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MOLINOS
Y OTROS INGENIOS EN EXTREMADURA DURANTE EL SIGLO XIX (UNA
APROXIMACIÓN HISTÓRICA)
(1)
GARCÍA
RUEDA MUÑOZ DE SAN PEDRO
(Licenciado
en Geografía e Historia por la U.C.M.
Técnico
de la Fundación Juanelo Turriano.
Secretario
de la Asociación para la Conservación y Estudio de los Molinos (A.C.E.M.)
En las siguientes líneas vamos a ocuparnos de una serie de
industrias tradicionales que no son conocidas y valoradas todo lo que
debieran por los extremeños.
El primer paso para la elaboración de este trabajo ha sido la
recogida de datos procedentes del Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico
de España y sus posesiones de Ultramar, de Pascual Madoz. De este
modo nos pudimos hacer una idea bastante aproximada tanto del número de
molinos y otros ingenios a estudiar como del nombre que recibieron
antiguamente así como el aspecto en que se encontraban a mediados del
siglo XIX. Estos datos los hemos completado con informaciones de otros
documentos que iremos citando a lo largo de nuestro trabajo.
(1)
Este trabajo iba a ser la comunicación que debíamos presentar al XXIX
Symposium of the International Committee for the History of Technology (I.C.O.H.T.E.C.)
que se ha celebrado en Granada del 24 al 29 de Junio de 2002 y que, por
motivos que no son del caso, no pudimos hacer. Desde estas líneas
queremos agradecer la comprensión de la Presidenta de la Fundación
Juanelo Turriano, Begoña García-Diego y Ortiz.
Somos conscientes de que nuestra fuente histórica principal
plantea algunos problemas, entre los que podemos destacar su imprecisión.
Esta dejadez se manifiesta de diversas maneras. Ya que algunas veces
menciona genéricamente las industrias tradicionales, sin especificar el número
de ellas. Como ejemplos de esto que decimos podemos señalar que al
referirse a la industria de Almendralejo dice textualmente «existen
algunos molinos de aceite» o al mencionar la de Calera de León «molinos
harineros y de aceite». Otros ejemplos de imprecisión son las que
hace al contar las de Berlanga o Bienvenida pues indica que hay «algunas
tahonas». Mientras que al hacerlo con la de Burguillos del Cerro señala
que hay «diferentes tahonas». A pesar de ello esta obra es
fundamental para cualquiera que quiera realizar un estudio medianamente
serio sobre la historia de los molinos en España.
Para no hacer mucho más extenso este trabajo, que ya lo es
demasiado, nos limitaremos a estudiar las diferentes industrias
tradicionales existentes en el término municipal de cada núcleo de
población.
La necesidad de realizar esta comunicación en un tiempo
relativamente breve ha hecho que su elaboración esté fundamentada en los
datos procedentes de obras ya publicadas, ha sido imposible la recogida de
datos procedentes de los archivos municipales.
*
* *
En las sociedades preindustriales los molinos de todo tipo junto
con el resto de las llamadas industrias tradicionales, de las que los
batanes y los martinetes fueron las más representativas, alcanzaron una
gran importancia no sólo desde el punto de vista económico sino también
social y cultural.
Actualmente se considera que los molinos no fueron simplemente unas
máquinas ni tampoco se pueden reducir a considerarlos un negocio. En las
economías agrarias, como es la extremeña, son mucho más, hasta el punto
de convertirse en factores de configuración económica y social, entre
diferentes colectivos, como son los propietarios, trabajadores, clientes,
etc. Este destacado papel en la vida de las poblaciones lo pone de
manifiesto el Diccionario de Pascual Madoz cuando al referirse a Higuera
la Real señala que allí «se celebra la festividad de la Virgen de
Nuestra Señora de las Nieves el día 5 de agosto, a expensas de varios
molineros».
Salvo contadas excepciones, que veremos a lo largo de este trabajo,
el tamaño de los molinos y el resto de industrias que estudiamos debieron
ser bastante pequeños. Así lo hace constar el Diccionario de Pascual
Madoz que nos indica que las industrias de la provincia de Badajoz emplean
a pocos operarios y en la mayoría sólo trabajan sus dueños y algún
otro empleado.
1.
LA OBTENCIÓN DE LA HARINA
Esta actividad industrial fue la de mayor trascendencia para la
sociedad, habida cuenta la importancia que tuvo, y aún tiene, en la dieta
alimenticia extremeña.
Para el Diccionario de Madoz son tres los nombres en los que se
agrupan los distintos tipos de artefactos utilizados en la Extremadura de
mediados del siglo XIX para la obtención de la harina: molinos, aceñas y
tahonas.
De los 162 núcleos de población que había en la provincia de
Badajoz en la época que estudiamos el Diccionario de Madoz recoge
noticias de que en 109 de ellos había al menos uno de estos tres tipos de
ingenios.
Por su parte de las 226 poblaciones de la provincia de Cáceres el
Diccionario de Madoz afirma que estuvieron presentes en 157 de ellas.
1.1.
Los molinos harineros
Pese a que en otras provincias, como por ejemplo Granada (2),
en el siglo XIX se produjo un proceso de paulatina introducción de nuevos
equipos y mejoras técnicas, en las tierras extremeñas los molinos
harineros continuaron funcionando con dos de las energías tradicionales
que más frecuentemente se utilizaron: el viento y el agua.
1.1.1.
Molinos de viento
No es este el sitio más adecuado para reflejar con detalle el
debate existente entre los distintos estudiosos sobre el origen y la
difusión en la Península Ibérica del molino de viento. Diremos tan sólo
que los hay que defienden que ya fueron conocidos en la antigüedad clásica
e inventados por los griegos hacia el siglo I o II de nuestra era desde
donde pasaron primero a Roma y más tarde a todo su imperio. Hay otros que
mantienen que fueron concebidos en oriente hacia el siglo X y traídos por
los árabes. Y, por último, hay quien afirma que los más antiguos fueron
los de Holanda y Bélgica y que su primer diseño data del siglo XII y que
fue hecho por algún erudito de Europa occidental, desde donde se expanden
por el resto del continente.
(2)
J. M. Reyes Mesa: «Molinos hidráulicos harineros en la provincia de
Granada. Transición de una actividad artesanal a una industria moderna.»
Actas de las Ias Jornadas
Nacionales sobre Molinología.
A Coruña 1997.
Los documentos que hemos consultado no dicen nada de la forma ni de
la disposición que debían tener los molinos harineros de viento extremeños.
Por este motivo no podemos incorporarlos a ninguno de los tres tipos en
que Julio Caro Baroja (3) agrupa
a los españoles. La documentación sólo señala que, lógicamente,
estaban construidos en lugares predominantes de la población. Así, por
ejemplo, los tres de Castuera se encontraban sobre un cerro y, si se
acepta la creencia popular que en Portezuelo había uno, se situaría, según
el Diccionario de Madoz, en el interior del castillo árabe, que se
ubicaba sobre la cúspide de la sierra aunque en su época ya estaba
destruido.
Además de en estas poblaciones tenemos noticias de que en los términos
municipales de Malpartida de Plasencia, Salvatierra de Santiago y Zorita
también se levantaron 1 en cada uno de ellos.
1.1.2.
Molinos hidráulicos
Todos los autores interesados en la molinología coinciden en señalar
que el molino hidráulico surge por primera vez en el mundo antiguo en su
dos variedades de rueda horizontal –la que trataremos en este apartado
– y rueda vertical, de la que hablaremos al tratar de las aceñas aunque
discrepan sobre cual fue la primera.
Los molinos hidráulicos cuya disposición de la rueda sobre la que
actúa la fuerza de las aguas de los ríos y arroyos fue la horizontal a
su cauce fueron los más habituales en Extremadura. El Diccionario de
Pascual Madoz menciona de manera expresa su existencia en 148 poblaciones
con un total de 788 ejemplares. Sin embargo esta cifra debió ser aún
mayor ya que, en algunas de las ocasiones en las que se cita simplemente
la existencia de molinos harineros en algunos pueblos no precisa la
cantidad, así ocurre en Alcollarín que indica que hay «varios»;
en Castilblanco «algunos»; Esparragosa de la Serena «tuvo
algunos, que se han arruinado, quedando sólo 1 de dos piedras en mal
estado»; en San Vicente «molinos harineros» en Majadas «molinos
harineros en el mismo río (Tiétar), a distancia de una y dos leguas del
pueblo» y en Trujillo «muchos molinos harineros en los ríos».
La estadística de la industria existente en la provincia de Cáceres en
1860 señala que en estas dos poblaciones hubo 3 y 24 respectivamente
molinos movidos por agua. Asimismo en otras ocasiones menciona su cantidad
pero no aclara su modalidad aunque sospechamos que si no todos algunos de
ellos estuvieron movidos por el agua. Esto es lo que ocurrió en un total
de 115 poblaciones extremeñas.
(3)
Tecnología popular española. Madrid 1983. Los tres tipos bien
definidos son: el andaluz; el manchego y el cartagenero.
La no aplicación de ninguna singularidad técnica en la mayoría
de ellos –hay algunas excepciones que comentaremos más adelante– nos
lleva a pensar que los molinos mencionados son los conocidos como molinos
de rodezno o rodete de canal que es el tipo de molino más antiguo lo que
le convierte en el más sencillo y utilizado en la mayoría de los ríos
extremeños. No es este el lugar más apropiado para detenernos a analizar
con detalle todos sus elementos y funcionamiento. Pero siguiendo las
explicaciones de Ignacio González Tascón4
diremos que los molinos de
rodezno de canal están constituidos por un nivel hidráulico y otro
superior, en el que tiene lugar la molienda. Su instalación es, como es
sabido, fuera del lecho de la corriente de los ríos y arroyos. Su
funcionamiento consiste en hacer llevar mediante un canal las aguas del río
hasta el cárcavo donde estaban situados los rodeznos y una vez hechos
funcionar abandonaban el cárcavo por medio de otro canal.
Pero el Diccionario de Madoz en algunos casos menciona una
peculiaridad técnica y hacer constar que se tratan de «molinos de
cubo». Así ocurre en Aljucén que tiene «1 de cubo»;
Carmonita «2 de cubo» y Cordobilla «3 de cubo y 1 de piedra».
El mismo González Tascón describe este tipo diciendo que son muy
similares a los de rodezno de canal pero que tienen la peculiaridad de
disponer de un depósito de bastante altura llamado “cubo” que sirve
para dar más velocidad al chorro de agua que actúa sobre los rodeznos,
lo que permite la misma potencia empleando menos cantidad de agua.
(4)
Fábricas hidráulicas españolas. Madrid 1987.
Del mismo modo el Diccionario de Madoz menciona en cuatro ocasiones
algunas presas molineras, aunque no con este nombre, tan típicas de
Extremadura. Son llamadas así porque su función primera fue la de
embalsar agua para tener fuerza motriz para hacer funcionar molinos
harineros durante los meses más secos aunque no siempre consiguieron este
propósito. Así, al referirse a Cáceres afirma que «hay también
algunas lagunas o charcas destinadas al movimiento de máquinas y para
abrevadero de los ganados. Son las principales las denominadas: de Topete,
en la dehesa de Espaderos, a distancia de legua y media; la de la Generala,
en la Zafra, a dos leguas y media; la de la Aceituna, en la Sierra de San
Pedro, a cinco leguas; la de Palomares, en la misma sierra, a seis; la del
Barrueco, en la Zafrilla, a dos leguas; la de Lancho, en el mismo baldío,
a dos y media; y la de Aguas Vivas, que se halla destruida. Las seis
primeras dan impulso a varios molinos harineros, contándose uno en la
primera, tres en la segunda, tercera y cuarta, dos en la quinta y uno en
la sexta». Asimismo en Trujillo señala que «la charca de Runel,
de propiedad del Marqués de la Matilla, tiene cuatro molinos; la charca
de Matarratas, también de dominio particular, tiene dos molinos, que
regularmente cesan a fin de julio por falta de agua; la Albuera pertenece
a los propios surte a tres buenos molinos». Por su parte en la
provincia de Badajoz, en el término municipal de Zalamea, el río Ortiga
tiene sus «aguas detenidas por un fuerte murallón entre dos cerros,
forman un depósito de una legua de circunferencia, que da movimiento a 10
molinos harineros y pertenece al señor marqués de Casa-Mena». Por
su parte en Feria «la charca o Albuhera (...) se halla entre los términos
de este pueblo y la Parra; se recogen en ella las aguas de invierno, para
moler en tiempo de verano; fue edificada por los años 1750, por el señor
don Amador Malaguilla, obispo de Badajoz, que la donó después al
convento de monjas carmelitas de la misma ciudad; cubre el agua de 50 a 60
fanegas de tierra, y está contenida por una muralla de 60 varas de larga,
42 de altura y 13 de espesor; en los puntos llamados la Madre y el
Aventadero, hay varios molinos». No fueron estas las únicas obras de
ingeniería de este tipo. José Antonio García-Diego (5)
ha examinado algunas de
ellas anteriores a 1800 y de las que no se hace eco el Diccionario de
Madoz distingue a las siguientes: Arce de Abajo, Arce de Arriba, Arroyo de
la Luz, Casillas I, García, Vegas Altas, Casabaya y Castellar (las ocho
con 1 molino); Casillas II y Molino de Cabra (las dos con 2 molinos) y el
Estanque de Guadalupe (con 4 molinos). La característica técnica
principal de estas presas molineras es que al menos uno de los molinos
forma parte del cuerpo de la presa. Estos molinos, en ocasiones tenían
dimensiones ajustadas a su función y emplazamiento, aunque en otras es más
grande teniendo más de un piso. Siempre se construyeron con simple
mampostería y el agua accedía a ellos a través de compuertas abiertas
en los muros de las presas.
(5)
Presas antiguas de Extremadura. Madrid 1994.
Las muelas, también llamadas simplemente piedras, fueron el
elemento más importante del molino, pues sobre ellas es donde se efectúa
la molturación del trigo. Sobre el número de piedras que los molinos
hidráulicos harineros extremeños utilizaron el Diccionario nos
proporciona escasa información. A veces señala la totalidad de piedras
sin especificar el número de molinos, por ejemplo, al mencionar los de
Cuacos dice que tiene «11 piedras de molinos harineros». Otras
veces dice el número de molinos y el de piedras sin señalar cuántas
corresponden a cada uno, por ejemplo, en Casar de Palomero había «4
molinos harineros con ocho piedras»; Plasencia tenía «12 molinos
en el río Jerte, de los cuales algunos tienen cuatro o cinco piedras»
y en Villanueva de la Serena había «8 molinos harineros, de dos y
cuatro piedras, que muelen 130 fanegas al día para el surtido del pueblo
y los inmediatos». Pero lo habitual es que las pocas veces que
menciona el número de piedras las asigne a cada molino. Así sabemos que
los había de una: en Aceituna «1, con una piedra» y en Casar de
Palomero «3 molinetes con una piedra cada uno». De dos piedras en
Valdehuncar «1 de dos piedras harineras»; en Abadía «2, con
dos piedras»; en Acehuche «1, sólo en invierno, con dos pequeñas
muelas, en la rivera de Fresneda y 1, con dos piedras»; en Ahigal «2,
con dos piedras»; en Azauchal «5, de dos piedras»; en
Calzadilla de Coria «1, con dos piedras»; en Esparragosa de la
Serena «queda sólo 1 de dos piedras en mal estado»; en Puebla de
Alcocer «2, de dos piedras, que solo muelen en los inviernos» y
en Villar de Rena «1 de dos piedras». De tres piedras sólo tenemos una
referencia, en San Pedro «1, con tres piedras». De cuatro piedras
los había en La Coronada «1, con cuatro piedras»; en Plasencia
«algunos en el río Jerte tienen cuatro piedras»; en Puebla de
Alcocer «4, con cuatro piedras cada uno»; en Valdelacasa «1
de cuatro piedras» y en Villanueva de la Serena «algunos de 4
piedras». Por último de cinco piedras había en Plasencia «algunos
en el río Jerte tienen cinco piedras» y en Puebla de la Calzada «2
con cinco piedras».
La climatología extremeña no favorece precisamente la existencia
de permanentes corrientes de agua. El Diccionario de Madoz asimismo
identifica algunos molinos de parada, señalando incluso las causas de
esta peculiaridad. Así, en Acehuche había «1 sólo en invierno, con
dos pequeñas muelas, en la rivera de Fresneda»; en Aldea del Cano «1
de invierno; en Aliseda «4, de invierno»; en Carrascalejo «2,
que sólo andan en las grandes lluvias»; en Madroñera «5, que
funcionan dos o tres veces al año»; en Puebla de Alcocer «2, de
dos piedras, que sólo muelen en los inviernos»; en Segura de León
«4, que sólo muelen en el invierno»; en Trasierra «1, que sólo
muele en invierno»; en Trujillo «la charca de Matarratas, también
de dominio particular, tiene dos molinos, que regularmente cesan a fin de
julio por falta de agua»; en Villa del Campo «4, que tienen
movimiento dos meses al año»; y en Zorita «5 de invierno».
No se deben confundir estos molinos de parada con aquellos que el
Diccionario de Madoz indica que tienen una serie de paradas. En estas
ocasiones el término “parada” debe hacerse equivaler a rueda para
moler. Así pasa cuando indica que, en el término de Capilla, en el río
Zújar había «2 molinos harineros de tres paradas, nombrados de la
Piedra Santa, y de la Vega del Molino; en el Esteras hay otro, al este, de
una parada, llamado del Horcajo» y que el término de Esparragosa de
Lares está bañado por los ríos Guadalemar (con 2 molinos con dos
paradas cada uno), Zújar (con 1 molino de dos paradas que sólo muelen en
los inviernos y primaveras abundantes de lluvias) y Guadiana (con 1 molino
de cuatro paradas).
1.2.
Las aceñas
Dentro de los molinos harineros hidráulicos las aceñas forman un
grupo especial. Al contrario de los anteriormente descritos, la colocación
de la rueda sobre la que actúa la energía de las aguas de los ríos es
vertical a su cauce, la cual a través de un sistema de engranajes– en
los que no vamos a detenernos– imprimía el movimiento sobre el eje de
las piedras de moler. Solían constar de dos plantas: en la inferior se
ubicaba la maquinaria y en la superior la sala del molino.
Aunque no fueron muy abundantes en Extremadura sí hubo una
cantidad considerable repartidas entre dieciséis núcleos de población,
todos ellos de la provincia de Cáceres. El Diccionario de Madoz hace
referencias a ellas del siguiente modo:
- Acehuche: «A distancia de media legua del pueblo pasa el río
Tajo, cuyas abundantes aguas corren en dirección Oeste, dando en dicho
punto movimiento a 4 aceñas»
- Berrocalejo de Abajo: «A un cuarto de legua de la población
y por su término, corre en dirección de Este a Oeste el caudaloso río
Tajo, (...); hay una barca de remos, propia del señor duque de Frías,
(...); 5 aceñas (...) de la misma pertenencia».
- Cañaveral de Alconétar: «Industria: (...) 2 aceñas».
- Ceclavín: «Industria: (...) 5 aceñas».
- Cedillo: «Industria: 1 aceña».
- Coria: «El Alagón entra en el término en dirección de Este
a Oeste (...) las aguas dan movimiento a 2 aceñas».
- Garrovillas de Alcónetar: «Industria: (...) 6 aceñas (...)
en el Tajo».
- Hinojal: «Industria: (...) 2 aceñas».
- Peraleda de la Mata: «Industria: (...) 3 aceñas».
- Portaje: «Industria: 1 aceña».
- Riolobos: «Industria: (...) 1 aceña».
- Romangordo: «Industria: (...) 1 aceña».
- Santiago de Carbajo : «Industria: 3 aceñas en el Tajo».
- Serradilla: «(El término) le baña el río Tajo, (...) en el
que hay establecidas (...) 5 aceñas».
- Talaván: «(El término) le baña el río Tajo, que forma su
confín al Norte en dirección de Este a Oeste, en cuyo punto hay 1 aceña».
- Torrejoncillo: «Industria: (...) 2 aceñas».
Como se puede comprobar se situaban en pueblos de la alta
Extremadura por cuyos términos municipales cruzan los ríos más
caudalosos de la provincia: Tajo y Alagón, excepto a la aceña de
Torrejoncillo que le daba movimiento las aguas de la ribera de Fresneda.
La razón principal de esta ubicación es el consumo de mucha agua en su
funcionamiento.
Por problemas de espacio no podemos reflejar ni siquiera
someramente la muy interesante polémica aceña-molino. A los que atraiga
esta controversia les remitimos al libro de Antxon Aguirre Sorondo y a la
monografía de Emilio García Manso (6)
que la analizan con todo
detalle.
1.3.
Las tahonas
Tal y como indica Antxon Aguirre Sorondo(7)
se denominan tahonas a los
molinos de harina cuya rueda gira exclusivamente con caballería. Esta
palabra proviene del árabe “tahuna” -que se puede traducir como
molino o muela de molino. Este sistema de molienda fue implantado y se fue
extendiendo en tiempos del imperio romano.
(6)
Tratado de molinología. San Sebastián 1988 y «La terminología
medieval respecto a la tipología, función y tamaño de las instalaciones
molineras» Actas de las II Jornadas de Molinología. Terrassa
1999, respectivamente.
(7)
Op. cit. en nota 6.
Sus características técnicas dependen si se trata de una tahona
simple, de una sola rueda, o compleja, con más de una, que no debieron
ser muy diferentes a las de las aceñas, salvo -claro está- su fuerza
motriz. En el caso de las tahonas simples los animales movían las piedras
dando vueltas alrededor de ellas a las que estaban unidas mediante un
mayal.
El Diccionario de Madoz nos confirma que este tipo de molino se
seguían utilizando en los pueblos extremeños todavía a mediados del
siglo XIX. Así, menciona expresamente la presencia de tahonas en los
siguientes núcleos de población: Albalá (6); Alconera (3); Alcuéscar(3);
Aldea del Cano (3); Almendral (12); Barcarrota (5); Berlanga (algunas);
Bienvenida (algunas); Bodonal (7); El Bronco (1); Brozas (6); Burguillos
del Cerro (diferentes); Casar de Palonero (7); Casas de Don Antonio
(algunas); Casas de Reina (2); Castuera (algunos); Feria (2); Fuente de
Cantos (18); Fuente del Maestre (2); Garcíaz (2); Higuera de Vargas (4);
Higuera de la Serena (8); Higuera la Real (4); Hornachos (10, en la
población); Llera (3); Llerena (6); Medina de las Torres (40); Miajadas
(10); Montemolín (4); Monterrubio (50); Montijo (2); Nogales (3); La
Parra (13); Perales (1); Pozuelo (algunas); Puebla de Sancho Pérez (6);
Puebla del Maestre (4); Puebla del Prior (2); Puebla de la Calzada (2);
Quintana (algunas); Salvaleón (17); Salvatierra de Santiago (5); San
Vicente (tahonas); Santa Amalia (1); Santos de Maimona (10); Siruela (1);
Torremocha (2); Valdemorales (algunas); Valencia de Mombuey (4); Valencia
de las Torres (2); Valverde de Burguillos (3); Valverde de Leganés (6);
Villafranca de los Barros (15); Villagonzalo (1); Villalba (algunas);
Villanueva del Fresno (2); Zafra (9 de una, dos y tres piedras); Zalamea
(70) y Zorita (12). Resumiendo esta extensa relación diremos que, a pesar
de tratarse de la clase de artefactos para obtener harinas más
rudimentaria y con menor índice de productividad, estuvieron presentes al
menos en 44 núcleos de población de la provincia de Badajoz y en 15 de
la de Cáceres y que había un total de más de 379 y más de 24
respectivamente.
2.
LA PRODUCCIÓN DEL ACEITE
El Diccionario de Madoz da los siguientes nombres a los artefactos
utilizados en Extremadura, en el tiempo de nuestro estudio, para producir
aceite: molinos, lagares, prensas, vigas y, en una sola ocasión, máquina.
Sorprende que no mencione estos ingenios ni una sola vez el nombre con el
que son más conocidos, almazaras.
Sobre estas denominaciones debemos hacer algunas puntualizaciones.
Aunque molino y lagar son dos construcciones diferentes en el Diccionario
de Madoz parece que se utilizan como términos sinónimos así parece
confirmarlo las afirmaciones de que en Granadilla había «2 lagares o
molinos» y de que en el Casar de Cáceres había «3 lagares de
movimiento animal». Y la viga es un tipo de prensa.
De los 162 núcleos de población que tenía la provincia de
Badajoz en aquella época el Diccionario de Madoz recoge noticias de que
en 47 de ellos había al menos uno de estos artefactos.
Por su parte en la alta Extremadura fueron más abundantes ya que
de sus 226 poblaciones el Diccionario de Madoz afirma que estuvieron
presentes al menos en 114 de ellas.
2.1.
Los molinos de aceite
Según la fuerza motriz que utilizaron para su funcionamiento se
pueden dividir en dos clases: de sangre e hidráulicos.
2.1.1.
Molinos de sangre
El Diccionario de Madoz no utiliza esta llamativa expresión para
referirse a los molinos que funcionaron con la energía de seres vivos. Si
sólo tuviéramos como referencia la obra de Madoz para estudiar estos
molinos diríamos que fueron muy escasos ya que expresamente sólo cita
que de este tipo de molinos hubo en Abadía «1 molino de aceite, de
tahona»; en Ahigal «2 molinos de aceite, con tahonas»; en
Alcántara «10 molinos de aceituna o tahona»; en Casar de Cáceres
«3 lagares de aceite de movimiento animal» y en Galisteo «1
molino de aceite movido por caballerías». Afortunadamente esto no es
así y tenemos la estadística de la industria existente en la provincia
de Cáceres en 1860 que señala que hubo molinos de aceite «movidos
por sangre» en Abadía (1, el mismo número que cita Madoz); Ahigal
(3, uno más que los que cita Madoz); Alcántara (14, cuatro más que los
que cita Madoz); Alcollarín (1, Madoz no cita ninguno); Arroyo del Puerco
(3, Madoz cita 2 lagares sin especificar su fuerza motriz); Brozas (6,
Madoz cita 5 molinos sin especificar su fuerza motriz); Cáceres (8, el
mismo número que cita Madoz pero sin especificar su fuerza motriz);
Calzadilla de Coria (3, el mismo número que cita Madoz pero señalando
que son hidráulicos. La estadística de 1860 atribuye a esta población 4
molinos de aceite movidos por agua); Cañaveral de Alcónetar (6, Madoz
cita 4 molinos sin especificar su fuerza motriz); Casar de Cáceres (3, el
mismo número que cita Madoz); Casas del Castañar (1, Madoz cita únicamente
3 hidráulicos. La estadística de 1860 atribuye a esta población la
misma cantidad de molinos movidos por agua); Casas de Millán (3, Madoz no
cita ninguno); Casas de Don Gómez (1, Madoz no cita ninguno); Casillas de
Coria (2, Madoz cita 3 molinos pero sin especificar su fuerza motriz);
Ceclavín (2, Madoz no cita ninguno); Cedillo (1, Madoz no cita ninguno);
Cilleros (2, Madoz cita 12 lagares pero sin especificar su fuerza motriz.
La estadística de 1860 atribuye a esta población la misma cantidad de
molinos movidos por agua); Collado (1, Madoz no cita ninguno); Coria (4,
el mismo número que cita Madoz pero señalando que son hidráulicos. La
estadística de 1860 atribuye a esta población 1 movido por agua);
Garganta la Olla (1, Madoz cita únicamente 2 hidráulicos. La estadística
de 1860 atribuye a esta población la misma cantidad de molinos de agua);
Gargüera (1, Madoz cita 2 molinos pero sin especificar su fuerza motriz);
Garrovillas de Alconetar (3, Madoz cita 2 lagares, cada uno con una viga,
pero sin especificar su fuerza motriz); Gata (1, Madoz cita 16 molinos
pero sin especificar su fuerza motriz); Granadilla (1, Madoz cita 2
lagares o molinos pero sin especificar su fuerza motriz); Guadalupe (5,
Madoz cita 2 molinos pero sin especificar su fuerza motriz); Guijo de
Coria (1, Madoz cita 2 molinos pero sin especificar su fuerza motriz);
Guijo de Galisteo (1, Madoz cita 3 molinos pero sin especificar su fuerza
motriz); Guijo de Granadilla (2, Madoz cita 1 molino pero sin especificar
su fuerza motriz); Hervás (1, Madoz no cita ninguno); Hinojal (2, el
mismo número que cita Madoz, pero sin especificar su fuerza motriz);
Holguera (1, Madoz no cita ninguno); Jaraiz de la Vera (1, Madoz cita 4
lagares pero sin especificar su fuerza motriz); Madroñera (1, Madoz no
cita ninguno); Malpartida de Cáceres (1, Madoz no cita ninguno); Mata de
Alcántara (2, Madoz cita 1 molino pero sin especificar su fuerza motriz);
Miajadas (2, Madoz cita 1 molino pero sin especificar su fuerza motriz);
Mirabel (3, Madoz cita 2 molinos pero sin especificar su fuerza motriz);
Mohedas (1, Madoz no cita ninguno); Moraleja (4, Madoz cita 5 molinos pero
sin especificar su fuerza motriz); Navaconcejo (1, Madoz no cita ninguno);
Navas del Madroño (5, Madoz cita 6 lagares pero sin especificar su fuerza
motriz); Oliva ((2, Madoz no cita ninguno); Pedroso (3, Madoz cita 3
lagares pero sin especificar su fuerza motriz); Peraleda de San Román (2,
Madoz cita 2 molinos pero sin especificar su fuerza motriz «el uno en
medio del lugar (Pedroso) y el otro en el despoblado de San Román»);
Perales (1, Madoz cita 7 lagares pero sin especificar su fuerza motriz);
Piornal (1, Madoz no cita ninguno); Plasencia (8, Madoz cita 1 molino de
prensa hidráulica perteneciente Joaquín Rodríguez Leal y 5 lagares, de
viga pero sin especificar su fuerza motriz); Portezuelo (2, Madoz no cita
ninguno); Pozuelo (8, Madoz cita 5 lagares pero sin especificar su fuerza
motriz); Riolobos (2, Madoz cita 1 molino pero sin especificar su fuerza
motriz); Robledilo de la Vera (2, Madoz cita 1 molino pero sin especificar
su fuerza motriz); Santa Cruz de la Sierra (1, Madoz no cita ninguno);
Santiago del Campo (1, Madoz no cita ninguno); Santibáñez el Alto (1,
Madoz cita 5 molinos pero sin especificar su fuerza motriz); Serradilla
(4, Madoz no cita ninguno); Sierra de Fuentes (2, Madoz no cita ninguno);
Talaván (2, Madoz no cita ninguno); Talavera la Vieja (2, Madoz no cita
ninguno); El Torno (1, Madoz no cita ninguno); Torrejoncillo (3, Madoz
cita 3 lagares pero sin especificar su fuerza motriz); Trujillo (3, Madoz
no cita ninguno); Valdeobispo (1, Madoz no cita ninguno); Valencia de Alcántara
(1, Madoz cita 3 molinos pero sin especificar su fuerza motriz); Valverde
del Fresno (1, Madoz cita 8 molinos sin especificar su fuerza motriz);
Valverde de la Vera (1, Madoz cita 3 nolinos sin especificar su fuerza
motriz); Viandar (1, el mismo número que cita Madoz pero sin especificar
su fuerza motriz); Villanueva de la Sierra ((6, Madoz cita 13 molinos pero
sin especificar su fuerza motriz); Villanueva de la Vera (1, Madoz cita 3
molinos pero sin especificar su fuerza motriz); Villar (1, Madoz no cita
ninguno) y Zarza de Granadilla (1, Madoz no cita ninguno).
Sobre su funcionamiento, el Diccionario de Madoz no nos aporta
ninguna información concreta, pero tal y como hemos recogido antes nos da
un indicio de que sería muy similar al de las tahonas harineras, ya que
al aclarar su fuerza motriz los iguala «1 molino de aceite, de tahona»,
al referirse a Abadía y «10 molinos de aceituna o tahona» en Alcántara.
Por esta razón para conocer este apartado nos remitimos a lo ya hemos
expuesto en el capítulo de las tahonas harineras.
2.1.2.
Molinos hidráulicos
El Diccionario de Pascual Madoz menciona de manera expresa su
existencia en 22 poblaciones extremeñas con un total de 57 ejemplares.
Sin embargo esta cifra debió ser aún mayor ya que, en algunas de las
ocasiones en las que se cita simplemente la existencia de lagares en
algunos pueblos no precisa la cantidad, así ocurre en Trevejo que indica
que hay «varios» y en otras ocasiones no aclara su modalidad pero
por otros textos sabemos que se trataba de los movidos por agua. A
continuación exponemos la relación de las poblaciones que indica el
Diccionario de Madoz, con el número de molinos de aceite que en él se le
asignan. En ella incluimos, cuando los tenemos, datos de 1860 para ver la
evolución de estos artefactos y conocer así mejor su crecimiento,
estancamiento o involución durante casi veinte años: Abadía (2 con dos
vigas y 2, según la estadística de 1860); Aceituna (3 con una viga y 3);
Alcántara (1 y 0); Aldeanueva de la Vera (3 y 3); Aldeanueva del Camino
(2 y 2); Almoharín (5 y 5); Cadalso (6 lagares y 6); Calzadilla de Coria
(3 y 4); Casas del Castañar (3 y 3); Coria (4 y 1); Garganta la Olla (2 y
2); Marchagaz (1 con viga y 0); Mohedas (3 y 3); Piornal (2 lagares y 0);
Portezuelo (1 y 0); Santa Cruz de Paniagua (2 y 2); Santibáñez el Bajo
(1 y 3); Santos de Maimona (4 lagares); Serradilla (1 y 0); El Torno (2
lagares y 4); Trevejo (varios lagares y 13) y Villa del Campo (6 y 5).
Como se puede ver hay una tendencia a la estabilidad con tendencia a la
baja.
Ignacio González Tascón (8)
considera que este tipo de
molinos alcanzaron su mayor difusión en el siglo XIX, el momento de
nuestro estudio. Como ejemplo más representativo de este tipo de molinos
se detiene en describir los de la región de La Vera, más concretamente
en los de Villanueva. Así indica que están construidos de piedra granítica
y que su esquema hidráulico es similar al de los molinos harineros de
rodezno.
2.2.
Prensas
Tal y como ha indicado José Ignacio Rojas Sola (9)
el método utilizado para
realizar el prensado de la pasta de aceituna ha estado íntimamente ligado
al utilizado para la molienda. Así pues, el prensado sufrió una evolución
paralela a los sistemas de molturación.
Cuando menciona los sistemas de prensado, el Diccionario de Madoz
lo hace, en la mayoría de las ocasiones de manera general En este caso
solamente aclara el número de ejemplares existentes en cada población,
algunas veces vinculándolas a los molinos y otras omitiéndolos. Así
ocurre con Carrascalejo (2 prensas); Fuente de Arco (6 molinos de aceite y
1 prensa); Higuera de Vargas (2 prensas); Jerez de los Caballeros (6
molinos de dos vigas y 2 prensas); Navalvillar de Pela (2 prensas);
Olivenza (8 lagares y 10 prensas); Talarrubias (1 prensa) y Valle de Santa
Ana (1 molino de aceite y 1 prensa).
(8)
Op. cit. en nota 4.
(9)
«Una clasificación de los sistemas de prensado en las antiguas fábricas
de aceite» MOLINUM Año I - Número 1. Noviembre 1998.
Como se puede ver la escasa información facilitada nos dificulta
de manera considerable saber de qué procedimiento de prensado se trata.
Todo ello nos impide hacer su tipología y descripción y ver su grado de
evolución.
A continuación examinaremos las escasas ocasiones en que concreta
el procedimiento de prensado.
2.2.1.
Vigas
Como ya ocurriera con las prensas en general, el Diccionario de
Madoz menciona las vigas en dos contextos. El primero de ellos vinculándolas
a los molinos de las distintas poblaciones, así ocurre en Abadía (2 con
dos vigas); Aceituna (3 con una viga); Casar de Palomero (7 con ocho
vigas), Jerez de los Caballeros: (6, los seis de dos vigas) y Plasencia (5
lagares, de viga). El segundo tratándolas como elementos independientes.
Este es el caso de Aliseda (3 prensas de viga); Montemolín (3 vigas, en
las que se muele toda la aceituna de aquellos propietarios y alguna de la
Puebla del Maestre) y Zafra (11 vigas).
Las prensas de vigas pueden ser de dos tipos: de viga y de quintal.
Siguiendo las explicaciones de José Ignacio Rojas Sola diremos que la
primera variedad data del siglo I a. de C. y está basada en una palanca
de segundo género que se mueve con un husillo de madera enroscado en la
misma viga. Por su parte la segunda fue desarrollada a finales del siglo
XIX, por lo que dificilmente las referidas por el Diccionario de Madoz
pueden ser las de este tipo.
2.2.2.
Prensas hidráulicas
El Diccionario de Madoz solamente menciona este tipo de prensa en
una ocasión, al referirse a Plasencia y lo hace del siguiente modo «1
de prensa hidráulica perteneciente a señor don Joaquín Rodríguez Leal».
Las prensas hidráulicas fueron ideadas por Joseph Bramah en 1796 y
constan de un cilindro de un fundición dentro del cual se mueve un émbolo,
al que se transmite la presión del agua ejercida en otro cuerpo de bomba,
comunicándose ambos por un tubo. Uno de los cuerpos se comunica además,
con un depósito de agua y lleva su émbolo movido por una palanca de
brazos muy desiguales que envía el agua al otro.
3.
MOLINOS DE PIMIENTO
El Diccionario de Pascual Madoz aporta unas muy limitadas
informaciones sobre estos molinos que tenían la función de elaborar una
de las especias más típicas extremeñas, el pimentón. Así sólo
menciona la presencia de este tipos de molinos en dos poblaciones, en
Casas del Monte había «molinos de pimiento», sin especificar ni
su número ni su fuerza motriz y en Losar de la Vera que había «13
molinos harineros, que también sirven para el pimiento». En esta
misma línea indica que algunos pueblos, sin aclarar cuales de ellos, del
partido judicial de Hoyos «los molinos de harina sirven también para
moler el pimiento». Otra vez la estadística de la industria
existente en la provincia de Cáceres en 1860 nos aporta datos precisos
sobre su localización, número y fuerza motriz: Aldeanueva del Camino (9,
movidos por agua); Aldeanueva de la Vera (3, movidos por agua); Aliseda
(6, movidos por agua); Cabezuela (1, movido por sangre); Collado (2,
movidos por agua); Jaraíz de la Vera (10, movidos por agua); Jarandilla
(9, movidos por agua); Losar (7, movidos por agua); Robledillo de la Vera
(1, movido por agua) y Villanueva de la Vera (7, movidos por agua).
Este tipo de molinos han sido muy poco estudiados, nosotros tan sólo
conocemos una monografía escrita por Carlos Blázquez Herrero (10),
a la que, en líneas generales, seguimos a continuación.
Desde mediados del mes de Septiembre hasta finales de Octubre o
principios de Noviembre se recogen los pimientos y, mientras que en otras
regiones de España son secados al sol, en la Vera son introducidos en los
sequeros para secarlos a base de fuego de leña. Estas construcciones
suelen ser de planta cuadrada con unas dimensiones muy variables aunque
abundan los que tienen cuatro o cinco metros de lado, aunque en las fincas
de gran extensión hay secaderos de mucha mayor capacidad. Tienen una
puerta de acceso de tamaño corriente y están divididos en dos cámaras
superior e inferior, separadas por un enrejado de madera. Están
realizados con los materiales corrientes en cada localidad: mampostería,
adobe, tapial, ladrillo, etc. Están techados con cubierta de teja
mientras que su suelo generalmente es de tierra asentada o apisonada
aunque los hay que están solados con ladrillos ordinarios. El Diccionario
de Madoz indica la presencia de estas construcciones en varios pueblos
cacereños. Así ocurre en Aldeanueva del Camino donde «hay 80
oficinas que se llaman sequeros, para resecar el pimiento en rama antes de
llevarlo a los molinos», en el término de Jaraíz de la Vera que «comprende
algunas casillas para secar pimiento y para habitación en las épocas de
sus cultivos» y por último por el término de Losar de la Vera hay
varias casetas esparcidas para secar el pimiento.
(10)
«Molinos de pimentón en el norte de la comarca de La Vera» Actas de
las Ias Jornadas
Nacionales sobre Molinología.
A Coruña 1997.
Una vez secado, cada clase de pimiento es machacada por separado
para convertirlo en las distintas clases de pimentón, que más tarde se
venderán a precios distintos. El proceso de elaboración del pimentón se
divide en las siguientes tres o cuatro fases: 1) Tronzado: acción
que consiste en cortar el pimiento en trozos muy menudos toscamente. 2) Retronce
o molido: es la fase de moler propiamente el pimiento. Una vez
terminada se obtiene un polvo muy basto, que todavía no puede utilizarse.
3) Afinado: el polvo anterior se vuelve a pasar por las piedras de
moler para que quede con el aspecto tan fino, aroma y coloración
apropiados para el consumo. Y 4) Transmitido: este proceso sólo se
utiliza en caso de que pasada la anterior no tuviera la finura o la
coloración adecuadas. Consiste en pasar el polvo resultante del afinado
otra vez por piedras de moler que en esta ocasión deben estar lo menos
usadas posible.
La escasa información facilitada por la documentación escrita
sobre este tipo de molinos extremeños nos dificulta de manera
considerable conocer su tipología y, de este modo, poder hacer su
descripción.
4.
MOLINOS DE CHOCOLATE
Tal y como ocurriera con los molinos de pimiento, el Diccionario de
Pascual Madoz aporta muy limitada información sobre estos molinos que
debieron ser los últimos en instalarse en la Península Ibérica ya que
recordemos que el chocolate no llegó, procedente de América, a la Península
Ibérica hasta el año 1520. Así sólo menciona la presencia de este
tipos de industrias en Alburquerque : «1 fábrica de chocolate»;
Cáceres: «5 molinos de chocolate, cuyos simples se conducen de Cádiz,
Sevilla y Bilbao y se consumen sus productos en este partido y los de Alcántara
y la Serena» y Coria «1 molino de chocolate». Otra vez la
estadística de la industria existente en la provincia de Cáceres en 1860
nos aporta datos precisos sobre su localización y número aunque esta vez
no sobre su fuerza motriz: Cáceres: 1 fábrica de chocolate; Garrovillas:
1 fábrica de chocolate; Logrosán: 2 fábricas de chocolate; Hervás: 5 fábricas
de chocolate; Plasencia: 3 fábricas de chocolate; San Martín de Trevejo:
2 fábricas de chocolate; Trevejo: 1 fábrica de chocolate; Trujillo: 1 fábrica
de chocolate y Zarza la Mayor: 1 fábrica de chocolate.
Este tipo de molinos, (mal) considerados menores, han sido muy poco
investigados en profundidad, nosotros tan sólo conocemos una monografía
escrita por Efrén Fernández Lavadera11,
a la que, en líneas generales, seguimos a continuación para explicar
brevemente la elaboración de este alimento.
Para fabricar chocolate, ya sea industrial o artesanalmente, hay
que seguir esta serie de cinco pasos: 1) Limpia, clasificación y mezcla
de semillas. 2) Tostación o torrefacción. 3) Descascarillado. 4)
Molienda y mezcla con el azúcar y especias. Y 5) Moldeado, enfriamiento y
empaquetado.
La escasa información facilitada por la documentación nos
dificulta de manera considerable conocer la tipología de las fábricas/molinos
de chocolate extremeñas y, de este modo, poder hacer su descripción.
5.
MOLINOS DE PAPEL
Aunque la producción papelera en Extremadura fue casi inexistente
hemos hacer constar la aparición en ella de un molino de papel. El
Diccionario de Madoz se hace eco de esta presencia señalando que en el
Caserío de Campomanes, en el término municipal de Trujillanos, «se
halla un olivar y un molino que fue de papel».
Casi todos los autores interesados en este tipo de molinos
coinciden en señalar que se generalizan en toda España a partir del
siglo XVIII. Todo parece indicar que el extremeño habida cuenta quien fue
su propietario puede fecharse en aquel siglo. En efecto el conde de
Campomanes adquirió esta dehesa en el año 1773 y mandó alzar el olivar
y el molino, antes citados.
Se llaman molinos de papel a aquellos ingenios movidos por energía
hidráulica que molturaron pasta de papel hecha a base de trozos de madera
o de trapos viejos triturados. Los mecanismos trituradores se movieron
gracias a una rueda vertical, semejante a la de las aceñas.
(11)
«Molinos menores. Los molinos tradicionales de chocolate» MOLINUM Año
II -Número 6. Segundo
Trimestre 2000.
6.
OTROS MOLINOS
De todos es sabido que los molinos se han utilizado no sólo para
la obtención de alimentos, tal y como hemos referido en el apartado
anterior de este trabajo.
Antxon Aguirre Sorondo(12)
agrupa estas moliendas en
dos grandes grupos: Molienda de Vegetales (tabaco, cortezas, cáñamo,
etc) y Molienda de Minerales (metales, piedras, yeso, arcillas, pólvoras,
barnices, etc).
De todos estos productos de posible molturación el Diccionario de
Madoz al referirse a Extremadura sólo cita al zumaque, arbusto cuyo fruto
molido fue utilizado como curtiente.
Sobre el funcionamiento de estos artefactos, el Diccionario de
Madoz en dos casos nos aporta una información concreta al señalar que
son tahonas. En efecto nos señala que en Navas del Madroño hubo 2
tahonas de zumaque y en La Parra otras 3 tahonas de zumaque. Esto nos
lleva a considerar que serían muy similares a las tahonas harineras, que
debieron su movimiento a la energía de un animal de tiro. Hay un tercer
caso, el de Feria, en el que aporta la noticia de allí hubo «3
molinos de zumaque», sin aclarar su fuerza motriz, que sospechamos
debió ser la misma que en los casos anteriores.
7.
BATANES
Los batanes fueron unos ingenios que se utilizaron para desengrasar
y comprimir los paños de lana. Esto es en el proceso de elaborar los paños
se encargaron de darle el cuerpo correspondiente y el necesario grado de
resistencia.
Pese a que en otras regiones, como por ejemplo Aragón(13),
los batanes van disminuyendo su número desde el Renacimiento y a partir
del siglo XVII van poco a poco cerrando sus puertas, algunos de ellos
reconvertidos en molinos harineros, en Extremadura, como a continuación
expondremos, durante el siglo XIX siguieron funcionando con dos energías
tradicionales: animal (racional o no) y agua.
El Diccionario de Pascual Madoz da noticias de la presencia de un
total de 39 batanes en toda Extremadura, repartidos en 19 núcleos de
población. En algunas ocasiones no indica la energía que les hizo
moverse aunque, en la mayoría de las veces, sí lo hace. Por el contrario
la estadística de la industria cacereña de 1860 no explica nunca su
fuerza motriz pero precisa que había hasta 23 en 18 poblaciones.
(12)
Op. cit. en nota 6.
(13)
Carlos Blázquez Herrero: El agua y Aragón. Zaragoza 1995.
El Diccionario de Madoz indica que había batanes, sin especificar
su fuerza motriz, en los pueblos de la provincia de Cáceres que a
continuación citamos: Cáceres: (2, que benefician los paños y bañetas
que presentan los vecinos de este partido y el de Montánchez); Guadalupe:
(1); Hinojal: (1); Jaraíz de la Vera: (1); Portaje: (1); Riolobos: (1);
Romangordo: (1); Torrejoncillo: (3); Torremocha: (1); Valdehuncar: (1 de
paños) y Villa del Campo: (2). A pesar de este silencio nos inclinamos a
pensar de que se trataría de batanes hidráulicos.
7.1.
Batanes de sangre
Lógicamente, y tal como ocurrió con los molinos, la más antigua
fuerza motriz de los batanes fue la de los hombres. En la Extremadura de
mediados del siglo XIX se siguieron utilizando. El Diccionario de Pascual
Madoz nos cita la existencia en Cabeza del Buey «4 batanes de brazo».
Es de suponer que este tipo sólo se compondría de los gruesos mazos de
madera.
El paso siguiente en la evolución de los batanes fue utilizar
animales de tiro para hacer funcionar sus mecanismos. Así, el Diccionario
de Madoz nos cita que en el mismo pueblo de Cabeza del Buey había «2
de caballerías». Su mecanismo debió ser muy parecido al de los hidráulicos,
que en apartado posterior describiremos brevemente.
7.2.
Batanes hidráulicos
Tal y como hemos visto, el trabajo de los batanes requiere un gran
esfuerzo físico, lo que hizo que se acudiera a la energía hidráulica
para hacerlos mover.
El Diccionario de Pascual Madoz cita expresamente la presencia de
batanes movidos por agua en las siguientes poblaciones: Berrocalejo de
Abajo: (1, con dos mazos); Casas de Millán: (1); Coria (3); Don
Benito: (1) Garrovillas de Alcónetar: (3 en el río Tajo y 2, sólo de
invierno, porque en verano el arroyo Morisco pierde al agua); Hervás (5)
y Valencia de Alcántara (2).
Su mecanismo consistía en una rueda hidráulica conectada a un eje
que, al girar, hacía mover una serie de levas que sucesivamente
levantaban y dejaban caer un sistema de mazos de madera para golpear las
pilas en las que se encontraban situados los paños.
8.
MARTINETES
Los martinetes fueron unos ingenios hidráulicos con un proyecto técnico
análogo al de los batanes. En efecto, se componían de una rueda hidráulica
en cuyo eje se colocaron unas levas, semejantes a las de aquellos
artefactos, que empujaban hacía abajo el extremo de una viga que tenía
en el otro un pesado martillo, lo que hacía que éste se levantase.
Cuando la leva, al girar, soltaba la viga el martillo caía sobre un
yunque.
El Diccionario de Madoz menciona un único ejemplar de esta
industria tradicional en toda Extremadura y se encontraba situada en
Guadalupe, a cuyo Monasterio de Santa María perteneció.
No tenemos noticias del momento de su instalación pero todavía a
mediados del siglo XIX se encontraba «en buen estado» y se
utilizaba para trabajar el cobre a modo de martillo.
FINAL
Con esta comunicación hemos querido hacer una pequeña aportación
para que se conozcan un poco mejor algunas industrias tradicionales
extremeñas y de esta manera se valore más el trabajo de nuestros
precursores así como los lugares donde lo realizaron.
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