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NATURALEZA
Y DINÁMICA DE LOS BIENES
URBANOS DESAMORTIZADOS EN LA PROVINCIA DE CÁCERES 1836-1900. BALANCE DE
LOS PRIMEROS RESULTADOS (y 2)
MANUEL ROSO DÍAZ
La
ley de 2 de Septiembre de 1841 estuvo vigente escasamente tres años. Su
vinculación al partido progresista era tan evidente que un cambio político
provocaría irremediablemente la suspensión o ralentización del proceso
desamortizador.
En
efecto la llegada al poder del partido moderado interrumpió el curso de
las ventas. El 26 de julio de 1844 el gobierno de Narváez suspendió las
ventas de los bienes del Clero Secular y las de las comunidades religiosas
de monjas hasta que el gobierno tomara nuevas medidas. En cualquier caso
se aseguraba la legítima propiedad a quienes ya hubieran comprado los
bienes.
Poco
tiempo después será Narváez el encargado de decretar la Ley de 3 de
abril de 1845 por la que se disponía que los bienes del Clero Secular no
enajenados y cuya venta se había mandado suspender se devolvieran al
mismo clero.
En
la Provincia de Cáceres la llegada al poder del partido moderado supuso
la ruptura de la dinámica desamortizadora tal como se venía
desarrollando desde 1837. Desde Mendizábal asistimos a una tendencia
alcista y continua de bienes enajenados que sufre el primer retroceso en
1844, como consecuencia del cambio político.
Sin
embargo, en este año todavía se contabiliza un volumen importante de
subastas, noventa en total, que hace prever lo que ocurrirá en los años
siguientes. Efectivamente en 1845 las subastas se han reducido
considerablemente hasta alcanzar un total de 33 ventas, un 38 % menos de
las efectuadas en el año anterior.
En
definitiva, como se puede observar, la suspensión de las ventas del Clero
Secular implica una reducción cuantitativa muy importante de los bienes
subastados.
Durante
los dos años siguientes las ventas se han reducido considerablemente,
aunque en ningún momento, se paraliza el mecanismo de las subastas. El número
total de bienes desamortizados a lo largo de 1846 y 1847 asciende a un
total de 15, con 9 y 6 respectivamente. Es evidente la escasa relevancia
numérica que tienen los bienes subastados a lo largo de estos dos últimos
años.
En
el transcurso de estos cuatro años salen al mercado 59 bienes rematados
en algo más de un millón de reales. De ellos 44 pertenecen al Clero
Regular y los restantes se distribuyen entre instituciones de diversa
procedencia: Maestrazgo de Alcántara, Mesa Maestral de Alcántara, Ramo
de Loterías, Hacienda por débitos y Estado. En este período han salido
a la venta cuantiosos y atractivos bienes (casas) procedentes del
Monasterio de Guadalupe muchos de ellos infravalorados en su tasación y
remate como consecuencia de importantes operaciones especuladoras y
financieras.
Posteriormente
en 1847 salía a la luz un R.D, 7-IV-1847, que suponía el inicio de una tímida
reactivación de las ventas al poner en circulación edificios conventos,
bienes procedentes de ermitas, santuarios, hermandades y cofradías que aún
eran propiedad del estado ya que no habían sido incluidas en la devolución
acordada en 1845.
En
este año otro R.D. de 11-VI-1847 sacaba a la venta bienes de Maestrazgos
y Encomiendas de las cuatro Órdenes Militares y la de San Juan de Jerusalén.
Pero será otro decreto ya en el año siguiente, R.D. 1- V-1848 el que
establezca las normas a seguir para la subasta de los bienes de esta Orden
modificadas en 1852 cuando ya se habían vendido aproximadamente los dos
tercios de los bienes.
En
efecto, entre 1848 y 1850 salieron al mercado 125 bienes de los cuales se
vendieron 108, por un total de 3.837.275 reales.
Asistimos
además durante estos años a una fiebre inversora patente en las
cotizaciones (1848, 127%; 1849, 170%; 1850, 269%) que había estado
retenida en los años anteriores esperando la aparición en las subastas
de bienes de buena calidad y en óptimas condiciones de rentabilidad.
El
siguiente gran paso del partido moderado, fue la firma, lenta y laboriosa,
del Concordato con la Santa Sede en marzo de 1851 (19).
En él se establecía la cuantía económica a la que debían ascender las
dotaciones para el culto y clero y los fondos con que había de atenderse
a dichas dotaciones. Se reconocía a la iglesia la capacidad de adquirir
bienes a cambio de aceptar las ventas ya realizadas.
En
resumen, se daba por admitido el hecho de las desamortizaciones eclesiásticas.
Y aunque no se llegaba a hacer expreso reconocimiento de la legitimidad de
las compras de bienes eclesiásticos, la iglesia sí se comprometía a no
cuestionar, de ninguna de las maneras, ni las adquisiciones, ni a los
compradores de dichos bienes.
(19) J. M. Cuenca Toribio, Iglesia y burguesía
en la España liberal, Ed. Pegaso, Madrid, 1979, págs. 175 y ss.; F.
Tomás y Valiente, El marco político de la desamortización en España,
Ed. Ariel quincenal, Barcelona, 1977 (3.ª edición), pág. 103.
La
firma del Concordato con la Santa Sede va a influir nuevamente y de manera
notoria en la dinámica de las subastas.
A
partir de entonces se inicia una inflexión que lleva aparejada una
reducción drástica de los bienes enajenados. En efecto, de 23 fincas
vendidas en 1851 pasamos a 2 en 1853. En total salieron al mercado 26
bienes que fueron rematados en 225.930 reales. Sin duda, se trata de datos
bastantes reveladores que nos hablan del final de la primera gran etapa
desamortizadora del siglo XIX.
Se
trata de bienes de escasa relevancia procedentes fundamentalmente de
Mostrencos y del Estado por débitos de censos que con un total de 17
subastas alcanzan el mayor número de ventas a los largo de estos tres años.
Por otro lado, los bienes eclesiásticos puestos en circulación no
alcanzaron las 10 subastas lo que nos indica el progresivo retroceso de
las ventas así como el carácter circustancial de los bienes del clero
subastados.
La
conclusión de la etapa desamortizadora conocida por extensión con el
nombre de Mendizábal, que como sabemos el moderantismo ayudo a definir,
concluye con la R.O del 10-II-1855, que por su contenido conecta con la
etapa desamortizadora de Madoz.
| Procedencia |
N.º |
Tasación |
Sin Efecto |
Remate |
Cotización |
| Clero Regular |
230 |
4.433.751 |
12 |
5.113.273 |
115,77 % |
| Clero Secular |
180 |
1.133.154 |
56 |
1.410.899 |
124,51 % |
| Civil |
112 |
852.002 |
13 |
2.380.638 |
279,41 % |
| TOTAL |
522 |
6.418.907 |
81 |
8.904.810 |
138,52 % |
b) La Desamortización General de Madoz 1855
La
Ley Desamortizadora de 1 de mayo de 1855 tuvo en Pascual Madoz su
principal artífice. Madoz estuvo al frente del Ministerio de Hacienda de
enero a julio de 1855. Durante ese corto período de tiempo se elaboró la
ley y se dictaron las disposiciones más importantes.
La
Ley de Desamortización General de mayo de 1855 inagura un proceso
desorbitado de ventas cuyo ritmo irá descendiendo a medida que avanza el
siglo. Ello confiere, sin duda alguna, un carácter propio a dicho proceso
que tendrá continuidad hasta la primera década de esta centuria.
Entre 1855 y 1856 el proceso desamortizador
adquiere un desarrollo desconocido hasta entonces. En efecto, 287 fincas
salieron a subasta por un valor de 3.159.647 rs repartidas entre distintos
bienes: casas (252), hornos (6), pesqueras (5), molinos (4) y el resto
repartido entre gran variedad de fincas: edificio, molino, tinado, pajar,
ermita y solar.
| Período |
N.º |
Tasación |
Sin Efecto |
Remate |
Cotización |
| 1855-1900 |
971 |
4.936.411 |
152 |
6.494.669 |
131,56% |
Atendiendo
a su procedencia podemos señalar que la mayoría de las fincas vendidas
proceden del Clero Secular repartidas entre: cabildo, catedral, fábricas
parroquiales, curatos, cofradías y hermandades de clérigos, superando
las 160 subastas.
Los
bienes de propios, beneficencia e instrucción pública aunque no
alcanzaron tal volumen, 117 bienes, sí tienen una entidad bastante
relevante fundamentalmente a partir de 1856 cuando el mecanismo de las
subastas parecía consolidarse.
Tras
el fracaso de la coalición Espartero-O´Donnell el panorama político
tomaba un matiz claramente conservador. El regreso de Narváez al gobierno
supuso la restauración integra de la Constitución de 1845 junto a las
proclamas más identificativas del partido moderado. En materia
desamortizadora asistimos a la suspensión de las ventas por orden expresa
de la Reina, proceso que se había iniciado con los bienes del Clero
Secular por el R.D. de 13 de Septiembre de 1856 finalizando con el R.D. de
14 de Octubre de 1856 donde se establecía la suspensión de la legislación
desamortizadora. Pero además se dejaban sin valor todas aquellas
disposiciones que fueran contrarias a lo establecido en el Concordato
realizado con la Santa Sede en 1851.
Esta
nueva etapa política detenía el pulso desamortizador. Y ello es fácilmente
palpable en los años posteriores a 1856 donde de 170 subastas pasamos a
una desaparición absoluta de las ventas en 1857 y a una única subasta en
1858.
Poco
después la inestabilidad política de la década de los cincuenta, las
intrigas palaciegas y la actitud de la Corona terminarán con la vuelta de
O´Donnell una vez más al poder a finales de junio de 1858.
Y
es bajo este nuevo proyecto donde encontramos nuevamente la reactivación
del proceso desamortizador.
El
nuevo gobierno de la Unión Liberal por el R.D. de 2 de octubre de 1858
ponía nuevamente en circulación disposiciones y normativas procedentes
de la legislación de mayo de 1855 y julio de 1856 destinadas a impulsar
la desamortización y con ella el mecanismo de las subastas.
Y
en efecto, entre 1859 y 1868 salen al mercado 361 fincas urbanas por un
valor de 2.067.668 rs.
A
lo largo de estos 9 años la procedencia de los bienes subastados varía
sustancialmente respecto a lo ocurrido en anteriores etapas
desamortizadoras.
Las
nuevas propiedades que la Ley de 1855 sacó al mercado permitió subastar
cuantiosos bienes de carácter civil que procedentes de Hospitales,
Propios, Beneficiencia e Instrucción pública constituyen el 61% de todo
lo subastado entre 1859-1868. Y serán los bienes de Propios con 112
subastas y las Instituciones Benéficas con 75 las más afectadas por la
nueva legislación desamortizadora.
Por
otro lado, la venta de bienes eclesiásticos alcanzó un exiguo 37%
repartido entre un 33 % para el Clero Secular y un 4 % para el Regular. La
importante reducción de los bienes del Clero en las subastas obedece a
las importantes transferencias de bienes urbanos que el patrimonio eclesiástico
experimenta desde 1837 con la Ley de Mendizábal. En efecto, gran parte de
los bienes suceptibles de ser vendidos ya habían sido enajenados. Ello no
evita sin embargo que ocasionalmente salgan a subasta pública bienes
eclesiásticos de entidad relevante aunque en ningún momento se alcanzarán
magnitudes parecidas a las etapas anteriores.
Tras
la dimisión del gobierno O´Donnell en 1863 se inicia una fase de gran
inestabilidad política. Cambios ministeriales y gubernamentales finalizarán
con el derrocamiento de Isabel II en 1868. Fueron estos años unos tiempos
donde las fuerzas reaccionarias y progresistas impulsan —¡y vaya de que
manera!— la dinámica política española.
En
efecto, tras un breve Gobierno Provisional asistiremos en 1871 a la
instauración monárquica de Amadeo de Saboya que con una duración de dos
años dejará vía libre a un proyecto republicano poco preparado y más
preocupado de sus debates internos entre federalistas y unionistas que de
las inquietudes sociales.
A
finales de 1874 el régimen republicano llegaba a su fin con el
pronunciamiento militar de Martínez Campos.
En
estos siete años 1868-1874 salieron al mercado 150 bienes rematados en
596.290 rs. En este período se vendieron 76 fincas urbanas procedentes
del Clero Secular entre Capellanías, Memorias, Cofradías y Clero
constituyendo el 50 % de todo lo vendido. Los bienes enajenados de carácter
civil presentan unas cifras similares alcanzando el 48% de las ventas y
repartidos entre Propios, Instrucción, Hacienda y especialmente bajo la
denominación genérica de «estado».
De
hecho, será la inestabilidad política del Sexenio y su posterior caos
administrativo y jurídico junto a la gran crisis de subsistencia de 1868
(20)
y sus efectos, los agentes causantes de la ralentización de
las subastas.
Sin
embargo, no debemos olvidar tampoco que en los inicios de 1870 gran parte
del patrimonio eclesiástico y civil suceptible de venta había salido ya
al mercado.
El
período de la Restauración no supuso un revulsivo para el proceso
desamortizador. Al contrario, en los últimos 25 años de la centuria
pasada y en la primera década del siglo actual el número de ventas se
reduce de manera progresiva no superando las 10 subastas anuales si
exceptuamos lo ocurrido de manera coyuntural en 1875, 1881 y 1882 donde se
alcanzan 38, 39 y 19 subastas respectivamente. Por otro lado también
encontramos años donde no se contabilizaron subastas.
Las
172 subastas realizadas en estos 22 años salieron al mercado por un valor
cercano a los 700.000 rs lo que demuestra la escasa relevancia económica
del proceso desamortizador en las postrimerías del siglo XIX.
(20) A. Costas Comesañas, Apogeo del
liberalismo en la «Gloriosa». La reforma económica en el Sexenio
liberal, Ed. Siglo XXI, Madrid, 1988, pág. 39; y G. Tortella Casares,
El desarrollo de la España contemporánea. Historia económica de los
siglos XIX y XX, Ed. Alianza Universidad, Madrid, 1994, pág. 121.
La
dinámica de las ventas en este período viene condicionada por el carácter
residual y marginal de las subastas realizadas. Atendiendo a su
procedencia debemos destacar 20 fincas procedentes del Clero Secular
repartidas entre Capellanías, Memorias, Clero e Iglesia y 5 bienes del
Clero Regular sin mayor trascendencia. Y es que serán los bienes de carácter
civil —como era lógico suponer— los que alcancen un volumen de ventas
mayor, cercano a las 150 subastas. En este grupo encontramos bienes de
Propios, Beneficiencia o Instrucción aunque los más relevantes son los
clasificados bajo la denominación génerica de «estado» donde ya no se
establece la procedencia de los bienes al haber sido objeto de quiebras o
ventas sin efecto en anteriores procesos desamortizadores. Situación que
como señala R. Herr para la venta de bienes rústicos nos permite afirmar
que los bienes subastados en los últimos años eran de baja calidad, gran
parte de ellos ruinosos y de escasa rentabilidad para los posibles
compradores.
Y
es que la venta de bienes nacionales no se consideraba ya un remedio
verdaderamente eficaz para subsanar el déficit público. En efecto, entre
1850 y 1890 los ingresos provenientes de la desamortización fueron
bastante menos de lo esperado (21).
| Procedencia |
N.º |
Tasación |
Sin Efecto |
Remate |
Cotización |
| Clero Regular |
32 |
425.891 |
6 |
316.924 |
74,41 % |
| Clero Secular |
383 |
1.383.951 |
39 |
2.296.496 |
165,93 % |
| Civil |
556 |
3.126.569 |
107 |
3.881.249 |
124,13 % |
| TOTAL |
971 |
4.936.411 |
152 |
6.449.669 |
131,56 % |
IV.
CONCLUSIÓN
De
acuerdo con el análisis anterior se pueden establecer los siguientes
aspectos:
(21) G. Tortella Casares, op. cit., pág.
156 y del mismo autor: «La economía española, 1830-1900», pág. 135,
en Manuel Tuñón de Lara (Dir). Historia de España. Tomo VIII.
Revolución burguesa, Oligarquía y Constitucionalismo (1834-1923), Ed.
Labor, Barcelona, 1993.
a)
Encontramos tres períodos claramente diferenciados, el primero de ellos
vendría determinado por la legislación desamortizadora de Mendizábal y
Espartero (1837-1843), donde podemos observar que tras las inquietudes
iniciales (Crisis de Subsistencia y Guerras Carlistas) el proceso
desamortizador se va consolidando como así lo demuestra el incremento del
número de ventas anualmente, de 5 en 1837 a 151 en 1843. Incremento que
se explica también por la procedencia de los bienes vendidos, sí en un
primer momento sólo saldrán a subastas los propios del Clero Regular,
con Espartero y con una legislación bastante activa salen al mercado
fincas procedentes del Clero Secular.
La
segunda etapa (1844-1853) será fruto de los planteamientos conservadores
y filocatólicos del partido moderado. La dinámica que el proceso
desamortizador venía desarrollando desde 1837 sufre una ralentización
importante aunque nunca llega a desaparecer. El decreto de 26 de
julio de 1844 por el que se suspendían las
ventas del Clero Secular y la Ley del 3 de abril de 1845 que en su artículo
único disponía que los bienes del Clero Secular no enajenados y cuya
venta se había mandado suspender, se devolvieran al mismo Clero, tienen
un rápido reflejo en el mecanismo de las subastas. Así en 1844 aunque se
subasta un número importante de bienes, 90 en total, ya se comienzan a
observar sus efectos, pero será sobre todo en los años 1845, 1846 y 1847
con 33, 6 y 9 subastas respectivamente donde mejor se aprecien los efectos
de dicha legislación. Entre 1837 y 1853 se subastaron 522 bienes por
valor de 8.904.810 rs.
La
Tercera etapa (1855-1900) se caracteriza por la aplicación de la
legislación desamortizadora de Madoz. Entre 1855 y 1860 la máquina
desamortizadora adquiere un volumen desorbitado de ventas a pesar de la
paralización de los años 1857 y 1858 como consecuencia de la llegada de
Narváez al poder. La llegada al gobierno de la Unión Liberal supuso una
nueva reactivación de las subastas aunque ya no se volverán a alcanzar
las magnitudes de años anteriores. Poco después con el Sexenio y la
Restauración la desamortización de bienes urbanos entra en un marcado
declive. A lo largo de estos 45 años salen a la venta 971 bienes por un
valor de 6.494.669 rs.
b)
Los bienes urbanos vendidos en la primera etapa desamortizadora (Mendizábal-Espartero)
son los más valorados en tasación y remate, y por lo tanto, los más
apreciados por los compradores. Sin embargo, en la desamortización de
Madoz aunque se subastan 971 bienes, éstos son de peor calidad y de menor
estima a tenor de la tasación y de los reales invertidos.
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