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UN
ENCLAVE CACEREÑO OLVIDADO: EL ARRABAL DE ZAMARRILLAS
ALFONSO
CALLEJO CARBAJO
1.
SITUACIÓN Y DESCRIPCIÓN
Al sudeste del término
municipal de Cáceres, en la vega del río Salor y situado entre las
dehesas de la Lagartera y la Zafra, se encuentra el hoy despoblado de
Zamarrillas (a veces escrito sin «s» final). Sus coordenadas son:
Greenwich, 39º 22’ 20’’ N / 6º 17’ 30’’ W. El terreno que
ocupa es una prominencia rocosa al filo de la llanura que deja al sur la
estribación meridional de la sierra de los Alcoces y el Arropé, por la
parte del Trasquilón, para ir a morir al ribero del Salor, por esta zona
embalsado por la presa de Valdesalor, que riega así estas tierras,
propicias por tanto para el ganado lanar y bovino que pasta en pradera.
Hacia Levante y a distancia de unos 2 Km comienza el término de
Torreorgaz.
Se trata de un caserío de edificaciones robustas, varias de ellas
con empaque nobiliario, construidas a base de mampostería y piedra granítica
(abundante en la zona) en sillarejos, y no mal conservadas, si exceptuamos
algunas techumbres y el castillo que domina el punto más alto, cuya traza
se ha perdido en gran parte; también se han perdido o están en completa
ruina las edificaciones humildes en material más deleznable que en su día
existirían y que no soportaron el abandono humano y los avatares de los
tiempos históricos, incluyendo algunos episodios bélicos relativamente
recientes como luego veremos. Puede contemplarse igualmente a cierta
distancia del núcleo de población una antigua iglesia de una sola nave,
en su tiempo bajo la advocación de Nuestra Señora de la Esclarecida y
hoy convertida lamentablemente en instalación pecuaria con añadidos
espurios. El ábside pentagonal de bien labrados sillares es lo mejor
conservado; en el pórtico aún se nos muestran restos del atrio sin
techar, con cuatro arcos de frente por uno de fondo. La parte central del
cuerpo exterior conserva aún sus primitivos contrafuertes. Junto al ábside
de esta iglesia, de traza románica, se situó el cementerio del poblado,
según frecuentes muestras óseas que las tareas agropecuarias han hecho
aflorar a lo largo del tiempo en este lugar.
Desde la iglesia se accede a la aldea por una vía ancha en ligera
subida que conserva todavía el primitivo empedrado para facilitar el paso
de los carruajes hacia las viviendas de los más hacendados. A ambos lados
de esta vía principal se disponen irregularmente las edificaciones, bien
espaciadas por lo general y formando agrupamientos de vivienda y anexos
(cuadras, pajares, zahurdas, etc.). Por el interior del poblado discurre
una acequia que en lo antiguo llevaría agua procedente de algún manantío
situado en la elevación del castillo. La parte final de esta calle
desemboca en una explanada donde se ubica la casa principal o palacio
(casa de los Muñoces), habitado hasta hace unas décadas y perteneciente
a los Sanabria(1),
en la que puede apreciarse sobre el portal un escudo esgrafiado mal
conservado con las armas de Ovando-Ulloa. En el lateral que mira al Norte
existe un blasón de granito bajo un alfiz datable en el siglo XVI con
armas de Ovando, Ulloa, Mogollón y Carvajal que da fe, como después
veremos, de las familias dominantes en estas tierras. Otra casa, de la que
solo se conservan los muros exteriores presenta en su fachada lateral un
esgrafiado apenas visible con el escudo de los Paredes. Subiendo a un
risco cercano, hacia Levante, llegamos a las ruinas de un irreconocible
castillo o casa fuerte, del que hay testimonio ya estaba en ruinas a
finales del siglo XVIII (2).
El ya inútil carácter defensivo de esta construcción dio paso a la
utilidad palaciega y de recreo de la casa citada anteriormente.
Para llegar a Zamarrillas con mayor comodidad desde Cáceres
debemos tomar desde la Nacional 630 el desvío hacia el pantano de
Valdesalor y Torreorgaz (a 9 Km de Cáceres) y recorrer por esta vía
secundaria otros 6 Km hasta tomar a la izquierda (justo bajo el acueducto
de riego) una pista practicable en coche hasta cerca del poblado, que se
vislumbra claramente a medida que nos aproximamos.
(1)
Una completa descripción de esta casa la encontramos en la obra de Navareño
Mateos,
A., Arquitectura
residencial en las dehesas de la tierra de Cáceres (castillos, palacios
y
casas de campo), I.
C. El Brocense, Cáceres, 1999, págs. 221-223.
(2)
Ibíd., pág. 188.
Destaca
también en este mismo paraje y antes de llegar al arrabal de Zamarrillas,
el castillo de la Torrecilla de Lagartera, emplazado en un alto rocoso que
domina el río y que conserva una fisonomía fuerte desde lejos por la
robustez de su torre, que tiene el almenaje completo. El hallarse en
terrenos particulares con abundancia de ganado bovino hace incómoda la
visita a este interesante bastión defensivo del siglo XIV (3).
2.
EL SURGIMIENTO Y LA DECADENCIA DE LAS ALDEAS. DEHESAS Y HEREDAMIENTOS
Este núcleo de población, aunque pequeño, está documentado,
siempre adscrito a la villa de Cáceres, ya desde el siglo XIV, como
relata Floriano al describir las lindes de la tierra de Trujillo con la de
Cáceres en esta época: «uno y otro cerraban por esta parte el
circuito cacerense dejándolo circunscrito a lo que habrían de ser sus términos
históricos hasta la secesión de las aldeas (Sierra de Fuentes, Torre de
Orgaz, Torrequemada, Torremocha y Zamarrillas)» (4).
Sin embargo, el origen de este caserío, como de algunos otros también
desaparecidos, tal vez habría que buscarlo en época anterior, en las décadas
siguientes a la conquista leonesa (1229) cuando comenzaron a formarse los
adehesamientos reales que tenían por finalidad la defensa (defesa)
de las cabañas ganaderas pertenecientes al Concejo y sus pastos para
salvaguardarlas de las incursiones de los rebaños mesteños que bajaban
del reino de León. Esta facultad de acotamiento recogida en los Fueros
fue posibilitando la creación de cortijos o incipientes caseríos cuando
el aprovechamiento agro-ganadero creciente por las repoblaciones permitió
el asentamiento en estos pequeños núcleos que corrieron suerte diversa,
muchas veces efímera. El término de Cáceres era muy extenso, y se hacía
necesaria la creación de estos poblados, seguramente aprovechando en
ocasiones antiguos asentamintos romanos y árabes (5).
(3)
Ibíd. Puede encontrarse en esta obra una interesante y documentada
descripción con reseña histórica del castillo de la Torrecilla, págs.
93 a 96.
(4)
A. C. Floriano Cumbreño, Estudios de Historia de Cáceres, tomo
II, Oviedo, 1959, pág. 164.
(5)
J. A. Zulueta Artaloytia, La tierra de Cáceres. Estudio geográfico. Madrid,
C.S.I.C., 1977, pág. 80.
A la crisis demográfica del siglo XIV, por las epidemias de peste
y la regresión en las repoblaciones podría achacarse la desaparición de
algunas aldeas dispersas situadas en la tierra de Cáceres, pero también
al aislamiento y a factores económicos adversos (6),
como podría ser la organización de la ganadería como aprovechamiento
primordial en detrimento de las tareas agrarias (7):
en la sierra de San Pedro desaparecieron Alpotreque (o Castilguerrero),
Puebla de Castellanos y Casas del Ciego; en la zona del Tamuja desapareció
igualmente Malgarrida, y no quedó rastro tampoco de Borrico Pardo y
Borriquillo. Para la doctora García Oliva (8),
sin embargo, la aldea de Zamarrillas se desarrollaría más tardíamente,
a finales del siglo XV o principios del XVI, coincidiendo esta apreciación
con la datación aproximada de los restos más antiguos del poblado que se
encuentran en las ruinas de su casa fuerte o castillo que hemos citado.
Este caserío, que nunca llegó a tener término propio, gozó de cierta
prosperidad, a pesar del peso cada vez más fuerte de la nobleza que iba
en detrimento de los derechos de los vecinos del poblado, los cuales
vieron cómo la estructura primitiva que surgió con el asentamiento de
los repobladores y los primeros repartos de tierras evolucionó de forma
patente hacia el acaparamiento de bienes en manos de las oligarquías con
poder en la Villa(9).
El
origen histórico de las dehesas y su objeto en la tierra de Cáceres están
bien recogidos en los escritos de Ulloa(10);
como ejemplo citaremos el que nos ofrece Daniel Berjano (11)
sobre el «Repartimiento
de tierras en Alguixuela», que hizieron á los de Cáceres los omes
del Rey don Alfonso el Sabio, nombrados para ello, Era de 1316 años (1278)
y en el que se dice que el Rey mandó que se diesen a los de Cáceres defesas
en que pudiesen traer sus bueyes é sus ganados. También se refiere
Floriano a este episodio (12)
describiendo
los linderos de esta dehesa, que eran: «partiendo con don Gonzalo y
sus heredamientos (¿Zamarrillas?) (sic.), a la cumbre que parte
con la Zafra (que es dehesa de Concejo), a partir con los de Aldea de
Pedro Cervero (La Cervera); de allí a la Alçaza , descendiendo
hasta el Salor, y el Salor arriba a buscar el mojón primero».
(6)
M. D. García Oliva, Organización económica y social del concejo de Cáceres
en la Baja Edad Media, I. C. El Brocense. Cáceres, 1990, págs. 55 y
ss.
(7)
J. L. Martín Martín, La Villa de Cáceres y sus aldeas. NORBA I,
Cáceres, 1980, pág. 217.
(8)
M. D. García Oliva, Organización económica..., op. cit., pág.
41.
(9)
J. A. Zulueta Artaloytia, La tierra de Cáceres..., op. cit., pág.
75.
(10)
P. Ulloa Golfín, Fueros y Privilegios de Cáceres. Sin lugar ni
fecha.
(11)
D. Berjano Escobar, pasaje tomado de su introducción al Libro de
Yerbas de Alfredo Villegas de 1909, que citaremos ampliamente más
adelante.
(12)
A. C. Floriano Cumbreño, Cáceres ante la Historia. El problema
medieval de lapropiedad de la tierra, Badajoz, 1949. Reedición: «La
Villa de Cáceres», I. C. El Brocense, Cáceres, 1987, pág. 119.
Los repartimientos de tierras que se hicieron en zonas más
alejadas de la villa cacereña, con la misma obligación colonizadora,
recibieron el nombre de heredamientos, por existir varios partícipes
o herederos, cada uno con su asiento de labor, casa y demás dependencias
como establos y pajares, siendo la característica de las tierras
agrupadas en estas suertes el contar, por tanto, con un pequeño núcleo
habitado que, a pesar de no llegar a tener término propiamente dicho,
consiguieron a veces reunir una cierta población como en el caso de
Zamarrillas, que luego analizaremos. El heredamiento, por consiguiente,
suele encontrarse como contorno de antiguos caseríos o aldeas, y existen
ejemplos cercanos, como el heredamiento de la Aldihuela o el de Corchuela.
Con este nombre se conoció siempre el que nos ocupa en este trabajo: heredamiento
de Zamarrillas. Este término ha servido también para catalogar los núcleos
de población por su tamaño. Los heredamiento-aldeas no tendrían
gobierno local, a diferencia de las aldeas (13).
La tendencia al adehesamiento no solo por parte del Concejo sino
también por herederos particulares propició poco a poco trasvases
de propiedad, cesiones y arrendamientos lucrativos que hicieron perder el
primitivo fin protector de la dehesa. Las oligarquías urbanas de la Villa
o familias de influencia territorial van apareciendo como dueños de estos
heredamientos ya en los siglos XV y XVI (Mayoralgo, Holguín, Porcallo,
Ulloa, Paredes, Cáceres, etc.) (14).
En este sentido pueden advertirse a mediados del XVI elevadas tasas de
contratos de compraventa en las tierras de pan llevar (alcaceres y
hazeras) en la tierra de Cáceres en general, registrándose también en
Zamarrillas 10 transacciones entre 1540-49 y 1560-69 (15).
Los más perjudicados, lógicamente, fueron los pecheros aldeanos
que no eran dueños de nada y veían desaparecer los antiguos privilegios
de las aldeas y los derechos de labranza en la dehesa comunal de la Zafra.
La población de Zamarrillas viviría a duras penas del jornal, que no
siempre lo habría
(13)
M. D. García Oliva, Organización económica..., op. cit., pág.
38.
(14)
Ibíd., pág. 114.
(15)
J. L. Pereira Iglesias, Cáceres y su tierra en el siglo XVI. Economía
y sociedad, I. C. El Brocense. Cáceres, 1990, pág. 133.
Aquí
es donde hay que buscar la causa (en la que abundaremos más adelante con
apoyo documental) de la desaparición paulatina de otras aldeas a añadir
a las citadas anteriormente: la propia Zamarrillas, pero también Aldea
del Conde don Gonzalo, Aldea de Pedro Cervero, etc.(16).
De estas antiguas aldeas pertenecientes a Cáceres, las más
afortunadas consiguieron no solo perdurar en el tiempo y crecer demográficamente,
sino emanciparse y constituirse en municipios con su término más o menos
amplio como islotes englobados por el gran territorio cacerense. Es el
caso de las torres, que comenzaron siendo atalayas o torreones con
una función militar en lugares estratégicos (17)
para
defender el sur de Cáceres del posible acecho musulmán tras la
conquista, cerca de los cuales comenzó a formarse un caserío: Torreciella
somante a Sancta María (Torre de Santa María), Torremocha,
Torrequemada y Torre de Orgaz. Existió también una Torre de la
Zamarrilla, según Floriano (18)
desmantelada
en el siglo XIX. Ignoramos si se refiere a parte del bastión defensivode
los Duranes y que ya se encontraba arruinado en el siglo XVIII, o
bien a algún otro torreón cercano como es el caso de los que todavía
perviven aislados en la zona del Salor-Ayuela.
3.
ALGUNOS DATOS HISTÓRICOS Y DESCRIPTIVOS
Los datos históricos y descriptivos referentes al arrabal de
Zamarrillas se recogen con bastante parquedad y de forma muy fragmentaria
en la bibliografía y documentación de archivos, clara muestra de la
escasa importancia y cortedad de población del caserío. En las fuentes
documentales se exponen con gran profusión mandatos reales, actas,
privilegios, etc., referidos a las dehesas comunales de la Zafra y
Zafrilla (19)
ya desde el
siglo XIII., pero Zamarrillas (enclavada en la Zafra) no se menciona hasta
una época mucho más tardía, constituida en heredamiento-aldea en manos
de particulares.
(16)
A. C. Floriano Cumbreño El problema medieval..., op. cit., pág.
121.
(17)
J. L. Martín Martín, La Villa de Cáceres y sus aldeas, op. cit., pág.
210.
(18)
A. C. Floriano Cumbreño, Castillos de la Alta Extremadura, Cáceres,
1953. Reedición: «La Villa de Cáceres». I. C. El Brocense, Cáceres,
1987, pág. 197.
(19)
A. C. Floriano Cumbreño, 1987 Documentación histórica del Archivo
Municipal de Cáceres (1229-1471), I. C. El Brocense, Cáceres 1987; y
García Oliva, M. D., Documentación histórica del Archivo Municipal
de Cáceres (1475-1504), I. C. El Brocense, Cáceres, 1988.
En este sentido, a mediados del siglo XVI se comienzan a ver
propiedades importantes de la familia Ovando en el lugar de Zamarrillas,
muy posiblemente la casa fuerte, hoy destruida en gran parte, situada en
el altozano (conocida como de los Duranes), y con seguridad la
casa-palacio ubicada en el propio poblado que ha sufrido varias
transformaciones hasta la actualidad y que conserva escudos de esta
familia como citamos al principio. Nicolás de Ovando, en testamento
firmado en el año 1564 cita «las casas de campo tierras y asiento y
pastos que yo tengo en el heredamiento de Zamarrillas» (20),
fundando mayorazgo en favor de su sobrino Hernando de Ovando Ulloa que
pasa a ser 1.º señor de Zamarrillas (21)
. En el
poblado se celebraron a veces fastos de la nobleza, lo que puede darnos
idea de su pujanza en determinados momentos históricos; por ejemplo, D.ª
María Juana de Ovando y Cáceres casó en el poblado de Zamarrillas en
1749 con D. Gabriel Francisco Arias de Saavedra y Monroy. También D.ª
Leonor de Ovando y Vera, 8.ª señora de Zamarrillas, casó en la casa del
mismo heredamiento con D. Diego de Ovando Cáceres y Aguilar en 1780, no
teniendo descendencia y extinguiéndose así la línea primogénita del mítico
capitán D. Diego de Cáceres Ovando (22).
En cuanto a la economía del heredamiento de Zamarrillas, los datos
sobre producción agrícola de sus tierras figuran siempre como partido
de la Zafra (de 355 Ha.) junto a Aldea del Cano, Labranzas, Sierra de
Fuentes, Torreorgaz y Torrequemada, y la contribución a los totales de
producción serían más bien escasos, pues en 1595 los arrendamientos de
Zamarrillas ascienden a 79.968 maravedíes, es decir, un 3,5% del total de
la Zafra (23).
Siguen siendo bajos los arrendamientos en 1715, ascendiendo los de
Zamarrillas, Labranzas y Sierra de Fuentes en conjunto a 592 rs (24).
En cuanto a los precios de compra-venta de las tierras del heredamiento, a
pesar de que aumentan moderadamente durante el siglo XVI tampoco son los
de Zamarrillas de los más caros (25).
(20)
A. Navareño Mateos, Arquitectura residencial..., op. cit., págs.
68 y 223, que cita Archivo Condes de Canilleros, Casa de Hernando de
Ovando, Legajo 1, n.º 16.
(21)
J. M. Mayoralgo y Lodo, La casa de Ovando. Estudio histórico-genealógico.
Real Academia de Extremadura, Cáceres, 1991. En esta obra podemos
seguir hasta el siglo XIX todos los personajes que ostentaron el título
de señores de Zamarrillas. Al morir sin descendencia D.ª Leonor de
Ovando y Vera, el señorío pasó a herederos de apellido Mayoralgo.
(22)
Ibid.
(23)
J. L. Pereira Iglesias, Cáceres y su tierra..., op. cit., pág.
198.
(24)
J. A. Zulueta Artaloytia, La tierra de Cáceres..., op. cit., pág.
87.
(25)
A. Rodríguez Sánchez, Rodríguez Cancho, M.; Texton Núñez, I.; Pereira
Iglesias, J. L., El sistema de ventas y régimen de arrendamientos de
tierras en Cáceres en el siglo XVI. NORBA
I, 1980, pág. 345.
Otros datos interesantes sobre los edificios del pueblo y sus
propietarios se recogen en el Catastro de Ensenada (1753)26,
por el que podemos ver que la casa principal o palacio era propiedad en
esta época de José de Ovando Vera, perteneciendo otras varias casas del
poblado a Francisco Téllez Golfín. En la última década del siglo, y
gracias a la Visita de la Real Audiencia, conocemos que el castillo
(posiblemente de las armas de Durán de la Rocha (27))
se encontraba ya totalmente arruinado, así como una ermita cercana, de la
que no hemos visto vestigio actualmente.
En informe enviado a la Real Audiencia por los núcleos de la
tierra se describe así a Zamarrillas28:
«Realengo. Se trata de un arrabal de la villa cacereña ubicado a dos
leguas. Su término es muy reducido, media legua por un cuarto de legua.
Es partido de la Zafra, asciende a ochocientas fanegas para solo 22
vecinos». Unos años después, en el Interrogatorio de Tomás López
(1798)29 y
en una época anterior a la presunta destrucción del poblado por tropas
francesas, únicamente se menciona a Zamarrillas en los datos referentes a
Cáceres, al no constituir por sí solo entidad suficiente para contestar
a las preguntas del interrogatorio. Así, se cita lacónicamente «el
arrabal de Zamarrillas, al mediodía, dos leguas». En la pregunta 6.ª
sobre bosques, montes y florestas se cita de nuevo la aldea (y la
descripción no es precisamente un alarde de belleza literaria): «Buelve
a subir la sierra haciendo cortadura por la casería de Lagartera, desde
donde buelve a subir hasta otra cortadura en el camino que va al arrabal
de Zamarrillas». Finalmente, y ya en el siglo XX nos son de ayuda los
datos recogidos en el libro de yerbas de 1909 (30),
donde consta el heredamiento, de 2.500 fanegas, dividido en dos partes.
Son sus linderos generales Lagartera, Zafrilla (creemos quiere decir
Zafra) y Dehesijos, y el término de Torreorgaz.
(26)
A. Navareño Mateos, Arquitectura residencial..., op. cit., pág.
69, que cita el A.M.CC. Catastro de Ensenada, II ff. 676-677, III, ff.
1109 y v., y IV, f. 1687.
(27)
M. Muñoz de San Pedro, Extremadura (la tierra en la que nacían los
dioses), Madrid, 1961, pág. 227.
(28)
J. L. Pereira Iglesias, Cáceres y su tierra..., op. cit., pág.
58.
(29)
T. López, Extremadura, por López, año de 1798. Coord. Gonzalo
Barrientos Alfageme. Asamblea de Extremadura, Mérida, 1991.
(30)
A. Villegas, Nuevo Libro de Yerbas de Cáceres, 1909, pág. 133.
Señala su autor que «dentro de él estuvo enclavado el antiguo
pueblo de Zamarrillas, hoy deshabitado y en ruinas, pero aún se conservan
seis casas, habitadas para prestar servicio a los arrendatarios».
Estas casas se mencionan con sus nombres correspondientes, a saber:
casa-palacio de los Muñoces, con 13 habitaciones, muralla, tinado para 30
reses, cuadra y pajar; Casa Grande, con 8 habitaciones, muralla y 3
cuadras; Casa de las Roldanas, con 11 habitaciones, muralla, tinado para
12 reses, cuatro cuadras y un horno de cocer pan; Casa de Merino, con 5
habitaciones, un tinado para 10 reses, tres cuadras y un corral; Casa
Chica, de 7 habitaciones, y finalmente la llamada casa de los porqueros,
con una habitación y un tinado. También habla Villegas de que «hay
además una porción de casas en ruinas que pertenecieron al antiguo
poblado». Estas casas humildes han desaparecido en el transcurso de
la última centuria. Eran sus propietarios en 1909 Don Alvaro M.ª de
Ulloa y Fernández Durán, Conde de Adaneros y Don Enrique Gómez Sigüenza,
por su esposa doña Julia Muñoz Mayoralgo. En la actualidad sigue el
heredamiento dividido en dos partes, perteneciendo la porción que
contiene el palacio de los Muñoces a la familia Sanabria.
4.
ASPECTOS DEMOGRÁFICOS
Las noticias sobre la población que llegó a alcanzar la aldea no
son tampoco muy concisas, pues por su condición de arrabal cacereño,
frecuentemente en censos y recuentos la población de la Villa incluye
también la de los lugares de ella dependientes. Así, en la Averiguación
que se hace en la Provincia de Truxillo, en 1532, se incluyen sus
habitantes en la villa de Cáceres: «Ay en la villa de Cáçeres mill
y ochoçientos y noventa y seis vezinos con los lugares de su tierra sin
la Aliseda» (31).
En una nueva Averiguación efectuada en el año 1591 se desglosa la
población de los lugares por un lado (Aldea del Cano, Torre de Orgaz,
Malpartida, etc.) y la de «Cáçeres, Çamarrillos y Çángano,
sus arrabales» por otro, dato que tampoco nos es de utilidad para
determinar la población del arrabal. El poblado de Zángano, creado en
1523 por real provisión de Carlos V (32),
es un ejemplo contrario al de la desaparición de aldeas, aunque con una
justificación clara: hacía falta urgentemente dotar a esta parte de la
Sierra de San Pedro de un núcleo habitado que paliara el casi absoluto
despoblamiento de las diez leguas que faltaban hasta Badajoz (33);
como es sabido, corresponde a la actual Puebla de Obando, adjudicada a la
provincia pacense en la última división provincial.
(31)
A. Rodríguez Sánchez, Cáceres: Población y comportamientos demográficos
en el siglo XVI, Cáceres, 1977, pág. 55.
(32)
J. L. Pereira Iglesias, Cáceres y su tierra..., op. cit.
(33)
J. A. Zulueta Artaloytia, La tierra de Cáceres..., op. cit.
Otros censos constituidos con finalidades fiscales son los llamados
padrones de moneda forera. Así, en el del año 1608 figuraban entre el
total de habitantes de Cáceres 31 vecinos de «fuera del pueblo» y 14
vecinos de Zamarrillas (34).
Por tanto, a principios del siglo XVII ya nos podemos hacer una idea de
que la población de esta aldea rondaría los setenta habitantes, superándose
al parecer ampliamente esta cifra a finales del mismo siglo, y en las
primeras décadas del XVIII, en el que componían la población más de
doscientas personas, pues en el recuento de Campoflorido de 1717, a
pesar de no ser muy fiable (incluso los datos tenderían a ser ligeramente
más altos) se da para Zamarrillas una población de 47 vecinos, al que
habría que aplicar un coeficiente conversor de 4,93 según Rodríguez
Cancho(35).
Este debió ser el instante de mayor esplendor en la historia del arrabal,
ya que a partir de este momento es seguro que se produce un continuado e
irreversible descenso demográfico como consecuencia de ser terreno de señorío,
con muy poca atención a los habitantes del poblado, que debían
contribuir con impuestos a pesar de arrendarse las tierras a cultivadores
forasteros. La población de la aldea se redujo a menos de la mitad en tan
solo unas décadas.
5.
EL OCASO DEFINITIVO DE ZAMARRILLAS
D. Juan Sanguino (36),
al transcribir en la Revista de Extremadura en 1899 el contenido de
expedientes y cuadernos que hacen referencia a los 9 partidos de la
provincia para utilidad de la recién creada Audiencia de Extremadura
(1790), nos ofrece algunos datos interesantes de esta época referidos a
Zamarrillas, sobre todo acerca de la miseria y dificultades por las que
pasaban sus moradores: «Hay 22 vecinos y ningún noble: uno solo es
labrador que cultiva tierras arrendadas y los demás son jornaleros. De
este pueblo que algunos llaman arrabal de la villa de Cáceres (como lo
es) —distante dos leguas— y otros heredamiento, sus tierras son
aprovechadas por sujetos hacendados de forma que sus habitadores carecen
de todo: ni tienen ejido ni partido ni montes, y con las tierras de labor
se arriendan por los herederos a los que no son vecinos ni habitadores del
pueblo».
(34)
A. Rodríguez Sánchez, Población..,. op. cit., pág. 60.
(35)
M. Rodríguez Cancho, La Villa de Cáceres en el siglo XVIII. Demografía
y sociedad, Universidad de Extremadura, Cáceres, 1981.
(36)
Sanguino Michel, J., Cáceres en 1790. Revista de Extremadura, tomo
I, 1899, pág. 219.
Ya en el libro de yerbas de 1731 en la dehesa de la Zafra se
adjudica un partido de labranza para Zamarrillas de 793 fanegas, (37)
pero siempre
sin beneficio para los pobladores: «y se quejan estos vecinos de que
ha habido año que no se les ha repartido alguna, ejecutándolo entre
otros particulares de la Villa que traspasaban sus porciones y las vendían
a vecinos de otros pueblos». No cabe extrañarse, en consecuencia,
del paulatino abandono de la aldea, cuya supervivencia constituiría un
suplicio al menos desde un siglo atrás. Sus moradores sin duda marcharían
a la Villa en busca de mejores perspectivas de vida sumiendo al caserío
en el abandono en el que se encuentra desde hace doscientos años.
El hecho cierto es que Zamarrillas languideció, desapareciendo de
forma casi definitiva su siempre escasa población con motivo de un
episodio que hemos visto citar a varios autores con la misma parquedad de
datos: la aldea fue arrasada por los franceses en la Guerra de la
Independencia. Así describe a Zamarrillas Madoz a mediados del siglo XIX
(38):
«Despoblado en la prov., part. jud. y term. de Cáceres: sit 2 leg. S.
de esta v. fue considerado como arrabal de ella, para los repartimientos
de contr. destruído en la Guerra de la Independencia, lo abandonaron sus
moradores y no ha vuelto a poblarse, por corresponder todo su terreno a
varias casas de aquella cap. y carecer de tierras que cultivar y de pastar
sus ganados. Fue siempre de corta pobl». La misma supuesta destrucción
nos cuenta Sanguino (39)
(«...y
como se realizase ésta en lugares como Zamarrillas, arrasado años después
por los franceses...»); el Conde de Canilleros en alguna de sus obras
(40) («siempre
con la impronta de la nobleza, vemos las piedras arruinadas de
Zamarrillas, lugar destruído por los franceses...») y en nota a las
observaciones de Boxoyo de finales del siglo XVIII, que conoció todavía
el llamado Arrabal de Zamarrillas aún en cierta actividad (41).
(37)
J. L. Pereira Iglesias, Cáceres y su tierra..., op. cit., pág.
198.
(38)
P. Madoz, Diccionario Geográfico-Histórico de España y sus
posesiones de Ultramar, tomo XVI, Madrid, 1850, pág. 454.
(39)
J. Sanguino Michel, Cáceres en 1790, op. cit., págs. 218-219.
(40)
M. Muñoz de San Pedro, Extremadura..., op. cit., pág. 227.
(41)
S. Benito Boxoyo, Historia de Cáceres y su patrona (manuscrito de 1796
editado por Sánchez Loro en Biblioteca Extremeña, Cáceres, 1952) con
notas del Conde de Canilleros.
También
coincide Velo en la misma causa de la desaparición definitiva de
Zamarrillas: (42)
«El
lugar y castillo de este nombre fueron destruidos totalmente durante la
Guerra de la Independencia», así
como Zulueta (43)
(«...hasta
que desapareció a principios del siglo XIX tras la Guerra de la
Independencia»). Es extraño que ninguno de estos autores ofrezca
algo más que una frase, por lo que da la impresión de que se ha venido
citando a Madoz sin encontrar más mención de este hecho, del que sería
interesante conocer las vicisitudes.
6.
CONCLUSIÓN
El arrabal de Zamarrillas constituye una privilegiada muestra de
aldea medieval que ha llegado a nuestros días medianamente conservada,
siendo una excepción a las muchas que jalonaron la tierra de Cáceres
entre los siglos XIII al XVIII y que fueron desapareciendo poco a poco
debido a la miseria a la que se veían sometidos sus moradores.
Constituye, por este motivo, un interesante ejemplo de poblamiento rural
en la dehesa-heredamiento cacereña, que da testimonio tanto de la
estructura de propiedad de la tierra, como de los modos de aprovechamiento
por parte de sus dueños.
Puede estudiarse in situ la arquitectura prístina de estas
unidades menores de población, cuyas tierras circundantes no fueron
ajenas al avasallador ímpetu acaparador de las oligarquías con poder en
la época bajomedieval y que a la postre fue una de las principales causas
del abandono de las aldeas. Los blasones esculpidos y esgrafiados aún
perduran en varias fachadas de Zamarrillas.
La destrucción definitiva de esta aldea en la Guerra de la
Independencia, cuando ya languidecía la vida diaria en el arrabal desde
varias décadas antes, es un episodio no suficientemente claro que
convendría sacar a la luz para así reunir algún dato más de interés
histórico que acompañara a la ya de por sí escasa documentación de
este olvidado enclave próximo a Cáceres.
(42)
G. Velo y Nieto, Castillos de Extremadura, Madrid, 1968. pág. 674.
(43)
J. A. Zulueta Artaloytia, La tierra de Cáceres..., op. cit., pág.
81.
BIBLIOGRAFÍA
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1796 editado por Sánchez Loro, en Biblioteca extremeña) Cáceres, 1952.
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A. Zulueta Artaloytia, La tierra de Cáceres. Estudio geográfico, Madrid,
C.S.I.C. 1977.
Apéndice
fotográfico
Zamarrillas.
Casa-palacio de los Ovando-Ulloa
Vista
parcial desde el castillo
Edificación
austera con aderezo de casa fuerte
Restos
del castillo o casa
de los Duranes
Vista
del ábside pentagonal de la iglesia
Blasón
con las armas de Ovando, Ulloa, Mogollón y Carvajal
Bella
perspectiva de aldea bajomedieval
Aspecto
actual del atrio de la iglesia, sin los añadidos espurios
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