Revista Alcántara. nº 53-54
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LA CULTURA GASTRONÓMICA JUDÍA EN EXTREMADURA. I Jornada Segarditas en el Parador Nacional de Cáceres

 

EMILIO JARAIZ RIVAS

 

   El Parador Nacional de Turismo de Cáceres celebró las primeras Jornadas de Cocina Sefardí con el propósito de difundir y promover la cultura sefardita, en especial la gastronomía, tan arraigada en Extremadura a lo largo de los siglos y que aún pervive en los fogones de las amas de casa y en las cocinas de los restaurantes, a veces sin que de ello se den cuenta los cocineros.

   Para celebrar el acontecimiento con autenticidad, el Parador de Turismo de Cáceres ha llevado a cabo una profunda investigación recuperando una serie de recetas que fueron elaboradas durante las jornadas y que han sido puestas a disposición de quienes quieran utilizarlas en casa o en los establecimientos holeteleros. Y puestos a investigar el Parador de Turismo ha creado «una Unidad de Investigación y Desarrollo sobre temas gastronómicos que irá recopilando recetas de la gastronomía extremeña, rica y amplia», según apuntó en la inauguración el Director del Parador José Manuel Piña, quién en otro momento, refiriéndose a la cocina sefardí dijo que «es muy variada, llena de aromas y sabores, elaborada con aceite de oliva y con dulces a base de almendras y miel, productos que se dan en Extremadura».

   Para la elaboración de los platos se contó con la colaboración y presencia de Ana Bensadón, descendiente sefardí, experta en cocina judía, quien dijo que «la cocina sefardí, nacida de la nostalgia que vivieron los judios expulsados de España, tiene cada vez menos peligro de desaparecer; porque existe el afán de enseñarla, transmitirla y considerarla como parte importante de nuestra cultura. De generación en generación seguimos saboreando los mismos platos.

   La “Adafina”, que se come los sábados, la ensalada cocha, los pastelitos de patata, las burekas, los fartalejos, las fijuelas, el letuario de naranja..., son algunos de nuestros platos tradicionales.

   Y que decir, de nuestras albóndigas de pescado con salsa de limón y huevo... salsa que bajo el nombre de agristada, está presente, como si de un tesoro se tratara, en las mesas sefardíes».

   La inauguración de las Jornadas estuvo presidida por el AIcalde de Cáceres, José María Saponi, como miembro de la Red de Juderías, asistiendo otros miembros de la misma, directores de Paradores Nacionales de Turismo, hosteleros extremeños y destacados gastrónomos.

   Durante la inauguración el profesor y gastrónomo Manuel Martín Cisneros, refiriéndose a la cocina extremeña de todos los tiempos dijo:

 

   «La cocina extremeña se gesta, como su territorio por las influencias de sucesivas civilizaciones:. griegos, romanos, visigodos, árabes, judíos, leoneses y castellanos; sobre la base de su inmensidad y variedad geográfica,.pasando de la alta montaña al llano, de la huerta en regadío al bosque umbroso, de la suave loma al roquedo imponente y por los numerosos avatares históricos que hicieron agudizar la mente de los extremeños y extremeñas a la hora de aprovisionar las mesas en tiempos dificiles y de los que nuestra Historia está bien surtida: pestes, guerras, invasiones, sequias, hambrunas e intolerancias religiosas.

  

   Los extremeños supieron dar utilidad a la rica variedad de productos naturales como las hierbas: poleos, berros, achicorias, acerolos, verdolagas, cardillos, espárragos trigueros, trufas y criadillas con las que componían ensaladas, guarniciones y potajes. A los productos de los árboles autóctonos como el olivo y el acebuche, la encina, el madroño, el nogal, el castaño, el cerezo, el granado, la higuera y los cítricos: naranjas amargas y dulces y las sutiles limas y sin olvidar almendros, avellanos y pinos piñoneros de cuyo uso nos quedará la maestría árabe. Y cómo no, la huerta, bien provista de coles, lechugas, espinacas, nabos, cebollas y calabazas y tras el descubrimiento de tomates, pimientos y patatas.

   El pescado aparece representado por especies endémicas como la sabrosa y nunca bien ponderada tenca, pez de aguas templadas y lodosas de las numerosas charcas de los Llanos de Cáceres; de río, como percas, barbos, truchas, carpas y pardillas y sin olvidar al sabroso cangrejo que salvaron durante generaciones las obligadas abstinencias cuaresmales de muchas mesas y agudizaron el ingenio dando lugar a los riquísimos escabeches que eran la semiconserva mas idónea para cuando la abundancia daba paso a la escasez. De los pescados de mar el rey será el bacalao, unico pescado que por su salazón soportaba los largos y penosos desplazamientos desde las costas, aunque algunas veces sardinas, anchoas o arenques en salmuera se dejan caer de vez en cuando y que aparece representado una y mil veces en los recetarios de las monacales cocinas de Guadalupe, San Benito o Yuste.

   Las carnes de ternera, cabra, cabrito y cordero, más esta última, darán cumplida respuesta a las exigencias mas altivas. El cordero, asado o en frite; despiezado o con patatas en caldereta y aderezado de los tomillos, romeros y oréganos de nuestras tierras seguirá en el corazón sefardí, salvado el ritual de su sacrificio. Aunque hay que decir que en las carnes, en Extremadura, el rey, mejor el emperador, es el cerdo. Su aprovechamiento integral mediante el ritual de la matanza ha sido el soporte alimentario de gran cantidad de población extremeña en todos los tiempos, siendo ahora una punta de lanza de su vida industrial: la chacinera.

   La caza se adueñará de gran parte de los recetarios y así corzos, ciervos,

jabalíes, conejos y liebres, perdices, faisanes, becadas, palomas, tórtolas, codornices o los sencillos y exquisitos pajaritos darán la razón al refrán de que «todo lo que se mueve, nada o vuela, a la cazuela». La charca entregará sus sabrosas ancas de rana. El roquedo el exquisito

lagarto y el riachuelo la sabrosa sopa de galápago y aún el caracol de las umbrosas paredes del Norte alegrará alguna pitanza.

   Pero las legumbres en forma de garbanzos, lentejas y alubias, solas o en múltiples combinaciones con verduras o carnes se constituirán en parte importante de la dieta que, andando el tiempo veremos como la mejor, la «mediterranea». En un proceso inquisitorial seguido contra Joana Libiana, una judía de Gerona, cuenta como en su casa se preparaba el «hamin», plato de carne, garbanzos y espinacas, que se guisaba del viernes para el sábado o una «olla de hamin con garbanços, salsa verde, carne, e otras cosas...», que no son diferentes de los potajes y estofados de ahora mismo.

   Las maravillosas mieles de Jara, de tomillo o de romero darán gusto a los postres aún antes de la llegada del azúcar. La mezcla de harinas, aceites y mieles dará recetas como los coquillos a los que no se puede pedir más.

   Donde no hay más que pan, leche, miel y aceite se inventan las torrijas. Donde no hay mas que pan y aceite, se sacan las migas. De donde no hay mas que calor y sudor del trabajo de sol a sol, tomates, aceite, vinagre y sal nace el gazpacho.

   Y si se tienen unas pocas tencas y hay que aumentar para dar de comer a muchos se prepara un escabeche de patatas y tencas a la cacereña que es ejemplo de sencillez y señorío.

   La suavidad del clima ha dado unos caldos recios, con cuerpo y graduación. Añadas que no han de envidiar a los vinos más afamados. Vinos de cosechas cortas, familiares, que decimos pitarras, de las sierras de Gata, Cañamero, Montánchez, de Ceclavín y Cilleros pero tambien las exuberantes de las Tierras de Barros que por su calidad y extensión han servido para completar las producciones de otras zonas aunque ahora despegan con luz y calidad propia, internacionalmente reconocidas.

   Y donde hay ovejas y cabras hay quesos que desde el fresco de suave paladar a las tortas de la Serena, Valdefuentes o el Casar no tienen, hoy por hoy, igual. Esta última, manjar de mesas reales, tiene reputación de uno de los mejores quesos del mundo».

 

DEMOSTRACIÓN PRÁCTICA Y DEGUSTACIÓN

   El jefe de cocina del Parador Nacional de Cáceres, Ricardo Muñoz, y la asesora de las jornadas, Ana Bensadón, realizaron una demostración práctica sobre cómo elaborar un plato, en este caso la Adafina, plato del Sabat que se come los sábados en el mundo judío, que se cocina de un día para otro y en el que emplean garbanzos, carne, huevos jaminados, patatas, jarretes, cebollas y se condimentan con variadas especias.

   En la jornada inaugural fueron servidos, como degustación, todos los platos preparados para las jornadas. Sus recetas, tal cual, se las ofrecemos a continuación:

 

 

 

  

 

 

 

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