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NATURALEZA
Y DINÁMICA DE LOS BIENES
URBANOS DESAMORTIZADOS EN LA PROVINCIA DE CÁCERES 1836-1900. BALANCE DE
LOS PRIMEROS RESULTADOS
MANUEL ROSO DÍAZ
I.
INTRODUCCIÓN
La
desamortización de bienes urbanos no ha despertado el interés y la
dedicación de los historiadores como hubiera sido necesario ante la gran
trascendencia urbanística y económica de los bienes subastados (1).
Y es que desde el primer momento las investigaciones se centraron en el análisis
de la desamortización rústica y en sus efectos sobre el agro español.
En efecto, el latifundismo, la concentración de la propiedad y el atraso
de determinadas regiones y comarcas se convertían en los temas, cuando no
en los resultados, de unas investigaciones realizadas más con
determinados presupuestos ideológicos que a la luz de una metodología
sería y rigurosa.
En
la actualidad las investigaciones sobre las diferentes etapas
desamortizadoras siguen métodos más científicos y rigurosos, sin
embargo, ya no se trata de un tema estrella para la historiografía. Por
el contrario, se trata de un tema pasado de «moda» (2) que ha dejado múltiples
interrogantes sin responder y reflexiones sin realizar. Aunque quizás
sean los estudios sobre desamortización urbana los más perjudicados por
una metodología errónea propia de un aparato teórico parcial o
inexistente.
(1) P. García Colmenares, «La
desamortización urbana», en Rueda G. (Dir). La desamortización de
Mendizábal y Espartero, Ed. Cátedra. Madrid, 1986, pág. 94.
(2) J. García Pérez, «Efectos de la
desamortización sobre la propiedad y los cultivos», en Rueda. G. (ed.).
La Desamortización en la Península Ibérica, en Ayer (Revista de la
Asociación de Historia Contemporánea de España), n.º 9, Madrid, 1993,
págs. 105 y ss.
II.
NATURALEZA Y CLASIFICACIÓN TIPOLÓGICA DE LOS BIENES VENDIDOS
La
desamortización de bienes urbanos se caracteriza a nivel tipológico por
la existencia de una gran variedad en la naturaleza de las fincas objeto
de subastas. Circunstancia que podemos considerar normal ante la
diversidad de las instituciones afectadas por la desamortización (Clero
—regular y secular— y Civil). Sin embargo, sería imposible realizar
análisis operativos si trabajásemos con todos los tipos de fincas que
nos ofrecen las fuentes. Ello nos obliga a establecer criterios metodológicos
encaminados a sintetizar en varios conceptos tal diversidad de fincas. En
nuestra investigación hemos podido seleccionar más de 70 (3) tipos de fincas aunque
para su análisis las hemos agrupado en ocho conceptos:
| 1.º |
Casas-viviendas (4) |
1.033 |
| 2.º |
Edificios-industriales (5) |
172 |
| 3.º |
Edificios de almacén y abastacimiento (6) |
95 |
| 4.º |
Edificios religiosos (7) |
60 |
| 5.º |
Beneficiencia y servicios hospitalarios (8) |
14 |
| 6.º |
Edificios urbanos sin estructura definida (9) |
71 |
| 7.º |
Bienes no urbanos (10) |
33 |
| 8.º |
Otros (11) |
15 |
| |
TOTAL |
1.493 |
(3) Recogemos a continuación la diversa
naturaleza de los bienes urbanos subastados: Aceña (3), Acera (1),
Barca (1), Barrería (1), Batán (2), Cárcel (2),
Casa (980), Casa-cilla (23), Casa-venta-cerca (1), Casa-alhóndiga
(2), Casa-bodega (15), Casabodegón (3), Casa-carnicería
(10), Casa-enfermería (5), Casa-fragua (29), Casa-hospital
(1), Casa-matadero (3), Casa-mesón (6), Casa-palacio
(1), Casa-panera (2), Casaposada (5), Casa-pósito (2),
Casa-taberna (1), Casa-taller (6), Casa-tercia (1), Casa
y anexos (21), Caserón (1), Casilla (4), Castillo (1),
Cerca (11), Cilla (1), Coro (1), Corral (21), Corralada
(2), Cuadra (7), Cuartel (7), Cuarto (2), Charca
(2), Desván (1), Edificio (10), Edificio-casa del
gobernador (1), Edificio-colegio (1), Edificio-convento (39),
Edificio-hospital (4), Edificio-polvorín (1), Edificio-teatro
(1), Ermita (16), Escribanía (11), Finca (1), Foso
(2), Fuerte (1), Heredad (1), Herrenal (1), Herrería
(1), Horno (52), Hospital (4), Huerta (9), Iglesia
(4), Lagar (13), Lavadero (1), Local (5), Molino
(45), Muebles-enseres (1), Olivos (2), Pajar (9),
Peso harinero (1), Pesquera (5), Portal (1), Secadero
(7), Solar (56), Terreno (2), Tinado (1), Ventanas
(1), Zahurda (1).
(4) En este concepto incluimos todos aquellos
bienes que aparecen en las fuentes bajo la definición terminológica de
«casas» y cuya utilidad inmediata es la de ser utilizada como vivienda.
Nosotros además hemos agrupado bajo este término los bienes que
perfeccionan, mejoran o complementan la utilidad urbana de este tipo de
edificio: Casa, Casapalacio, Casa y anexos, Caserón, Cuarto, Desván,
Corral, Casa-gobernador, Muebles-enseres, Portal y Ventanas.
(5) En este concepto incluimos todos aquellos
bienes que se caracterizan por disponer de unas instalaciones que permiten
transformar de diferente manera una materia prima inicial ya sea
procedente del ámbito agrario o industrial: Aceña, Barrería, Batán,
Casafragua, Casa-matadero, Casa-taller, Herrería, Horno, Tejar, Lagar,
Lavadero, Molino, Peso harinero, Pesquera, Secadero y Zahurda.
(6) Bajo esta terminología hemos agrupado
aquellos bienes cuya función principal es centralizar y en bastantes
ocasiones, vender la producción resultante de las actividades agrícolas
y ganaderas. No se realiza, en ningún caso, transferencia o elaboración
de los productos destinados a la venta: Barca, Casa-cilla,
Casa-venta-cerca, Casa-alhóndiga, Casa-bodega, Casa-bodegón,
Casa-carnicería, Casa-mesón, Casa-panera, Casa-posada, Casa-pósito,
Casataberna, Casa-tercia, Casilla, Cilla, Corralada, Cuadra, Cuartel,
Edificio-polvorín y Tinado.
(7) En este concepto incluimos todos aquellos
edificios o bienes que han sido utilizados por las instituciones
religiosas tanto seculares como regulares: Coro, Convento, Ermita e
Iglesia.
(8) En este concepto incluimos aquellos bienes
vinculados a la salud pública y a su tratamiento: Casa-enfermería,
Casa-hospital, Edificio-hospital y Hospital.
(9) Bajo este concepto recogemos aquellos bienes
que fueron vendidos sin especificar su procedencia y dedicación anterior
aunque muestran un espacio arquitectónico claramente configurado:
Edificios, Local y Solar.
(10) En este concepto incluimos bienes que no
siendo estrictamente urbanos si responden por su ubicación a unos límites
estrictamente urbanos: Cerca, Finca, Foso, Fuerte, Charca, Heredad,
Herrenal, Huerta, Olivos, Terreno y Acera.
(11) En este concepto hemos incluido aquellos
bienes que por su escasa representatividad no permiten elaborar una
tipología definida: Cárcel, Castillo, Colegio y Escribanía.
Como
podemos observar el 69,18 % de las fincas subastadas eran casas destinadas
a viviendas. Los edificios industriales alcanzan un 11,5 % y los edificios
de almacén y abastecimiento un 6,35 %. El resto de los bienes subastados
(edificios religiosos, beneficiencia y servicios hospitalarios, edificios
urbanos sin estructura definida, bienes no urbanos y otros)
no supera en ningún caso el 5%.
La
desamortización afectó de manera mayoritaria a los edificios urbanos
definidos tipológicamente como «casas» (12). Y la explicación es
bien sencilla si entendemos que se trata de una serie de bienes cuya
presencia vertebra el tejido urbano de las ciudades. Sin embargo, nosotros
sin olvidar la reflexión anterior, somos partidarios de un razonamiento más
complejo que nos lleva a considerar una serie de factores hasta entonces
poco estudiados. En efecto, la Guerra de la Independencia, las Guerras
Carlistas (13),
las alternancias políticas, o las crisis de subsistencia (14),
fueron deteriorando progresivamente las condiciones de vida materiales y
económicas de una población en crecimiento cuyos retrocesos no hacían
sino ralentizar un proceso de mayor envergadura.
(12) Las «casas» fueron los bienes urbanos
mayoritoriamente vendidos en el resto del territorio nacional. García
Colmenares, P. «La desamortización urbana», en Rueda, G. (Dr), op.
cit., pág 102.
(13) J. García Pérez, F. Sánchez Marroyo, y M.
J. Merinero, Historia de Extremadura, tomo IV, Ed. Universitas, Cáceres,
1985.
Este
panorama iría transformándose progresivamente a medida que las
coyunturas de mayor prosperidad ofrecían una mayor seguridad económica.
Y es, en este momento, cuando se manifiesta un claro deseo de acceder a la
propiedad mediante la compra de bienes urbanos (viviendas, solares,
edificios industriales diversos, etc.) que permitiese a la población
mejorar su calidad de vida y sus perspectivas económicas.
A
tenor de nuestras investigaciones este proceso fue posible gracias a la
desamortización de bienes urbanos ocurrida a lo largo del siglo XIX.
Evidentemente no estamos ante un fenómeno masivo que permitiese la compra
de una nueva vivienda pero si de una dinámica que admitía y abría la
posibilidad de flexibilizar un mercado inmobiliario excesivamente inelástico
y raquítico como era el de Antiguo Régimen (15).
En
relación a los bienes pertenecientes a Conventos y Monasterios es
palpable que su supresión estuvo más determinada en alguna ocasión por
el apoyo que ciertas órdenes prestaron a los movimientos antiliberales.
Guadalupe constituye un ejemplo paradigmático. Los monjes del monasterio
instigan y colaboran en varias partidas realistas. Su antiliberalismo
llevará a los gobernantes del Trienio a publicar la Orden de 24 de Junio
de 1822 (16) que
establecía la dispersión y distribución de los monjes de este
monasterio entre las siete casas que subsistían.
(14) F. Sánchez Marroyo, Dehesas y
Terratenientes en Extremadura. La propiedad de la tierra en la Provincia
de Cáceres en los siglos XIX y XX. Ed. Asamblea de Extremadura, Mérida,
1993, págs. 285 y ss.; J. García Pérez, «La Crisis de Subsistencia de
1857. Descripción, análisis y reacciones que provoca en la provincia de
Cáceres», en Revista Norba, n.º 2, Cáceres, 1981, págs. 246 y
249; y M. J. Merinero Martín, «La Crisis alimenticia de 1868: un análisis
provincial» en Revista Norba, n.º 6. Cáceres. 1985, pág 131.
(15) Los primeros resultados parecen confirmar la
necesidad de nuevas viviendas y la escasa flexibilidad del mercado
inmobiliario. A.H.P. de Cáceres. Sección: Protocolos Notariales.
Notario: Francisco Andrada Rodríguez. Año 1800. Legajo 3.520. Fols. 85 y
ss. Expediente de venta de una casa en Cáceres, en la calle Peña como
resultado de la aplicación del R. D. 19 de Septiembre 1798. Los peritos
tasadores al realizar sus informes parecen confirmar nuestros argumentos:
«...esta amenazando ruina total. La pretende dar (el comprador) como
solar ante la imposibilidad de reedificarla. Y por la necesidad que hay en
esta villa de Cáceres de casas, se hallan con morador ...» y Melón Jiménez,
M. A. «La desamortización de 1798 en el Partido de Cáceres» en Revista
Norba, n.º 5, 1984, págs. 200 y ss.
(16) T. Martín Martín, «La Desamortización en
Extremadura» en Revista de Estudios Extremeños. Tomo XXXI, n.º
1, Año 1975, pág. 34.
Pero
será la Orden de 1 Octubre de 1820 la que suprima el mayor número de
centros religiosos en Extremadura: Hospitalarios de Badajoz, Mérida y
Llerena; Monasterios de San Benito de Alcántara y los Monasterios de
Yuste y Guadalupe. Pero una cuestión es que esos conventos fueran
suprimidos e incluso sus monjes expulsados y otra que sus propiedades
pasaran a formar parte de los Bienes Nacionales.
Exclaustración
y desamortización son conceptos diferentes aunque muchos autores los
confunden con bastante frecuencia. Lo cierto es que el tiempo transcurrido
entre la expulsión de los monjes de monasterios y conventos y los
procesos destinados a sacar en subasta pública los edificios religiosos
que éstos ocupaban, fue tan grande que, en líneas generales, éstos se
deterioraban y perdían gran parte de su valor (17).
Por otro lado debemos limitar el teórico impacto que el proceso
desamortizador tuvo sobre el patrimonio artístico (18) cacereño.
Gran parte de los conventos y monasterios que albergaban obras de arte habían
sufrido los efectos de la Guerra de la Independencia y las guerras
Carlistas, sin olvidar el propio declive de las instituciones religiosas,
poco acordes ya con los nuevos tiempos que el Estado Liberal parecía
confirmar.
Los
edificios industriales se encontraban en su mayoría ruinosos lo que nos
permite entender el escaso valor alcanzado en el proceso de subasta. No
debemos olvidar que nos encontramos en una provincia eminentemente rural
donde los establecimientos de este tipo no tienen, como
es lógico, la importancia que pueden
experimentar en zonas más desarrolladas a nivel industrial. Generalmente
el destino definitivo de estos edificios era la demolición y sus
escombros fueron utilizados como mate riales de construcción ya que
raramente eran puestos de nuevo en funcionamiento.
(17) J. Bello, Frailes, intendentes y políticos.
Ed. Taurus, Madrid, 1997. Según esta autora estos edificios después
de ser asimilados por el estado no recibieron el cuidado necesario por
parte de las instituciones, págs. 55 y ss.
(18) F. J. Pizarro Gómez, «Abandono y ruina de
la Arquitectura trujillana durante el siglo XIX», págs. 54 y ss., en Norba
II. Cáceres, 1982, y del mismo autor, «Consecuencias de la
desamortización en la arquitectura religiosa cacereña», págs. 199 y ss.,
en Actas del VIII Congreso de Estudios Extremeños. Ed. Institución
Cultural el Brocense. Diputación de Cáceres e Institución Cultural
Pedro de Valencia. Diputación de Badajoz. Cáceres. 1983.
Los
bienes no urbanos carecen de importancia en un análisis de estas características
pero adquieren una gran relevancia cuando pretendemos examinar las
modificaciones que experimenta la ciudad a lo largo del siglo XIX pues
gracias a los remates y a su demanda sabremos que zonas son las más
propicias a nivel urbanístico para realizar operaciones inmobiliarias.
Por
último, los Edificios sin estructura definida, constituyen toda una
variada gama de solares y locales de gran importancia donde especuladores
y compradores realizan sus inversiones sabiendo de antemano la
revalorización que a posteriori tienen este tipo de bienes. Ello
nos ha permitido deducir porqué determinados edificios de esta naturaleza
adquirieron unos remates muy elevados frente a otros de menor importancia.
El
resto de los bienes subastados no configuran unos modelos de inversión
tan definidos como los anteriores y se trata, en cualquier caso, de ventas
reducidas que adquieren un carácter secundario.
III.
LA DINÁMICA DE LAS VENTAS (1836-1900)
a) La Desamortización de Mendizábal y Espartero
Antes
de la subida al poder de Mendizabal se promulgaron dos R. D. (15 julio
1834 y 4 julio 1835 ) por los que se suprimía la Inquisición y la Compañía
de Jesús adjudicando sus bienes a la extinción de la Deuda Pública. El
mismo mes de julio de 1835 se promulgaba otro decreto suprimiendo los
conventos y monasterios que no tuvieran como mínimo 12 individuos
profesos, aplicando sus bienes también a la extinción de la deuda. Todos
estos Reales Decretos preparan el camino jurídico, social y económico
para la gran etapa desamortizadora de Mendizábal y Espartero.
La
mayoría de los autores coinciden en señalar que Mendizábal pretendía
utilizar las ventas de los bienes nacionales para solucionar el problema
del Crédito Público.
La
legislación desamortizadora que Mendizábal planteó desde el Ministerio
de Hacienda no cumplió los objetivos planteados en su inicio.
Sin
duda alguna, son los R. D. de 8-III-1836 por el que se suprimen todas las
casas de religiosos y el de 29 julio 1837 que extiende la supresión a
conventos y monasterios de religiosas, dos de los decretos más
importantes y de mayor trascendencia no sólo de su trayectoria política
sino de todas las medidas desamortizadoras promulgadas durante la centuria
pasada.
En
este contexto legal, y de manera similar al resto del territorio nacional,
comienzan a producirse las ventas de bienes del Clero Regular en la
Provincia de Cáceres.
| Período |
N.º Bienes |
Tasación |
Sin Efecto |
Remate |
Cotización |
| 1836-1853 |
522 |
6.418.907 |
81 |
8.904.810 |
138,72% |
Encontramos
dos períodos atendiendo al origen de los bienes subastados:
Primer período: 1836-1841
Tras
la aprobación de R.D. 19-II-1836 tendremos que esperar a 1837 para
encontrar las primeras ventas de bienes urbanos. El volumen enajenado fue
muy reducido y de escasa identidad. Se remataron cinco casas, dos en Cáceres
y tres en Plasencia.
Este
inicio titubeante y rezagado de las ventas se mantiene hasta 1840 , pues
en 1838 no hemos constatado ningún remate y entre los años 1839-1840 las
subastas alcanzan un número máximo de veinte. La lentitud inicial del
proceso tiene razones de diversa índole. En primer lugar, la lentitud de
la máquina desamortizadora. El retraso en la tramitación de los
inventarios, circulares y boletines ponía de manifiesto una administración
ineficaz y poco experta. En segunda lugar, la incertidumbre e inquietud de
los potenciales compradores ante un régimen político no excesivamente
consolidado, que debía hacer frente a la guerra carlista y a sus
partidas. La presencia de éstas durante los años 1836 y 1837
desestabilizaron económica y socialmente gran parte del territorio cacereño.
Entre
1837 y septiembre de 1841 salieron a subasta 38 bienes valorados en
854.061 rs. De ellos 29 pertenecían al Clero Regular y los 9 restantes
aparecen repartidos entre las Encomiendas de Alcuescar, Fuentisdueñas y
de Belvís y Navarra.
En
cuanto a las propiedades eclesiásticas vendidas podemos afirmar que se
encuentran muy dispersas por toda la geografía provincial afectando además
a un buen número de congregaciones religiosas: Religiosas de Santa Clara,
Religiosas de San Pedro, Religiosas de la Concepción, Religiosas de Jesús,
Religiosas Agustinas Recoletas, Religiosas de San Idelfonso, Religiosos
Dominicos, Religiosas de los Remedios, Religiosas de Santo Domingo de
Orellana la Vieja, Religiosas Carmelitas, Religiosos Agustinos, Religiosos
Gerónimos del Escorial y Religiosos de San Francisco.
La
dinámica de las ventas en este primer período nos permite asegurar que
el patrimonio urbano del Clero Regular no fue vendido de manera masiva en
sus inicios debido como hemos visto al carácter reducido y disperso de
las ventas tanto entre distintos núcleos urbanos como entre diversas
congregaciones religiosas. De esta manera quedaban todavía a la espera
cuantiosos bienes dispuestos para su venta en posteriores etapas
desamortizadoras.
Sin
embargo, esta circustancia no debe oscurecer en ningún caso el triunfo de
la empresa desamortizadora. Si comparamos el número de subastas
celebradas con el de aquellas que fueron rematadas encontraremos una
coincidencia exacta a lo largo de estos años. En efecto, asistimos a un
claro equilibrio entre la oferta y la demanda de bienes nacionales.
La
inestabilidad gubernamental y la renuncia de la Regente a la Corona
finalizará con la llegada de Espartero al poder.
Segundo período: 1841-1844
La
nueva etapa progresista se inaguraba con la Regencia de Espartero quien
decretaba la desamortización de bienes del Clero Secular por medio de la
Ley de 2 de Septiembre 1841 como medida encaminada a lograr la mejora de
la Hacienda.
En
el año 1841 no se advierten en las subastas la enajenación de los bienes
del clero secular. En efecto sólo encontramos bienes pertenecientes a órdenes
religiosas regulares, aunque también se registra algún caso de bienes
civiles pertenecientes a encomiendas.
Progresivamente
el proceso desamortizador se va extendiendo por todo el territorio
provincial.
El
verdadero aluvión de subastas se produjo entre 1842 y 1843.
En
1842 se observa un incremento de las ventas como consecuencia de la
tendencia alcista que el proceso desamortizador experimenta bajo la
seguridad y consolidación del nuevo régimen. Panorama que además es
patente para todo el conjunto del país como demuestra la extensión del
proceso a la mayoría de las provincias y la alta cotización obtenida en
las subastas durante este año.
Sin
embargo, en la provincia cacereña debemos esperar hasta el mes de Junio
para encontrar las primeras subastas de bienes procedentes del Clero
Secular. Se trata de 3 bienes de escasa importancia si los comparamos con
el resto de los bienes enajenados. Nuevamente el Clero Regular con 38
subastas se convierte en el mayor afectado por la desamortización.
Bienes,
algunos de ellos de especial relevancia por encontrarse localizados en el
centro del casco urbano como sucede en Coria y Plasencia.
También
destacamos la enajenación de bienes procedentes de la Mesa Maestral de
Alcántara, la Encomienda de Portezuelo y la Encomienda de Belvís y
Navarra de escasa relevancia tanto por el número de bienes como por su
naturaleza.
A
lo largo 1843 salen a subasta 151 bienes urbanos de los que se rematan
101, por un valor de 2.025.530 reales. Aunque la cotización (130,11 %) no
es excesivamente alta, las ventas se disparan en toda la Provincia y raro
es el término municipal donde no se observa alguna transferencia. Pero
además advertimos un cambio cualitativo en la naturaleza de los bienes
subastados. Al mayor volumen que presentan indudablemente las casas con
102 subastas, se le suman de manera generalizada otros bienes: molinos,
edificios-conventos y casas-bodegas con catorce, cinco y cuatro subastas
respectivamente. El resto de los bienes subastados tendrán escasa
relevancia: casa-corral, casa-taller, casa-posada, casa-mesón,
casa-bodega, casa-enfermería, cercado, solar-casa, corral, cerca, horno,
ermita, cuadra, solar-corral, solar-escombros, Iglesia, haceña, charca,
acera, ventanas, lagartahona, y solar.
Prácticamente
todos los partidos judiciales (excepto Logrosán y Valencia de Alcántara)
se encuentran afectados en mayor o menor medidas por la venta de bienes.
Los
partidos de Plasencia, Cáceres y Coria, con 57, 25 y 23 subastas
respectivamente concentran el mayor número de subastas realizadas en
1843. Y es lógico si pensamos el gran volumen de fincas que procedentes
del Clero Secular salieron a subasta en estas zonas donde se encontraban
establecidos los principales centros religiosos de la Provincia.
En Plasencia y Coria la existencia de sus catedrales
con sus correspondientes cabildos, curatos y fábricas parroquiales y Cáceres,
con su elevado número de parroquias, generaron una cantidad considerable
de fincas (y no sólo en este período) sujetas a la legislación
desamortizadora. En el resto de los partidos judiciales, las ventas no
alcanzaron un volumen tan elevado.
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