Revista Alcántara. nº 56
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APUNTES PARA LA HISTORIA DE TORIL (CÁCERES) EN DOCUMENTOS ECLESIÁSTICOS INÉDITOS

JUAN MANUEL RAMOS BERROCOSO

 

   El viajero que se acerque a Toril por primera vez comprobará que su estructura urbanística no se corresponde exactamente con la norma general de los pueblos extremeños. En el pequeño casco urbano que ha surgido en torno al hoy ruinoso templo parroquial de San Blas, viven una docena larga de familias habitando fundamentalmente casas de reciente construcción. Sin embargo, ésos no son los únicos vecinos del pueblo. Siguiendo un patrón más propio de otras regiones españolas, en las fincas de mediana y gran extensión que componen su amplio término municipal, se asienta la mayor parte de sus actuales habitantes. Como puede verse, se trata de una curiosa organización urbanística rural que parece no haber cambiado desde el siglo XV y que alcanzó su esplendor ciertamente a caballo de los siglos XVI y XVII.

   En los últimos años en Extremadura se está produciendo un interesante esfuerzo de recuperación de su Historia tanto en el ámbito académico de la Universidad como a través de otras iniciativas culturales de rango municipal y comarcal. En esos círculos de investigación también está floreciendo el nombre de Toril, aunque no sea de una forma protagonista. A mi modo de ver, dos son las razones por las que los foros señalados abordan superficialmente a nuestro pueblo: la ausencia de estudios generales sobre la diócesis de Plasencia y la pérdida de los archivos Parroquial y Municipal de Toril.

   Es una verdadera lástima que los archivos Diocesano y Catedralicio de Plasencia sigan careciendo de una catalogación adecuada y de estudios generales suficientes que nos permitieran la reconstrucción detallada de la historia de la octocentenaria diócesis extremeña. Como veremos más adelante, es cierto que se han abordado investigaciones sobre la diócesis, especialmente sobre la Edad Media, y sobre la ciudad, especialmente en la Edad Moderna. Pero por muy valiosos que sean estos discursos, son parciales y no aportan sino datos esporádicos y salteados (1). Sin embargo, a esa literatura de investigación debemos acudir para buscar datos sobre Toril porque sus archivos documentales se perdieron a manos de las sucesivas invasiones que sufrió nuestro pueblo tanto en la guerra de Sucesión (principios del s. XVIII) como en la de Independencia (principios del s. XIX), circunstancia ya denunciada por Madoz: «Este pueblo ha quedado reducido a su actual vecindario (12 vecinos, 65 almas) desde la guerra de la Independencia, en la que por su posición sufrió grandes daños» (2). Antes, pues, del siglo XIX tan sólo poseemos noticias indirectas que se han hecho tópicas, según tendremos ocasión de comprobar.

   En esta situación, es decir, aceptando los límites señalados para Plasencia y Toril, en estas páginas proponemos sacar a la luz algunos datos inéditos sobre la historia de nuestro pueblo. Desgraciadamente también son esporádicos, incompletos si se quiere, puesto que no permiten una reconstrucción global y detallada de su historia; pero creo que contribuyen, de manera modesta, a realzar el pasado histórico, brillante primero y decadente después, de este pueblo extremeño cuya parroquia atiendo ministerialmente en la actualidad. El hilo histórico de la exposición se nos impone: tras unas acotaciones preliminares —también de naturaleza metodológica— sobre la Edad Media en la diócesis placentina, repasaremos el esplendor de los siglos XVI-XVII y el declive de los siglos sucesivos.

 

(1) V. gr. basta repasar la exposición de A. RODRÍGUEZ (dir.), Historia de Extremadura. I-IV (Badajoz 1985), passim, para comprobar la desproporción entre los datos sobre Plasencia (que son escasos y sacados directamente de algunos Archivos Parroquiales) y los de las otras diócesis de Badajoz y Coria-Cáceres (que son más completos y generales, y extraídos bien de monografías temáticas, bien de los respectivos Archivos Diocesanos). Como muestra, un ejemplo: «La lista de obispos de Badajoz ha sido fijada definitivamente por Camacho Macías, A... a quien seguimos; para Cáceres utilizo Ortí Belmonte, A...», y de Plasencia no cita ningún autor o estudio, aunque da datos continuamente: ibid., III, 559-560 nota 34, cf. 559-570. Y eso que, dice, «de las tres mitras, la de Plasencia, era ‘muy principal’ porque tenía ‘más que doblada tierra que la de Badajoz’ como diría Simancas»: ibid., 569.

(2) P. MADOZ, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar. XV (Madrid 1849), 31, el paréntesis es mío.

 

 

1. TORIL EN LA EDAD MEDIA: EL SEÑORÍO DE PLASENCIA EN EL CAMPO ARAÑUELO Y LA JURISDICCIÓN ECLESIÁSTICA DE JARAÍZ

   Según los datos que poseemos, la diócesis de Plasencia fue erigida en 1189 por el Papa Clemente III a instancias de Alfonso VIII, rey de Castilla. La Bula original no se conserva, pero si consta íntegra, aunque sin fecha, en otro texto del Papa Honorio III firmado el 14 de noviembre de 1221 en el que se ratifica la fundación de la diócesis (3). En el marco de sus estudios medievales, Elisa Carolina de Santos Canalejo nos aporta una serie de noticias que todos han repetido. Sobre Toril podemos concluir que se asienta vinculado al sexmo del Campo Arañuelo, que junto a los otros dos del Valle y Trasierra, y de la Vera completaban la división medieval del territorio diocesano (4). El «sexmo era el nombre genérico del distrito rural de carácter administrativo y fiscal en contraposición al de collacion que se refería al distrito urbano»(5). Por eso, es lógico referir el pueblo a la comarca donde se encuadra Toril, pero con tres advertencias que no siempre recogen los trabajos que siguen el itinerario de esta brillante investigadora.

   En primer lugar, debe quedar claro que la vertebración de pueblos y parroquias en Extremadura fue un proceso muy lento, impulsado especialmente desde el siglo XIV pero que no se concluyó hasta finales del XV (6). No es difícil imaginarlo: a la propia dificultad de la reconquista frente a las tropas musulmanas, la tupida presencia de los bosques mediterráneos que aún conforman la orografía de Toril y de toda la comarca, ciertamente debía impedir un avance rápido de la domesticación del paisaje (7).

 

(3) Cf. F. GONZÁLEZ CUESTA, «Sobre el Episcopologio de Plasencia» en Hispania Sacra 47 (1995), 347-376, especialmente 356-357; M. LOPEZ SÁNCHEZ-MORA, «Plasencia (Diócesis de)» en Q. ALDEA VAQUERO y otros (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España. III (Madrid 1973), 1986-1989; OBISPADO DE PLASENCIA, Guía de la Iglesia de Plasencia. 2002 (Plasencia 2002), 15-21. Entre otros lugares, la bula fundacional se encuentra reproducida en VIII CENTENARIO DE LA DIÓCESIS DE PLASENCIA (1189-1989), Jornadas de Estudios Históricos (Plasencia 1990), XIII-XV.

(4) Cf. A. FRANCO SILVA y J. L. DEL PINO GARCÍA, «El campo arañuelo en el siglo XV: Problemas y conflictos entre los señores de Oropesa y la ciudad de Plasencia» en Estudios de Historia y Arqueología Medievales 9 (1993), 41-53, especialmente 41-42.

(5) Cf. E. C. DE SANTOS CANALEJO, La Historia Medieval de Plasencia y su entorno Geo-histórico. La sierra de Béjar y la sierra de Gredos (Cáceres 1986), 108. Cf. ibid., 108-110; ID., El siglo XV en Plasencia y su tierra (Cáceres 1981), 36.

(6) Cf. M. CARDALLIAGUET QUIRANT, «La repoblación del territorio extremeño en la Edad Media (Análisis de los factores políticos y jurisdiccionales)» en Alcántara 37 (1996), 25-40; A. RODRÍGUEZ (dir.), Historia de Extremadura. II. Los tiempos medievales, cit., 364-366 («Organización eclesiástica de la Extremadura Cristiana»); J. VALDEÓN y J. L. MARTÍN, La Baja Edad Media peninsular. Siglos XIII al XV. La población, la economía y la sociedad [= J. M. JOVER (dir.), Historia de España. Menéndez Pidal. XII] (Madrid 1996), 29-97 («Población y repoblación») y 101-191 («El mundo rural»).

(7) En este sentido, M. CARDALLIAGUET QUIRANT, cit., 27 recuerda los tres objetivos de la Reconquista: «1) la defensa frente al enemigo común; 2) la repoblación del territorio, y 3) la explotación y aprovechamiento de esos recursos que posibilitan el sostenimiento de las instituciones».

 

   En tales circunstancias, el señorío sobre estas tierras sería más teórico que real. De hecho, el sexmo o sexmería del Campo Arañuelo como entidad rural administrativa pudo quedar instituida en tiempos de Fernando III (+ 1252), pero no es menos cierto que esa comarca estaba prácticamente vacía en el siglo XIII, que inicia su repoblación durante el XIV y que todavía en el siglo XV continúa muy despoblado porque, sin lugar a dudas, «la repoblación fue lenta y desigual» (8). Expresamente «el poblamiento del Campo Arañuelo se fue completando a lo largo del siglo XV de forma decidida e intensa, pero no uniforme» (9), por una doble razón: las zonas de llanura son las más tardíamente pobladas por su evidente dificultad estratégica defensiva, y porque la densa vegetación obligaba a un esfuerzo continuo de desmonte, desbroce y roturación del terreno (10). Para otros, la escasa población del Campo Arañuelo obedece a su enorme territorio, su continua exposición a los ataques musulmanes y a la inferior calidad de su suelo, unida a la mayor aridez del clima (11). Sea como fuere y con datos más o menos contrastados documentalmente, a principios del siglo XV Toril con Casares y Millanes poseían 22 vecinos; en 1494 Toril solo poseía 60; en 1528, también solo, 70; y en 1571, el máximo con 98,5 vecinos (12). Ciertamente, éstas son las cifras de su esplendor porque otros datos publicados sobre los siglos XVIII y XIX arrojan lo siguiente: en 1791, 46 vecinos; en 1813, 51; en 1818, 25; y en 1823, 26 vecinos (13).

 

(8) E. C. DE SANTOS CANALEJO, El siglo XV en Plasencia y su tierra, cit., 40, cf. 36- 40. Según explica esta autora, una relación de iglesias placentinas en 1254 que se conserva en la Catedral, determina que en el Campo Arañuelo no había ninguna erigida: cf. ibid., 39. Coincide con este juicio sobre la lentitud referida M. CARDALLIAGUET QUIRANT, cit., 38: «La repoblación de las ‘sexmerías’ placentinas sería un proceso bastante dilatado».

(9) A. BERNAL ESTÉVEZ, «La repoblación del espacio extremeño en la Edad Media: el poblamiento y la población» en Revista de Estudios Extremeños 51 (1995), 627-645, la cita en 636. El estudio concluye afirmando que «una parte del territorio se está repoblando en el siglo XIV, y aun en el siglo XV persisten amplias zonas despobladas que se están colonizando entonces»: ibid., 643

(10) Cf. ibid., 637-638

(11) Cf. A. FRANCO SILVA Y J. L. DEL PINO GARCÍA, cit., 42-43. Estos autores explican que a lo largo del siglo XV las grandes posibilidades de las dehesas arañuelas fueron objeto de pleitos y enfrentamientos continuos entre Oropesa y Plasencia. Su aporte documental, basado en el Archivo de los Duques de Frías, abre posibilidades inéditas o muy poco estudiadas por los investigadores.

(12) Cf. R. SÁNCHEZ RUBIO, «Notas sobre Plasencia y su tierra en 1571 según los informes remitidos a Felipe II para el reparto de los moriscos deportados de Granada» en Alcántara 18 (1989), 145-158, especialmente 148 y 157; E. C. DE SANTOS CANALEJO, El siglo XV en Plasencia y su tierra, cit., 105-107; ID., La Historia Medieval de Plasencia y su entorno Geo-histórico, cit., 100-103. Estos datos, que prácticamente todos repiten, están sacados de varios artículos de Vicente Paredes Guillén publicados en la primera década del siglo XX en la Revista de Extremadura bajo el título genérico de «Los Zúñiga, Señores de Plasencia». No me ha sido posible consultarlos todos, tan sólo los de 1904 por un ejemplar encuadernado de ese año que se conserva en la Biblioteca del Seminario Diocesano de Plasencia. El más importante, creo, es V. PAREDES GUILLÉN, «Los Zúñiga, Señores de Plasencia (Continuación)» en Revista de Extremadura (1904), 433-446, con los datos señalados en 434-436 nota 1.

(13) Cf. M. RODRÍGUEZ CANCHO Y G. BARRIENTOS ALFAGEME (eds.), Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de Plasencia (Mérida 1995), 25.

 

   La segunda precisión viene de su dependencia administrativa. Toril era un lugar de la jurisdicción de la ciudad de Plasencia, como ya consta en un pleito de 1494 que transcribimos:

   «Relaçión de los lugares y vecinos de Plasencia e su Tierra para el repartimiento que se ha de faser, sacada por ynformación de testigos e por algunos de los libros de los desmeros y por los contadores están tomados e por mi el dicho escrivano. Llamamiento. La Çibdad de Plasencia mil vecinos... Xarahis quinientos vecinos... Cabeçuela dosientos e çinquenta vecinos... la Campana de la Mata con sus lugares y Millanes quatrocientos vecinos; Sabsedilla dosientos vecinos; Casatejada tresientos vecinos; el Toril sesenta vecinos... Belvis con sus lugares çiento y çinquenta vecinos; Almaras çiento e quarenta vecinos; Serrejón con sus adagañas dosientos vecinos...» (14).

 

(14) ARCHIVO MUNICIPAL DE PLASENCIA, Proceso causado contra los lugares del suelo de Plasencia y Cavalleros particulares para que paguen los gastos de pleitos de la ciudad y repartimientos que se hicieron. Año 1494, 90-91. Agradezco a Ester Sánchez Calle, encargada del Archivo Municipal placentino, estas informaciones. Por lo que he visto, estos datos los publicó Vicente Paredes sin citar su fuente documental y los recogió Elisa Carolina de Santos: cf. E. C. DE SANTOS CANALEJO, El siglo XV en Plasencia y su tierra, cit., 106-107.

 

   Con anterioridad a esta fecha, Toril ya dependía de Plasencia según un inventario de Mayorazgo y Cuentas fechado en 1454 (15), circunstancia mantenida tanto en el siglo XVI (16), como en los Interrogatorios publicados del siglo XVIII (17), donde aparece como villa; lo cual nos indica que se puede ahondar en el Archivo Municipal placentino para encontrar referencias indirectas sobre Toril.

   El tercer apunte crítico que establecemos proviene de la jurisdicción eclesiástica, y es un dato oscurecido o pasado por alto sin la menor atención entre los estudiosos de la comarca (18). Por una Relación de las Parroquias del Obispado de Plasencia de 30 de abril de 1572, conocemos que nuestro pueblo dependía de Jaraíz, es decir, era una parroquia aneja a las de Jaraíz. Tal dependencia no debe pasar desapercibida porque Jaraíz llegará a constituirse en Vicaría, una división administrativa de la diócesis que ejercía competencias judiciales tanto en el campo religioso como en el civil (19). Las palabras textuales de la Relación de las Parroquias son evidentes:

 

(15) Cf. E. C. DE SANTOS CANALEJO, El siglo XV en Plasencia y su tierra, cit., 101 con nota 2.

(16) Cf. L. M. CAVELLO DE LOS COBOS y MANCHA, «Felipe II y Plasencia» en Revista de Estudios Extremeños 56 (2000), 979-1040, especialmente 989-1014 donde da noticia de las respuestas de Toril como lugar de Plasencia a un interrogatorio, conservado en Simancas, sobre la cría de caballos en su término; curiosamente «la diligencia se practica ante el sacristán en defecto de escribano»: ibid., 1002 nota 22.

(17) Cf. G. BARRIENTOS ALFAGEME (ed.), Estremadura. Por López, año de 1798 (Mérida 1991, 2ª ed.), 412-413; M. RODRÍGUEZ CANCHO Y G. BARRIENTOS ALFAGEME (eds.), Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de Plasencia, cit., 767-781, especialmente 768 (respuesta 2). También se puede acudir al Catastro de Ensenada de 1752: cf. ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS, «Sección Hacienda. Dirección General de Rentas, serie 1ª. Única Contribución. Respuestas Generales al Catastro del Marqués de la Ensenada», Libro 151, folios 193-223. José María Corisco Orgaz, funcionario del Ayuntamiento de Toril, me ha facilitado una copia de éste fechado el 4 de junio de 1752, que dice: «A la segunda pregunta dijeron que esta Villa es de Señorío y pertenece a la mui N. y L. C. (Noble y Leal Ciudad) de Plasencia» (ibid., 194, el paréntesis es mío).

(18) Sólo he encontrado la excepción de J. BUENO ROCHA, Navalmoral. 600 años de vida (Navalmoral de la Mata 1985), passim, especialmente 42-67. Sin embargo, las publicaciones emanadas de los sucesivos Coloquios Histórico-culturales del Campo Arañuelo celebrados en Navalmoral, siempre consideran que Toril (y Majadas) pertenecen exclusivamente a la competencia de la comarca arañuela.

(19) En esa época había en la diócesis seis vicarías: Medellín, Trujillo, Jaraicejo, Béjar, Cabezuela y Jaraíz, que perduraron hasta mediados del siglo XIX: cf. M. SÁNCHEZ LÓPEZ, «Estudio sobre el aspecto religioso de Jaraíz de la Vera en el Antiguo Régimen: la Vicaría» en VIII CENTENARIO DE LA DIÓCESIS DE PLASENCIA, cit., 315-325; M. DEL P. HERNÁNDEZ y F. FLORES DEL MANZANO, «Notas históricas y antropológicas sobre la vicaría de Cabezuela», ibid., 431-447.

 

   «El lugar de Xarayz con sus yglesias e lugares anexos; es de saber que en el lugar de Xarahiz ay dos yglesias... De las dichas dos yglesias, las cuales dichas dos yglesias tienen por anexos a los lugares de Toril e Majadas, e todo es una perroquia y una dezmería» (20).

   Esta relación es usada unos años después —quizás en torno a 1580—, para dirimir un pleito de exención de tributos, entre el Rey y el Obispo. Las notas referidas a nuestro pueblo se transcriben casi literalmente, y respecto a algunos pueblos de alrededor se determina un dato que puede ser muy importante. Transcribimos el castellano antiguo de dos epígrafes dedicados a la iglesia de Nuestra Señora de la Mata y al lugar de Cuacos:

   «La Yglesia de Nra. Señora de la Mata, que es yglesia yerma y es cabeça de las iglesias e lugares sus annexos que son Valparayso, Laperaleda, Navalmoral, Torviscoso, Malincada, los quales lugares son todos una parrochia y dezmería, y el cura propio de la dicha campana acostumbra a residir en Valparayso, y en los otros lugares ponen cada uno un teniente de cura y les paga sus salarios de su propia renta de su beneficio. El lugar de Cuacos tiene por annexo el lugar de Atalayuela, que es todo una parrochia y una dezmeria, y el clérigo que sirve en el dicho lugar de Atalayuela es cura teniente que sirve por el dicho cura de Cuacos y le paga su salario según está dicho» (21).

   Sin embargo, nada se dice de los sueldos de los tenientes de cura de Toril y Majadas:

   «Y los clérigos que sirven en estos dos lugares son tenientes de curas de los dichos dos curas de las dichas dos iglesias de Sancta Maria y Sant Miguel de Xarayz» (22).

   En conclusión, todo el territorio de las parroquias de Jaraíz y sus anejos es considerado único, posee cuatro templos (Santa María y San Miguel de Jaraíz, San Blas de Toril y El Salvador de Majadas), tres pueblos y, por lo menos, cuatro sacerdotes. Y parece legítimo y fundado pensar que mientras otros pueblos no generaban recursos suficientes y los curas efectivamente recibían un salario de quienes eran tenientes (representantes o sustitutos), Toril (y Majadas) a finales del siglo XVI tenían la suficiente entidad como para sostener la manutención doméstica del cura que les atendía. En efecto, estamos en la época más esplendorosa de nuestro pueblo, asunto del que nos ocupamos en el siguiente epígrafe; pero antes, dedicamos una palabra al origen del nombre del pueblo y a la posible fecha de su fundación.

 

(20) ARCHIVO CATEDRALICIO DE PLASENCIA, Relación de las parroquias del Obispado de Plasencia (1572), leg. 88, exp. 16, s/p. Agradezco a Don Francisco González Cuesta, Canónigo Archivero de la SIC de Plasencia, estas informaciones. Este historiador tiene algunos estudios inéditos sobre los arciprestazgos de Navalmoral y Jaraíz muy valiosos. Por lo demás, esta Relación había sido publicada con anterioridad por M. LÓPEZ SÁNCHEZ-MORA, Plasencia, siglos XVI y XVII (Plasencia 1974), 153-162.

(21) ARCHIVO CATEDRALICIO DE PLASENCIA, Relación de las cosas que exceden los arrendadores y administradores de los diezmos, leg. R-27, exp. 5, s/p.

(22) Ibid.

 

   A través de una especie de tradición oral se asume que el nombre de Toril proviene de torre. En este sentido, su origen sería el mismo que Talayuela, de atalaya: un baluarte defensivo (23). Sin embargo, no conocemos ningún documento que avale esta hipótesis aunque ciertamente ésta sea razonable y plausible. Lo más aproximado que he conseguido es un testimonio de la segunda mitad del siglo XVI:

   »... prosiguiendo su camino fue a Torell, y de allí a la venta de la Masagona, en donde en toda aquella tierra vio que araban los bueyes con unos ramplones como medias herraduras. De allí fue a Malpartida, donde se labra hoy día una iglesia de San Juan Bautista harto buena»(24).

   Se trata (25) de un texto del último tercio del siglo XVI que narra un viaje por España, de cuyo autor no se sabe prácticamente nada. Su ascendencia castellonense, del pueblo de Jérica, y su lengua valenciana pudieran ser determinante para explicar el cambio del nombre: Torell en vez de Toril. Lo que ciertamente confirmamos es que pasa por Malpartida de Plasencia en la fecha señalada, durante la construcción de la parroquia de San Juan (26).

 

(23) Aunque no me parece que sea un argumento definitivo, sino una mera hipótesis, recojo esta sugerente referencia de M. CARDALLIAGUET QUIRANT, cit., 39 que fácilmente explicaría el origen de Toril y de Talayuela como baluartes defensivos conquistados a los musulmanes: «La gran mayoría de los pueblos y ciudad del campo extremeño son creación medieval, y se debieron, sin duda, a la repoblación; las viejas mansiones romanas quedaron despobladas; los árabes –por sus mismas costumbres nómadas–, no crearon auténticos asentamientos poblacionales allí donde residieron, solamente baluartes, torres, atalayas y medidas defensivas, con una población tribal rala y escasa». Recuérdese que más arriba A. FRANCO SILVA y J. L. DEL PINO GARCÍA, cit., 42-43 explicaban la escasa población del Campo Arañuelo porque «esta amplia zona además estaba expuesta a los ataques de los musulmanes». Con todo, la prudencia debe regir el uso de esta anecdótica hipótesis.

(24) B. de VILLALBA Y ESTAÑA, Los veinte libros del Pelegrino Curioso y grandezas de España (Madrid 1886), 254. El itinerario por estas tierras arañuelas camino de Plasencia parece coincidir con el de A. PONZ, Viaje por España. VII (Madrid 1972 –original de 1784, 2ª ed.–), Carta V, 26: p. 88-89.

(25) Cf. P. DE GAYÁNGOS, «Prólogo», en B. de VILLALBA y ESTAÑA, cit., V-XVI.

(26) Cf. J. BENAVIDES CHECA, Prelados placentinos (Plasencia 1999 –original de 1907–), 138-139.

 

   Buscando otros documentos indirectos sobre el pueblo para confirmar el nombre de Torell o Toril, no he encontrado demasiado. En 1431 en una pesquisa sobre el Campo Arañuelo son citados diferentes lugares, pero Toril no (27). Y, sin embargo, un siglo después, otro documento de 1537 habla de Toril (28). Unido todo esto a los testimonios anteriores, y a la espera de nuevas referencias documentales, parece claro que Toril existe desde el siglo XV y con ese nombre, aunque está por demostrar que etimológicamente provenga de torre.

 

2. EL AUGE DE LOS SIGLOS XVI Y XVII

   Durante el siglo XVI la diócesis de Plasencia estuvo gobernada por algunos de los obispos más relevantes de su historia: Bernardino López de Carvajal, Gutierre Vargas de Carvajal, Pedro Ponce de León... En especial, Don Gutierre Vargas de Carvajal, cuyo pontificado se extendió entre 1523 y 1559, nos merece una especial atención (29). Y no por su interesante biografía, ni por su afamado mausoleo de Madrid, sino porque su escudo aparece en el templo parroquial de Toril, señal inequívoca de que se construyó, como otros muchos de la geografía diocesana, durante los años de su gobierno al frente de la diócesis placentina (30).

 

(27) ARCHIVO MUNICIPAL DE PLASENCIA, Pesquisa hecha por Miguel Sánchez Sepúlveda Correxidor de la Ciudad de Plasencia en razón de los términos y otras cosas fechadas en 3 de septiembre de 1431 ante Martín Fernández Logrosán, Escribano de esta ciudad: «... en el dicho Campo Arañuelo del término y jurisdicción de la dicha ciudad que parte con la Puebla e con Alarza e con tierra de Talavera y de tierra del Conde de Ledesma» (8 vto.). Cita Valverde, Talaván, Belvís, Almaraz, Monroy, Serrejón, Oliva, Pasarón, Losar y Jarandilla: cf. ibid., 12 vto.-13. Cf. ARCHIVO MUNICIPAL DE PLASENCIA, Autos de deslinde de la xurisdición o Terreno del Conzejo de la Mata. Año de 1662, donde habla de los lugares de Espadañal (f. 22), Belvís (f. 23), Baldeuncar (f. 25), Alarza (f. 31), Puebla de Nacianos (f. 36 vto.), y Oropesa, El Gordo, Valparayso (f. 42 vto.). Como puede comprobarse, estos datos confirman la crítica que hemos hecho respecto de la absoluta dependencia de Toril respecto del Campo Arañuelo.

(28) Cf. ARCHIVO MUNICIPAL DE PLASENCIA, Deslinde de los términos de la ciudad con varios pueblos. Abril de 1537, donde v. gr. habla de Monrroy, Xariycejo ó Xaraycejo y Toril (cf. f. 8).

(29) Aunque todavía no existe un estudio exhaustivo sobre los obispos placentinos cf. F. FERNÁNDEZ SERRANO, «Obispos auxiliares en Plasencia. Siglos XV-XX» en Hispania Sacra 24 (1971), 1-40, especialmente 4-8; F. GONZÁLEZ CUESTA, «Sobre el Episcopologio de Plasencia», cit.; M. LÓPEZ SÁNCHEZ-MORA, «Plasencia (Diócesis de)», cit., 1988-1989. Y sobre este obispo cf. M. LÓPEZ SÁNCHEZ-MORA, Episcopologio (Plasencia 1986), 28-34; FR. ALONSO FERNANDEZ, Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia (Plasencia 2001 –original de 1627–), 170-172; A. GARCÍA y GARCÍA (dir.), Synodicum Hispanum. V. Extremadura (Madrid 1990), 382-383; C. PÉREZ-COCA SÁNCHEZ-MATAS, Derecho, vida y costumbres de Plasencia y su diócesis en los siglos XV y XVI. Volumen I (Cáceres 1994), 41-45.

(30) Sin embargo, F. J. GARCÍA MOGOLLÓN, «La arquitectura diocesana placentina en tiempos del obispo Don Gutierre de Vargas Carvajal (1523-1559)» en VIII CENTENARIO DE LA DIÓCESIS DE PLASENCIA, cit., 561-581 no había citado el de Toril entre los templos construidos por este afamado obispo.

 

   Pero su labor constructora de templos, no era la única que necesitaban las parroquias: también había que dotarlas de medios económicos de subsistencia. Por eso, en la época florecen las capellanías, fundaciones pías de sencillo mecanismo de iniciación (31). Bastaba un legado de dinero, de bienes inmuebles o de tierra y ganados para que una o varias personas instituyeran unos beneficios a favor de una parroquia, la cual correspondía fundamentalmente mediante un número determinado de misas que el párroco o el capellán beneficiado de la fundación aplicaba por las intenciones señaladas, las cuáles casi siempre eran por el eterno descanso de los fundadores y sus familias.

   Con esa idea en la cabeza, para rastrear datos indirectos de la historia de nuestro pueblo, me dirigí al Archivo Diocesano de Plasencia, a su sección de fundaciones; y allí tuve la suerte y el honor de encontrarme con la Escritura de colación y fundación de la capellanía que fundó Juan de Almaraz, clérigo estante en Indias, natural del lugar de Toril y de otras memorias (32). El clasificador de cartón donde se encuentra, contiene 16 documentos distintos sin numerar, pero independientes entre sí al estar cosidos con bramante y por separado. Por lo que he visto, no se trata de otras tantas fundaciones diferentes, sino que cada vez que se alteraba alguna de sus condiciones (por ejemplo, un cambio de capellán), se hacía un expediente completo. Parece que sólo corresponden a tres memorias o capellanías distintas: la señalada de Juan de Almaraz que algunos documentos llaman Juan García de Almaraz; otra de Ana García, viuda de Diego Aparicio; y una tercera de varias personas (33). Evidentemente se trata de los documentos más antiguos que se conservan sobre Toril y, aunque sólo sea por recuperar la figura de este clérigo indiano, el esfuerzo de estas líneas merece la pena.

 

(31) Cf. G. LE BRAS, La Iglesia Medieval [= A. FLICHTE y V. MARTIN (dirs.), Historia de la Iglesia. III] (Valencia 1976), 423-444 («La comunidad parroquial»).

(32) ARCHIVO DIOCESANO DE PLASENCIA, Sala «A», exp. «Capellanías. Toril. Nº 889», leg. 1, 2 vto. Sólo haremos citas textuales de este legajo, el más antiguo conservado, que se encuentra paginado en el reverso de sus folios, en la parte inferior izquierda y sólo hasta el folio 25 si bien hay muchos más.

(33) De Juan de Almaraz hay 6 legajos fechados el 12 de mayo de 1601, 22 de marzo de 1683, 15 de diciembre de 1701, 14 de febrero de 1704, 8 de enero de 1711 y 26 de septiembre de 1736. De Ana García, viuda de Diego Aparicio, 5: 23 de agosto de 1656, 9 de enero de 1660, 20 de octubre de 1671, 8 de febrero de 1720 y 7 de mayo de 1765. Por último, de Juan Manzano y otras personas, si bien su número y nombres fluctúan según los diversos legajos, se conservan otros 5: 22 de enero de 1665, 10 de diciembre de 1667, 31 de enero de 1681, 23 de julio de 1693 y 27 de abril de 1711: cf. ibid.

 

   Por su indudable interés, transcribimos parte del acta de institución de la capellanía:

   «Nos el licenciado Bernardino Degordaguela y Vázquez provisor y vicario general en la ciudad de Plasencia y su obispado por su señoría don Pedro González de Acevedo obispo de dicho obispado... fallecido en pasado de esta presente vida el canciller Francisco Martín de Salamanca, clérigo y vecino del lugar de toril capellán que era de la capellanía que fundó en la iglesia de dicho lugar la buena memoria de Juan de Almaraz, clérigo difunto que murió en las Indias en la villa de Santiago de Tolu de la provincia y gobernación de Cartagena de la costa de tierra firme del mar océano, hijo legítimo y natural habido e procreado del legítimo matrimonio de Sebastián Sánchez y Catalina Fernández su mujer, el cual murió y pasó de esta presente vida en el mes de diciembre del año pasado de 1600 años. Y la dicha cappellanía está dotada de cierta renta con carga de ciertas misas convenidas en el testamento que otorgó el dicho difunto y anejadas a ella las capellanías que dotaron y fundaron las buenas memorias de Juan Martín de Valvuena y Juan Mateos Benito y María Arena la mujer de Juan Martín Pasaron, todos vecinos de dicho lugar de Toril...» (34).

   A continuación, el texto transcribe el testamento del «clérigo de esta diócesis de Plasencia... del Toril, jurisdicción de la ciudad de Plasencia... natural del lugar de Toril en el campo de arañuelo» (35):

   «Primeramente yo el dicho clérigo Juan de Almaraz envío a los reinos de España seiscientos pesos de oro de Veragua que en España valen sobre 900 ducados de a once reales y un maravedí poco más o menos. Y de estos se han de sacar ante todo los dos cientos ducados de a once reales y un maravedí para la iglesia parroquial del Señor San Blas del lugar de Toril y se han de comprar una cruz de plata y un incensario y una naveta para tener el incienso de plata todo y una manga de terciopelo carmesí que se gasten (?) dos cientos ducados... Otrosí los 700 ducados poco más o menos que restan (se inviertan y de las rentas) se diga en cada un año en misas por mi ánima y las de mis padres (según la tasa del Provisor del Obispado)...» (36).

 

34 Ibid., 1-1 vto.-2.

35 Ibid., 3, 4 y 5.

36 Ibid., 5 vto.-6 y 6 vto. Los paréntesis son míos.

 

   Sobre otros detalles de la capellanía podemos añadir que es nombrado patrón de la memoria de las misas «el justicia y regimiento del dicho lugar de Toril» (37). Sobre el capellán dice «que sea preferido primero el pariente mío, y después el natural del pueblo» (38). Y a los bienes que la constituyen, según señalaba el testamento, más adelante se añade la casa de sus padres (39).

   Pero mucho más interesante es la lista que el documento contiene sobre las diferentes capellanías que son anejadas a esta nueva. Hacemos una relación exhaustiva de los vecinos del pueblo citados y con sus correspondientes aportaciones según diferentes escrituras públicas ante Francisco Alonso, escribano de Toril. Mientras no se diga otra cosa, todas las aportaciones son de 500 maravedíes de renta de censo al año (40): Diego Aparicio (1.000 m.), Salvador Toribio, Francisco Bogoyo, y Alonso Parra (750 m.), el 20 de enero de 1560; Pedro Sánchez y Alonso Pasarón, el 21 de enero de 1560; Juan Aparicio, Pedro Toribio, el organista (?), Domingo Hernández, [ilegible] de Alonso como regidor de Juan García, Benito Rizo y Pedro Moreno el 22 de enero de 1560; Pedro Gordo y Antonio de Zamora, el 24 de enero de 1560; Benicio de Vasto, el 27 de enero de 1560; Marcos Díaz, el 17 de febrero de 1560; Martín Toribio (1.000 m.), 26 de enero de 1569; el Concejo de Toril (4500 m.), el 21 de abril de 1569; lo que hace un total de 15.000 maravedíes de renta de censo cada año, según la escritura del 8 de agosto de 1568.

   Soy consciente de que se necesitaría un estudio más exhaustivo tanto de ésta como de las otras dos capellanías antes señaladas. Así se aclararían, por ejemplo, las coincidencias de los nombres entre documentos de distintos siglos: Juan Aparicio aparece aquí y en la de su mujer, Ana García, y Pedro Moreno en la de Juan Manzano. Sin embargo, nada se ha dicho ahora de los antes citados en el acta fundacional de la capellanía de Juan de Almaraz como anejadas a esta nueva: Juan Martín de Valvuena, Juan Mateos Benito y María Arena, mujer de Juan Martín Pasarón. No obstante, me conformo con lo dicho, siendo así que queda el camino abierto a otras investigaciones que profundicen en los más de 200 folios que deben componer todos estos legajos sobre las fundaciones pías que hubo en nuestro pueblo.

 

37 Ibid., 7.

38 Ibid., 8 vto.

39 Cf. ibid., 8-8 vto.

40 Cf. ibid., 14-18. La lista la he confeccionado cronológicamente según la fecha de la escritura, pero en el original los titulares están muy mezclados, aparentemente sin criterio.

 

   Siguiendo ahora sobre la figura de Juan de Almaraz, éste no debe confundirse con el fraile agustino almaraceño del mismo nombre que llegó a ser obispo en Paraguay, ni con un tercero, «hijo legítimo del licenciado Don Francisco de Almaraz, nieto del capitán Andrés de Montaraz» (41). Los documentos que ahora sacamos a la luz nos hablan de un clérigo secular, nacido en Toril, hijo de Sebastián Sánchez y Catalina Fernández, y muerto en una villa de Cartagena de Indias. El acta de la institución de la capellanía, a causa de su alambicada redacción, parece decir que murió en 1600 pero, sin duda, el que murió en esa fecha fue Francisco Martín de Salamanca, el capellán cuya muerte provoca la redacción del acta arriba citada. De hecho, se cita a Pedro Ponce de León como el Obispo en que se recibió y ejecutó el testamento (42), siendo así que éste ejerció el gobierno diocesano entre el 26 de enero de 1560 y el 15 de enero de 1571.

   No creo que debamos identificar al clérigo Juan de Almaraz con uno de los sacerdotes que ejercemos nuestro ministerio en los pueblos. Conviene situarse en la época (43). El acceso al estado clerical se conseguía mediante la tonsura, una celebración litúrgica en la que se rasuraba la coronilla de la cabeza como signo del nuevo estado (44). Sin embargo, eso no significaba que el tonsurado quedara ordenado, vinculado al ministerio sacerdotal de tal suerte que ya administre los sacramentos. Tras esa primera ceremonia debían seguir las órdenes menores, el subdiaconado, el diaconado, el presbiterado y aún, si era el caso, el episcopado. En muchas ocasiones estos pasos ulteriores no se llegaban a dar por diferentes razones, entre las que cabe destacar la imposibilidad de medios económicos y el objetivo de vincularse a la mera jurisdicción eclesiástica del individuo. Si se carecía de fortuna familiar y no se podía optar a los beneficios de las capellanías, el sostenimiento personal era imposible, y la ordenación presbiteral no se consumaba (45). En el caso de nuestro Juan de Almaraz, yo me inclino a pensar que se trataba de conseguir el privilegio de pertenecer a la jurisdicción del propio obispo, lo que en la práctica significaba ser juzgado sólo por él. Además, de esta manera se mantenía la posibilidad de acceder a los pingües beneficios de las capellanías, incluso fundadas por la propia familia y aunque se delegara la carga de las misas en un presbítero ordenado.

 

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