Revista Alcántara. nº 53-54
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EL IMPACTO DE LA GUERRA DE SECESIÓN PORTUGUESA (1640-1668) EN LOS TERRITORIOS DE LA «RAYA» EXTREMEÑA: EL CASO DE OLIVA DE LA FRONTERA

 

ALFONSO GIL SOTO

Universidad de Extremadura*

INTRODUCCIÓN

   En el año 1580, Felipe II haciendo valer sus derechos al trono de Portugal unió en su persona los dos reinos peninsulares. En principio, gran parte de la sociedad portuguesa aceptó e incluso apoyó esta unión, pues la consideraba ventajosa para sus intereses. Pero 60 años después, la decadente Castilla nada podía ofrecer ya a su vecino. Además, tal como dijo Ángel Rodríguez Sánchez, una serie de errores de la monarquía absoluta corrupta y centralizadora propiciaron un gran descontento en la periferia peninsular (1).

   De este modo, en 1640 el duque de Braganza se alzó en armas y se proclamó rey de Portugal con el nombre de Juan IV. Pero, como es lógico, la Monarquía Hispánica no aceptó tal situación y esto provocó el comienzo de una guerra entre los dos países que duró 28 años.

 

* Becario del plan regional de investigación y desarrollo de Extremadura cofinanciado por la Junta de Extremadura y el Fondo Social Europeo.

(1) Rodríguez Sánchez, A.: «Guerra, miseria y corrupción en Extremadura, 1640-1668» en Estudios dedicados a Carlos Callejo Serrano, Cáceres, 1979, págs. 605-625.

 

   Se pretende con el presente artículo analizar cuales fueron las consecuencias de este prolongado conflicto en una de las áreas que sufrió, con más rigor, sus efectos: la zona extremeña fronteriza con Portugal. Para ello hemos escogido como modelo que nos sirva de ejemplo la villa de Oliva de la Frontera, perteneciente entonces al ducado de Feria y cuyo núcleo se sitúa a tan sólo seis kilómetros del término municipal de Barrancos, ya en Portugal.

 

LA SITUACIÓN DE OLIVA DE LA FRONTERA ANTES DEL CONFLICTO

   Para conocer cuáles fueron las consecuencias del choque bélico, es imprescindible remontarnos un poco en el tiempo y analizar la situación que atravesaban los pueblos de la raya extremeña, y en concreto Oliva de la Frontera, en las primeras décadas del Siglo XVII.

   Juan Solano de Figueroa comenta que Oliva era antes del conflicto un lugar próspero (2). Poseía según el mencionado autor 600 vecinos, es decir, unos 2280 habitantes, una población nada despreciable para el período que estamos estudiando (3). Además contaba con un hospital bajo la advocación del Espíritu Santo, una iglesia parroquial dedicada a San Marcos Evangelista y seis ermitas (de Nuestra Señora de Gracia, de los Mártires, de San Pedro, San Lorenzo, San Antonio Abad y San Gerardo) (4).

 

(2) Solano de Figueroa, J.: Historia eclesiástica de la ciudad y el obispado de Badajoz, tomo I, Badajoz, 1929, pág. 168. Dicha obra se escribió entre los años 1654 y 1670 en plena guerra con Portugal.

(3) El vecino era en la Edad Moderna una unidad fiscal. Por eso para conocer el número aproximado de habitantes hay que utilizar un conversor. Alfonso Rodríguez utiliza un coeficiente de 3,75 habitantes por vecino para el Censo de Castilla de 1591 y un 4 para el de 1646 (Rodríguez Grajera, A.: La alta Extremadura en el Siglo XVII. Evolución demográfica y estructura agraria, Cáceres, 1990, pág. 38). Miguel Ángel Melón considera correcto un 3,84 para el Siglo XVIII (Melón Jiménez, M. A.: Extremadura en el Antiguo Régimen. Economía y sociedad en tierras de Cáceres, 1700-1814, Mérida, 1989, pág. 30) Y por último, José Pablo Blanco utiliza para finales del Siglo XVI y para el Siglo XVII un 3,8 [Blanco Carrasco, J. P.: Población, familia y sociedad en la Extremadura moderna (1500-1860), Cáceres, 1999]. Nosotros siguiendo este último trabajo hemos supuesto que cada vecino debía corresponder a 3,8 individuos.

(4) Hay algunas contradicciones en las fuentes respecto a los nombres y el número de las ermitas. Solano de Figueroa dice que eran siete, aunque confunde una de ellas con el hospital. Por tanto, lo más probable es que fueran seis. Por su parte Diego Guillén no cita la de los Mártires y sí otra con el nombre de San Ginés. Es muy posible que ambos se refieran a la misma, aunque la denominen de forma diferente. (Solano de Figueroa, J.: op. cit., pág. 168. y Guillén, D.: «Historia de la población» Manuscrito conservado en el Archivo del Real Monasterio de Guadalupe, sección Barrantes, Manuscritos varios de Extremadura, B-5, fs. 111-115).

 

   Por otra parte Diego Guillén, en su historia de la Población de Oliva escrita en el año 1845, indica también que el pueblo poseía 600 vecinos y «una riqueza (a la que no ha podido llegar después) por su industria y comercio y fábrica de curtidos de pieles»5. En el mismo sentido, los propios pobladores de la villa declararon en 1681 que «tenía antes de la guerra con Portugal 700 vecinos de considerables caudales» (6).

   Sin embargo puede comprobarse analizando las fuentes clásicas de los estudios demográficos, que las tres versiones son exageradas en su descripción del pueblo antes del conflicto. En el año 1591, Oliva de la Frontera poseía una población de 517 vecinos (7), es decir, aproximadamente unos 1960 habitantes. Cuarenta años después, en 1631, poseía según el «censo de la sal» 465 vecinos, esto es, 1770 habitantes(8). Y por último, en el año 1637, tan solo tres años antes de comenzar el conflicto y según el padrón realizado para el donativo del obispado de Badajoz a la Corona, contaba con 418 vecinos, que vendrían a ser unos 1590 habitantes (9).

   Por tanto extraemos de estos datos dos conclusiones. Primero, que la villa de Oliva estaba viéndose afectada por la crisis que en esos años sufría la Corona de Castilla y por esta razón iba perdiendo poco a poco masa poblacional10. Así, de los 517 vecinos de 1591, pasó a los 418 de 1637.

 

(5) Guillén, D.: op. cit.

(6) Domínguez Ortiz, A.: La sociedad española en el Siglo XVII, tomo I, Madrid, 1963, pág. 331.

(7) INE. Censo de Castilla de 1591, Madrid, 1984, págs. 775-776. El censo se realizó para repartir un nuevo impuesto llamado «Servicio de Millones», que en principio buscaba la recaudación de ocho millones de ducados.

(8) AGS. Dirección General del Tesoro, Inventario 24, leg. 1168. El «censo de la sal» se realizó para establecer un impuesto único sobre el estanco de la sal. (Rodríguez Cancho M, y Rodríguez Grajera A.: «La reforma de la sal y la población de Extremadura (1631)», en Obradoiro de Historia Moderna, Santiago de Compostela, 1995.)

(9) AGS. Contadurías Generales, leg. 3185, libro 90, (Donativo de los lugares del obispado de Badajoz en el año 1636). Este donativo se realizó con el fin de ayudar a la Corona en los momentos de crisis que se estaban viviendo.

(10) Sobre la crisis de la Corona de Castilla en el Siglo XVII véanse por ejemplo los trabajos de Anes, G.: «La depresión agraria durante el siglo XVII en Castilla», Homenaje a J.Caro Baroja. Madrid 1978 y Helliot, J: “La decadencia española”,  Crisis en Europa 1560-1660, Madrid, 1883.

 

    Y en segundo lugar que a pesar de ser un núcleo de tamaño medio antes del conflicto, estaba muy lejos de los 600 vecinos que decían Solano de Figueroa y Diego Guillén.

   En resumen. Oliva de la Frontera en las primeras décadas del Siglo XVII era una población mediana que estaba padeciendo la crisis de forma moderada. No estaba viviendo sus mejores momentos desde el punto de vista demográfico, ya que desde finales del Siglo XVI su población disminuía de forma progresiva, pero tampoco estaba pasando por una situación catastrófica. De este modo, un análisis comparado de la evolución de la población de Oliva respecto al resto de localidades que integraban el señorío de Feria nos demuestra que la villa sufrió los efectos de la crisis más que algunas localidades, pero mucho menos que otras. Como se puede ver en el siguiente cuadro, sólo dos poblaciones (Almendral y Feria) aumentaron, aunque muy levemente su población. Por el contrario, nueve de los dieciséis lugares perdieron más del 20% de los habitantes. Y por último un grupo intermedio de cuatro pueblos, en el que se integra Oliva, perdió entre un 1 y un 20% de sus efectivos.

 

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN EN EL SEÑORÍO

DE FERIA ENTRE LOS AÑOS 1591 Y 1631

Población Vecinos en 1591 Vecinos en 1631 Diferencia
Oliva de la Frontera 517 465 –10 %
Zafra 1.160 1.147 –1 %
Torre de Miguel Sesmero 332 260 –22 %
Almendral 449 496 +10 %
Valencia del Mombuey 202 165 –18 %
Salvaleón 342 192 –44 %
Nogales 92 60 –35 %
La Morera 305 196 –36 %
La Parra 556 385 –31 %
Feria 467 496 +6 %
Villalba de los Barros 325 240 –26 %
Santa Marta 317 176 –45 %
Solana de los Barros 253 121 –52 %
Corte de Peleas 56 50 –11 %
La Alconera 90 50 –44 %

FUENTE: Censo de Castilla de 1591 y Censo de la Sal de 1631. Elaboración propia.

 

LA GUERRA DE SECESIÓN: UN CONFLICTO DESOLADOR

   La sublevación del reino de Portugal se produjo a finales de 1640. Muy pronto se enteraron en Oliva de lo ocurrido. Al parecer, un vecino de la villa que se encontraba en el país vecino regresó escandalizado por lo que había podido ver al otro lado de la frontera. En un pueblo llamado Monsaraz «oyó gran repique de campanas, y entrando en el lugar vido muchas luminarias y cuadrillas de hombres, unos con tamborilillos y otros con instrumento diciendo todos ¡viva nuestro Rey D. Juan! y saliendo por la mañana, había el mismo alboroto (...) y que llegaron algunos a él y le dijeron: “di castellano, ¡viva el Rey D. Juan!” forzándolo con amenazas»(11).

   En cuanto se tuvo conocimiento del suceso se envió una carta al gobernador de Zafra haciéndole saber lo que le había ocurrido al individuo que había regresado de Portugal y haciéndole llegar las inquietudes y los miedos de los vecinos. El suscriptor de la misiva terminaba su escrito del siguiente modo: «Dios me saque en paz de esta raya. Agora juzgue Vmd. Nuestras desdichas, y ruéguele nos libre de esta enfermedad lusitana, que nos coge muy cerca y por lo que a mí toca un poco más apretadamente, que estoy casi dentro»(12).

   «Dios me saque en paz de esta raya». No sabía este personaje hasta que punto la guerra que ahora comenzaba iba a afectar a su pueblo y al resto de lugares de la frontera.

   El primer elemento hostil que tuvieron que soportar fue el propio ejército castellano, cuyos integrantes, según la opinión de Fernando Cortés, «mostraron unos comportamientos militares y humanos, merecedores de pocos elogios»(13). Desde el primer momento se detecta la presencia militar en Oliva, ya que se estableció en la plaza una compañía de infantería para protegerla de posibles agresiones (14). El destacamento disponía, como ayuda, de un castillo en el interior del casco urbano que había sido construido en 1404 por el señor de Feria don Gómez Suárez de Figueroa (15).

 

(11) Memorial Histórico Español de la Real Academia de la Historia, tomo XVI (Cartas de algunos Padres de la Compañía de Jesús, tomo IV), Madrid, 1862, págs. 82-83.

(12) Ibídem.

(13) Cortés Cortés, F.: Militares y Guerra en una tierra de frontera: Extremadura a mediados del Siglo XVII. Mérida, 1991, pág. 10.

(14) Ibídem, pág. 6.

(15) Barrientos Alfageme, G.: Estremadura por Lopez, año de 1798. Mérida, 1991,pág. 331.

 

   En los registros parroquiales, una de las pocas fuentes documentales de la época que se conservan en esta localidad bajo extremeña, se puede apreciar la fuerte militarización que se produjo. Alféreces y sargentos de infantería, el capitán de la plaza, el secretario y ayudante del gobernador, e incluso el castellano y gobernador aparecen con frecuencia en las partidas de bautismo como padrinos de los recién nacidos (16).

   A las molestias que podía causar el destacamento fijo, hay que unir las que solían provocar las tropas que se alojaban circunstancialmente (17). Los continuos abusos cometidos hacían insoportable su presencia (18).

   Además, la manutención del Real Ejercito de Extremadura suponía una enorme carga económica para los vecinos de la raya (19).

   No obstante, los mayores daños sufridos en la villa provinieron de las acciones de las tropas portuguesas. La guerra de secesión tuvo unas características muy peculiares. Ante la imposibilidad de ambos ejércitos de derrotar al contrario, los mandos de uno y otro optaron por llevar a cabo una estrategia basada en acciones continuadas de pequeños destacamentos, cuyo fin era la destrucción del territorio enemigo y no su ocupación. De esta forma se hicieron muy frecuentes los robos de ganado, la quema de bosques, la destrucción de cosechas y el saqueo de pueblos con escaso destacamento militar (20).

 

(16) Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Libro de bautismos número 1 (años 1607-1618, 1641-1653 y 1669-1689). Aprovecho la ocasión para agradecer a María Felicidad Barroso Pinilla y a Eva Rodríguez Torrado su ayuda en la extracción de los datos del Archivo Parroquial. Agradezco igualmente al párroco de Oliva, Juan María Suárez y a Luis Lima Feito su colaboración al facilitarme parte de la información.

(17) Por ejemplo, según el informe de Don Joao de Costas al rey de Portugal, en 1643 el pueblo estaba «goarneçido com duas companhias pagas (...) adonde foi informado se aloiava grande troço de cavallería». [Cortés Cortés, F., Alojamiento de soldados en la Extremadura del Siglo XVII. Villanueva de la Serena (Badajoz), 1996, pág. 143].

(18) Cortés Cortés, F.: op. cit., 1991, págs. 13-15.

(19) Así por ejemplo, el pueblo de Oliva tuvo que entregar al ejercito en 1653 un número de cabezas de ganado valoradas en 11.000 reales. (Cortés Cortés, F.: El Real Ejército de Extremadura en la guerra de la restauración de Portugal (1640-1668). Cáceres, 1985, pág. 43)

(20) Rodríguez Sánchez, A.: op. cit., págs. 605-625. Y Cortés Cortés, F.: op. cit. (1991), págs. 17-20.

 

   Pero a veces estas pequeñas acciones daban paso a otras mayores. Es decir, cuerpos de ejército de cierta entidad se introducían en el territorio enemigo y devastaban todo lo que encontraban a su paso. Así ocurrió por ejemplo en los meses de Septiembre y Octubre de 1643, cuando el duque de Óbidos al mando de las tropas portuguesas se acercó a Badajoz con intención de sitiar la ciudad y tras desistir de su empeño se dedicó a arrasar parte de los pueblos de la frontera21. Saqueó los lugares de Valverde de Leganés, la Albuera, Almendral, La Torre de Miguel Sesmero, Alconchel, e Higuera de Vargas. Por ultimo puso sitio a la plaza de Villanueva del Fresno, a tan solo 25 Kilómetros de Oliva, cuyos defensores consiguieron soportar las embestidas del ejército atacante durante varios días (22). En el tiempo en que la hueste lusa se paseó por el Sur-Oeste de Badajoz, el miedo fue el sentimiento general en todos los pueblos de la zona. En Oliva, sus habitantes presenciaron con pavor como el enemigo se acercaba poco a poco; sabían que si Villanueva del Fresno caía en sus manos, ellos serían los siguientes en ser atacados (23).

   La suerte acompañó por esta vez al ejercito castellano, pues aunque se produjo la rendición de Villanueva, las copiosas lluvias caídas a finales de año obligaron al ejército portugués a retirarse.

   Las consecuencias de las pequeñas acciones militares de pillaje y de estas operaciones de castigo de mayor envergadura, afectaron en gran manera a la vida de los pueblos de la raya. Oliva no fue saqueada en esta ocasión, pero no por ello dejó de sufrir la tragedia que supuso la ofensiva portuguesa. De este modo, un Jesuita escribió en Badajoz una vez pasado el peligro que, «en Barcarrota ni Oliva, no tocaron, [los portugueses] pero ya se han despoblado los lugares». Es decir, muchos vecinos decidían abandonar la zona, cansados de vivir con la incertidumbre y con la miseria que provocaba el conflicto bélico.

 

(21) Cortés Cortés, F.: op. cit., (1991) pág. 18.

(22) Memorial Histórico Español de la Real Academia de la Historia. Tomo XVII. (Cartas de algunos padres de la Compañía de Jesús, tomo V). Madrid, 1862, págs. 238-369.

(23) Las noticias que iban llegando a Oliva eran inquietantes. Por ejemplo, el 15 de Octubre de 1643 llevaron allí un preso que declaró que los portugueses «se dan mucha prisa de coger a Villanueva» (Memorial Histórico Español de la Real Academia de la Historia, tomo XVII (Cartas de algunos padres de la Compañía de Jesús, tomo V). Madrid, 1862, pág. 3l3.

 

   Buena muestra de la situación calamitosa que padecía la raya y más concretamente Oliva, son las Cartas de algunos padres jesuitas publicadas en el Memorial Histórico Español. En una de ellas, el licenciado Benito Gómez Parreño, vecino de Encinasola, hacía constar que «los lugares del Maestrazgo y Feria se van despoblando, dejándolos yermos»24. En otra epístola un tal Alejandro de Osera, que estaba circunstancialmente en Oliva en 1643, informaba de que en la villa no había «ni vecinos, ni pan, ni vino, ni carne, ni camas; en el suelo dormimos» (25).

   Para comprobar las verdaderas dimensiones que alcanzó en el pueblo la emigración a latitudes más seguras en estos primeros años de guerra, hemos recurrido al estudio de dos fuentes: el censo de 1646 y el registro de bautizados del Archivo Parroquial.

   El censo de 1646 da para la villa de Oliva un total de 222 vecinos, que vendrían a ser unos 845 habitantes (26). Recordemos que en el padrón de 1636 contaba con una población de 418 vecinos, unos 1590 habitantes. Esto supone un descenso de algo más del 50% de la población en tan solo nueve años.

   Los registros de bautismos, a pesar de su fragmentación, también nos pueden ser de gran utilidad. De este modo si analizamos los datos que nos proporcionan y que reproducimos en el cuadro siguiente, extraemos las siguientes conclusiones: que en el año 1644, justo después de la ofensiva portuguesa, el pueblo estuvo al borde de la despoblación absoluta. Que al año siguiente un número considerable de vecinos regresó. Que desde entonces, 1645, hasta 1651 la villa fue perdiendo población de forma progresiva. Y por último, que en los dos años siguientes parece sin embargo que comenzó una leve recuperación (27).

 

(24) Ibídem, pág. 313.

(25) Ibídem, pág. 314.

(26) AGS. Diversos de Castilla, Libro 23.

(27) Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Libro de bautismos número 1 (años 1607-1618, 1641-1653 y 1669-1689). Se puede extraer como conclusión definitiva que los vecinos se resistían a abandonar su pueblo. En los peores momentos emigraban a latitudes más seguras, pero si veían que la situación mejoraba volvían a su lugar de origen. Es lógico, pues era muy difícil comenzar una vida nueva en pueblos donde no poseían absolutamente nada.

 

NÚMERO DE BAUTIZADOS EN OLIVA DE LA FRONTERA

ENTRE LOS AÑOS 1642 Y 1653

 

Año Número de bautizados
1642 77
1643 66
1644 13
1645 56
1646 38
1647 47
1648 36
1649 13*
1650 31
1651 25
1652 37
1653 63

FUENTE: Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Elaboración propia. * Los datos de este año no son fiables por faltar folios en el libro de bautismos.

 

   En 1654, nuevos acontecimientos trajeron la desgracia a los vecinos. Al parecer, el día 8 de enero de dicho año un destacamento portugués se acercó a las inmediaciones de la villa. Según la narración del cronista local Diego Guillén, «se dio una sangrienta batalla entre españoles y portugueses en las inmediaciones de Oliva, cerca de la Ermita de Nuestra Señora de Gracia, y ganada por los portugueses asolaron a Oliva de tal modo que ni vestigios han quedado de lo que fue» (28). Coincide la versión de este historiador con la de Solano de Figueroa, quién comenta que la villa «perdiose violentamente a manos de Portugal, un sábado, ocho de enero de mil seisçientos y çinquenta y quatro, sin dejar rastro de lo que fue» (29).

   El ejército vencedor del pequeño choque armado (30) destruyó la iglesia parroquial, la ermita de San Antonio Abad, la de San Lorenzo, la de San Ginés, la de San Gerardo y el Hospital del Espíritu Santo. Además derribó la gran torre central del castillo, que al caer produjo también enormes daños en el muro de la zona sur (31).

 

28 Guillén, D.: op. cit.

29 Solano de Figueroa, J.: op. cit., pág. 168.

30 Aunque Diego Guillen hable de una sangrienta batalla, el enfrentamiento no puede ser calificado como tal. Como bien indica Fernando Cortés, en toda la guerra sólo cinco encuentros pueden considerarse verdaderas batallas y tan sólo una (Montijo) se produjo en territorio español. [Cortés Cortes, F.: op. cit., (1991) pág. 17].

31 Guillén, D.: op. cit.

 

   Con este suceso la paciencia de los pobladores de la villa llegó a su fin. Según Diego Guillén «después de la batalla referida todos los vecinos emigraron hasta el año de 1668, en que se hizo la paz y el pueblo se fue repoblando poco a poco» (32). Puede que la villa no quedara absolutamente despoblada, aunque hay que reconocer que la mayoría de sus habitantes debió marcharse para no volver en mucho tiempo. De hecho no se conserva en Oliva ningún documento de estos años. El registro de bautizados se corta en Diciembre de 1653, pocos días antes de la batalla, y no se reanuda hasta 1669, un año después de terminar el conflicto. Y el libro de cuentas de la cofradía de la Virgen de Gracia no comienza hasta 1668 (33).

 

LAS CONSECUENCIAS DEL CONFLICTO

   Tal como afirma Fernando Cortés, la ruina económica y material, así como la despoblación fueron las consecuencias inmediatas de la guerra (34). La mayoría de los habitantes de Oliva había tenido que estar vagando por lugares lejanos a la frontera o por ciudades con fuerte protección militar en busca de una nueva vida. Muchos de ellos, al terminar el conflicto volvieron a su patria chica para reencontrarse con sus antiguas posesiones y con su antiguo modo de subsistir.

 

(32) Ibídem.

(33) Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Libro de bautizados número 1 (1607-1618, 1642-1653 y 1669-1689) y libro de cuentas de la Cofradía de Nuestra Señora de Gracia (1668-1848).

(34) Cortés Cortés, F.: «Guerra en Extremadura: 1640-1668. (Ejército, financiación y consecuencias)», Revista de Estudios Extremeños, tomo 28, Año 1982, número 1, págs. 70 y ss. En este mismo sentido, los estudios realizados sobre el impacto de la guerra en zonas concretas, confirman que estas fueron las consecuencias del conflicto en la frontera. (Sánchez Rubio, R. y Fernández Márquez, A.: «La guerra de restauración portuguesa. Incidencias en un núcleo de frontera: Coria.» Encuentros de Ajuda. Actas, ponencias y comunicaciones. Badajoz, 1987, págs. 431-442. Y González Carballo, G., Carrasco Márquez, C., y Lorenzana de la Puente, F.: «Una valoración del conflicto hispano-portugués de 1640 en la baja Extremadura: Jerez de los Caballeros». Encuentros de Ajuda. Actas, ponencias y comunicaciones. Badajoz, 1987, págs. 421-430.

 

   Al llegar hallaron un pueblo completamente destrozado que tenían que reconstruir con su esfuerzo. La iglesia estaba caída y parece ser que decidieron levantarla de nuevo en otro lugar, con todo el gasto que esto suponía (35). El castillo había quedado seriamente dañado y así permaneció hasta que sus piedras fueron utilizadas para otras construcciones ya en los siglos XVIII y XIX (36). Las ermitas de San Gerardo, San Lorenzo, San Ginés, San Antonio Abad y el hospital del Espíritu Santo tampoco fueron reconstruidos nunca más. El archivo municipal y notarial había sido quemado y, por tanto, todas las escrituras anteriores al conflicto desaparecieron para siempre (37). Y por último suponemos que las casas de morada, bien por el saqueo, bien por el abandono de muchos años quedaron destruidas o seriamente dañadas. Así por ejemplo se ha podido constatar «que unas casas» pertenecientes al patrimonio de una capellanía fueron «demolidas por las armas del Reino de Portugal» (38).

   La recuperación económica en la villa se llevó a efecto con gran dificultad y lentitud. En cuanto se firmó la paz, el concejo comenzó a realizar las gestiones pertinentes para obtener beneficios fiscales de la Corona (39). Gracias a este esfuerzo le fue concedida la baja del servicio ordinario y extraordinario (40). Trece años después del conflicto, solicitó que se les prorrogase este privilegio y el monarca accedió a sus ruegos. El municipio argumentó para conseguir sus propósitos que «habían quedado 63 [vecinos], incluso 2 clérigos y 5 viudas, con muy cortos medios, y que muchas de las casas estaban cubiertas con corchos, a causa de haber arruinado los edificios los portugueses» (41).

 

(35) Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Protocolos, leg. 2282, escribano José Baranda, fol. 20.

(36) Guillén, D.: op. cit.

(37) Aunque en el interrogatorio de la Real Audiencia se comenta que el Archivo fue destruido en la guerra de sucesión, lo más probable es que los mayores daños se produjeran en el conflicto que estamos estudiando. De hecho se conservan protocolos notariales únicamente desde el año 1679.

(38) Archivo Histórico Provincial de Badajoz, Protocolos, leg. 2288, fol. 30.

(39) La petición de beneficios fiscales fue muy común en la zona afectada. Así por ejemplo en el vecino lugar de Jerez de los Caballeros se solicitó también en varias ocasiones. (González Carballo, G., Carrasco Márquez, C., y Lorenzana de la Puente, F.: op. cit, págs. 426-427).

(40) Domínguez Ortiz, A.: op. cit., pág. 331.

(41) Ibídem. No obstante, debe considerarse que estos memoriales solían exagerar la situación creada.

 

   A pesar de las dificultades que indudablemente padecieron los pobladores de la raya, la recuperación demográfica fue un hecho. Los individuos que habían abandonado la zona fueron regresando poco a poco y así se asistió a un aumento progresivo de los habitantes (42). De este modo, en los registros parroquiales se puede observar como de los 11 bautismos de 1670, se pasó a los 63 de 1700 (43).

 

 FUENTE: Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Elaboración propia.

 

(42) No obstante, al factor de la inmigración habría que añadir la evolución de otras variables demográficas para explicar el aumento poblacional.

(43) Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Libros de bautizados número 1 (1607-1618, 1641-1653 y 1669-1689) y número 2 (1689-1723).

 

   Y en lo que se refiere a los habitantes, se paso de los 300 aproximadamente que había nada más finalizar el conflicto, a los 1450 del año 1696 (44). Aunque el aumento parece espectacular, hay que tener en cuenta que en estos 28 años de paz no se consiguió llegar a los efectivos que había antes del conflicto (45). Además, esta tendencia alcista iba a ser de nuevo truncada por otro enfrentamiento con el país vecino, la guerra de Sucesión del Reino de España. Habría que esperar a que entrara el Siglo XVIII y sobre todo el Siglo XIX para que se produjera un aumento poblacional de mayores dimensiones, en consonancia con la nueva dinámica demográfica de ese período.

 

FUENTE: Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Elaboración propia.

 

(44) El número de vecinos aproximado se ha hallado mediante la siguiente formula. Tasa de natalidad es igual a nacimientos por mil dividido por la población. Nosotros para despejar la ecuación hemos supuesto una tasa de natalidad del 38% y para obtener una cifra fiable de nacimientos hemos sumado (excepto para 1671) los bautizos de nueve años, que divididos por ese mismo número nos da la media de ese período. (Llopis Aguelán, E.. Melón Jiménez, M. A., Rodríguez Cancho, M., Rodríguez Grajera, A. y Zarandieta Arenas, F.: «El movimiento de la población extremeña durante el Antiguo Régimen». Revista de Historia Económica, Año VIII, n.º 2, 1990, págs. 419-464).

(45) Recordemos que en 1637 había unos 1590 habitantes.

 

 

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