Revista Alcántara. nº 53-54
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LAS HURDES EN EL SIGLO XIX: DEFINICIÓN DEL TERRITORIO Y EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA (y 2)

 

MERCEDES GRANJEL

    

   Sin embargo, de ambas reformas, será la realizada por González Bravo la que tuvo una mayor repercusión en la evolución histórica de la región. La ley municipal de 1843 abría las puertas para la creación de nuevos ayuntamientos, al reducir a la mitad el número de vecinos necesarios para constituirlos (20). La extensión del primitivo concejo de Nuñomoral, la dispersión de sus aldeas y alquerías y su elevado vecindario determinaron la segregación de Cabezo y Casares; a partir de este momento, los primitivos concejos hurdanos se transformaron en los cinco términos municipales en que se dividen actualmente las Hurdes. Con estas medidas quedaba definitivamente configurada la región en sus niveles territorial y jurídico-administrativo. No obstante, esta división municipal suscitó fuertes críticas a nivel local, al incrementar las cargas y gastos municipales de los ayuntamientos más pobres de las Hurdes.

 

4. RECUENTOS Y CENSOS PARA LA DEMOGRAFÍA HURDANA

 

   Junto al espacio geográfico, el segundo de los elementos que de una manera decisiva determinó la historia de esta región en la etapa contemporánea fue el factor humano. Lejos de la explosión demográfica de las regiones más industrializadas, las Hurdes registraron a lo largo de este periodo un crecimiento moderado, consecuencia sobre todo de su elevada mortalidad. Como tendremos ocasión de comprobar, ésta fue resultado de un amplio abanico de factores que, siguiendo a Tortella, podemos denominar de «atraso económico» (21): ausencia de médicos, baja productividad agrícola, insalubridad de las viviendas, inexistencia de vías de comunicación, atraso cultural y, sobre todo, por la elevada incidencia de la enfermedad y el estado de subalimentación crónica de su población.

   Resulta evidente que las estructuras económicas de la región eran insuficientes para soportar un ritmo de crecimiento más alto. Libres del régimen de dominación de La Alberca, los hurdanos tampoco encontraron en las medidas impuestas por la reforma agraria liberal la solución a su problema económico, que se agudizó a lo largo del siglo a medida que fue mayor la presión demográfica. En el crecimiento de la población estuvo una de las claves del secular problema hurdano: la pobreza.

 

20 Gaceta de Madrid, 31 de diciembre de 1843, R.D. de 30 de diciembre de 1843 sobre organización y atribuciones de los ayuntamientos, arts. 2.º y 5.º.

21 G. Tortella, El desarrollo de la España contemporánea. Historia económica de los siglos XIX y XX. 2.ª ed., Madrid, Alianza, 1995, pág. 29.

 

   Para el análisis del efectivo poblacional hurdano en la etapa contemporánea contamos con los recuentos preestadísticos y los primeros censos. Sin embargo, no son las únicas fuentes de que disponemos para el conocimiento de la situación demográfica de la región. Las obras de Eugenio Larruga, Sebastián Miñano, Pascual Madoz y Romualdo Martín Santibáñez proporcionan asimismo información que, por distintos motivos, es de gran interés. No obstante, en nuestro trabajo sólo utilizaremos las cifras que recogió Madoz en su Diccionario, por cubrir una etapa en la que no existen recuentos oficiales. Por el contrario, prescindiremos de las proporcionadas por los otros autores al coincidir cronológicamente con otras fuentes demográficas. La información que deparan el Vecindario de Ensenada (1759) (22), el Censo de Floridablanca (1787)23 o las respuestas al Interrogatorio de la Real Audiencia (1791) ofrecen una visión de conjunto de la evolución de la población hurdana en la segunda mitad del siglo XVIII. Ya en la centuria siguiente, el primer recuento para Extremadura será el Vecindario para el establecimiento de juzgados de 1813, confeccionado también por la Real Audiencia; en los años siguientes este organismo realizó nuevos recuentos de los que sólo utilizaremos los de 1818 y 182924. En la segunda mitad del Ochocientos, los trabajos emprendidos por la Comisión de Estadística General del Reino proporcionan las primeras estadísticas modernas de población: son los Censos de 1857, 1860, 1877, 1887 y 1900 (25).

 

(22) La documentación original se conserva en el Archivo General de Simancas, Dirección General de Rentas, 1.ª r., leg. 2.046 y ha sido recientemente editada. Cf. Vecindario de Ensenada. 1759. Vol. I. Ávila, Burgos, Córdoba, Cuenca, Extremadura. Prólogo e Introducción de A. Domínguez Ortiz, C. Camarero y J. Campos, Madrid, Tabapress, 1991.

(23) Esta fuente ha sido también recientemente editada. Censo de 1787. Floridablanca. II. Comunidades Autónomas de la Submeseta Sur, Madrid, Instituto Nacional de Estadística, 1987.

(24) A.H.P.C., Real Audiencia, leg. 572, Distribución de partidos de la provincia de Extremadura para el establecimiento de juzgados. Año 1813. Ídem, Lista de todos los pueblos que comprende en el día la provincia de Extremadura (1818). Ídem, leg. 573, Interrogatorio para la división y arreglo de los Corregimientos del distrito de la Real Audiencia de Extremadura (1829).

(25) Censo de la Población de España, según el recuento verificado en 21 de mayo de 1857, Madrid, Imp. Nacional, 1858; Censo de la Población de España. 1860, Madrid, Imp. Nacional, 1863, Resultados generales del Censo de la Población de España, según el empadronamiento hecho en 31 de diciembre de 1877, Madrid, Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico, 1879; Censo de la Población de España según el empadronamiento hecho en 31 de diciembre de 1887, Madrid, Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico, 1891-1892. 2 vols. y Censo de la Población de España, según el empadronamiento hecho en 31 de diciembre de 1900, Madrid, Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico, 1902-1903. 2 vols.

 

   Es necesario advertir que aunque en su conjunto el valor informativo de todas estas fuentes demográficas es muy desigual y algunas de ellas son imperfectas, las noticias que suministran nos permiten conocer la evolución del efectivo población hurdano desde mediados del Setecientos hasta finales del siglo XIX.

   Uno de los mayores problemas que plantean los vecindarios o recuentos de la era preestadística (a excepción del Censo de Floridablanca) radica en que la expresión del total de pobladores viene dada en vecinos. Esta circunstancia obliga a utilizar un índice conversor que permita transformar los vecinos en habitantes. Como ha señalado Domínguez Ortiz, las polémicas y discusiones que genera aún este problema han puesto de manifiesto dos cosas: la necesidad de rebajar el coeficiente tradicional (se solía cifrar en cinco la relación familia-personas) y su variabilidad (26). Para el caso concreto de la comunidad extremeña, autores como Melón Jiménez se inclina por el de 3,8 habitantes por unidad, un índice utilizado por la mayoría de los especialistas para esta época. Por su parte Blanco Carrasco obtiene para Extremadura un coeficiente de 4,01, aunque advierte que las diferencias que se observan entre los diferentes núcleos analizados (en algunas localidades son inferiores a 2 mientras que en otros son superiores a 5) determinan una desviación standard y un coeficiente de variación muy altos27. Sin embargo, en su estudio sobre el Vecindario de Ensenada, Camarero y Campos han demostrado que a escala provincial Extremadura tendría uno de los coeficientes más bajos (2,9) (28). Aunque algunos autores se han mostrado especialmente críticos ante estas diferencias, los cálculos que para el caso de las Hurdes hemos efectuado sobre las fuentes que recogen la población en vecinos y habitantes confirman la variabilidad de los coeficientes.

 

(26) Cf. A. Domínguez Ortiz, Notas a propósito de Vecindarios, Censos y Padrones de la era preestadística con ocasión de la publicación del Vecindario de Ensenada En: Vecindario de Ensenada. 1759. Vol. I, pág. XVI.

(27) J. P. Blanco Carrasco, Demografía, familia y sociedad en la Extremadura Moderna (1500-1860), Cáceres, Universidad de Extremadura, 1999, págs. 66-68.

(28) C. Camarero y J. Campos, El Vecindario de Ensenada para la Corona de Castilla. Estudio preliminar. En: Vecindario de Ensenada. 1759. Vol. I, pág. CI.

 

   En 1970 Marcos González utilizó la información demográfica recogida por Miñano en su Diccionario para calcular los índices de conversión para Castilla la Nueva y Extremadura (29). Sin embargo, las advertencias que hiciera el geógrafo ilustrado («el numero de vecinos y habitantes que, con arreglo a las relaciones recibidas, ponga en cada pueblo, no debe servir de base para ninguna operación administrativa») (30) da idea de la escasa fiabilidad de esta fuente en estudios demográficos. Mayor rigor tienen los recuentos efectuados en 1829 por la Real Audiencia de Extremadura para la división del territorio en corregimentos, de gran interés por recoger también la población en vecinos y habitantes. Ya en la década de 1840 Pascual Madoz proporcionó idéntica información en su Diccionario, utilizando para ello la información demográfica recogida en la matrícula catastral de 1842 y en las estadísticas municipales de 1844. Ambas fuentes serán las que aquí utilicemos para calcular los coeficientes habitantes / vecino para las Hurdes.

   En el recuento de la Real Audiciencia la información demográfica sobre las Hurdes se desglosó por los antiguos concejos: Nuñomoral (481 vecinos, 1.388 almas) tendría el coeficiente más bajo: 2,9. Para Caminomorisco (135 vecinos, 513 almas) sería de 3,8 y para Pinofranqueado (196 vecinos, 824 almas) de 4,2. Las diferencias dentro de la misma comarca son elevadas y, como se desprende, pueden llevar a conclusiones erróneas en el caso de utilizar un único coeficiente para toda la región. La variabilidad de estos índices se acentúa aún más en las Hurdes dadas las diferencias socioeconómicas que había entre los distintos concejos. Nuñomoral, el más deprimido, tendría el coeficiente más bajo; en el otro extremo se situaría Pinofranqueado, el municipio que gozó de una mayor prosperidad, al menos a nivel comarcal.

 

(29) Para Extremadura el coeficiente obtenido era de 4,20. M.ª D. Marcos González, La España del Antiguo Régimen. IV. Castilla la Nueva y Extremadura, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1971, pág. 15.

(30) S. de Miñano, Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal, Madrid, 1826, I: 12.

 

   Si comparamos estos índices con los calculados para los distintos artidos de la provincia de Cáceres, se comprueba una vez más la variabilidad e los coeficientes. En 1829 los índices más bajos se obtienen en os partidos de Alcántara y Coria (3,40), mientras que el más alto sería el de Navalmoral (3,99) (31); el calculado para las Hurdes se sitúa por debajo (3,35). Aunque las diferencias son poco significativas, no podemos soslayar que a escala comarcal los contrastes entre Nuñomoral y Pinofranqueado acentúan estas divergencias.

   Por su parte, la información demográfica que nos depara el Diccionario de Madoz es más completa al recoger la población en vecinos y habitantes tanto para el conjunto de la región, como para cada uno de sus municipios y para un total de 28 localidades32. Para el conjunto de

la comarca (con 740 vecinos, 4.053 almas en 1842), el coeficiente sería de 5,47. Como en el recuento de la Real Audiencia, los índices más bajos se obtienen en algunas de las alquerías de las Hurdes Altas, las más deprimidas de la región: El Gasco (2,62) o Martilandrán (3,81). No obstante, los coeficientes calculados para algunas localidades como La Huetre (7,17) y Asegur (6,34), la primera en el municipio de Casares y la segunda en el de Nuñomoral, nos parecen muy elevados y ponen en duda el rigor de algunas estadísticas municipales. En cualquier caso, el incremento en algo más de dos puntos del índice comarcal (de 3,35 a 5,47) traduce la recuperación demográfica de las Hurdes en el periodo comprendido entre ambos recuentos.

   La variabilidad y diferencias encontradas en los índices de conversión ponen de manifiesto una serie de hechos de gran importancia y que no podemos soslayar. En primer lugar la cautela que debemos tener ante las conclusiones a que nos ha conducido la demografía del Antiguo Régimen por la utilización de un determinado coeficiente.

Resulta evidente que además de ser Extremadura la provincia española con los índices más bajos (hecho que subrayaría las diferencias socioeconómicas con otras zonas del país), la diversidad existente entre las distintas comarcas extremeñas nos impide utilizar un único coeficiente para toda la comunidad. Por este motivo, los coeficientes sólo pueden ser utilizados con carácter aproximativo para volúmenes grandes de población.

 

(31) Campesino reproduce la información demográfica de este recuento por partidos; los índices de conversión los hemos calculado nosotros. Cf. A. J. Campesino Fernández, Plasencia-Cáceres: centralidad versus capitalidad en la desorganización territorial de la Alta Extremadura, Estudios de Geografía. Homenaje a José Luis Cruz Reyes, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1990, pág. 234.

(32) Al utilizar los datos de la matrícula catastral de 1842, la información demográfica (vecinos-habitantes) de Nuñomoral incluía la relativa a Cabezo y Casares. No obstante, del primero pudo recoger la población «tomada en la estadística municipal del año de 1844 en que ya figuraba como independiente», mientras que de los municipios de Nuñomoral y Casares sólo ofreció el número de vecinos.

 

   Estas diferencias se acentúan aún más dentro de las Hurdes: en el recuento de la Real Audiencia el índice más bajo (2,9) se obtiene en el antiguo concejo de Nuñomoral (el más deprimido de la región), frente al 4,2 de las Hurdes Bajas. Esta variabilidad complica aún más la aplicación de un determinado coeficiente dado el escaso volumen de la población hurdana. Así, si a la cifra de 812 vecinos (población comarcal en 1829) aplicamos el índice obtenido para Nuñomoral (2,9) el resultado será de 2.355 habitantes. De utilizar el coeficiente calculado para Pinofranqueado en ese recuento (4,2) la población hurdana ascendería a 3.410 habitantes. Por consiguiente, la aplicación de un determinado índice puede modificar sustancialmente las estimaciones realizadas, lo que nos obliga a ser aún más cautos con los resultados obtenidos.

   Ante estas variaciones sólo cabe, como señala Blanco Carrasco, realizar una elección arbitraria en función de las condiciones de la región (33). Aunque la mayoría de los especialistas recomiendan el coeficiente de 3,75 para el Vecindario de Ensenada, el índice conversor de 2,9 habitantes / vecino obtenido por Camarero y Campos para Extremadura nos parece que se ajusta más a las condiciones económicas y sociales, ciertamente precarias, de las Hurdes. Para el resto de los recuentos que expresan la población en vecinos, hemos utilizado un coeficiente de 3,35, por ser el obtenido para el conjunto de la comarca en el recuento de 1829. El hecho de que todavía en esa fecha se obtengan en las Hurdes unos índices inferiores a los calculados para otros partidos extremeños, refuerza la conveniencia de emplear un coeficiente bajo. En cualquier caso, las cifras que aquí recogemos constituyen únicamente una estimación de la población hurdana en este periodo, susceptible siempre de cálculos más exactos con otro tipo de fuentes.

 

(33) Blanco Carrasco comenta también este problema, aunque sus cálculos superan nuestras estimaciones al utilizar un índice conversor de 3,8. J. P. Blanco Carrasco, Estructura demográfica y social de una leyenda extremeña. Las Hurdes en el Antiguo Régimen, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1994, págs. 27-28.

 

5. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN HURDANA

 

Como se desprende de la tabla siguiente, aunque el crecimiento moderado fue la tónica general durante los aproximadamente 150 años que aquí se recogen, éste no fue ni uniforme ni mantenido. Las frecuentes crisis de sobremortalidad provocadas por hambrunas, epidemias o conflictos bélicos y la incapacidad de las estructuras socioeconómicas de la región para mantener los excedentes demográficos generados en etapas anteriores, determinaron que el crecimiento poblacional fuera menor que el registrado en otras zonas de la provincia o del país.

 

FECHA VECINDARIO / CENSO

POBLACIÓN HURDANA

1759
1787
1791
1813
1829
1844
1857
1860
1877
1887
1900
Ensenada
Floridablanca
Real Audiencia
Real Audiencia
Real Audiencia
Madoz
Comisión de Estadística
Comisión de Estadística
Inst. Geográf y Estadíst.
Inst. Geográf y Estadíst.
Inst. Geográf y Estadíst.

1.017 vec. (2.949 habit.)

2.760 habit.

   596 vec. (1.997 habit.)

   399 vec. (1.337 habit.)

   812 vec. (2.725 habit.)

   740 vec. (4.053 habit.)

3.958 habit.

3.769 habit.

4.662 habit.

4.261 habit.

4.626 habit.

 

 

   A la luz de estas cifras se distinguen dos etapas en lo que a la evolución demográfica se refiere: la primera, que abarcaría desde 1759 hasta 1813, fue un período de recesión importante, mientras que la segunda (entre 1813 y 1900) se caracterizó por su tendencia expansiva. La contracción demográfica registrada en la primera de estas etapas fue resultado de sucesivos períodos de sobremortalidad: el primero, entre 1760-1763, debido a una crisis de naturaleza mixta en la que coincidieron la falta de subsistencias y la presencia de epidemias (especialmente viruela y tifus exantemático). Entre 1780 y 1790 se desarrolló en las Hurdes un nuevo período de sobremortalidad, que alcanzó máximos significativos en 1780 y en 1790. En esta ocasión fueron el paludismo (enfermedad endémica en la región) y la viruela las causas que originaron esta nueva crisis (34).

   Si para el conjunto de España el reinado de Carlos IV se vio inmerso en una ralentización demográfica próxima al estancamiento, en las Hurdes coincidió con uno de los períodos más sombríos de su historia. Los últimos años de su reinado se iniciaron con nuevas etapas de sobremortalidad, sucesión de las crisis registradas en las últimas décadas de la centuria anterior. La población, que aún no había logrado superar el bache de finales del siglo XVIII, tuvo que hacer frente a un nuevo conflicto bélico, la Guerra de la Independencia y a dos crisis de subsistencia: la primera entre 1803-1804 y la segunda entre 1811-1812. Como es sabido, junto a las muertes ocasionadas por el hambre, los estados de déficit nutricional determinaban un aumento en la incidencia de determinadas enfermedades de etiología infecciosa (tuberculosis, infecciones gastrointestinales, parasitosis intestinales o infecciones respiratorias), así como la aparición de enfermedades producidas por el déficit de vitaminas, proteínas u oligoelementos. Las consecuencias de estas crisis sobre el crecimiento demográfico hurdano fueron, a la luz de las cifras del cuadro anterior, dramáticas: en apenas dos décadas la región perdió un tercio de su población.

   Aunque se inició bajo el siglo de la recensión, el siglo XIX fue demográficamente expansivo. El crecimiento lento y generalizado será, en opinión de Blanco Carrasco, la nota dominante de la centuria35. A pesar de la presencia de nuevas etapas de contracción demográfica, el período comprendido entre 1813 y 1844 resulta especialmente activo en el proceso de recuperación demográfica de las Hurdes. Las cifras que recogió Madoz (4.053 habitantes en 1844) confirman el impulso demográfico de estas décadas. Ya en la segunda mitad del siglo, la información que proporcionan los censos de población, bastante más exactos que los recuentos ilustrados, atestiguan un crecimiento acumulado de la población hurdana, que pasó de 4.053 habitantes en 1844 a 4.626 en el año 1900. No obstante, es fácil advertir el peso de la mortalidad catastrófica en las Hurdes, consecuencia de los factores económicos, sociales y sanitarios ya comentados.

 

(34) M. A. Melón Jiménez, Extremadura en el Antiguo Régimen. Economía y sociedad en tierras de Cáceres, 1700-1814, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1989, págs. 69-71. De especial interés es el estudio realizado por Blanco Carrasco sobre la cronología y repercusiones demográficas de ambas crisis. J.P. Blanco Carrasco, op. cit., págs. 172-174.

(35) J. P. Blanco Carrasco, Pauperismo y crecimiento de la población. Tendencias de la población hurdana a largo plazo (1534-1900), Alcántara, 31-32: págs. 245-277 (1994). En este trabajo su autor recoge la cronología de las crisis registradas en las Hurdes hasta 1860 y sus causas.

 

   Un análisis más detallado de la evolución de esta población a través de la información que proporcionan los Censos (1857, 1860, 1877, 1887 y 1900), permite comprobar la existencia de dos períodos de contracción demográfica: el primero entre 1857 y 1860 y el segundo entre 1877 y 1887. La mayor incidencia de la mortalidad catastrófica en ambas etapas es evidente, aunque la ausencia de estudios demográficos más precisos a nivel local nos impide establecer sus causas36. No obstante, parece probable que la acción combinada de hambrunas (en especial las crisis de subsistencia de 1856-57 y 1882-83), epidemias (la de fiebre tifoidea desarrollada entre 1880 y 1881 o la de viruela de 1884)37 y enfermedades infecciosas habituales fue la causa del incremento de la mortalidad en esos años. Pero además, la presión de la población y las precarias condiciones de vida determinaron un aumento de la mortalidad infantil, mayor en las Hurdes por la continua llegada de expósitos a la comarca. En definitiva, la persistencia de los factores de «atraso económico» hizo que la mortalidad no perdiese su carácter catastrófico durante el siglo XIX. En las Hurdes el proceso de modernización demográfica fue aún más lento y tardío que en el resto del país.

   No obstante, las etapas de contracción demográfica comentadas no afectaron por igual a los diferentes municipios hurdanos. Por este motivo, el crecimiento demográfico registrado en la segunda mitad del siglo XIX no fue uniforme: el desglose de estas cifras por municipios atestigua el mayor crecimiento de unos núcleos frente al estancamiento o el crecimiento negativo de otros. Como se comprueba en el cuadro siguiente, el aumento de población más importante se registró en los municipios de Cabezo, Nuñomoral y Caminomorisco. Por el contrario, el ayuntamiento de Pinofranqueado tuvo un crecimiento demográfico negativo (perdió 155 habitantes en la segunda mitad del siglo XIX); por último, el municipio de Casares fue el único que registró un estancamiento poblacional durante esta etapa.

 

 

(36) Únicamente contamos con el estudio realizado por Blanco Carrasco (ver nota anterior) sobre las consecuencias demográficas de la crisis de 1857-1860.

(37) El catedrático salmantino Vicente de la Fuente reseñó la elevada mortalidad ocasionada por la crisis de subsistencia de 1857, que describía como «muy cruel hambre». V. de la Fuente, Expedición científica y artística a la Sierra de Francia, Provincia de Salamanca, en el mes de Julio año de 1857, Boletín de la Real Academia de la Historia, III: págs. 159-189 (1883). Los estragos de la epidemia de fiebre tifoidea fueron reseñados por Romualdo Martín Santibáñez, Las Jurdes. La humanidad doliente. Cuadros aterradores, La Locomotora, 1 de mayo de 1881. Sobre las consecuencias demográficas de la epidemia de viruela de 1884, C. García Moro, Entre brezos y colmenas. La población de Casares de las Hurdes en los siglos XVII al XX, Badajoz, Editora Regional de Extremadura, 1986, pág. 142.

 

 

MUNICIPIOS POBLACIÓN
1857 1860 1877 1887  1900
Cabezo 528 537 880 845 925
Caminomorisco 863 801 884 839 989
Casares 372 393 369 375 378
Nuñomoral 874 828 1.229 1.053 1.168
Pinofranqueado 1.321 1.210 1.300 1.149 1.166
Total Hurdes 3.958 3.769  4.662 4.261  4.626

    

  

  A pesar del fuerte impacto de la mortalidad, mayor aún en el caso de la mortalidad infantil, el balance final para el conjunto de la región fue positivo. Un crecimiento que se produjo sin ningún tipo de apoyos de índole económico, social o sanitario, por lo que resulta difícil aceptar algunas de las hipótesis formuladas sobre los factores que lo hicieron posible. Así, cabe dudar de los efectos que tuvieron pretendidas mejoras en la alimentación o en la asistencia sanitaria de la población hurdana (38). En realidad, la alimentación estuvo muy por debajo del nivel de subsistencia y la falta de asistencia médica y sanitaria fue una constante que se manutuvo hasta los primeros decenios del siglo XX. Estudios demográficos recientes han puesto de manifiesto en qué medida ambos factores explican la persistencia de una elevada mortalidad de la comunidad extremeña, sobre todo en los núcleos rurales más deprimidos, hasta principios del siglo XX (39). Tampoco nos resulta admisible la interpretación que hacen algunos historiadores sobre un mayor interés por las Hurdes en el pensamiento político y económico nacional.

 

(38) Para Blanco Carrasco este crecimiento se debería fundamentalmente a las «considerables mejoras en la atención sanitaria» y a una relativa remisión de las crisis de mortalidad. Cf., J. P. Blanco Carrasco, Pauperismo y crecimiento de la población... (ver nota 35).

(39) J. L. Gurría Gascón, C. Jurado Rivas y M. Granados Claver , La población extremeña en el tránsito del siglo XIX al XX, Revista de Estudios Extremeños, 55: págs. 265-296 (1999).

 

   En opinión de Blanco Carrasco «el Estado liberal será el primero en blasonar a las Hurdes como una zona desfavorecida y de ayuda urgente» (40), afirmación que no podemos compartir. El análisis de las fuentes de que disponemos para el estudio histórico de las Hurdes en la etapa contemporánea demuestra en qué medida el supuesto interés de la clase política por la región fue una quimera.

   Del análisis de las fuentes consultadas se infiere que fueron otros los factores que determinaron el fenómeno de expansión demográfica registrado en la segunda mitad del siglo XIX. Un crecimiento que a nuestro juicio fue resultado de la pervivencia de mentalidades prenatalistas tradicionales y, sobre todo, de la incidencia de las migraciones forzosas de expósitos, cuyo número registró un crecimiento sostenido a lo largo de este período. Resulta significativo que el único municipio que experimentó un crecimiento negativo de población en la segunda mitad del siglo XIX fue Pinofranqueado, donde el volumen de expósitos fue el más bajo de todas las Hurdes.

 

(40) Este es el argumento que utiliza Blanco Carrasco para explicar el crecimiento de la población hurdana a lo largo el siglo XIX. Cf. J. P. Blanco Carrasco, Las Hurdes en el Antiguo Régimen, pág. 69.

 

 

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