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SALUDO
DEL DIRECTOR
Leer
no es fácil
Las tres instituciones extremeñas con más protagonismo en el
mundo del libro, Junta de Extremadura y Diputaciones Provinciales de Cáceres
y Badajoz, han firmado un PACTO POR LA LECTURA con tres editoriales
privadas de la región: Universitas, Cicón y Del Oeste y,
para iniciarlo, en el entorno de «El Día del Libro», se han puesto a la
venta los seis primeros títulos de una colección de libros de bolsillo.
60.000 ejemplares, 10.000 por título, están ya en el mercado con un
precio singular «un libro, un euro» para acercar la lectura a los
ciudadanos. El reconocimiento por la campaña ha sido extraordinario y las
valoraciones que ha despertado esta unión entre las instituciones públicas
y los empresarios privados en un mismo proyecto, alentadoras y puestas
como ejemplo a seguir en otras acciones futuras de cualquier índole a
desarrollar en Extremadura.
Los objetivos de la campaña pretenden potenciar el interés por la
lectura, promocionar el acercamiento a los libros de las personas de
cualquier edad y seguir impulsando nuestro parque de bibliotecas públicas,
el más completo de todas las comunidades autónomas españolas.
Pero leer no es fácil y han sido muchos los años en los que nadie
favoreció el desarrollo de la cultura lectora en nuestro país y mucho
menos en regiones como la nuestra, sólo reconocida como «excelente coto
de caza». Desde el ejercicio de la responsabilidad política y tras ese
abandono de tantos años, muchos nos lanzamos con ansiedad a crear
bibliotecas en cada ciudad, en todos los pueblos, en cualquier rincón,
empeñándonos a la fuerza, como si pudiéramos conseguirlo de pronto, en
que todo el mundo tuviera su periódico a mano, que todos nos pusiéramos
a leer cuanto más mejor, que del primero al último ciudadano extremeño
adquiera en unos días a base de leer y leer lo que se ha dado en llamar
una cultura superior.
Bien es cierto que no debemos confundir lectura con cultura. Ahí
están las culturas de transmisión oral y multitud de culturas anteriores
a la existencia de la escritura.
Si
alguno no lo sabía, constato que tanto la creación de lectores como
mejorar nuestro aupérrimo índice de personas que habitualmente leen, no
sería fácil ni se podría conseguir de la noche a la mañana. Ni
siquiera con la creación de la enorme red de bibliotecas con las que
afortunadamente contamos y que son imprescindibles para favorecer la
posibilidad de acercar los libros a las personas con mínimos recursos.
Las
bibliotecas y agencias de lectura lograron que quienes no habían
sobrevolado con sus ojos las páginas de un libro, un periódico o la
revista de moda, comenzaran a hacerlo. Pero leer significa entender lo que
se lee, interpretar aquello que ha querido transmitirnos otra persona a la
que no conocemos ni tenemos al lado para con su voz o mirándole a los
ojos, adentrarnos en su personalidad.
El ejercicio de leer necesita valor para abrirse a otras ideas,
otros pensamientos, otras creencias, de personas diferentes a nosotros.
Supone enfrentarse a todo eso, o mejor, a compararlo con nuestras ideas,
nuestras creencias, nuestros pensamientos o nuestras opiniones.
Según «aprendemos a leer» vamos estableciendo una comunicación
personal con el texto, creando, en nosotros mismos, la necesidad de
ampliar la información y el conocimiento de aquello que la lectura nos
descubre.
Leer nos «obliga» a reflexionar «un minuto más» antes de
expresarnos gratuitamente sobre cualquier tema. Ayuda a crear un espíritu
crítico frente al consumo generalizado de las tertulias de radio y
televisión en las que, salvo contadas excepciones, abundan los profesores
de todo y maestros de nada.
Leer moldea nuestras formas y ayuda a crear un poso de
conocimientos que han servido, sirven y servirán para que las personas
valoren, cada vez más, cuestiones fundamentales de nuestra existencia
como la libertad propia, el respeto a la de los demás, el espíritu crítico,
el raciocinio o la capacidad de diálogo.
El PACTO POR LA LECTURA quiere acercar el libro a todas las
personas sin que la posición económica siga siendo la «barrera
infranqueable». Servirá de deleite para quienes tienen la suerte de
disfrutar leyendo y tratará de «enganchar», con propuestas atractivas,
a los que desgraciadamente aún no han sentido el placer de leer. Nos
gustaría también, claro, rescatar a ese gran número de ciudadanos
entregados de lleno a la recepción de la multitud de imágenes y sonidos
que la nueva «cultura tecnológica » impone, desde la facilidad del
acceso y la comodidad pasiva y alienante de su consumo.
Pepe Higuero
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