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«Yo
acuso»(1982)
Una obra controvertida, valiente e interesante aparece en las
postrimerías de su vida.
Hay un gran artículo publicado en el periódico «El País semanal»
de fecha 7 de Marzo de 1982, en el que Paul Eddy y Jon Swain reflejan la
entrevista mantenida con el autor en su casa de la Costa Azul, y en la que
exponen la opinión del propio Greene sobre esta obra.
El centro del artículo está basado en la trama de este Ensayo, en
las acusaciones con que Graham Greene denuncia las redes de delincuencia
que se extienden por Niza, implicando a la propia policía, a los abogados
y a los jueces. Diremos sus palabras terribles: «Aquellos que sientan la
tentación de venir a vivir a la Costa Azul les aviso: huyan de Niza, la
guarida privilegiada de una de las más criminales organizaciones de la
delincuencia del sur de Francia; un mundo en el que incluso los
extranjeros pueden verse envueltos, como lo hemos estado yo y mis amigos
en estos últimos tres años... Y lo que es aún más grave, la gente de
este mundillo está protegida por la policía, que colabora estrechamente
con ellos... Tienen comprada a la policía; no hay duda de que el dinero
está en el centro de toda esta corrupción... Y la justicia es impotente
para desmadejar esta telaraña, cuando se permite respirar el aire viciado
de la tentación...»
Éste es precisamente el inicio de las manifestaciones con que
comienza Greene las revelaciones, que bajo el título «Yo acuso» ha
expuesto. Posteriormente, continúa desmenuzando todos los hechos que le
han ocurrido a él y a sus amistades durante estos tres años de su larga
y fructífera vida y los pasos que ha tenido que dar, procurando denunciar
todo ello en los diferentes estamentos franceses, valiéndose de todas las
personalidades que ha podido visitar para denunciar los hechos, intentando
buscar descaradamente las mejores influencias para ello, incluso valiéndose
de la condecoración que posee de Caballero de la Orden de la Legión de
Honor.
En medio de tales acontecimientos y gestiones, el problema se agravó
por causa de la huelga en correos, cosa que le impedía recibir cualquier
comunicación al respecto. Es decir, se encontraba aislado en su «Residence
des Fleurs», donde ha vivido desde 1966. Tan abrumado estaba con todo
ello, que hace el siguiente comentario: «Sólo hace falta que caiga un
ladrillo para que todo el mundo se desmorone. Estoy decidido a que sea así.
Me dedico al negocio de derribos». La herramienta principal de su equipo
de demolición es este libro, titulado «Yo acuso» son, sobre
todo, sus artículos enviados a la prensa de todo el mundo, de tal forma,
que lo que debería haber sido un simple caso de divorcio entre Martine y
Daniel, fue lo que le abrió los ojos a toda esta trama que relata en el
libro. Y precisamente, después de haber finalizado la novela «Monseñor
Quixote», esta obra se convirtió en pasión dominante para el autor.
Como podemos observar, este gran genio y prolífero autor de la
literatura inglesa del siglo XX se ha visto involucrado en muchísimos
acontecimientos, incluso hasta el final de sus días, a veces por su carácter
aventurero, otras por su antigua profesión, al haber estado al servicio
del Departamento de Inteligencia Británico y otras por mera coincidencia,
pero por unas cosas u otras, lo importante es la gran experiencia,
entereza y profesionalidad con las que afronta todos ellos, y por el valor
que demuestra al enfrentarse a cierta clase de organización tenebrosa: la
mafia del sur de Francia, la misma que opera en Italia.
En este libro hay una familia víctima y también un testigo de
excepción: el sacerdote español Leopoldo Durán, amigo y confidente de
Greene durante más de dos décadas, la persona a la que está dedicada la
obra de Greene: «Monseñor
Quixote».
El padre Leopoldo Durán, en un reportaje que le hacen sobre este
libro-denuncia contra la Mafia de Niza, al ser además de amigo personal
de Greene, testigo directo en los sucesos que en él se relatan, hace una
serie de comentarios muy interesantes sobre el mismo.
Leopoldo Durán hace un singular relato en primera persona de la génesis
y circunstancias de este nuevo y estremecedor «J’accuse». En la
introducción al reportaje, comienza diciendo que Graham Greene, uno de
los escritores más importes del siglo XX, se encuentra por vez primera en
su vida litigando en los Tribunales. Motivo: la reacción a su obra: «J’accuse»,
en la que el autor inglés hace una brutal denuncia de las actividades de
la Mafia en Niza.
Después añade, que el «Times» de Londres publicó una carta de
Graham Greene denunciando a la Mafia del área de Niza, donde se acusaba a
oficiales de policía, a ciertos magistrados y algunos abogados de
corrupción criminal. Y aunque Max Gallo ha escrito ya una novela sobre
esta podredumbre, Greene prometía en su carta, un corto libro sobre los
hechos vividos por él personalmente. Hasta anunciaba el título del
libro, que pediría prestado a Zola: «J’Accuse».
La carta de Greene dio en pocos días la vuelta al mundo... Periódicos,
hombres de radio y televisión, toda suerte de informadores formaron cola,
durante meses, para hablar con el misterioso escritor inglés. Y añade el
padre Durán: «Yo pasé con él la Semana Santa de ese año, y todavía
presencié varias entrevistas».
Un año antes de enviar la carta al «Times» ya estaba redactada y
enviada a Londres, por si hiciese falta entregarla a la prensa. Por
desventura, y como siempre, el sexto sentido de Graham Greene adivinaba lo
que iba a pasar... Y a pesar de que el mismo Ministro de Justicia y el
propio Mitterrand le ayudaron todo lo posible, tuvo que echar mano de su
arma más poderosa, su pluma.
Cuando el padre Durán habla sobre la forma y el contenido del
libro, expresa lo siguiente:
«En «Yo acuso» el aspecto tenebroso de Niza ha aparecido.
Es una obra breve. El ejemplar que poseo, bilingüe, en inglés y francés,
tiene sesenta y nueve páginas. Lo había leído en Antibes —continúa
diciendo, mecanografiado, una noche antes de acostarme. Imposible
interrumpir aquella lectura. Entonces y ahora tengo la impresión de que
se trata de un drama trágico, en cinco actos y seis anejos documentales.
El párrafo inicial del acto primero es de una fuerza y dolor sangrantes:
«Dejadme poner en guardia a todo aquel que para gozar de una vida
tranquila, se siente tentado a establecerse en la Costa Azul. Huid de Niza
y de su zona, porque es la guarida de algunas de las organizaciones más
criminales del sur de Francia. Trafican en drogas; han intentado, en
connivencia con altas autoridades, apoderarse de los casinos...» Y así
continúa denunciando todo el entramado.
En el primer acto, Greene llama «drama» a esta historia, y se nos
relata el origen de la profunda amistad con la familia Cloetta, las
cualidades artísticas de Martine, y el matrimonio de ésta con un tal
Daniel Guy, cuyas virtudes señeras son el arte del disimulo y el vicio de
los celos. Los sufrimientos secretos de Martine en el matrimonio llegan a
su cenit».
Continúa el padre Durán, que en una de las conversaciones que
tuvo con Martine, le decía: «Prefiero antes morir que volver a vivir con
él» (refiriéndose a su marido).
Luego entra en acción la corrompida justicia de Niza. El abogado
de Martine la engaña... y el ex marido la asalta brutalmente varias veces
prometiéndo destruirla. Ha comenzado el martirio de esta joven mujer...
Y así —expresa el padre Durán,— : «La pluma mágica de
Greene otorga a un relato prosaico y cruel el suspense ascendente de una
tragedia».
En el acto segundo se nos revela la vida tenebrosa de Daniel Guy,
marido de Martine. Cuatro veces encarcelado en Francia y en Italia, por
violencia, robo, fraude... Es un enfermo. No distingue el adulterio de la
amistad. Greene ha basado el retrato de Daniel en uno de los personajes más
dignos de compasión que ha creado en sus novelas: el doctor Fischer de
Ginebra, protagonista de la novela del mismo nombre; y quizás algunos
rasgos de Ana, la protagonista de dicha obra, están plasmados también en
Martine. La conducta de Daniel con su mujer va empeorando de día en día,
y uno de los amigos de Daniel amenaza seriamente a los padres de Martine.
La familia denuncia el hecho a la Policía, pero Daniel se ríe de todo,
pues sabe que hagan lo que hagan será letra muerta. La Policía está
implicada. Luego, Martine se dirige a su abogado para pedirle ayuda, pero
éste le propone acciones poco honestas, pretensiones que ella rehusa...
Posteriormente narra algunas acciones en casinos, en los que está
implicado el propio alcalde de Niza, Jaques Médicin. Más tarde, Martine
ve como Daniel le arrebata la custodia de su hija Alexandra. Y durante una
discusión, el propio Daniel Guy rompe las narices a Martine Escrivant.
Siguen los acontecimientos hasta que incluso, intentan matarla. Ante estos
hechos, y después de que Guy es absuelto, ¿Qué hacer?.
Greene renuncia a ser Caballero de la Legión de Honor y envía su
insignia al Gran Canciller de la Orden y al mismo tiempo envía una copia
de su carta al Ministro de Justicia. Posteriormente el Gran Canciller le
devuelve su medalla y el Ministro le envía a dos inspectores generales a
Niza.
Durante ese tiempo cesa el Ministro de Justicia, antes de concluir
sus investigaciones. Martine apela al tribunal Supremo de Francia, pero
desde Niza intentan impedir que la justicia se cumpla.
Y es entonces, apremiado por el dolor inagotable —que parece
eternizarse—, y viendo como todo se ennegrecía y se cerraba. Greene
decide acusar.
Más adelante, el padre Durán añade que los seis anejos del libro
de Graham Greene, a su juicio, son seis pruebas, casi apodícticas, de que
el caso que cuenta se mueve en una atmósfera de hampa y podredumbre: de
Mafia. Y luego comenta: «Mas para mí, ni el libro de Greene ni todas las
pruebas hacían falta. En el ejemplar que me envió, escribe estas
palabras: “Para el padre Durán, testigo de excepción. Con afecto, de
Graham Greene”».
El padre Durán realiza unas manifestaciones que explican y aclaran
lo que, entre otras cosas, intento demostrar con este ensayo, referente a
las relaciones del padre Leopoldo Durán con Graham Greene, y a la
fiabilidad y diferencia que existe entre los escritos de algunos biógrafos
y críticos de Graham Greene, con los que realiza el propio Leopoldo Durán,
amigo de verdad y confidente de Greene. Dice el padre Durán al respecto:
«Mi amistad con el gran escritor me ha tenido en contacto, casi día a día,
con los avatares de este suceso tan triste. Me considero testigo de
excepción de todo este «drama». Cartas, llamadas telefónicas, visitas
a Antibes... Cada una de las líneas del formidable alegato me recuerdan
largas horas, días y meses de conversación, de sufrimiento y esperanza,
de optimismo y de depresión... Mi amistad con la familia Cloetta ya es
antigua. ¡Cómo recuerdo una larga conversación con Martine, paseando
entre árboles, no lejos del mar, en uno de los miradores más bellos de
Niza! Allí conocí la hondura de Martine. La hondura de su sufrimiento
silencioso. También descubrí que su matrimonio no era un matrimonio canónico.
Fue el descubrimiento de una estrella en medio de la noche.
Poco después nacía Sandrine, y me fui a Antibes a bautizarla. En
la misma ceremonia, el párroco bautizaba a Alexandra, y yo aceptaba el
honor y la obligación —por primera y pienso que por última vez en mi
vida— de ser padrino. Hoy mi ahijada está injustamente, bajo la tutela
de su padre, y en consecuencia, en un estado de inmolación. Su carta autógrafa,
fotocopiada en el libro, es desgarradora. —Y añade el padre Durán—:
«Soy testigo de la absoluta verdad de cuanto Graham Greene escribe en «Yo
acuso». La tensión en que hemos vivido y seguimos viviendo...» Y añade:
«No piense nadie que este libro no está en la línea de Graham Greene.
Es un libro de perseguimiento. Todas las novelas de Greene, a partir de «Brighton,
parque de atracciones» son, sin excepción, novelas de
perseguimiento... Y si toda la obra de Greene es un indicio para
comprender este alegato tremendo contra la Mafia del sur de Francia, también
aquí aparece el eterno defensor de los oprimidos y “el mártir de la
esperanza”». Posteriormente el padre Durán manifiesta: «Quizá la
preocupación más grande de Greene al escribir este libro es la suerte de
las dos niñas en juego, Alexandra y Sandrine. Y uno recuerda la corrupción
de los niños en esta sociedad, pecado que ha obsesionado siempre a Graham
Greene. Recordemos, por ejemplo, a Brígida y Coral en «El poder y la
gloria».
Termina el padre Durán este relato diciendo, que «Yo acuso» no
es un libro triste, después de todo. Si los hechos narrados son
lastimosos, nos llena de esperanza ver que todavía hay en nuestra raza un
hombre que los denuncia ante el mundo entero. Y hace falta mucho valor
para publicar este libro. Pero Greene ha vivido siempre en peligro. Su
vida ha sido un juego incesante a la ruleta rusa.
Y lo concluye con las últimas palabras de Graham Greene en la
introducción a su novela «Los Comediantes»: «Me siento
orgulloso de haber tenido amigos haitianos que lucharon valerosamente en
los montes contra el doctor Duvalier. Pero un escritor no es tan impotente
como él suele pensar. Una pluma puede hacer salir sangre, tan eficazmente
como una bala de plata».
«El
capitán y el enemigo» (1988)
Esta novela puede considerarse una culminación madura y reflexiva
de sus inquietudes humanas y literarias. En ella nos propone un itinerario
que nos lleva al centro mismo de la condición humana: un joven inglés de
veintidós años recuerda su adolescencia londinense, su asombrosa
convivencia con un personaje —el Capitán—, que despierta, con sus
actitudes sociales y sus extrañas ausencias, una densa e inevitable
fascinación en el ser que ha empezado a dejar la niñez. Alejado de los
parámetros familiares oficiales que podría representar su verdadero
padre, el joven protagonista va descubriendo el complejo tejido de la
existencia humana a través del Capitán y de la compañera de éste,
Liza. De ellos aprenderá, por encima de todo, que las relaciones humanas
pueden asentarse en una zona de sentimientos, fronteriza entre la
solidaridad y el amor. Luego el muchacho ingresa en el mundo de los
adultos, donde observa las contradicciones del propio Capitán. Graham
Greene logra una alegoría literaria extraordinariamente coherente sobre
los mitos de la adolescencia y sobre el tránsito doloroso e implacable al
mundo de los adultos. Por último, la muerte aparece en esta novela como
un accidente que rompe ideales y esperanzas, pero su presencia está
contrarrestada por unas realidades morales que trascienden, con mucho, la
existencia temporal de los personajes. Y apoyándose en este contraste, la
esperanza básica brota de todas las páginas de este relato.
Parece recorrer con ella, desde sus tiempos de escolar en
Berkhamsted hasta sus aventuras en Panamá «el país pequeño y remoto de
sus sueños».
Esta obra está dedicada a Yvonne Cloetta, por los recuerdos que
juntos compartieron durante casi treinta años. Greene la conoció en el
Camerún francés a su vuelta del Congo. Fue la compañera de Greene hasta
el final de sus días.
Después de estos breves comentarios sobre algunas de las obras de
Graham Greene, añadiré que Greene huyó siempre de la notoriedad y así
en una entrevista realizada por Nicholas Shakespeare, estando Greene en su
apartamento de la Costa Azul, el propio Greene expresa a sus 83 años de
edad, que de su prosa, le hubiera gustado que su estilo pasara inadvertido
y hubiera preferido también, que los detalles de su propia vida hubieran
sido igualmente opacos. Luego Greene comenta: «Siento como si hubieran
puesto un copyright a mi vida». Y más adelante, en la propia entrevista,
manifiesta que todo cuanto tenía que decir lo ha escrito.
A veces se ha dudado si Graham Greene expresaba en las entrevistas
ideas distintas a sus propias vivencias, pero en este artículo se puede
comprobar que lo que expresa y manifiesta lo lleva a cabo y lo demuestra a
través de la trayectoria de su vida, incluso en los viajes que realiza
por España, procurando vivir siempre en el anonimato y deseando que
respeten su vida sentimental, familiar y personal.
Norman Sherry, profesor de Literatura en la Trinity University de
San Antonio, Texas, es autor de una voluminosa biografía sobre Graham
Greene, en tres volúmenes, titulada «La vida de Graham Greene», publicada
por Jonathan Cape; el primer volumen comprende desde 1904 a 1939 y fue
publicado en 1989, el segundo desde 1939 a 1955 y el tercero desde 1955 en
adelante. Esta biografía le ha servido para ganar el premio «Edgar Allan
Poe». Norman Sherry es especialista en Joseph Conrad (el novelista
preferido de Greene).
En una entrevista realizada a Norman Sherry y publicada por el
corresponsal del periódico «El Mundo», José Martí Gómez, el 20 de
Febrero de 1990, Norman Sherry asegura que Graham Greene sólo fue
comunista por cuatro semanas. «Fue como un juego e intervino en ello un
buen amigo mío, que después fue un verdadero comunista», —me dijo
Greene—, refiriéndose al espía Philby. Más adelante, —dice Sherry—,
que Greene le confesó una cierta simpatía por los comunistas que no han
sido estalinistas, lo que le llevó a viajar al Chile de Allende y a la
Checoslovaquia de Dubceck, siendo solidario con sus proyectos de reformas.
Después se declaró admirador de los sandinistas de Nicaragua y de la
guerrilla salvadoreña, pero hizo hincapié en la diferencia entre
guerrilla y terrorismo, que dijo repudiar. Luego, añade sobre Castro, que
es una mezcla de jefe de escuela y de gran artista. «Cuando hablé con él,
Fidel tenía un curioso sentido de la utopía: creía que era posible
vivir sin dinero e incluso probó la experiencia en pequeñas poblaciones
cubanas. El experimento fracasó cuando quiso extender la utopía a todo
el país. No era posible». —Manifiesta Greene.
Sherry escribe y confirma sobre Greene, que más que comunista fue
otra cosa: la evolución de un hombre educado, perteneciente a determinada
clase social: la clase media alta. Los ingleses se preocupan mucho por
estas cosas y fue una de las dificultades que Greene tuvo que afrontar:
salir de su clase social. Ningún gran escritor puede pertenecer a una
clase social y tener unos prejuicios. Greene eso lo supo y también que
tenía que tratar de escapar. El suyo fue un gran viaje interior, en el
transcurso del cual, quedó varado durante algunas semanas en la playa del
comunismo, para orillarla también y seguir su camino aprendiendo a
escribir, alejado de esa clase poderosa que se creía superior. Le costó
mucho tiempo escapar de su clase.
A la pregunta: ¿Por qué el mal subyace siempre en el trasfondo de
las obras de Greene? Sherry contesta: «Greene me fascina porque no es un
personaje objetivo, el ojo que lo ve todo y que todo lo sabe sobre el ser
humano. Para mí, él es el último romántico, sin una pizca de cinismo.
Su curioso catolicismo le lleva a reconocer el diablo en todos los hombres
y en este sentido sus conocimientos se parecen mucho a los de William
Golding».
En 1974 cuando acordaron que Sherry fuera su biógrafo, estando los
dos en un pub de Londres, Sherry le preguntó: «Mr. Greene, ¿Por qué se
convirtió en escritor?» A lo que Greene, con ese inglés tan calmado,
que parece no tener nada que ver con él, con sus ojos azules y
especulativos clavados en mí desde arriba, respondió: «Oh, no lo sé,
de verdad que no parecía que hubiese otra cosa que hacer». Calló por un
momento y luego añadió: «Ahora creo que debo continuar escribiendo
porque ya soy demasiado viejo para cambiar».
Otra de las preguntas realizadas a Sherry fue: ¿El catolicismo de
Greene es racional? El escritor contesta: «No. Greene es una persona muy
inteligente y no creo que su catolicismo sea fruto de una experiencia
racional o intelectual. Debajo del intelectualismo hay un instinto para
forzar su capacidad de emoción, esa emoción que no muestra, que mantiene
escondida». Y finaliza diciendo: «Pero creo que la conexión de Greene
con el catolicismo es muy grande».
En una ocasión el profesor Sherry hizo una pregunta directa a
Greene, sobre si era católico, Greene le respondió: «Bien, profesor
Sherry, me pregunta usted si soy católico y tengo que responder que
probablemente no». Pasaron diez años y Sherry le volvió a preguntar si
todavía pensaba en Dios. La contestación la explica el profesor Sherry
de esta manera: —cerró el libro entre sus manos y me respondió—: «Y
compare usted esta respuesta con la de diez años antes: “Espero estar
obsesionado por Dios, quiero estar obsesionado por Dios”». –Y no se
puede estar obsesionado por Dios si no se es católico. El propio Sherry
reconoce que a pesar de los deslices y contradicciones en Greene, la
religión fue siempre tabla de salvación en Greene. Era su punto de luz
en el horizonte cuando las cosas no iban bien.
Pero Graham Greene no se ha librado tampoco, como sucedió con
Einstein, Churchill y otros tantos grandes personajes de la historia, de
una leyenda negra, de los biógrafos sensacionalistas, cazadores de
titulares y deseosos de artículos más o menos controvertidos y dudosos,
sacando a la luz, y en ocasiones inventando las intimidades y secretos de
alcoba de estos grandes personajes.
Así en un artículo aparecido en el «Sunday Telegraph» del
Domingo 3 de Julio de 1994, firmado por Michael Shelden, autor de la
biografía sobre Greene «The Man Within», publicada por Heinemann,
relata una apasionada relación amorosa que Greene mantuvo con Catherine
Walston, una bella mujer americana, esposa del aristócrata laborista
Harry Walston. Todo ello basado en una serie de cartas que ambos
dirigieron a Bronte Durán, que fue confidente de los dos y hermana de
Lady Walston. El título del artículo fue «Éxtasis en el altar del
adulterio». Artículo que no ha sido en absoluto del agrado de la
familia de Lady Walston.
El propio Norman Sherry, quien decía ser amigo de Greene, en el
segundo volumen de su biografía «La vida de Graham Greene», que
como he mencionado anteriormente, corresponde al periodo de su vida desde
1939 a 1955, bajo el titular «El poder del pecado: la historia
definitiva de Graham Greene y su amante Catherine Walston», nos
describe esta relación como «el periodo más productivo y desgarrador
emocionalmente» de la vida de Greene.
Sin embargo, el editor Max Reinhardt ha manifestado al respecto que
se están aprovechando de que Graham Greene haya fallecido, sobre todo, la
prensa sensacionalista, y se sienten con libertad para escribir lo que
quieran sobre él.
Otro autor, Anthony Mockler, quiso sacar otra biografía sobre
Greene, titulada «Drawn Swords», estando a punto de publicarse en
1989 cuando todavía vivía Greene, pero cuando Greene leyó un fragmento
de la misma en el periódico «Sunday Telegraph», amenazó con una acción
legal si se publicaba todo ello, viniéndose abajo dicho proyecto. El
propio Mockler insiste en esta biografía, que Catherine Walston fue la
mujer más importante en la vida de Graham Greene.
Parece ser que la llave de este amor en la vida de Greene está en
un volumen de poemas que apareció en 1991.
Para Graham Greene, los asuntos del corazón siempre debían
permanecer estríctamente privados. Y así lo corrobora el propio Norman
Sherry cuando manifiesta que Greene le prohibió que mencionara todo lo
referente a sus amantes.
Pero todo ello no fueron más que palabras y falsas promesas,
porque nada más fallecer Graham Greene, empezaron a publicarse diversos
artículos referente a este tema. Y aunque en ellos se le tacha de
mujeriego, una vez que conoció a Yvonne Cloetta, fueron una pareja
perfecta, siendo su compañera hasta el final de sus días.
El propio Norman Sherry le tilda de adúltero e inveterado pecador,
e incluso manifiesta, que Greene era esclavo del secretismo y del engaño.
Y añade que plasmó en su diario lo siguiente: «Quien escriba mi biografía
no tendrá una tarea fácil, frecuentemente se verá despistado».
Sherry fue un gran admirador de Greene, pero cuando le propuso
escribir sobre él, Greene, en un principio, pensó que se trataba de
escribir sobre su obra, no su biografía. Y cuando Greene se dio cuenta de
ello, le dijo que se entendiera con Elisabeth, hermana y todo para Greene,
y que ella le proporcionaría sus archivos. Greene no quiso verle
personalmente para nada referente a su biografía. Y según tengo
entendido, no se vieron más de tres o cuatro veces.
A pesar de algunas extrañas manifestaciones del profesor Norman
Sherry sobre Greene, aparecidas en algunos artículos periodísticos,
olvida lo que él mismo había manifestado, cuando respondía a la
siguiente pregunta de José Martí: ¿Por qué el mal subyace siempre en
el trasfondo de las obras de Greene? A lo cual contestó el propio Sherry:
«Para mí es el último romántico, sin una pizca de cinismo».
—Pero todo ello no es de extrañar. ¡Se ha abierto la veda, la
caza del Hombre!—
Ante las declaraciones y manifestaciones mencionadas anteriormente
por estos escritores oportunistas, se me ocurren dos cosas: ¡O todo ello
es un puro sensacionalismo desorbitado y poco creíble o pretenden
presentar a Graham Greene como un superhombre y superdotado en otros
aspectos, además de su inteligencia!
El que Greene se hubiera enamorado de diferentes mujeres a lo largo
de su vida, el que hubiera mantenido relaciones o hubiera tenido aventuras
con algunas mujeres, sería lógico y de humanos, debido a su carácter
aventurero y sus continuos viajes por el mundo entero, además de su
profesión de espía al servicio secreto de su Majestad. Pero lo que no es
de recibo ni elegante, es romper la palabra de un «amigo», como así se
consideraba el biógrafo Norman Sherry y algunos otros autores; con el
agravante de publicar los detalles morbosos de estas relaciones.
Ahora se puede empezar a percibir los recelos del propio Greene,
sobre sus silencios en algunos aspectos de su vida, el no descubrir
completamente las interioridades de su corazón a los biógrafos, que se
apodaban con el título de «amigos». ¡Cómo conocía las debilidades de
los hombres, que sin escrúpulos, no han respetado sus propios deseos de
mantener ocultos los asuntos del corazón, incluso dando todo tipo de
detalles! ¡Cuánto conocía las veleidades humanas, sus carencias; en
definitiva, los defectos del ser humano!
Lo que sí está claro, es su trayectoria discreta en el asunto de
mujeres, nunca traicionó la memoria de las mismas, nunca aireó sus
relaciones, incluso, a pesar de todo ello, nunca se separó de su esposa,
Vivien, aunque vivieron alejados durante casi cuarenta años.
Quiero añadir, ante algunas de las respuestas que el profesor
Sherry y el corresponsal manifiestan en la entrevista realizada, que hay
que conocer muy profundamente el carácter de Graham Greene, su flema
inglesa, su conocimiento sobre el ser humano, su sexto sentido, para
entender el porqué de sus reservas y de sus respuestas en algunas
ocasiones.
Por todo ello, no es de extrañar, después de conocer las
manifestaciones de estos biógrafos, que Graham Greene se hubiera dado
cuenta al poco de conocerles cómo eran, qué aire respiraban, y si no lo
sabía certeramente, al menos lo intuía. ¿Sería ese sexto sentido que
la mujer de su psicoanalista decía que poseía Graham Greene, cuando en
una de las entrevistas comentaba que hubiera sido un gran medium? Pero hay
otra apreciación que nos puede dar la pista exacta sobre la diferencia
entre un verdadero amigo y el que no lo es, basta con leer todos los
libros, escritos, manifestaciones, entrevistas y conferencias que el padre
Leopoldo Durán ha realizado sobre Greene. ¡Éste sí que es un amigo, un
verdadero biógrafo, respetuoso, elegante, amigo de su familia, acompañante
incansable, confidente...! ¡Qué diferencia de trato y manifestaciones!
¿Puede un verdadero amigo traicionar al otro con sus declaraciones y
manifestaciones? Rotundamente, No.
A Graham Greene le gustaba mucho leer los obituarios de la prensa
londinense, ya que eran también, —según manifiesta José Martí Gómez—
en su artículo «Una mirada sobre Gran Bretaña» del periódico
«El Mundo» de fecha 26 de Febrero de 1990, unas piezas maestras del difícil
y nunca suficientemente valorado género necrofílico. Y añade que
leyendo los obituarios de «The Times» se comprende a Graham Greene,
cuando hace unos años le decía al periodista, que se encontraba algo
alicaído porque la inacabable huelga del viejo periódico le impedía
estar al día de los importantes que se morían en el mundo. Por aquellas
fechas Greene, en espléndida forma mental, salvo contrariado por lo
anteriormente expuesto, había recibido desde Buenos Aires la noticia del
fallecimiento de su gran amiga Victoria Ocampo; pero para Greene aquella
muerte no podía ser asumida hasta leer sobre Victoria Ocampo lo que
dijese «The Times», el diario que un día glorioso tituló: «El
continente, aislado por la niebla». «No hay necrológicas como las
de “The Times”», –dijo mister Greene con desazón semejante a la
que debe sentirse bajo el síndrome de abstinencia–. Y añadió: «Los
obituarios ingleses son piezas maestras».
Pero lo más importante de todo es que Graham Greene sigue
consiguiendo y acumulando el respeto que se merece, a pesar de la prensa
sensacionalista. Así lo demuestra, que el Boston College norteamericano
se ha gastado más de doscientos millones de pesetas en la compra de
papeles y documentos pertenecientes a Graham Greene.
PADRE
LEOPOLDO DURÁN JUSTO
Nacido en Penedo de Couso – Avión, Orense. Es sacerdote católico
y doctor en Teología por el Angelicum de Roma, doctor en Literatura
Inglesa por el King’s College de Londres, doctor en Filosofía y Letras
por la Universidad Complutense de Madrid con premio extraordinario de
doctorado.
Profesor de Literatura Inglesa en la Universidad Complutense.
Profesor de Filosofía y Teología en varios seminarios mayores. Escritor.
Confidente, amigo personal y hermano de Graham Greene, como él mismo
confirma en el título del libro, publicado por Espasa Calpe, «Graham
Greene, amigo y hermano».
El
grado de influencia mutua entre estos dos grandes hombres durante la última
etapa de Greene, jamás será conocido.
Sus viajes juntos, su mutua admiración y la fe en común que
profesan, alimentan la inspiración de una de las grandes novelas de
Graham Greene: «Monseñor Quixote», dedicada al padre Leopoldo
Durán. Sus veintisiete años de relación con Greene hacen que el padre
Durán posea una opinión muy directa y personal sobre este genio de las
letras inglesas y guarde muy silenciosamente las anécdotas, carácter e
interioridades de este gran hombre de la literatura del siglo XX.

Padre
Leopoldo Durán Justo.
(De
la colección particular de fotografías de Leopoldo Durán)
Entre sus obras más importantes figuran: «La crisis del
Sacerdote en Graham Greene» publicado por la B.A.C en 1974. Estudio
sobre «El poder y la gloria» de Greene, Parábola Metafísica,
publicado por la revista Arbor, nº 387 – Marzo 1978; «Miguel de
Palacios, un gran teólogo desconocido» (1988), «Graham Greene,
amigo y hermano» (1994), «Los médicos con Graham Greene»
(1998), «Gerard Manley Hopkins – Soledades y sonetos terribles» publicado
por la editorial PPC en 1999; además de innumerables ensayos, artículos
periodísticos y conferencias.
Conoció a Graham Greene después de su tesis doctoral sobre «El
sacerdocio en los escritos de Graham Greene». Y desde entonces ha ido
acercándose y enriqueciendo su amistad con el genio inglés, que sólo
acabaría con la muerte del gran escritor en el año 1991.
Durante veintisiete años los dos hombres de letras se encontraban
varias veces al año, bien en España, bien en la casa de Greene en
Antibes o en Londres. Cada verano viajaban en coche por toda España y
Portugal. Disfrutaban del aire libre y daban buena cuenta de los caldos y
de los productos típicos de nuestra tierra. Precisamente estos viajes
fueron tremendamente importantes para Graham Greene y le inspiraron su
novela «Monseñor Quixote», con una información de primera mano,
fruto de una entrañable y duradera amistad y respeto mutuo.
Algunos autores se han atribuido el título de «biógrafos» de
Greene, pero el verdadero biógrafo, confidente y amigo fue el propio
Leopoldo Durán Justo, que junto a Greene, compartieron alegrías,
sufrieron situaciones delicadas, en definitiva, vivieron momentos durante
los cuales se forjan las grandes amistades. Su aventura diaria con el
propio autor es la que permite lazos de hermandad entre ambos. Y es en esa
convivencia casi permanente, en sus viajes por toda España y Portugal, en
las anécdotas y vivencias de cada día, donde se conoce el carácter de
las personas, las virtudes y defectos de los amigos más íntimos y donde
se está de acuerdo o se discrepa en los asuntos más profundos del ser
humano, como ocurre en todas las familias.
En una entrevista que publica en Diciembre de 1994 «La voz de
Galicia», el padre Leopoldo Durán asegura que el propio Greene le ha
dejado una serie de pensamientos y reflexiones autobiográficas, además
de una serie de glosas, que Greene le escribió durante siete años, que
arrojan nuevas luces sobre la visión de la vida que tenía el propio
Greene. El autor llamaba a este libro inédito «A very common place
book», aunque los dos lo conocían como «el Picasso», aludiendo a
que era un recuerdo inolvidable. Con ello, el padre Leopoldo Durán sale
al encuentro de las desagradables declaraciones del biógrafo
sensacionalista Michael Shelden, que insinúa que Greene utilizaba a
Leopoldo Durán, definiendo al famoso escritor inglés como «un cínico
explotador de sus amistades». Añade el padre Leopoldo Durán, que si
hubiera sido ese el comportamiento de Greene con él, jamás su amistad
hubiese llegado a donde llegó.
Según expresa el padre Durán en su libro: «La crisis del
sacerdote en Graham Greene», editado por la B.A.C., Graham Greene fue
varias veces candidato al Premio Nobel, siendo el autor inglés más leído
actualmente en el mundo. Sigue diciendo de su propio amigo y hermano, que
esta especie de Unamuno de Inglaterra ha dado lugar a las polémicas más
dispares, sobre todo desde el ángulo de sus ideas religiosas. Sus
sacerdotes han llamado poderosamente la atención; y cuando alguno es
personaje principal en sus libros, indefectiblemente, es el personaje en
torno al cual se mueve toda la trama; cuando el sacerdote es una figura
secundaria, su influencia en la intriga va siempre mucho más allá de lo
que de su papel era de esperar. Pero estos sacerdotes, continúa diciendo,
han sido juzgados casi siempre de modo peyorativo en esta hora en que ya
nadie pone en duda la crisis del sacerdote contemporáneo; y asimismo, el
padre Leopoldo Durán revaloriza apodícticamente en este libro estos
caracteres, casi proféticos, creados por Graham Greene.
Leopoldo Durán ha llenado con este libro un vacío existente en lo
referente al conocimiento del pensamiento del gran escritor inglés. Y así
lo aprueba el propio Graham Greene, cuando después de haber leído el
libro, en una carta prólogo que él mismo escribe y que se incluye en el
propio libro, confirma todo ello con una frase definitiva: «Su tesis me
ha causado grandes alientos».
El padre Leopoldo Durán, en su «Parábola metafísica sobre
“El poder y la gloria» de Graham Greene”» publicada en la
revista «Arbor», nº 387, Marzo 1978, comienza diciendo: «En “El
poder y la gloria” se expresan, por vía de analogía, ciertas
verdades vitales profesadas por la Iglesia católica, a saber: que la
función sobrenatural del sacerdote no depende de sus cualidades humanas;
que Dios obra en el alma del hombre de la manera más misteriosa, mediante
los medios establecidos de la Iglesia institucional, y por medio de los
innumerables caminos extraordinarios, incluso la aparente Divina Ausencia;
que la Iglesia está siempre perseguida y siempre sale triunfante.
Durante toda la novela estamos confrontados con lo natural y lo
sobrenatural (no lo preternatural), situados en una especie de contraste u
oposición.
Quitando unas cuantas alusiones a ciertos temas trillados de Graham
Greene, v. gr.: la corrupción de los niños, los matrimonios infelices,
etc., lo restante del libro es simbolismo».
En «Graham Greene, amigo y hermano», con una información
de primera mano, fruto de una entrañable amistad, Leopoldo Durán nos
revela el retrato más íntimo, auténtico y desconocido de Greene y
expone las claves de la fe católica del propio Greene, quien,
contrariamente a la teoría más aceptada, nunca se separó completamente
de la iglesia. En este libro hay un capítulo dedicado a los viajes
realizados por España, donde cuenta anécdotas curiosas que ambos
compartieron.

Padre
Leopoldo Durán Justo.
(De
la colección particular de fotografías de Leopoldo Durán)
A continuación, expongo algunas experiencias y anécdotas que
estas dos personalidades del mundo de las letras acumularon en las visitas
que realizaron a nuestra tierra extremeña, comenzando con un breve relato
sobre el inicio de mi amistad con el padre Leopoldo Durán y la posterior
descripción del encuentro que tuve con ellos en la propia Ciudad de
Trujillo.
Conocí al padre Leopoldo Durán en el año 1976 en la Universidad
Complutense de Madrid. Fue en principio, la típica relación
alumno-profesor de Literatura Inglesa. Sin embargo, esta relación no tardó
en tornarse más fluida, debido a mi condición de Delegado de curso y de
algunos problemas que surgieron, debido al boicot organizado contra su
condición de profesor de Literatura Inglesa, sólo por el mero hecho de
ser sacerdote, pretensión que naturalmente no triunfó, primeramente
porque era un hombre íntegro y de una impecable rectitud y en segundo
lugar porque los alumnos supimos estar al lado de lo que era justo. Todo
ello no era de extrañar desde el punto de vista del cambio político que
se estaba produciendo en nuestro país. Fue allí donde conecté con el
profesor, hombre y sacerdote amigo. Así comenzó nuestra amistad, la cual
continúa hasta el momento presente y espero y deseo que continúe para
siempre.
En mis conversaciones telefónicas y personales con el padre
Leopoldo Durán, así como en la correspondencia que mantenemos, siempre
he encontrado una persona dispuesta a ayudar en todo; un gran amigo,
educador y conversador, al que tengo gran admiración personal por su
constancia e infatigable dedicación al trabajo, siempre basado en sus
creencias y principios, en los que ha fundamentado toda su obra literaria
y su estilo de vida.
Recuerdo con gran agrado y satisfacción una larga y fructífera
conversación mantenida por los dos en la Casita del Príncipe en El
Escorial, donde una tarde parda y gris charlábamos bajo los pinos y
abetos que configuran los paseos de este jardín natural: sus reflexiones
teológicas, sus consejos de amigo y profesor.
Por supuesto, el conocimiento y contacto de mi familia con el padre
Durán ha supuesto un acercamiento más estrecho en nuestras vidas.
Me une por tanto, la suficiente relación, para haberme relatado
algunas particularidades sobre sus viajes y curiosas experiencias y anécdotas
vividas junto al otro genio de la pluma, Graham Greene, en estos parajes
de nuestra tierra extremeña.
En una de sus primeras visitas a Extremadura, Julio de 1980; estaba
yo observando los muros y casas solariegas que configuran la maravillosa
Plaza Mayor de Trujillo, como suelo hacer en incansables ocasiones, cuando
de repente, ¡No podía alcanzar a imaginar lo que mis ojos podían ver!
¡No podía creérmelo! No era ninguna almena ni torre que hubiese brotado
por generación espontánea en el horizonte que dibujan las crestas de la
«Villa Trujillana», y que configuran la agradable y placentera vista del
visitante y autóctono. Tenía frente a mis ojos, a pocos pasos de mi
persona, a mi profesor y amigo, el padre Leopoldo Durán, junto a, ¡Todavía
con más asombro!, ¡Al genial novelista inglés, de quien tanto nos había
hablado el padre Durán en sus clases, Graham Greene! Después del
correspondiente y efusivo saludo y presentación, intenté reprocharle
amigablemente el no haber avisado con anterioridad para haberles hecho los
honores que merecían y haberles acompañado gustosamente en la visita a
mi querida tierra extremeña, fuente de inspiración de mis artículos y
estudios literarios y de mis obras musicales. ¡Pero qué ocurrencia y
atrevimiento el mío, ante personalidades tan importantes, sumamente
prudentes y gustosas y deseosas del anonimato!
Posteriormente, con la grata y maravillosa sorpresa todavía en el
cuerpo, les invité a casa de mi familia, en la calle Zurradores, situada
en el corazón de la judería trujillana, donde después de los saludos
correspondientes, nos sentamos en el patio de aspecto sevillano que tan
engalanado y adornado está siempre con las plantas y flores oportunas y
precisas. Quedaron admirados de la casa, de la tranquilidad y sosiego que
se respiraba en ella, de la escucha agradable del trinar de los pájaros,
estando en pleno centro de la Ciudad; incluso el propio Graham Greene hizo
el siguiente comentario: «sitio ideal de inspiración para escribir
buenos guiones». Recuerdo perfectamente que después de tomar algunas
bebidas refrescantes, debido al fuerte calor de esa época, ya cerca del
mediodía, el propio Graham Greene sacó algunas fotografías a mi hija
Marta en mis brazos, las cuales me fueron enviadas posteriormente por el
padre Leopoldo Durán y que guardo con gran recuerdo e ilusión.
Tenían prisa, pues se dirigían a Guadalupe, y no tardaron mucho
en dejar Trujillo, no sin antes elogiar efusivamente la Ciudad y
Extremadura entera, pues habían quedado prendados de su encanto.
El recorrido de estas dos personalidades por tierras extremeñas ha
sido muy prolijo y periódico, quedando como cita obligada el paso por
nuestra tierra, que tanto caló por su encanto y sus gentes en estos dos
escritores. Su paso por Plasencia, Cáceres, Mérida, Guadalupe, Badajoz,
Trujillo… demuestra el carisma que tiene esta tierra para todos sus
visitantes, que atrae a todos aquellos que aquí confluyen por uno u otro
motivo, como ocurrió con estas dos figuras ilustres de la Historia de la
Literatura. Normalmente sosegaban su ajetreado e infatigable caminar y
constante viajar en Paradores de la Región: Mérida, Cáceres,
Guadalupe..., así como en otros acogedores y entrañables alojamientos,
como la Casa de los Paúles en Badajoz, la Posada de Guadalupe, etc. Todo
este deambular por nuestra tierra ha enriquecido sus vidas con
innumerables anécdotas que, en las conversaciones con los más íntimos,
han relatado con sorna y humor inglés.
Entre ellas hay algunas muy divertidas y curiosas: Un día que
residían en la Posada de Guadalupe, instalados en sus habitaciones
respectivas, cuenta el padre Durán que estando en plena faena con el
cepillo de dientes en la mano, salió de su habitación dejando la puerta
abierta y se dirigió a la habitación de Greene, después de llamar,
cuando Graham Greene abrió la puerta y le vio en pijama y con el cepillo
de dientes en la mano en plena limpieza, le preguntó muy sorprendido
–Leopoldo, ¿Es que no hay lavabo o agua en tu habitación? o ¿Es que
ha ocurrido algún problema importante para venir así? El padre Durán,
muy tranquilo, le responde –por supuesto que hay agua y lavabo, lo que
no hay es nadie para poder conversar. Y todo ello, después de haber
salido del Parador de San Marcos de León a las 8’30 de la mañana, no
habiendo cesado de hablar desde entonces, siendo ya las 20’30 de la
tarde, y sabiendo que les aguardaba la conversación durante la cena que,
por norma, solía durar cerca de dos horas. Y sin embargo, todavía
buscaba el padre Durán más conversación. Lo cual demuestra el talante
comunicador y la gran amistad y sinceridad que ambos se profesaban.
Graham
Greene y Leopoldo Durán por tierras extremeñas.
(De
la colección particular de fotografías de Leopoldo Durán)
Una estampa pintoresca y curiosa de estas dos grandes figuras de
las letras, lo configura el haber comprado en el mercadillo de Plasencia
un capacho, e ir de compras con el capacho colgado del brazo de Greene,
depositando todas las adquisiciones realizadas. ¡Cerremos los ojos por un
momento e imaginémosnos este típico y curioso paisaje costumbrista de
nuestra tierra!
Otra anécdota, no menos divertida, y así la disfrutan ellos
cuando la cuentan, fue la que les ocurrió en Badajoz una noche de calor
sofocante, estando alojados en la Casa de los Paúles. Después de un día
de calor plomizo e inaguantable de los veranos pacenses, después de que
el sol había abrasado campiñas, paredes y aposentos, una de esas noches
donde uno no sabe dónde situarse para aliviar el agobiante bochorno. A su
llegada a este alojamiento y entrar por primera vez en la habitación de
Greene, no se veía absolutamente nada. El padre Durán comienza a dar
todas las llaves existentes en la habitación, intentando hacerse con la
correspondiente a la de energía eléctrica. Una vez que encendió la luz,
alegraron sus caras y se despidieron hasta el día siguiente. El padre Durán
se dirigió a su habitación. ¡Sus cuerpos seguían consternados por el
asfixiante calor! Después de un buen rato, Greene sale de su aposento
intentando escuchar algún indicio que le indicara el paradero de su amigo
y hermano, el padre Durán, que en ese momento conversaba con un antiguo
conocido y amigo que había encontrado cuando se dirigía a su habitación.
Al escuchar su voz, Greene se acerca y comenta: «–¡Es insorportable!»
—El sudor cubría todo su cuerpo—. Luego, Greene añade: «–¡Esto
es el infierno!».
Se dirigieron de nuevo a la habitación para ver qué sucedía. ¿Qué
había ocurrido? Sencillamente algo natural y lógico, con tanto tocar
llaves y registros a su llegada, el padre Leopoldo Durán había activado
la llave de la calefacción de la habitación, en pleno mes de Agosto.
Y como ésta, tantas anécdotas que solían recordar en sus
conversaciones privadas, y que actualmente, tan solo el padre Leopoldo Durán
puede dar fe de ellas, debido al fallecimiento en el año 1991 del insigne
escritor inglés.
No obstante, algunos de los datos que aporto en este ensayo, además
de mi propio testimonio, y el del padre Leopoldo Durán, se reflejan en
algunas de las publicaciones ya existentes en las diversas editoriales. Así,
el padre Leopoldo Durán, en su libro «Graham Greene, amigo y hermano»,
editado por Espasa Calpe, en uno de los capítulos dedicado a sus
viajes por España, en la página 105 del mismo, dice: «al llegar a
Trujillo...». Más adelante, en la página 154, al hablar sobre los
Paradores Nacionales, nombra
entre otros al de Guadalupe y Mérida, y asimismo, en los últimos párrafos
de esta misma página, manifiesta el padre Durán: «nunca podré
agradecer suficientemente las delicadezas que Graham Greene, el «Tercer
hombre» y yo recibimos en estos lugares durante tanto años...» Luego,
aparece un comentario realizado por el propio Greene, con las siguientes
palabras: «Los Paradores Nacionales de España contribuyeron mucho a la
felicidad completa de nuestras salidas y visitas» y continúa diciendo
Greene, que en ninguna nación del mundo había encontrado algo semejante
a nuestros Paradores: la limpieza, la atmósfera familiar que en ellos se
respira; más adelante, añade el padre Durán: «La sencillez hacía de
ellos el lugar ideal para este hombre». Y algo más que encantó
profundamente a Greene, fue el secreto inviolable de anonimato de los
Paradores; secreto que no fue quebrantado ni una sola vez.
En un nuevo párrafo, en la página 175 del mismo, confirma su paso
por nuestra tierra, en él vuelve a mencionar el padre Durán su paso por
Extremadura con su fiel acompañante Graham Greene, diciendo: «Camino del
Teatro de Mérida, Trujillo con su Pizarro ecuestre, y Guadalupe otra vez.
Nos volvimos a Madrid...»
Otra curiosa anécdota que les sucedió, según me ha relatado el
padre Durán, tuvo lugar en Sintra, en el camino de Extremadura a Lisboa,
donde Greene residió algún tiempo cuando trabajaba para el servicio
secreto británico. Al llegar a esta localidad, el padre Durán encontró
a un señor a quien le preguntó por la casa donde había residido Lord
Byron. El buen señor se quedó pensativo y le preguntó: –¿Continúa
todavía viviendo aquí? A lo que el padre Durán muy pausadamente le
respondió: «–No, ya se ha marchado».
Años más tarde en el prólogo a la edición numerada del primer
capítulo de «Monseñor Quixote», titulado: «Cómo el padre
Quixote llegó a ser monseñor», Graham Greene recuerda la aventura
infernal (refiriéndose a la anécdota vivida en la Casa de los Paúles de
Badajoz) de esta manera: «El comunista ex alcalde de El Toboso estaba
destinado a ser el compañero de monseñor Quixote y el crítico sarcástico
de sus libros de teología... en una ocasión, él experimentó (lo mismo
que yo) las llamas del infierno en un monasterio de Badajoz, habiendo
Sancho, incidentalmente, activado la calefacción central una noche en la
que la temperatura estaba ya a 100º C».
Puedo incorporar a todo lo aquí expuesto una confirmación más
personal, cuando en una de las cartas de mi correspondencia personal con
el padre Leopoldo Durán me recuerda su paso por la Ciudad de Trujillo, y
de la que incluyo a continuación una fotocopia, siempre con el previo
consentimiento y autorización del propio padre Durán, lo cual es una
prueba más, que verifica el paso de estos dos genios de las letras por
nuestra tierra extremeña.

Carta
manuscrita del padre Leopoldo Durán Justo, recordando Trujillo
¡Cómo ennoblece a esta tierra el placer de saber que es y ha sido
tan importante en la Historia de nuestra España y del Mundo! ¡Cómo
personas tan eruditas, emprendedoras e ilustres descienden de ella y en
ella han recabado, siendo querida y admirada por todos! Y, sin embargo, a
veces, ¡No bien tratada y olvidada!
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