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EL IMPACTO DE LA GUERRA DE SECESIÓN PORTUGUESA
(1640-1668) EN LOS TERRITORIOS DE LA «RAYA» EXTREMEÑA: EL CASO DE OLIVA
DE LA FRONTERA
ALFONSO GIL SOTO
Universidad de Extremadura*
INTRODUCCIÓN
En
el año 1580, Felipe II haciendo valer sus derechos al trono de Portugal
unió en su persona los dos reinos peninsulares. En principio, gran parte
de la sociedad portuguesa aceptó e incluso apoyó esta unión, pues la
consideraba ventajosa para sus intereses. Pero 60 años después, la
decadente Castilla nada podía ofrecer ya a su vecino. Además, tal como
dijo Ángel Rodríguez Sánchez, una serie de errores de la monarquía
absoluta corrupta y centralizadora propiciaron un gran descontento en la
periferia peninsular (1).
De
este modo, en 1640 el duque de Braganza se alzó en armas y se proclamó
rey de Portugal con el nombre de Juan IV. Pero, como es lógico, la
Monarquía Hispánica no aceptó tal situación y esto provocó el
comienzo de una guerra entre los dos países que duró 28 años.
* Becario del plan regional de investigación y
desarrollo de Extremadura cofinanciado por la Junta de Extremadura y el
Fondo Social Europeo.
(1) Rodríguez Sánchez, A.: «Guerra, miseria y
corrupción en Extremadura, 1640-1668» en Estudios dedicados a Carlos
Callejo Serrano, Cáceres, 1979, págs. 605-625.
Se
pretende con el presente artículo analizar cuales fueron las
consecuencias de este prolongado conflicto en una de las áreas que
sufrió, con más rigor, sus efectos: la zona extremeña fronteriza con
Portugal. Para ello hemos escogido como modelo que nos sirva de ejemplo la
villa de Oliva de la Frontera, perteneciente entonces al ducado de Feria y
cuyo núcleo se sitúa a tan sólo seis kilómetros del término municipal
de Barrancos, ya en Portugal.
LA
SITUACIÓN DE OLIVA DE LA FRONTERA ANTES DEL CONFLICTO
Para
conocer cuáles fueron las consecuencias del choque bélico, es
imprescindible remontarnos un poco en el tiempo y analizar la situación
que atravesaban los pueblos de la raya extremeña, y en concreto Oliva de
la Frontera, en las primeras décadas del Siglo XVII.
Juan
Solano de Figueroa comenta que Oliva era antes del conflicto un lugar
próspero (2). Poseía según el mencionado autor 600
vecinos, es decir, unos 2280 habitantes, una población nada despreciable
para el período que estamos estudiando (3).
Además contaba con un hospital bajo la advocación del Espíritu Santo,
una iglesia parroquial dedicada a San Marcos Evangelista y seis ermitas
(de Nuestra Señora de Gracia, de los Mártires, de San Pedro, San
Lorenzo, San Antonio Abad y San Gerardo) (4).
(2) Solano de Figueroa, J.: Historia
eclesiástica de la ciudad y el obispado de Badajoz, tomo I, Badajoz,
1929, pág. 168. Dicha obra se escribió entre los años 1654 y 1670 en
plena guerra con Portugal.
(3) El vecino era en la Edad Moderna una unidad
fiscal. Por eso para conocer el número aproximado de habitantes hay que
utilizar un conversor. Alfonso Rodríguez utiliza un coeficiente de 3,75
habitantes por vecino para el Censo de Castilla de 1591 y un 4 para el de
1646 (Rodríguez Grajera, A.: La alta Extremadura en el Siglo XVII.
Evolución demográfica y estructura agraria, Cáceres, 1990, pág.
38). Miguel Ángel Melón considera correcto un 3,84 para el Siglo XVIII
(Melón Jiménez, M. A.: Extremadura en el Antiguo Régimen. Economía
y sociedad en tierras de Cáceres, 1700-1814, Mérida, 1989, pág. 30)
Y por último, José Pablo Blanco utiliza para finales del Siglo XVI y
para el Siglo XVII un 3,8 [Blanco Carrasco, J. P.: Población, familia
y sociedad en la Extremadura moderna (1500-1860), Cáceres, 1999].
Nosotros siguiendo este último trabajo hemos supuesto que cada vecino
debía corresponder a 3,8 individuos.
(4) Hay algunas contradicciones en las fuentes
respecto a los nombres y el número de las ermitas. Solano de Figueroa
dice que eran siete, aunque confunde una de ellas con el hospital. Por
tanto, lo más probable es que fueran seis. Por su parte Diego Guillén no
cita la de los Mártires y sí otra con el nombre de San Ginés. Es muy
posible que ambos se refieran a la misma, aunque la denominen de forma
diferente. (Solano de Figueroa, J.: op. cit., pág. 168. y
Guillén, D.: «Historia de la población» Manuscrito conservado en el
Archivo del Real Monasterio de Guadalupe, sección Barrantes,
Manuscritos varios de Extremadura, B-5, fs. 111-115).
Por
otra parte Diego Guillén, en su historia de la Población de Oliva
escrita en el año 1845, indica también que el pueblo poseía 600 vecinos
y «una riqueza (a la que no ha podido llegar después) por su
industria y comercio y fábrica de curtidos de pieles»5. En el mismo sentido,
los propios pobladores de la villa declararon en 1681 que «tenía
antes de la guerra con Portugal 700 vecinos de considerables caudales» (6).
Sin
embargo puede comprobarse analizando las fuentes clásicas de los estudios
demográficos, que las tres versiones son exageradas en su descripción
del pueblo antes del conflicto. En el año 1591, Oliva de la Frontera
poseía una población de 517 vecinos (7), es decir,
aproximadamente unos 1960 habitantes. Cuarenta años después, en 1631,
poseía según el «censo de la sal» 465 vecinos, esto es, 1770
habitantes(8).
Y por último, en el año 1637, tan solo tres años antes de comenzar el
conflicto y según el padrón realizado para el donativo del obispado de
Badajoz a la Corona, contaba con 418 vecinos, que vendrían a ser unos
1590 habitantes (9).
Por
tanto extraemos de estos datos dos conclusiones. Primero, que la villa de
Oliva estaba viéndose afectada por la crisis que en esos años sufría la
Corona de Castilla y por esta razón iba perdiendo poco a poco masa
poblacional10.
Así, de los 517 vecinos de 1591, pasó a los 418 de 1637.
(5) Guillén, D.: op. cit.
(6) Domínguez Ortiz, A.: La sociedad
española en el Siglo XVII, tomo I, Madrid, 1963, pág. 331.
(7) INE. Censo de Castilla de 1591,
Madrid, 1984, págs. 775-776. El censo se realizó para repartir un nuevo
impuesto llamado «Servicio de Millones», que en principio buscaba la
recaudación de ocho millones de ducados.
(8) AGS. Dirección General del Tesoro,
Inventario 24, leg. 1168. El «censo de la sal» se realizó para
establecer un impuesto único sobre el estanco de la sal. (Rodríguez
Cancho M, y Rodríguez Grajera A.: «La reforma de la sal y la población
de Extremadura (1631)», en Obradoiro de Historia Moderna, Santiago
de Compostela, 1995.)
(9) AGS. Contadurías Generales, leg.
3185, libro 90, (Donativo de los lugares del obispado de Badajoz en el
año 1636). Este donativo se realizó con el fin de ayudar a la Corona en
los momentos de crisis que se estaban viviendo.
(10) Sobre la crisis de la Corona de Castilla en
el Siglo XVII véanse por ejemplo los trabajos de Anes, G.: «La
depresión agraria durante el siglo XVII en Castilla», Homenaje a
J.Caro Baroja. Madrid 1978 y Helliot, J: “La decadencia
española”, Crisis en Europa 1560-1660, Madrid, 1883.
Y en segundo lugar que a pesar de ser
un núcleo de tamaño medio antes del conflicto, estaba muy lejos de los
600 vecinos que decían Solano de Figueroa y Diego Guillén.
En
resumen. Oliva de la Frontera en las primeras décadas del Siglo XVII era
una población mediana que estaba padeciendo la crisis de forma moderada.
No estaba viviendo sus mejores momentos desde el punto de vista
demográfico, ya que desde finales del Siglo XVI su población disminuía
de forma progresiva, pero tampoco estaba pasando por una situación
catastrófica. De este modo, un análisis comparado de la evolución de la
población de Oliva respecto al resto de localidades que integraban el
señorío de Feria nos demuestra que la villa sufrió los efectos de la
crisis más que algunas localidades, pero mucho menos que otras. Como se
puede ver en el siguiente cuadro, sólo dos poblaciones (Almendral y
Feria) aumentaron, aunque muy levemente su población. Por el contrario,
nueve de los dieciséis lugares perdieron más del 20% de los habitantes.
Y por último un grupo intermedio de cuatro pueblos, en el que se integra
Oliva, perdió entre un 1 y un 20% de sus efectivos.
EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN EN EL SEÑORÍO
DE FERIA ENTRE LOS AÑOS 1591 Y 1631
| Población |
Vecinos en 1591 |
Vecinos en 1631 |
Diferencia |
| Oliva de la Frontera |
517 |
465 |
–10 % |
| Zafra |
1.160 |
1.147 |
–1 % |
| Torre de Miguel Sesmero |
332 |
260 |
–22 % |
| Almendral |
449 |
496 |
+10 % |
| Valencia del Mombuey |
202 |
165 |
–18 % |
| Salvaleón |
342 |
192 |
–44 % |
| Nogales |
92 |
60 |
–35 % |
| La Morera |
305 |
196 |
–36 % |
| La Parra |
556 |
385 |
–31 % |
| Feria |
467 |
496 |
+6 % |
| Villalba de los Barros |
325 |
240 |
–26 % |
| Santa Marta |
317 |
176 |
–45 % |
| Solana de los Barros |
253 |
121 |
–52 % |
| Corte de Peleas |
56 |
50 |
–11 % |
| La Alconera |
90 |
50 |
–44 % |
FUENTE:
Censo de Castilla de 1591 y Censo de la Sal de 1631. Elaboración propia.
LA
GUERRA DE SECESIÓN: UN CONFLICTO DESOLADOR
La
sublevación del reino de Portugal se produjo a finales de 1640. Muy
pronto se enteraron en Oliva de lo ocurrido. Al parecer, un vecino de la
villa que se encontraba en el país vecino regresó escandalizado por lo
que había podido ver al otro lado de la frontera. En un pueblo llamado
Monsaraz «oyó gran repique de campanas, y entrando en el lugar vido
muchas luminarias y cuadrillas de hombres, unos con tamborilillos y otros
con instrumento diciendo todos ¡viva nuestro Rey D. Juan! y saliendo por
la mañana, había el mismo alboroto (...) y que llegaron algunos a él y
le dijeron: “di castellano, ¡viva el Rey D. Juan!” forzándolo con
amenazas»(11).
En
cuanto se tuvo conocimiento del suceso se envió una carta al gobernador
de Zafra haciéndole saber lo que le había ocurrido al individuo que
había regresado de Portugal y haciéndole llegar las inquietudes y los
miedos de los vecinos. El suscriptor de la misiva terminaba su escrito del
siguiente modo: «Dios me saque en paz de esta raya. Agora juzgue Vmd.
Nuestras desdichas, y ruéguele nos libre de esta enfermedad lusitana, que
nos coge muy cerca y por lo que a mí toca un poco más apretadamente, que
estoy casi dentro»(12).
«Dios
me saque en paz de esta raya». No sabía este personaje hasta que punto
la guerra que ahora comenzaba iba a afectar a su pueblo y al resto de
lugares de la frontera.
El
primer elemento hostil que tuvieron que soportar fue el propio ejército
castellano, cuyos integrantes, según la opinión de Fernando Cortés, «mostraron
unos comportamientos militares y humanos, merecedores de pocos elogios»(13).
Desde el primer momento se detecta la presencia militar en Oliva, ya que
se estableció en la plaza una compañía de infantería para protegerla
de posibles agresiones (14). El destacamento
disponía, como ayuda, de un castillo en el interior del casco urbano que
había sido construido en 1404 por el señor de Feria don Gómez Suárez
de Figueroa (15).
(11) Memorial Histórico Español de la
Real Academia de la Historia, tomo XVI (Cartas de algunos Padres de la
Compañía de Jesús, tomo IV), Madrid, 1862, págs. 82-83.
(12) Ibídem.
(13) Cortés Cortés, F.: Militares y Guerra
en una tierra de frontera: Extremadura a mediados del Siglo XVII. Mérida,
1991, pág. 10.
(14) Ibídem, pág. 6.
(15) Barrientos Alfageme, G.: Estremadura por
Lopez, año de 1798. Mérida, 1991,pág. 331.
En
los registros parroquiales, una de las pocas fuentes documentales de la
época que se conservan en esta localidad bajo extremeña, se puede
apreciar la fuerte militarización que se produjo. Alféreces y sargentos
de infantería, el capitán de la plaza, el secretario y ayudante del
gobernador, e incluso el castellano y gobernador aparecen con frecuencia
en las partidas de bautismo como padrinos de los recién nacidos (16).
A
las molestias que podía causar el destacamento fijo, hay que unir las que
solían provocar las tropas que se alojaban circunstancialmente (17).
Los continuos abusos cometidos hacían insoportable su presencia (18).
Además,
la manutención del Real Ejercito de Extremadura suponía una enorme carga
económica para los vecinos de la raya (19).
No
obstante, los mayores daños sufridos en la villa provinieron de las
acciones de las tropas portuguesas. La guerra de secesión tuvo unas
características muy peculiares. Ante la imposibilidad de ambos ejércitos
de derrotar al contrario, los mandos de uno y otro optaron por llevar a
cabo una estrategia basada en acciones continuadas de pequeños
destacamentos, cuyo fin era la destrucción del territorio enemigo y no su
ocupación. De esta forma se hicieron muy frecuentes los robos de ganado,
la quema de bosques, la destrucción de cosechas y el saqueo de pueblos
con escaso destacamento militar (20).
(16) Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Libro
de bautismos número 1 (años 1607-1618, 1641-1653 y 1669-1689).
Aprovecho la ocasión para agradecer a María Felicidad Barroso Pinilla y
a Eva Rodríguez Torrado su ayuda en la extracción de los datos del
Archivo Parroquial. Agradezco igualmente al párroco de Oliva, Juan María
Suárez y a Luis Lima Feito su colaboración al facilitarme parte de la
información.
(17) Por ejemplo, según el informe de Don Joao
de Costas al rey de Portugal, en 1643 el pueblo estaba «goarneçido
com duas companhias pagas (...) adonde foi informado se aloiava grande
troço de cavallería». [Cortés Cortés, F., Alojamiento de
soldados en la Extremadura del Siglo XVII. Villanueva de la Serena
(Badajoz), 1996, pág. 143].
(18) Cortés Cortés, F.: op. cit., 1991,
págs. 13-15.
(19) Así por ejemplo, el pueblo de Oliva tuvo
que entregar al ejercito en 1653 un número de cabezas de ganado valoradas
en 11.000 reales. (Cortés Cortés, F.: El Real Ejército de
Extremadura en la guerra de la restauración de Portugal (1640-1668). Cáceres,
1985, pág. 43)
(20) Rodríguez Sánchez, A.: op. cit., págs.
605-625. Y Cortés Cortés, F.: op. cit. (1991), págs. 17-20.
Pero
a veces estas pequeñas acciones daban paso a otras mayores. Es decir,
cuerpos de ejército de cierta entidad se introducían en el territorio
enemigo y devastaban todo lo que encontraban a su paso. Así ocurrió por
ejemplo en los meses de Septiembre y Octubre de 1643, cuando el duque de
Óbidos al mando de las tropas portuguesas se acercó a Badajoz con
intención de sitiar la ciudad y tras desistir de su empeño se dedicó a
arrasar parte de los pueblos de la frontera21.
Saqueó los lugares de Valverde de Leganés, la Albuera, Almendral, La
Torre de Miguel Sesmero, Alconchel, e Higuera de Vargas. Por ultimo puso
sitio a la plaza de Villanueva del Fresno, a tan solo 25 Kilómetros de
Oliva, cuyos defensores consiguieron soportar las embestidas del ejército
atacante durante varios días (22). En el tiempo en que
la hueste lusa se paseó por el Sur-Oeste de Badajoz, el miedo fue el
sentimiento general en todos los pueblos de la zona. En Oliva, sus
habitantes presenciaron con pavor como el enemigo se acercaba poco a poco;
sabían que si Villanueva del Fresno caía en sus manos, ellos serían los
siguientes en ser atacados (23).
La
suerte acompañó por esta vez al ejercito castellano, pues aunque se
produjo la rendición de Villanueva, las copiosas lluvias caídas a
finales de año obligaron al ejército portugués a retirarse.
Las
consecuencias de las pequeñas acciones militares de pillaje y de estas
operaciones de castigo de mayor envergadura, afectaron en gran manera a la
vida de los pueblos de la raya. Oliva no fue saqueada en esta ocasión,
pero no por ello dejó de sufrir la tragedia que supuso la ofensiva
portuguesa. De este modo, un Jesuita escribió en Badajoz una vez pasado
el peligro que, «en Barcarrota ni Oliva, no tocaron, [los portugueses]
pero ya se han despoblado los lugares». Es decir, muchos vecinos
decidían abandonar la zona, cansados de vivir con la incertidumbre y con
la miseria que provocaba el conflicto bélico.
(21) Cortés Cortés, F.: op. cit., (1991)
pág. 18.
(22) Memorial Histórico Español de la
Real Academia de la Historia. Tomo XVII. (Cartas de algunos padres de la
Compañía de Jesús, tomo V). Madrid, 1862, págs. 238-369.
(23) Las noticias que iban llegando a Oliva eran
inquietantes. Por ejemplo, el 15 de Octubre de 1643 llevaron allí un
preso que declaró que los portugueses «se dan mucha prisa de coger a
Villanueva» (Memorial Histórico Español de la Real Academia
de la Historia, tomo XVII (Cartas de algunos padres de la Compañía de
Jesús, tomo V). Madrid, 1862, pág. 3l3.
Buena
muestra de la situación calamitosa que padecía la raya y más
concretamente Oliva, son las Cartas de algunos padres jesuitas publicadas
en el Memorial Histórico Español. En una de ellas, el licenciado Benito
Gómez Parreño, vecino de Encinasola, hacía constar que «los lugares
del Maestrazgo y Feria se van despoblando, dejándolos yermos»24.
En otra epístola un tal Alejandro de Osera, que estaba
circunstancialmente en Oliva en 1643, informaba de que en la villa no
había «ni vecinos, ni pan, ni vino, ni carne, ni camas; en el suelo
dormimos» (25).
Para
comprobar las verdaderas dimensiones que alcanzó en el pueblo la
emigración a latitudes más seguras en estos primeros años de guerra,
hemos recurrido al estudio de dos fuentes: el censo de 1646 y el registro
de bautizados del Archivo Parroquial.
El
censo de 1646 da para la villa de Oliva un total de 222 vecinos, que
vendrían a ser unos 845 habitantes (26). Recordemos que en el
padrón de 1636 contaba con una población de 418 vecinos, unos 1590
habitantes. Esto supone un descenso de algo más del 50% de la población
en tan solo nueve años.
Los
registros de bautismos, a pesar de su fragmentación, también nos pueden
ser de gran utilidad. De este modo si analizamos los datos que nos
proporcionan y que reproducimos en el cuadro siguiente, extraemos las
siguientes conclusiones: que en el año 1644, justo después de la
ofensiva portuguesa, el pueblo estuvo al borde de la despoblación
absoluta. Que al año siguiente un número considerable de vecinos
regresó. Que desde entonces, 1645, hasta 1651 la villa fue perdiendo
población de forma progresiva. Y por último, que en los dos años
siguientes parece sin embargo que comenzó una leve recuperación (27).
(24) Ibídem, pág. 313.
(25) Ibídem, pág. 314.
(26) AGS. Diversos de Castilla, Libro 23.
(27) Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Libro
de bautismos número 1 (años 1607-1618, 1641-1653 y 1669-1689). Se
puede extraer como conclusión definitiva que los vecinos se resistían a
abandonar su pueblo. En los peores momentos emigraban a latitudes más
seguras, pero si veían que la situación mejoraba volvían a su lugar de
origen. Es lógico, pues era muy difícil comenzar una vida nueva en
pueblos donde no poseían absolutamente nada.
NÚMERO DE BAUTIZADOS EN OLIVA DE LA FRONTERA
ENTRE LOS AÑOS 1642 Y 1653
| Año |
Número
de bautizados |
| 1642 |
77 |
| 1643 |
66 |
| 1644 |
13 |
| 1645 |
56 |
| 1646 |
38 |
| 1647 |
47 |
| 1648 |
36 |
| 1649 |
13* |
| 1650 |
31 |
| 1651 |
25 |
| 1652 |
37 |
| 1653 |
63 |
FUENTE:
Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Elaboración propia. * Los datos de este año no
son fiables por faltar folios en el libro de bautismos.
En
1654, nuevos acontecimientos trajeron la desgracia a los vecinos. Al
parecer, el día 8 de enero de dicho año un destacamento portugués se
acercó a las inmediaciones de la villa. Según la narración del cronista
local Diego Guillén, «se dio una sangrienta batalla entre españoles
y portugueses en las inmediaciones de Oliva, cerca de la Ermita de Nuestra
Señora de Gracia, y ganada por los portugueses asolaron a Oliva de tal
modo que ni vestigios han quedado de lo que fue» (28). Coincide la versión
de este historiador con la de Solano de Figueroa, quién comenta que la
villa «perdiose violentamente a manos de Portugal, un sábado, ocho de
enero de mil seisçientos y çinquenta y quatro, sin dejar rastro de lo
que fue» (29).
El
ejército vencedor del pequeño choque armado (30) destruyó
la iglesia parroquial, la ermita de San Antonio Abad, la de San Lorenzo,
la de San Ginés, la de San Gerardo y el Hospital del Espíritu Santo.
Además derribó la gran torre central del castillo, que al caer produjo
también enormes daños en el muro de la zona sur (31).
28 Guillén, D.: op. cit.
29 Solano de Figueroa, J.: op. cit., pág.
168.
30 Aunque Diego Guillen hable de una sangrienta
batalla, el enfrentamiento no puede ser calificado como tal. Como bien
indica Fernando Cortés, en toda la guerra sólo cinco encuentros pueden
considerarse verdaderas batallas y tan sólo una (Montijo) se produjo en
territorio español. [Cortés Cortes, F.: op. cit., (1991) pág.
17].
31 Guillén, D.: op. cit.
Con
este suceso la paciencia de los pobladores de la villa llegó a su fin.
Según Diego Guillén «después de la batalla referida todos los
vecinos emigraron hasta el año de 1668, en que se hizo la paz y el pueblo
se fue repoblando poco a poco» (32). Puede que la villa no
quedara absolutamente despoblada, aunque hay que reconocer que la mayoría
de sus habitantes debió marcharse para no volver en mucho tiempo. De
hecho no se conserva en Oliva ningún documento de estos años. El
registro de bautizados se corta en Diciembre de 1653, pocos días antes de
la batalla, y no se reanuda hasta 1669, un año después de terminar el
conflicto. Y el libro de cuentas de la cofradía de la Virgen de Gracia no
comienza hasta 1668 (33).
LAS
CONSECUENCIAS DEL CONFLICTO
Tal
como afirma Fernando Cortés, la ruina económica y material, así
como la despoblación fueron las consecuencias inmediatas de la guerra (34).
La mayoría de los habitantes de Oliva había tenido que estar vagando por
lugares lejanos a la frontera o por ciudades con fuerte protección
militar en busca de una nueva vida. Muchos de ellos, al terminar el
conflicto volvieron a su patria chica para reencontrarse con sus antiguas
posesiones y con su antiguo modo de subsistir.
(32) Ibídem.
(33) Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Libro
de bautizados número 1 (1607-1618, 1642-1653 y 1669-1689) y libro
de cuentas de la Cofradía de Nuestra Señora de Gracia (1668-1848).
(34) Cortés Cortés, F.: «Guerra en
Extremadura: 1640-1668. (Ejército, financiación y consecuencias)», Revista
de Estudios Extremeños, tomo 28, Año 1982, número 1, págs. 70 y ss.
En este mismo sentido, los estudios realizados sobre el impacto de la
guerra en zonas concretas, confirman que estas fueron las consecuencias
del conflicto en la frontera. (Sánchez Rubio, R. y Fernández Márquez,
A.: «La guerra de restauración portuguesa. Incidencias en un núcleo de
frontera: Coria.» Encuentros de Ajuda. Actas, ponencias y
comunicaciones. Badajoz, 1987, págs. 431-442. Y González Carballo, G.,
Carrasco Márquez, C., y Lorenzana de la Puente, F.: «Una valoración del
conflicto hispano-portugués de 1640 en la baja Extremadura: Jerez de los
Caballeros». Encuentros de Ajuda. Actas, ponencias y
comunicaciones. Badajoz, 1987, págs. 421-430.
Al
llegar hallaron un pueblo completamente destrozado que tenían que
reconstruir con su esfuerzo. La iglesia estaba caída y parece ser que
decidieron levantarla de nuevo en otro lugar, con todo el gasto que esto
suponía (35).
El castillo había quedado seriamente dañado y así permaneció hasta que
sus piedras fueron utilizadas para otras construcciones ya en los siglos
XVIII y XIX (36). Las ermitas de San Gerardo, San Lorenzo,
San Ginés, San Antonio Abad y el hospital del Espíritu Santo tampoco
fueron reconstruidos nunca más. El archivo municipal y notarial había
sido quemado y, por tanto, todas las escrituras anteriores al conflicto
desaparecieron para siempre (37). Y por último
suponemos que las casas de morada, bien por el saqueo, bien por el
abandono de muchos años quedaron destruidas o seriamente dañadas. Así
por ejemplo se ha podido constatar «que unas casas» pertenecientes
al patrimonio de una capellanía fueron «demolidas por las armas del
Reino de Portugal» (38).
La
recuperación económica en la villa se llevó a efecto con gran
dificultad y lentitud. En cuanto se firmó la paz, el concejo comenzó a
realizar las gestiones pertinentes para obtener beneficios fiscales de la
Corona (39).
Gracias a este esfuerzo le fue concedida la baja del servicio ordinario y
extraordinario (40). Trece años después
del conflicto, solicitó que se les prorrogase este privilegio y el
monarca accedió a sus ruegos. El municipio argumentó para conseguir sus
propósitos que «habían quedado 63 [vecinos], incluso 2 clérigos y 5
viudas, con muy cortos medios, y que muchas de las casas estaban cubiertas
con corchos, a causa de haber arruinado los edificios los portugueses» (41).
(35) Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Protocolos,
leg. 2282, escribano José Baranda, fol. 20.
(36) Guillén, D.: op. cit.
(37) Aunque en el interrogatorio de la Real
Audiencia se comenta que el Archivo fue destruido en la guerra de
sucesión, lo más probable es que los mayores daños se produjeran en el
conflicto que estamos estudiando. De hecho se conservan protocolos
notariales únicamente desde el año 1679.
(38) Archivo Histórico Provincial de Badajoz, Protocolos,
leg. 2288, fol. 30.
(39) La petición de beneficios fiscales fue muy
común en la zona afectada. Así por ejemplo en el vecino lugar de Jerez
de los Caballeros se solicitó también en varias ocasiones. (González
Carballo, G., Carrasco Márquez, C., y Lorenzana de la Puente, F.: op.
cit, págs. 426-427).
(40) Domínguez Ortiz, A.: op. cit., pág.
331.
(41) Ibídem. No obstante, debe
considerarse que estos memoriales solían exagerar la situación creada.
A
pesar de las dificultades que indudablemente padecieron los pobladores de
la raya, la recuperación demográfica fue un hecho. Los individuos que
habían abandonado la zona fueron regresando poco a poco y así se
asistió a un aumento progresivo de los habitantes (42). De este modo, en los
registros parroquiales se puede observar como de los 11 bautismos de 1670,
se pasó a los 63 de 1700 (43).

FUENTE:
Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Elaboración propia.
(42) No obstante, al factor de la inmigración
habría que añadir la evolución de otras variables demográficas para
explicar el aumento poblacional.
(43) Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Libros
de bautizados número 1 (1607-1618, 1641-1653 y 1669-1689) y número 2
(1689-1723).
Y
en lo que se refiere a los habitantes, se paso de los 300 aproximadamente
que había nada más finalizar el conflicto, a los 1450 del año 1696 (44).
Aunque el aumento parece espectacular, hay que tener en cuenta que en
estos 28 años de paz no se consiguió llegar a los efectivos que había
antes del conflicto (45). Además, esta
tendencia alcista iba a ser de nuevo truncada por otro enfrentamiento con
el país vecino, la guerra de Sucesión del Reino de España. Habría que
esperar a que entrara el Siglo XVIII y sobre todo el Siglo XIX para que se
produjera un aumento poblacional de mayores dimensiones, en consonancia
con la nueva dinámica demográfica de ese período.

FUENTE:
Archivo Parroquial de Oliva de la Frontera. Elaboración propia.
(44) El número de vecinos aproximado se ha
hallado mediante la siguiente formula. Tasa de natalidad es igual a
nacimientos por mil dividido por la población. Nosotros para despejar la
ecuación hemos supuesto una tasa de natalidad del 38% y para obtener una
cifra fiable de nacimientos hemos sumado (excepto para 1671) los bautizos
de nueve años, que divididos por ese mismo número nos da la media de ese
período. (Llopis Aguelán, E.. Melón Jiménez, M. A., Rodríguez Cancho,
M., Rodríguez Grajera, A. y Zarandieta Arenas, F.: «El movimiento de la
población extremeña durante el Antiguo Régimen». Revista de
Historia Económica, Año VIII, n.º 2, 1990, págs. 419-464).
(45) Recordemos que en 1637 había unos 1590
habitantes.
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