclararían, por ejemplo, las coincidencias de los nombres entre
documentos de distintos siglos: Juan Aparicio aparece aquí y en la de su
mujer, Ana García, y Pedro Moreno en la de Juan Manzano. Sin embargo,
nada se ha dicho ahora de los antes citados en el acta fundacional de la
capellanía de Juan de Almaraz como anejadas a esta nueva: Juan Martín de
Valvuena, Juan Mateos Benito y María Arena, mujer de Juan Martín Pasarón.
No obstante, me conformo con lo dicho, siendo así que queda el camino
abierto a otras investigaciones que profundicen en los más de 200 folios
que deben componer todos estos legajos sobre las fundaciones pías que
hubo en nuestro pueblo.
37
Ibid., 7.
38
Ibid., 8 vto.
39
Cf. ibid., 8-8 vto.
40
Cf. ibid., 14-18. La lista la he confeccionado cronológicamente
según la fecha de la escritura, pero en el original los titulares están
muy mezclados, aparentemente sin criterio.
Siguiendo ahora sobre la figura de Juan de Almaraz, éste no debe
confundirse con el fraile agustino almaraceño del mismo nombre que llegó
a ser obispo en Paraguay, ni con un tercero, «hijo legítimo del
licenciado Don Francisco de Almaraz, nieto del capitán Andrés de
Montaraz» (41).
Los documentos que ahora sacamos a la luz nos hablan de un clérigo
secular, nacido en Toril, hijo de Sebastián Sánchez y Catalina Fernández,
y muerto en una villa de Cartagena de Indias. El acta de la institución
de la capellanía, a causa de su alambicada redacción, parece decir que
murió en 1600 pero, sin duda, el que murió en esa fecha fue Francisco
Martín de Salamanca, el capellán cuya muerte provoca la redacción del
acta arriba citada. De hecho, se cita a Pedro Ponce de León como el
Obispo en que se recibió y ejecutó el testamento (42),
siendo así que éste ejerció el gobierno diocesano entre el 26 de enero
de 1560 y el 15 de enero de 1571.
No creo que debamos identificar al clérigo Juan de Almaraz con uno
de los sacerdotes que ejercemos nuestro ministerio en los pueblos.
Conviene situarse en la época (43).
El acceso al estado clerical se conseguía
mediante la tonsura, una
celebración litúrgica en la que se rasuraba la coronilla de la cabeza
como signo del nuevo estado (44).
Sin embargo, eso no significaba que el tonsurado quedara ordenado,
vinculado al ministerio sacerdotal de tal suerte que ya administre los
sacramentos. Tras esa primera ceremonia debían seguir las órdenes
menores, el subdiaconado, el diaconado, el presbiterado y aún, si era el
caso, el episcopado. En muchas ocasiones estos pasos ulteriores no se
llegaban a dar por diferentes razones, entre las que cabe destacar la
imposibilidad de medios económicos y el objetivo de vincularse a la mera
jurisdicción eclesiástica del individuo. Si se carecía de fortuna
familiar y no se podía optar a los beneficios de las capellanías, el
sostenimiento personal era imposible, y la ordenación presbiteral no se
consumaba (45).
En el caso de nuestro Juan de Almaraz, yo me inclino a pensar que se
trataba de conseguir el privilegio de pertenecer a la jurisdicción del
propio obispo, lo que en la práctica significaba ser juzgado sólo por él.
Además, de esta manera se mantenía la posibilidad de acceder a los pingües
beneficios de las capellanías, incluso fundadas por la propia familia y
aunque se delegara la carga de las misas en un presbítero ordenado.
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